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guarda, ~..
1. expr. coloq. p. us. Se emplea para advertir un peligro o contingencia.
OS V.
epístola de San Pablo
(Pequeño; Chico).
Israelita de la tribu de Benjamín y apóstol de Jesucristo. (Efesios 1:1) «Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, a los santos y fieles en Cristo Jesús que están en Efeso». (Filipenses 3:5) «circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo». Aunque quizás tenía desde su infancia tanto el nombre hebreo Saulo como el romano Pablo (Hechos 9:17) «Fue entonces Ananías y entró en la casa, y poniendo sobre él las manos, dijo: Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo». (2 Pedro 3:15) «Y tened entendido que la paciencia de nuestro Señor es para salvación; como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito», puede que escogiera llamarse por su nombre romano en vista de su comisión de declarar las buenas nuevas a los gentiles. (Hechos 9:15) «El Señor le dijo: Vé, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel». (Gálatas 2:7, 8)
Pablo nació en Tarso, importante ciudad de Cilicia. (Hechos 21:39) «Entonces dijo Pablo: Yo de cierto soy hombre judío de Tarso, ciudadano de una ciudad no insignificante de Cilicia; pero te ruego que me permitas hablar al pueblo». (Hechos 22:3) «Yo de cierto soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero criado en esta ciudad, instruido a los pies de Gamaliel, estrictamente conforme a la ley de nuestros padres, celoso de Dios, como hoy lo sois todos vosotros». Sus padres eran hebreos, probablemente de la rama farisaica del judaísmo. (Hechos 23:6) «Entonces Pablo, notando que una parte era de saduceos y otra de fariseos, alzó la voz en el concilio: Varones hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseo; acerca de la esperanza y de la resurrección de los muertos se me juzga». (Filipenses 3:5) «circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo». Era ciudadano romano de nacimiento (Hechos 22:28) «Respondió el tribuno: Yo con una gran suma adquirí esta ciudadanía. Entonces Pablo dijo: Pero yo lo soy de nacimiento», tal vez porque a su padre se le había concedido la ciudadanía por servicios prestados. Su padre debió enseñarle el oficio de hacer tiendas de campaña. (Hechos 18:3) «y como era del mismo oficio, se quedó con ellos, y trabajaban juntos, pues el oficio de ellos era hacer tiendas». Después recibió instrucción del sabio fariseo Gamaliel en Jerusalén, lo que da a entender que Pablo era de una familia importante. (Hechos 22:3) «Yo de cierto soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero criado en esta ciudad, instruido a los pies de Gamaliel, estrictamente conforme a la ley de nuestros padres, celoso de Dios, como hoy lo sois todos vosotros». (Hechos 5:34) «Entonces levantándose en el concilio un fariseo llamado Gamaliel, doctor de la ley, venerado de todo el pueblo, mandó que sacasen fuera por un momento a los apóstoles». Estaba versado por lo menos en los idiomas griego y hebreo. (Hechos 21:37-40) Cuando hizo sus viajes misionales no estaba casado (1 Corintios 7:8) «Digo, pues, a los solteros y a las viudas, que bueno les fuera quedarse como yo», en Jerusalén vivían una hermana y un sobrino suyos. (Hechos 23:16-22).
El apóstol Pablo tuvo el privilegio de escribir la mayor parte de los libros de las Escrituras Griegas Cristianas. Recibió visiones sobrenaturales (2 Corintios 12:1-5), y habló muchas lenguas extranjeras mediante la acción del espíritu santo. (1 Corintios 14:18) «Doy gracias a Dios que hablo en lenguas más que todos vosotros».
Persecución, conversión y comienzo de su ministerio. La primera vez que el registro bíblico menciona a Saulo o Pablo hace referencia a él como el “joven” a cuyos pies dejaron sus prendas exteriores de vestir los falsos testigos que apedrearon al discípulo cristiano Esteban. (Hechos 6:13) «Y pusieron testigos falsos que decían: Este hombre no cesa de hablar palabras blasfemas contra este lugar santo y contra la ley». (Hechos 7:58) «Y echándole fuera de la ciudad, le apedrearon; y los testigos pusieron sus ropas a los pies de un joven que se llamaba Saulo». Pablo aprobó el asesinato de Esteban, y debido a su celo, mal dirigido por la tradición, inició una campaña de persecución violenta contra los seguidores de Cristo. Cuando se les iba a ejecutar, votaba en su contra; cuando se les juzgaba en las sinagogas, trataba de obligarlos a retractarse. Extendió su persecución a otras ciudades además de Jerusalén, y hasta consiguió autorización escrita del sumo sacerdote para buscar a los discípulos de Cristo incluso en Damasco (Siria), muy al N. y llevarlos atados a Jerusalén, probablemente para que el Sanedrín los juzgase. (Hechos 8:1, 3) (Hechos 9:1, 2) (Hechos 26:10, 11) (Gálatas 1:13, 14).
Cuando se acercaba a Damasco, Cristo se le reveló en una luz brillante y lo comisionó para que le sirviera y fuera testigo de las cosas que había visto y aún estaba por ver. Aunque los acompañantes de Pablo también cayeron al suelo debido a esta manifestación y oyeron el sonido de alguien que hablaba, solo Pablo entendió las palabras y fue cegado, por lo que se hizo necesario llevarlo de la mano hasta Damasco. (Hechos 9:3-8) (Hechos 22:6-11) (Hechos 26:12-18) Durante tres días no comió ni bebió. Ya en Damasco, mientras oraba en la casa de cierto Judas, contempló en una visión al discípulo cristiano Ananías que iba y le devolvía la vista. Cuando la visión se hizo realidad, Pablo fue bautizado, recibió espíritu santo, comió y cobró fuerzas. (Hechos 9:9-19)
En (Hechos 9:20-25) se explica que Pablo pasó tiempo con los discípulos de Damasco e “inmediatamente” empezó a predicar en las sinagogas de esa ciudad. Luego narra su actividad de predicar hasta que se vio obligado a dejar Damasco debido a un complot contra su vida. Por otro lado, la carta de Pablo a los Gálatas dice que después de su conversión fue a Arabia, para más tarde regresar a Damasco. (Gálatas 1:15-17) No se sabe exactamente cuándo hizo este viaje a Arabia.
Puede que Pablo fuese a Arabia justo después de su conversión a fin de meditar sobre lo que Dios esperaba de él. En tal caso, el que Hechos diga que Pablo empezó su predicación “inmediatamente” podría significar que lo hizo tan pronto como regresó a Damasco y comenzó a asociarse con los discípulos. Por otro lado, Pablo se limita a decir en (Gálatas 1:17) «ni subí a Jerusalén a los que eran apóstoles antes que yo; sino que fui a Arabia, y volví de nuevo a Damasco». Que no subió inmediatamente a Jerusalén y que el único lugar aparte de Damasco donde estuvo durante aquel período inicial fue Arabia. Por ello, el viaje a Arabia no tuvo por qué producirse inmediatamente después de su conversión. Quizás Pablo primero pasó algunos días en Damasco y en seguida renunció públicamente a su anterior oposición a la congregación cristiana y expresó su fe en Cristo en las sinagogas. Tal vez hizo su viaje a Arabia (cuyo verdadero propósito no se revela) después de esos primeros días, y cuando regresó, continuó su predicación en Damasco con tal fuerza que sus opositores quisieron darle muerte. En lugar de contradecirse, los dos relatos se complementan; la única duda es el orden exacto de los acontecimientos.
Cuando llegó a Jerusalén (quizás en 36 E.C.; es posible que los tres años mencionados en (Gálatas 1:18) «Después, pasados tres años, subí a Jerusalén para ver a Pedro, y permanecí con él quince días». Signifiquen parte de tres años), Pablo se encontró con que los hermanos no creían que fuese un discípulo de Jesús. Sin embargo, “Bernabé vino en socorro de él y lo condujo a los apóstoles”, al parecer Pedro y “Santiago el hermano del Señor”. (A Santiago se le podía llamar apóstol aunque no era de los doce, porque lo era de la congregación de Jerusalén.) Pablo se quedó con Cefas (Pedro) por quince días. Mientras estuvo en Jerusalén, habló intrépidamente en el nombre de Jesús. Cuando los hermanos se enteraron de que por esta causa los judíos de habla griega intentaban matarlo, “lo llevaron a Cesarea y lo enviaron a Tarso”. (Hechos 9:26-30) (Gálatas 1:18-21).
Posiblemente alrededor del año 41 E.C., Pablo tuvo una visión sobrenatural tan real que no supo si había sido arrebatado al “tercer cielo” en el cuerpo o fuera del cuerpo. Al parecer, el “tercer cielo” se refiere al grado superlativo de arrobamiento en el que tuvo la visión. (2 Corintios 12:1-4).
Más tarde, Bernabé llevó a Saulo de Tarso a Antioquía para que ayudara en la obra entre las personas de habla griega. Alrededor del año 46 E.C., después de un año de trabajo en Antioquía, la congregación envió a Pablo y a Bernabé a Jerusalén con una ministración de socorro para los hermanos de aquel lugar. (Hechos 11:22-30) Acompañados por Juan Marcos, regresaron a Antioquía. (Hechos 12:25) «Y Bernabé y Saulo, cumplido su servicio, volvieron de Jerusalén, llevando también consigo a Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos». Después, el espíritu santo indicó que se apartara a Pablo y a Bernabé para una misión especial. (Hechos 13:1, 2)
Primer viaje misional. (MAPA, vol. 2, pág. 747.) Siguiendo la dirección del espíritu, Pablo empezó su primer viaje misional junto con Bernabé, y con Juan Marcos como servidor (c. 47-48 E.C.). Embarcaron en Seleucia, el puerto de Antioquía, y navegaron hacia Chipre. Comenzaron “a publicar la palabra de Dios” en las sinagogas de Salamina, en la costa oriental de Chipre. Después de atravesar la isla, llegaron a Pafos, en la costa occidental. En este lugar, el hechicero Elimas procuró oponerse al testimonio que estaban dando al procónsul Sergio Paulo. Pablo hizo que se hiriese temporalmente con ceguera a Elimas. Atónito por lo que había sucedido, Sergio Paulo se hizo creyente. (Hechos 13:4-12)
En Pafos, Pablo y sus compañeros zarparon hacia Asia Menor. Cuando llegaron a Perga, en la provincia romana de Panfilia, Juan Marcos regresó a Jerusalén. Pero Pablo y Bernabé se dirigieron hacia el N., a Antioquía de Pisidia. Aunque en esa ciudad hallaron gran interés, finalmente los echaron de ella por instigación de los judíos. (Hechos 13:4-12) Sin desanimarse, viajaron hacia el SE., a Iconio, donde los judíos también incitaron a las muchedumbres contra ellos. Enterados de que intentaban apedrearlos, Pablo y Bernabé huyeron a Listra, en la región de Licaonia. Después que Pablo sanó a un hombre cojo de nacimiento, el pueblo de Listra creyó que Pablo y Bernabé eran dioses que se habían encarnado. Pero, más tarde, unos judíos de Iconio y de Antioquía de Pisidia volvieron a las muchedumbres en contra de Pablo y lograron que lo apedrearan, y, creyéndole muerto, arrastraran su cuerpo fuera de la ciudad. Sin embargo, cuando sus compañeros cristianos lo rodearon, Pablo se levantó y entró en Listra. Al día siguiente, él y Bernabé partieron hacia Derbe. Después de hacer un buen número de discípulos en Derbe, regresaron a Listra, Iconio y Antioquía (de Pisidia), fortaleciendo y estimulando a los hermanos, al tiempo que hacían nombramientos de ancianos para servir en las congregaciones formadas en estos lugares. Más tarde predicaron en Perga, y luego se embarcaron en el puerto de Atalia hacia Antioquía de Siria. (Hechos 13:51) «Ellos entonces, sacudiendo contra ellos el polvo de sus pies, llegaron a Iconio». (Hechos 14:28) «Y se quedaron allí mucho tiempo con los discípulos».
La cuestión de la circuncisión. Ciertos hombres de Judea fueron a Antioquía (alrededor del año 49 E.C.), y allí afirmaron que los que no eran judíos tenían que circuncidarse en conformidad con la ley mosaica para poder alcanzar la salvación. Pablo y Bernabé no estuvieron de acuerdo con esta proposición. No obstante, Pablo, aunque era un apóstol, no asumió la responsabilidad de zanjar el asunto por su propia autoridad. Acompañado de Bernabé, Tito y otros, fue a Jerusalén para plantear la cuestión ante los apóstoles y los ancianos de la congregación. Se decidió que no se requería la circuncisión de los creyentes gentiles, aunque sí deberían mantenerse libres de idolatría, comer y beber sangre e inmoralidad sexual. Además de preparar una carta en la que exponían esta decisión, los hermanos de la congregación de Jerusalén enviaron a Judas y Silas como sus representantes para aclarar el asunto en Antioquía. Además, en una consideración con Pedro (Cefas), Juan y el discípulo Santiago, se concordó en que Pablo y Bernabé continuaran predicando a los gentiles incircuncisos. (Hechos 15:1-29) (Gálatas 2:1-10).
Algún tiempo después, Pedro fue personalmente a Antioquía de Siria y se asoció con los cristianos gentiles. Pero cuando llegaron ciertos judíos de Jerusalén, Pedro, probablemente llevado por el temor a los hombres, se separó de los gentiles, obrando de este modo contra la dirección del espíritu, dirección que indicaba que las distinciones carnales no contaban para Dios. Incluso Bernabé se desvió. Una vez que se dio cuenta de esta situación, Pablo valerosamente censuró a Pedro delante de todos, ya que su comportamiento era perjudicial para el progreso del cristianismo. (Gálatas 2:11-14).
Segundo viaje misional. (MAPA, vol. 2, pág. 747.) Posteriormente, Pablo y Bernabé planearon visitar a los hermanos en las ciudades donde habían predicado durante su primer viaje misional. Debido a que surgió una disputa entre ellos en cuanto a si deberían llevar consigo a Juan Marcos, en vista de que los había abandonado durante su primer viaje, se separaron. Por lo tanto, Pablo escogió a Silas (Silvano), y pasando por Siria, entró en Asia Menor (c. 49-52 E.C.). En Listra invitó al joven Timoteo a que le acompañara, y lo circuncidó. (Hechos 15:36) «Después de algunos días, Pablo dijo a Bernabé: Volvamos a visitar a los hermanos en todas las ciudades en que hemos anunciado la palabra del Señor, para ver cómo están». (Hechos 16:3) «Quiso Pablo que éste fuese con él; y tomándole, le circuncidó por causa de los judíos que había en aquellos lugares; porque todos sabían que su padre era griego». Aunque la circuncisión no era un requisito cristiano, si Timoteo —en parte judío— hubiese permanecido incircunciso, es muy posible que los judíos se hubiesen predispuesto en contra de la predicación de Pablo. Por lo tanto, al quitar este posible obstáculo, Pablo actuó en armonía con lo que más tarde escribió a los corintios: “A los judíos me hice como judío”. (1 Corintios 9:20) «Me he hecho a los judíos como judío, para ganar a los judíos; a los que están sujetos a la ley (aunque yo no esté sujeto a la ley) como sujeto a la ley, para ganar a los que están sujetos a la ley».
Una noche, en Troas, junto al mar Egeo, Pablo tuvo una visión de un macedonio que le suplicaba: “Pasa a Macedonia y ayúdanos”. Llegó a la conclusión de que era la voluntad de Dios, por lo que él y sus compañeros misioneros, acompañados por el médico Lucas, zarparon hacia Macedonia, a Europa. En Filipos, la principal ciudad de Macedonia, Lidia y su casa se hicieron creyentes. El que Pablo hiciese que una muchacha perdiera sus poderes de predicción al expulsarle un demonio resultó en que se le encarcelara junto con Silas. No obstante, un terremoto los libertó, y el carcelero y su casa se hicieron cristianos. Pablo apeló a su ciudadanía romana y exigió que los magistrados civiles fueran personalmente para sacarlo a él y a Silas de la prisión. Después de animar a los hermanos, Pablo y sus compañeros viajaron a través de Anfípolis y Apolonia hacia Tesalónica. Allí se formó una congregación de creyentes. Sin embargo, unos judíos celosos levantaron una chusma contra Pablo. Por esta razón los hermanos lo enviaron con Silas a Berea. Muchos se hicieron creyentes en este lugar, pero las dificultades que provocaron los judíos de Tesalónica obligaron a Pablo a partir. (Hechos 16:8) «Y pasando junto a Misia, descendieron a Troas». (Hechos 17:14) «Pero inmediatamente los hermanos enviaron a Pablo que fuese hacia el mar; y Silas y Timoteo se quedaron allí».
Los hermanos llevaron al apóstol a Atenas. Su predicación en la plaza del mercado resultó en que se le condujera al Areópago. Impresionados por su defensa, Dionisio, uno de los jueces del tribunal del Areópago, y otros, abrazaron el cristianismo. (Hechos 17:15-34). Luego Pablo fue a Corinto, donde se alojó con un matrimonio judío, Áquila y Priscila, y trabajó con ellos haciendo tiendas de campaña. Al parecer desde allí escribió sus dos cartas a los Tesalonicenses. Después de enseñar en Corinto por año y medio y formar una congregación, los judíos lo acusaron ante Galión, que desestimó el caso. (Hechos 18:1-17). Más tarde, Pablo se embarcó hacia Cesarea e hizo escala en Éfeso, donde predicó. Desde Cesarea “subió y saludó a la congregación”, refiriéndose sin duda a la de Jerusalén, y luego fue a Antioquía de Siria. (Hechos 18:18-22) Es posible que Pablo hubiese escrito su carta a los Gálatas antes desde Corinto o tal vez en ese tiempo desde Antioquía de Siria.
Tercer viaje misional. (MAPA, vol. 2, pág. 747.) Durante su tercer viaje misional (c. 52-56 E.C.), Pablo visitó de nuevo Éfeso, donde trabajó por unos tres años. Desde allí escribió su primera carta a los Corintios, y al parecer envió a Tito para ayudar a estos cristianos. Después de que el platero Demetrio instigó un alboroto contra él, Pablo partió de Éfeso y se dirigió a Macedonia. Allí escribió su segunda carta a los Corintios después de recibir noticias de Corinto por medio de Tito. Pablo recibió una contribución de los hermanos de Macedonia y Acaya para los cristianos necesitados de Jerusalén, y antes de abandonar Europa, escribió su carta a los Romanos. (Hechos 9:1) «Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al sumo sacerdote». (Hechos 20:4) «Y le acompañaron hasta Asia, Sópater de Berea, Aristarco y Segundo de Tesalónica, Gayo de Derbe, y Timoteo; y de Asia, Tíquico y Trófimo». (Romanos 15:25, 26) (2 Corintios 2:12, 13) (2 Corintios 7:5-7).
De camino a Jerusalén, Pablo discursó en Troas y resucitó a Eutico, que había sufrido un accidente mortal. También paró en Mileto, donde se encontró con los superintendentes de la congregación de Éfeso, repasó el ministerio que había efectuado en el distrito de Asia y los animó a imitar su ejemplo. (Hechos 20:6-38)
Detención. Según Pablo iba viajando, unos profetas cristianos predijeron que le esperaban cadenas en Jerusalén. (Hechos 21:4-14) compárese con (Hechos 20:22, 23) Sus profecías se cumplieron. Mientras estaba en el templo para limpiarse ceremonialmente, algunos judíos de Asia agitaron una chusma violenta contra él, pero los soldados romanos lo rescataron. (Hechos 21:26-33) Cuando subía las escaleras hacia el cuartel de los soldados, se le dio permiso para dirigir la palabra a los judíos. Tan pronto como mencionó su comisión de predicar a los gentiles, volvió a estallar la violencia. (Hechos 21:34) «Pero entre la multitud, unos gritaban una cosa, y otros otra; y como no podía entender nada de cierto a causa del alboroto, le mandó llevar a la fortaleza». (Hechos 22:22) «Y le oyeron hasta esta palabra; entonces alzaron la voz, diciendo: Quita de la tierra a tal hombre, porque no conviene que viva». Dentro del cuartel, en un esfuerzo por averiguar la naturaleza de su culpa, se preparó a Pablo para la flagelación. El apóstol evitó la flagelación alegando que era ciudadano romano. Al día siguiente se sometió su caso al Sanedrín. Al parecer Pablo se dio cuenta de que no iba a recibir una audiencia imparcial, por lo que trató de enfrentar a fariseos y saduceos basando su juicio en la cuestión de la resurrección. Como creía en la resurrección y era “hijo de fariseos”, se identificó a sí mismo como fariseo, con lo que consiguió enfrentar a los saduceos —que no creían en la resurrección— con los fariseos. (Hechos 22:23) «Y como ellos gritaban y arrojaban sus ropas y lanzaban polvo al aire». (Hechos 23:10) «Y habiendo grande disensión, el tribuno, teniendo temor de que Pablo fuese despedazado por ellos, mandó que bajasen soldados y le arrebatasen de en medio de ellos, y le llevasen a la fortaleza».
Una conspiración contra Pablo hizo necesario que lo trasladaran de Jerusalén a Cesarea. Unos días después, el sumo sacerdote Ananías, algunos de los ancianos judíos y el orador Tértulo fueron a Cesarea para presentar su caso contra Pablo ante el gobernador Félix, y lo acusaron de promover sedición e intentar profanar el templo. El apóstol mostró que las acusaciones de que era objeto no tenían fundamento. Pero Félix buscaba un soborno, así que mantuvo a Pablo bajo custodia por dos años. Cuando Festo reemplazó a Félix, los judíos volvieron a acusar a Pablo. La causa se vio de nuevo en Cesarea, y el apóstol apeló a César para evitar que el juicio pasara a Jerusalén. Más tarde, después de exponer los hechos ante el rey Herodes Agripa II, Pablo fue enviado a Roma (alrededor del 58 E.C.) junto con otros prisioneros. (Hechos 23:12) «Venido el día, algunos de los judíos tramaron un complot y se juramentaron bajo maldición, diciendo que no comerían ni beberían hasta que hubiesen dado muerte a Pablo». (Hechos 27:1) «Cuando se decidió que habíamos de navegar para Italia, entregaron a Pablo y a algunos otros presos a un centurión llamado Julio, de la compañía Augusta».
Primer y segundo encierro en prisión en Roma. En el camino, Pablo y los que estaban con él naufragaron en la isla de Malta. Después de pasar allí el invierno, finalmente llegaron a Roma (MAPA, vol. 2, pág. 750), donde a Pablo se le permitió alquilar una casa para alojarse, aunque custodiado por un soldado. Poco después de su llegada, organizó una reunión con los hombres prominentes de los judíos, algunos de los cuales se hicieron creyentes. Durante dos años, aproximadamente entre 59 y 61 E.C., el apóstol continuó predicando a todos los que iban a él. (Hechos 27:2) «Y embarcándonos en una nave adramitena que iba a tocar los puertos de Asia, zarpamos, estando con nosotros Aristarco, macedonio de Tesalónica». (Hechos 28:31) «predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento». En ese tiempo también escribió sus cartas a los Efesios (Efesios 4:1) «Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados». (Efesios 6:20) «por el cual soy embajador en cadenas; que con denuedo hable de él, como debo hablar», a los Filipenses (Filipenses 1:7, 12-14), a los Colosenses (Colosenses 4:18) «La salutación de mi propia mano, de Pablo. Acordaos de mis prisiones. La gracia sea con vosotros. Amén», a Filemón (vs. 9) y probablemente también a los Hebreos. (GRABADO, vol. 2, pág. 750.) Parece que César Nerón declaró a Pablo inocente y lo dejó en libertad. Es probable que Pablo reanudara su labor misional en asociación con Timoteo y Tito. Después de haber dejado a Timoteo en Éfeso y a Tito en Creta, Pablo les escribió cartas relacionadas con sus responsabilidades, al parecer desde Macedonia. (1 Timoteo 1:3) «Como te rogué que te quedases en Efeso, cuando fui a Macedonia, para que mandases a algunos que no enseñen diferente doctrina». (Tito 1:5) «Por esta causa te dejé en Creta, para que corrigieses lo deficiente, y establecieses ancianos en cada ciudad, así como yo te mandé». No se sabe si antes de su última estancia en prisión en Roma el apóstol llegó hasta España. (Romanos 15:24) «cuando vaya a España, iré a vosotros; porque espero veros al pasar, y ser encaminado allá por vosotros, una vez que haya gozado con vosotros». Durante esa reclusión (c. 65 E.C.) escribió su segunda carta a Timoteo, en la que dio a entender que su muerte era inminente. (2 Timoteo 4:6-8) Es probable que poco después Pablo sufriera una muerte de mártir durante el mandato de Nerón.
Un ejemplo digno de imitar. En vista de que siguió fielmente el ejemplo de Cristo, el apóstol Pablo pudo decir: “Háganse imitadores de mí”. (1 Corintios 4:16) «Por tanto, os ruego que me imitéis». (1 Corintios 11:1) «Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo». (Filipenses 3:17) «Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros». Él estaba presto a seguir la dirección del espíritu de Dios. (Hechos 13:2-5) (Hechos 16:9, 10) No era un vendedor ambulante de la Palabra de Dios, sino que hablaba movido por sinceridad. (2 Corintios 2:17) «Pues no somos como muchos, que medran falsificando la palabra de Dios, sino que con sinceridad, como de parte de Dios, y delante de Dios, hablamos en Cristo». Aunque era una persona instruida, no intentó impresionar a otros con su habla (1 Corintios 2:1-5) ni procuró agradar a los hombres. (Gálatas 1:10) «Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo». No insistió en sus derechos, sino que se adaptó a las personas a quienes predicó y tuvo cuidado de no hacer tropezar a otros. (1 Corintios 9:19-26) (2 Corintios 6:3) «No damos a nadie ninguna ocasión de tropiezo, para que nuestro ministerio no sea vituperado».
En el transcurso de su ministerio, Pablo se esforzó celosamente: viajó miles de kilómetros por mar y tierra y formó muchas congregaciones en Europa y Asia Menor. Por lo tanto, no necesitó cartas de recomendación escritas con tinta, sino que podía señalar a cartas vivas, personas que se habían hecho creyentes debido a su labor. (2 Corintios 3:1-3) No obstante, tuvo la humildad de reconocer que era un esclavo (Filipenses 1:1) «Pablo y Timoteo, siervos de Jesucristo, a todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos, con los obispos y diáconos». Que tenía la obligación de declarar las buenas nuevas. (1 Corintios 9:16) «Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio!». No se atribuyó el mérito, sino que dio toda la honra a Dios como Aquel que había sido responsable del crecimiento (1 Corintios 3:5-9) y que le había capacitado adecuadamente para el ministerio. (2 Corintios 3:5, 6) El apóstol tuvo en gran estima su ministerio, lo glorificó y reconoció que era una expresión de la misericordia de Dios y de su Hijo. (Romanos 11:13) «Porque a vosotros hablo, gentiles. Por cuanto yo soy apóstol a los gentiles, honro mi ministerio». (2 Corintios 4:1) «Por lo cual, teniendo nosotros este ministerio según la misericordia que hemos recibido, no desmayamos». (1 Timoteo 1:12, 13) Le escribió a Timoteo: “La razón por la cual se me mostró misericordia fue para que, por medio de mí como el caso más notable, Cristo Jesús demostrara toda su gran paciencia como muestra de los que van a cifrar su fe en él para vida eterna”. (1 Timoteo 1:16) «Pero por esto fui recibido a misericordia, para que Jesucristo mostrase en mí el primero toda su clemencia, para ejemplo de los que habrían de creer en él para vida eterna».
Debido a que había perseguido a los cristianos, Pablo no se consideró digno de ser llamado apóstol y reconoció que lo era solo por la bondad inmerecida de Dios. Deseoso de que esta bondad inmerecida no se le hubiera extendido en vano, trabajó más que los otros apóstoles. No obstante, reconoció que pudo efectuar su ministerio solo por la bondad inmerecida de Dios. (1 Corintios 15:9, 10) Dijo: “Para todas las cosas tengo la fuerza en virtud de aquel que me imparte poder”. (Filipenses 4:13) «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece». Aguantó mucho y no se quejó. Cuando comparó sus propias experiencias con las de otros, pudo decir (c. 55 E.C.): “En labores, más abundantemente; en prisiones, más abundantemente; en golpes, con exceso; a punto de morir, frecuentemente. De los judíos cinco veces recibí cuarenta golpes menos uno, tres veces fui golpeado con varas, una vez fui apedreado, tres veces experimenté naufragio, una noche y un día los he pasado en lo profundo; en viajes a menudo, en peligros de ríos, en peligros por parte de salteadores, en peligros por parte de mi propia raza, en peligros por parte de las naciones, en peligros en la ciudad, en peligros en el desierto, en peligros en el mar, en peligros entre falsos hermanos, en labor y afán, en noches sin dormir a menudo, en hambre y sed, en abstinencia de alimento muchas veces, en frío y desnudez. Además de esas cosas de carácter externo, hay lo que se me viene encima de día en día, la inquietud por todas las congregaciones”. (2 Corintios 11:23-28) (2 Corintios 6:4-10) (2 Corintios 7:5) «Porque de cierto, cuando vinimos a Macedonia, ningún reposo tuvo nuestro cuerpo, sino que en todo fuimos atribulados; de fuera, conflictos; de dentro, temores». Aparte de estas penalidades, y sobre todo con el paso de los años, tuvo que soportar la “espina en la carne” (2 Corintios 12:7) «Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera», tal vez una afección en la vista o de algún otro tipo. (Véanse (Hechos 23:1-5) (Gálatas 4:15) «¿Dónde, pues, está esa satisfacción que experimentabais? Porque os doy testimonio de que si hubieseis podido, os hubierais sacado vuestros propios ojos para dármelos». (Gálatas 6:11) «Mirad con cuán grandes letras os escribo de mi propia mano».
Como humano imperfecto, Pablo experimentó un conflicto continuo entre la mente y la inclinación pecaminosa de la carne. (Romanos 7:21-24) Pero no cedió. Dijo: “Aporreo mi cuerpo y lo conduzco como a esclavo, para que, después de haber predicado a otros, yo mismo no llegue a ser desaprobado de algún modo”. (1 Corintios 9:27) «sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado». Siempre tuvo presente el glorioso premio de la vida inmortal en los cielos. Consideró que todo sufrimiento carecía de importancia en comparación con la gloria que recibiría en recompensa por su fidelidad. (Romanos 8:18) «Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse». (Filipenses 3:6-14) Por consiguiente, pudo escribir poco antes de morir: “He peleado la excelente pelea, he corrido la carrera hasta terminarla, he observado la fe. De este tiempo en adelante me está reservada la corona de la justicia”. (2 Timoteo 4:7, 8)
Como era un apóstol inspirado, Pablo ejerció su autoridad para dar disposiciones y órdenes (1 Corintios 14:37) «Si alguno se cree profeta, o espiritual, reconozca que lo que os escribo son mandamientos del Señor». (1 Corintios 16:1) «En cuanto a la ofrenda para los santos, haced vosotros también de la manera que ordené en las iglesias de Galacia». (Colosenses 4:10) «Aristarco, mi compañero de prisiones, os saluda, y Marcos el sobrino de Bernabé, acerca del cual habéis recibido mandamientos; si fuere a vosotros, recibidle». (1 Tesalonicenses 4:2, 11) compárese con (1 Timoteo 4:11) «Esto manda y enseña», pero prefirió apelar a los hermanos sobre la base del amor y suplicarles por “las compasiones de Dios” y por “la apacibilidad y bondad del Cristo”. (Romanos 12:1) «Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional». (2 Corintios 6:11-13) (2 Corintios 8:8) «No hablo como quien manda, sino para poner a prueba, por medio de la diligencia de otros, también la sinceridad del amor vuestro». (2 Corintios 10:1) «Yo Pablo os ruego por la mansedumbre y ternura de Cristo, yo que estando presente ciertamente soy humilde entre vosotros, mas ausente soy osado para con vosotros». (Filemón 1:8, 9) Fue amable con ellos, les tuvo tierno cariño y los exhortó y consoló como un padre. (1 Tesalonicenses 2:7, 8, 11, 12) Aunque tenía el derecho de recibir apoyo material de los hermanos, prefirió trabajar con sus manos para no ser una carga costosa. (Hechos 20:33-35) (1 Corintios 9:18) «¿Cuál, pues, es mi galardón? Que predicando el evangelio, presente gratuitamente el evangelio de Cristo, para no abusar de mi derecho en el evangelio». (1 Tesalonicenses 2:6, 9) Como resultado, se forjó una estrecha relación de cariño fraternal entre Pablo y aquellos a quienes ministraba. Los superintendentes de la congregación de Éfeso sintieron gran pesar y prorrumpieron en lágrimas al saber que posiblemente no contemplarían más su rostro. (Hechos 20:37, 38) Pablo estaba muy interesado en el bienestar espiritual de los compañeros cristianos y deseaba hacer cuanto pudiera para ayudarlos a conseguir su herencia celestial. (Romanos 1:11) «Porque deseo veros, para comunicaros algún don espiritual, a fin de que seáis confirmados». (Romanos 15:15, 16) (Colosenses 2:1, 2) Los recordaba continuamente en sus oraciones (Romanos 1:8, 9) (2 Corintios 13:7) «Y oramos a Dios que ninguna cosa mala hagáis; no para que nosotros aparezcamos aprobados, sino para que vosotros hagáis lo bueno, aunque nosotros seamos como reprobados». (Efesios 3:14-19) (Filipenses 1:3-5, 9-11) (Colosenses 1:3, 9-12) (1 Tesalonicenses 1:2, 3) (2 Tesalonicenses 1:3) «Debemos siempre dar gracias a Dios por vosotros, hermanos, como es digno, por cuanto vuestra fe va creciendo, y el amor de todos y cada uno de vosotros abunda para con los demás». Y solicitaba que ellos también orasen por él. (Romanos 15:30-32) (2 Corintios 1:11) «cooperando también vosotros a favor nuestro con la oración, para que por muchas personas sean dadas gracias a favor nuestro por el don concedido a nosotros por medio de muchos». La fe de sus compañeros cristianos fue una fuente de estímulo para él. (Romanos 1:12) «esto es, para ser mutuamente confortados por la fe que nos es común a vosotros y a mí». Por otra parte, siempre defendió las normas justas y no dudó en corregir ni siquiera a otro apóstol cuyo proceder afectaba a las buenas nuevas. (1 Corintios 5:1-13) (Gálatas 2:11-14)
¿Fue Pablo uno de los doce apóstoles?
Aunque Pablo estaba convencido de su condición de apóstol, y tenía pruebas de ello, nunca se incluyó entre “los doce”. Antes del Pentecostés, la asamblea cristiana había buscado un sustituto para el infiel Judas Iscariote, a instancias de la exhortación bíblica de Pedro. Posiblemente por el voto de los miembros varones de la asamblea (Pedro se había dirigido a los “varones, hermanos”; (Hechos 1:16) «Varones hermanos, era necesario que se cumpliese la Escritura en que el Espíritu Santo habló antes por boca de David acerca de Judas, que fue guía de los que prendieron a Jesús», se escogió a dos discípulos como candidatos. Luego oraron a Jehová Dios compárese (Hechos 1:24) «Y orando, dijeron: Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muestra cuál de estos dos has escogido». con (1 Samuel 16:7) «Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón». (Hechos 15:7, 8) para que Él eligiera al que debía reemplazar al apóstol infiel. Después de su oración echaron suertes, y “la suerte cayó sobre Matías”. (Hechos 1:15-26) compárese con (Proverbios 16:33) «La suerte se echa en el regazo; Mas de Jehová es la decisión de ella».
No hay razón para dudar de la elección divina de Matías. Pero también es cierto que una vez que Pablo se convirtió, gozó de gran relevancia y su trabajo excedió al de los demás apóstoles. (1 Corintios 15:9, 10). No obstante, no hay indicio alguno de que estuviese predestinado a un apostolado, de modo que Dios desoyera la oración de la congregación cristiana y mantuviese la vacante de Judas abierta hasta la conversión de Pablo, dejando así que la elección de Matías se convirtiese en un simple y arbitrario trámite del cuerpo apostólico. Por el contrario, hay pruebas bien fundadas de que la elección de Matías tuvo apoyo divino.
El derramamiento del espíritu santo en el Pentecostés confirió a los apóstoles poderes extraordinarios; únicamente se les ve a ellos imponiendo las manos sobre los recién bautizados e impartiendo los dones milagrosos del espíritu. (Véase APÓSTOL [Dones milagrosos].) Si la elección de Matías no hubiese tenido el beneplácito de Dios, su incapacidad para hacer lo mismo que los demás apóstoles hubiese sido evidente, pero el registro bíblico muestra lo contrario. Lucas, el escritor del libro de Hechos, fue compañero de viaje de Pablo y participó con él en algunas misiones, por lo que el libro debe reflejar y coincidir con los puntos de vista de Pablo. En él se narra la ocasión en la que “los doce” designaron a los siete hombres acreditados que se encargarían de la distribución de los alimentos. Esto ocurrió después del Pentecostés de 33 E.C., pero antes de la conversión de Pablo. Por consiguiente, en este caso en concreto se incluye a Matías entre “los doce”, y debió tomar parte en la imposición de las manos sobre los siete hombres a los que se designó. (Hechos 6:1-6).
Entonces, ¿cuál de los dos nombres —Matías o Pablo— figura entre las “doce piedras de fundamento” de la Nueva Jerusalén que Juan vio en la Revelación? (Apocalipsis 21:2, 14) Según una línea de razonamiento, podría concluirse que es más probable que figure el de Pablo. Él hizo una importante aportación a la congregación cristiana con su ministerio y en particular por haber escrito una gran parte de las Escrituras Griegas Cristianas (se le atribuyen catorce cartas). En este sentido, puede decirse que eclipsó a Matías, cuyo nombre no se vuelve a mencionar después del primer capítulo de Hechos.
No obstante, un análisis imparcial demostraría que Pablo también eclipsó a muchos otros de los doce apóstoles, a algunos de los cuales rara vez se menciona, salvo en las listas apostólicas. Además, cuando Pablo se convirtió, la congregación cristiana, el Israel espiritual, ya había sido establecida o fundada y llevaba aproximadamente un año o más de crecimiento. Por otra parte, Pablo escribió su primera carta canónica hacia el año 50 E.C. (véase TESALONICENSES, CARTAS A LOS), unos diecisiete años después de la colocación del fundamento de la nueva nación, el Israel espiritual, en 33 E.C. Estos hechos, junto con otros argumentos presentados con anterioridad en este artículo, aclaran esta cuestión. Parece razonable, por tanto, que la elección original que Dios hizo de Matías como aquel que había de ocupar la vacante de Judas entre “los doce apóstoles del Cordero”, permaneció firme e inalterada por el nombramiento posterior de Pablo a un apostolado.
Entonces, ¿qué propósito tuvo el apostolado de Pablo? Jesús mismo había indicado que tendría una finalidad especial: Pablo sería un ‘apóstol [enviado] a las naciones’, no un sustituto de Judas (Hechos 9:4-6, 15), y así lo entendió el propio Pablo. (Gálatas 1:15, 16) (Hechos 2:7, 8) (Romanos 1:5) «y por quien recibimos la gracia y el apostolado, para la obediencia a la fe en todas las naciones por amor de su nombre». (1 Timoteo 2:7) «Para esto yo fui constituido predicador y apóstol (digo verdad en Cristo, no miento), y maestro de los gentiles en fe y verdad». En consecuencia, no fue necesario contar con su apostolado para poner el fundamento del Israel espiritual en el Pentecostés de 33 E.C.
Originalmente, el nombre del “apóstol a los gentiles” (Hechos 21:39) «Entonces dijo Pablo: Yo de cierto soy hombre judío de Tarso, ciudadano de una ciudad no insignificante de Cilicia; pero te ruego que me permitas hablar al pueblo».
No se conoce el año exacto de su nacimiento, pero algunos opinan que tuvo lugar en una fecha aproximada a la del nacimiento del Señor Jesús. Cuando •Esteban fue apedreado en el año 33 d.C., se dice que P. era “un joven” (Hechos 25:11) «Porque si algún agravio, o cosa alguna digna de muerte he hecho, no rehúso morir; pero si nada hay de las cosas de que éstos me acusan, nadie puede entregarme a ellos. A César apelo». No se tienen noticias de su madre.
Su educación. Fue enviado a Jerusalén a estudiar, probablemente a los trece años de edad, siendo su maestro el famoso rabino •Gamaliel (Hechos 18:3) «y como era del mismo oficio, se quedó con ellos, y trabajaban juntos, pues el oficio de ellos era hacer tiendas».
La conversión de Saulo. La disputa de •Esteban se levantó entre unos miembros “de la sinagoga llamada de los libertos, y de los de Cirene, de Alejandría, de Cilicia y de Asia” (Hechos 9:20) «En seguida predicaba a Cristo en las sinagogas, diciendo que éste era el Hijo de Dios».
probable que fuera en esta ocasión cuando decidió ir a •Arabia, pues escribiendo a los gálatas, dice: “... ni subí a Jerusalén a los que eran apóstoles antes que yo; sino que fui a Arabia, y volví de nuevo a Damasco. Después, pasados tres años, subí a Jerusalén...” (Hechos 9:25) «Entonces los discípulos, tomándole de noche, le bajaron por el muro, descolgándole en una canasta». Se sabe que había un arreglo especial de extradición entre •Aretas y el gobernador de Damasco para los casos de personajes que hubieran escapado de la justicia en Petra. Al parecer, esto fue tomado como excusa para la conspiración, porque las autoridades romanas condenaban a la crucifixión a los asesinos, lo cual ponía en peligro, entonces, a los mismos conspiradores.
llegó a Jerusalén, los hermanos desconfiaban de él, hasta que •Bernabé “lo trajo a los apóstoles” a quienes contó su experiencia (2 Corintios 11:25) «Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar». (“... tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar”), a menos que algunos de estos incidentes ocurrieran durante sus viajes misioneros y •Lucas no quiso registrarlos en los Hchhos, lo cual es dudoso.
Su físico. Existe un documento del siglo II, titulado Los hechos de Pablo y de Tecla, que narra unos cuentos sobre P. Aunque esta obra fue considerada como espuria, es interesante anotar la descripción que hace de la apariencia física del apóstol. Dice que era una persona de estatura regular, medio calvo, de nariz puntiaguda y frente ceñuda. Que, además, tenía las piernas torcidas o arqueadas. Esto coincide con lo que él dice de sí mismo (“Porque a la verdad, dicen, las cartas son duras y fuertes; mas la presencia corporal débil” (2 Corintios 10:10) «Porque a la verdad, dicen, las cartas son duras y fuertes; mas la presencia corporal débil, y la palabra menospreciable». Lo de las piernas arqueadas es, según algunos, característica de personas que habían recibido azotes en muchas ocasiones.
Sus experiencias místicas. El apóstol dice en (2 Corintios 12:7) «Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera». En realidad, nadie sabe en qué consistía este “aguijón”. Algunos pensaron que se trataba de una debilidad de tipo sexual. Otros que era algún tipo de enfermedad dolorosa y, además, que producía mala impresión a otros. Pero no hay datos seguros.
Antioquía. Como resultado del éxito de la predicación del evangelio en •Antioquía, la tercera ciudad del imperio, •Bernabé buscó a P. para que fuera a residir allí. En esa ciudad P. pudo desarrollar un fructífero ministerio, junto a otros prominentes miembros de la iglesia antioqueña. Cuando un profeta de nombre •Agabo anunció “que vendría una gran hambre en toda la tierra habitada”, los hermanos de Antioquía decidieron “enviar socorro” para los santos de Judea, dando “cada uno conforme a lo que tenía”. Los encargados de llevar esta ofrenda de amor fueron “Bernabé y ... Saulo” (Gálatas 2:1-5). Los resultados de esta consulta fueron la confirmación de que el evangelio que él predicaba era el mismo que anunciaban también los que habían conocido al Señor antes que él. Y el hecho de que Tito no fuera obligado a circuncidarse, dejaba en claro que los hermanos de Jerusalén estaban de acuerdo con la doctrina y la práctica que P. implantaba entre los gentiles.
día, mientras oraba en el •templo, le “sobrevino un éxtasis” y vio al Señor, que le decía: “Date prisa, y sal prontamente de Jerusalén; porque no recibirán tu testimonio acerca de mí.... Vé, porque yo te enviaré lejos a los gentiles” (Gálatas 2:7-10). Esto último fue, en efecto, la expresión del buen deseo de que se repitiera la acción que llevaron a cabo los hermanos de Antioquía.
Viaje misionero. De regreso en aquella ciudad, el •Espíritu Santo habló a los líderes de la iglesia, diciéndoles: “Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado” (Hechos 13:5) «Y llegados a Salamina, anunciaban la palabra de Dios en las sinagogas de los judíos. Tenían también a Juan de ayudante». Después fueron a •Panfilia, en el S de la Anatolia, pero Juan Marcos decidió volver a Jerusalén. Ellos siguieron predicando por diversas ciudades, y lograron establecer grupos de cristianos en •Antioquía de Pisidia, •Iconio, •Listra, •Derbe y otros lugares. Entonces regresaron a Antioquía, de donde habían salido.
La controversia con los judaizantes. Su informe fue causa de mucho gozo para los hermanos. Pero encontraron que habían venido de Judea algunos hermanos que estaban enseñando que los creyentes tenían que guardar la ley de Moisés. P. y Bernabé discutieron fuertemente con ellos, por lo cual “se dispuso que subiesen ... a Jerusalén ... a los apóstoles y ancianos, para tratar esta cuestión” (Hechos 15:2) «Como Pablo y Bernabé tuviesen una discusión y contienda no pequeña con ellos, se dispuso que subiesen Pablo y Bernabé a Jerusalén, y algunos otros de ellos, a los apóstoles y a los ancianos, para tratar esta cuestión». Fue así como tuvo lugar lo que se conoce como el •Concilio de Jerusalén, cuyas decisiones dejaban libres a los creyentes gentiles de las exigencias de la ley de Moisés. La carta correspondiente fue llevada por P. y Bernabé a la iglesia en Antioquía, y causó gran alegría entre los hermanos.
Más viajes misioneros. “Después de algunos días”, P. y Bernabé decidieron volver a visitar a los hermanos en las ciudades donde habían predicado antes. Hubo entre ellos un desacuerdo. Bernabé quería llevar a Juan Marcos. P. se opuso. Finalmente, decidieron separarse. Bernabé fue a Chipre con Juan Marcos y Pablo partió hacia •Siria y Cilicia, acompañado por •Silas. En •Derbe conoció a •Timoteo y lo incorporó a su misión. Así, viajaron por “Frigia y la provincia de Galacia”, pero “les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia” (Hechos 18:23) «Y después de estar allí algún tiempo, salió, recorriendo por orden la región de Galacia y de Frigia, confirmando a todos los discípulos». Retornó a éfeso, esta vez para quedarse allí por un buen tiempo.
De regreso a Jerusalén. A estas alturas, P. planeaba volver a Jerusalén para luego ir a •Roma, por lo cual escribió una epístola a los hermanos de esta última ciudad diciéndoles de su propósito de pasar a visitarlos, rumbo a España ( •Romanos, Epístola a los). Librado a duras penas de un alboroto que se levantó en éfeso, se despidió de los hermanos y partió de nuevo para Macedonia, recorrió el país, fue a Grecia de nuevo y luego decidió regresar a Jerusalén por la vía de Macedonia. Un grupo de hermanos le acompañó hasta Asia (Hechos 22:30) «Al día siguiente, queriendo saber de cierto la causa por la cual le acusaban los judíos, le soltó de las cadenas, y mandó venir a los principales sacerdotes y a todo el concilio, y sacando a Pablo, le presentó ante ellos». Los resultados fueron negativos. De manera que el tribuno decidió dejarle preso. En la cárcel, el Señor Jesús se le apareció de nuevo, dándole ánimo y diciéndole que iría a Roma.
Preso y enviado a Roma. P. tuvo que ser trasladado a •Cesarea bajo fuerte custodia, a fin de evitar una conspiración para matarle. Allí descendieron los líderes religiosos judíos y le acusaron delante de •Félix el gobernador. El apóstol se defendió, pero Félix decidió dejarle preso. Dos años después, •Porcio Festo vino como sucesor de Félix. También ante éste volvieron a acusarle los líderes judíos, hasta que P. decidió hacer uso de su derecho como ciudadano romano y apelar al •César. El rey •Agripa y su esposa Berenice, de visita en el lugar, quisieron oír a P. Tras su mensaje, Agripa dijo: “Por poco me persuades a ser cristiano” (Hechos 26:28) «Entonces Agripa dijo a Pablo: Por poco me persuades a ser cristiano».
, P. fue enviado a Roma en una embarcación, que naufragó en la isla de •Malta. Allí hizo varios milagros. Luego le embarcaron en una nave alejandrina que le llevó hasta •Puteoli, donde fue recibido por creyentes que le atendieron durante siete días, tras los cuales fue a Roma.
¿Estuvo P. preso dos veces en Roma? El relato de •Lucas en el libro de los Hchhos no termina señalando la muerte del apóstol, sino que le deja en Roma “dos años enteros en un casa alquilada, y recibía a todos los que a él venían, predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento” (2 Timoteo 4:16) «En mi primera defensa ninguno estuvo a mi lado, sino que todos me desampararon; no les sea tomado en cuenta». Se han hecho muchas especulaciones sobre cuál habrá sido el itinerario de P. durante esos tres o cuatro años que separan sus dos prisiones.
Su teología. A través de sus cartas, que fueron escritas para atender a problemas específicos que se presentaban en las distintas iglesias, se evidencia la importancia y la profundidad del pensamiento paulino. Cada carta tiene su propia manera de argumentación, usando el lenguaje adecuado para los asuntos que quería tratar. De su conjunto, podemos extraer las líneas generales de su pensamiento sobre la salvación, lo que nos indica cuál es su verdadero significado, y refuta las falsas concepciones que sobre la misma se presentaban en la época.
La ley y la gracia. Como apóstol que era de los gentiles, P. se preocupó por aclarar que lo que se consideraba como requerimientos de la ley judía no eran aplicables a los creyentes gentiles, insistiendo en la •justificación por medio de la fe. En sus escritos, sobre todo en •Romanos y •Gálatas, procura explicar cuál había sido la función de la ley, enfatizando que toda ella había sido cumplida por Jesucristo, especialmente con su muerte en expiación por los pecados del mundo. Los creyentes han muerto con Cristo. Por tanto, han muerto para la ley (“Porque yo por la ley soy muerto para la ley, a fin de vivir para Dios” (1 Corintios 10:11) «Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos». Siempre subrayaba a los creyentes que la fe en Cristo y la conversión tenían por resultado una conducta de santidad.
La justificación por la fe. El apóstol hace énfasis en que toda la Biblia enseña que “no hay justo, ni aun uno” (Romanos 3:21-25).
La reconciliación. Explica P. que el pecado del hombre le puso en situación de enemistad con Dios (“Por cuanto la mente carnal es enemistad contra Dios” (Efesios 2:14-18).
La Iglesia. De especial significación fue el aporte de P. al entendimiento de lo que es la •iglesia. Explica que ella es “la casa de Dios ... la iglesia del Dios viviente, columna y baluarte de la verdad” (Efesios 5:26-27).
Su escatología. El apóstol habla frecuentemente de la segunda venida de Cristo. Decía que es “preciso que él reine” (1 Tesalonicenses 5:2) «Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche». Con esto, indicaba, se completaría la redención, no sólo de los hombres, sino de toda la creación.
Su lucha contra los excesos. Por otra parte, tenía que estar vigilante siempre a causa de los excesos que se producían en medios cristianos que interpretaban mal este significado escatológico de la salvación. Algunos, como en el caso de ciertos tesalonicenses, no veían la necesidad de trabajar (“Porque también cuando estábamos con vosotros, os ordenábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma” (1 Timoteo 4:1-3). Y así sucesivamente.
resumen, por éstas y muchas otras razones, se puede decir que P. fue el más grande expositor de la fe cristiana.
tip, BIOG HOMB HONT APOS vet, (gr. «Paulos», lat. «Paulus», «pequeño»).El apóstol de los gentiles.
Su nombre judío era Saulo (heb. «Shã'ûl», gr. «Saulos»). A partir de la conversión de Sergio Paulo, procónsul de Chipre, Saulo recibe en Hechos el nombre de Pablo («Paulos»; cfr. (Hechos 13:9) «Entonces Saulo, que también es Pablo, lleno del Espíritu Santo, fijando en él los ojos». En sus epístolas, el apóstol siempre se llama a sí mismo Pablo. Se ha venido a suponer, por parte de algunos, que eligió el nombre de Pablo debido a la conversión del procónsul. Se trata de una afirmación muy poco probable, y que no tiene en cuenta la manera en que Lucas introduce en los Hechos el nombre romano del apóstol; de hecho, lo emplea a partir del instante en que da comienzo entre los gentiles la obra de aquel a quien ellos conocían como Pablo. Lo más plausible es que ya desde el principio Pablo habría tenido ambos nombres. Éste era el caso con muchos otros judíos, especialmente entre los de la Diáspora (Hechos 9:11) «Y el Señor le dijo: Levántate, y vé a la calle que se llama Derecha, y busca en casa de Judas a uno llamado Saulo, de Tarso; porque he aquí, él ora». (Hechos 21:39) «Entonces dijo Pablo: Yo de cierto soy hombre judío de Tarso, ciudadano de una ciudad no insignificante de Cilicia; pero te ruego que me permitas hablar al pueblo». (Hechos 22:3). Era miembro de la tribu de Benjamín (Filipenses 3:5) «circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo». No se conoce con certeza la razón de que su familia se estableciera en Tarso.
Una tradición muy antigua informa que salieron de Gischala, en Galilea, cuando los romanos se apoderaron de esta ciudad. Hubiera podido ser posible que en tiempos anteriores esta familia hubiera formado parte de una colonia que alguno de los reyes sirios estableciera en Tarso (cfr. Ramsay, «St. Paul the Traveler». Es posible también que la familia emigrara voluntariamente, por necesidades de la profesión de comercio, como era el caso con muchas otras familias judías. Los parientes de Pablo parecen haber sido numerosos e influyentes. En (Romanos 16:7-11). Pablo hace saludar a tres de sus parientes: dice de Andrónico y de Junias que son muy estimados entre los apóstoles y que fueron antes que él en Cristo. En (Hechos 23:16) «Mas el hijo de la hermana de Pablo, oyendo hablar de la celada, fue y entró en la fortaleza, y dio aviso a Pablo». se nos informa que el hijo de la hermana de Pablo (que parece que residía en Jerusalén, posiblemente con su madre), denunció ante el tribuno el complot tramado contra su tío. Este episodio permite suponer que el joven estaba emparentado con alguna de las familias implicadas. Lo importante del papel de Pablo, a pesar de su juventud, durante el martirio de Esteban, apoya esta suposición. Es indudable que Pablo era ya miembro del sanedrín (Hechos 26:10) «lo cual también hice en Jerusalén. Yo encerré en cárceles a muchos de los santos, habiendo recibido poderes de los principales sacerdotes; y cuando los mataron, yo di mi voto»
. y el sumo sacerdote le encomendó la misión de que persiguiera a los cristianos (Hechos 9:1-2). (Hechos 22:5) «como el sumo sacerdote también me es testigo, y todos los ancianos, de quienes también recibí cartas para los hermanos, y fui a Damasco para traer presos a Jerusalén también a los que estuviesen allí, para que fuesen castigados».
Las mismas palabras del apóstol (Filipenses 3:4-7). prueban que, siendo un personaje importante, y teniendo en el comienzo mismo de su carrera la perspectiva de honores y fortuna, no pertenecía precisamente a una familia oscura. Criado en la obediencia a la Ley y en la piedad judía tradicional, por cuanto su padre era un fariseo estricto (Hechos 23:6) «Entonces Pablo, notando que una parte era de saduceos y otra de fariseos, alzó la voz en el concilio: Varones hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseo; acerca de la esperanza y de la resurrección de los muertos se me juzga». Pablo poseía también, por nacimiento, la ciudadanía romana. No se sabe en virtud de qué fue concedido este derecho a uno de sus ascendientes, si como recompensa por servicios prestados al Estado, o como privilegio adquirido mediante el pago de una gran suma de dinero. Es posible que ello dé explicación del nombre latino de Pablo. En todo caso, su condición de ciudadano romano le fue de utilidad en su apostolado y le salvó la vida en más de una ocasión.
Tarso, una de las capitales intelectuales de la época, era un foco de cultura griega. Estaba entonces de moda el estoicismo. Sin embargo, es muy poco probable que Pablo acudiera a escuelas griegas; sus padres, austeros judíos, lo enviaron de joven a estudiar en Jerusalén. Los jóvenes judíos aprendían una profesión, y Saulo hizo el aprendizaje de fabricación de tiendas (Hechos 18:3) «y como era del mismo oficio, se quedó con ellos, y trabajaban juntos, pues el oficio de ellos era hacer tiendas». Dice él (Hechos 22:3) «Yo de cierto soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero criado en esta ciudad, instruido a los pies de Gamaliel, estrictamente conforme a la ley de nuestros padres, celoso de Dios, como hoy lo sois todos vosotros». que había sido criado en Jerusalén, a donde tuvo que llegar muy joven. La educación recibida lo arraigó profundamente en las tradiciones del fariseísmo. Fue instruido en el conocimiento preciso de la ley de sus padres (Hechos 22:3). Su maestro fue uno de los más célebres rabinos de su época, Gamaliel. Un discurso de Gamaliel (Hechos 5:34-39). convenció al sanedrín a no condenar a los apóstoles a muerte. Aunque era fariseo, el gran rabino no rechazaba del todo la cultura griega, y mostraba un espíritu tolerante. A sus pies, el joven Saulo no estudió solamente el AT, sino también las sutilezas de las interpretaciones rabínicas. Se lanzó ardorosamente dentro del seno del judaísmo, animado de un excesivo celo por las tradiciones de sus padres (Gálatas 1:14) «y en el judaísmo aventajaba a muchos de mis contemporáneos en mi nación, siendo mucho más celoso de las tradiciones de mis padres». Versado en la religión y en la cultura judías, sumamente dotado, miembro de una familia distinguida, el ferviente joven fariseo estaba preparado para grandes logros en el seno de su pueblo.
Los falsos testigos que lapidaron a Esteban encargaron al joven Saulo que guardara sus ropas (Hechos 7:58) «Y echándole fuera de la ciudad, le apedrearon; y los testigos pusieron sus ropas a los pies de un joven que se llamaba Saulo». Si el papel de Saulo no tuvo un carácter oficial, el relato implica, no obstante, que el joven participó en el deliberado propósito de llevar a cabo aquella muerte (Hechos 8:1) «Y Saulo consentía en su muerte. En aquel día hubo una gran persecución contra la iglesia que estaba en Jerusalén; y todos fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria, salvo los apóstoles». Saulo fue seguramente uno de los judíos helenistas mencionados en (Hechos 6:9-14). como instigadores del martirio. Es evidente que Pablo ya aborrecía entonces a los adeptos de aquella nueva secta, menospreciando a su Mesías, y que los estimaba peligrosos tanto sobre el plano político como sobre el religioso. Lleno de un fanatismo firme y acerbo, estaba dispuesto a llevarlos a todos a la muerte. Acto seguido después de la muerte de Esteban, Saulo organizó la persecución contra los cristianos (Hechos 8:3) «Y Saulo asolaba la iglesia, y entrando casa por casa, arrastraba a hombres y a mujeres, y los entregaba en la cárcel». (Hechos 22:4) «Perseguía yo este Camino hasta la muerte, prendiendo y entregando en cárceles a hombres y mujeres». (Hechos 26:10) «lo cual también hice en Jerusalén. Yo encerré en cárceles a muchos de los santos, habiendo recibido poderes de los principales sacerdotes; y cuando los mataron, yo di mi voto». (Hechos 11:2) «Y cuando Pedro subió a Jerusalén, disputaban con él los que eran de la circuncisión». (1 Corintios 15:9) «Porque yo soy el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí a la iglesia de Dios». (Gálatas 1:13) «Porque ya habéis oído acerca de mi conducta en otro tiempo en el judaísmo, que perseguía sobremanera a la iglesia de Dios, y la asolaba». (Filipenses 3:2) «Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, guardaos de los mutiladores del cuerpo». (1 Timoteo 1:13) «habiendo yo sido antes blasfemo, perseguidor e injuriador; mas fui recibido a misericordia porque lo hice por ignorancia, en incredulidad». Su conciencia ofuscada lo llevó a actuar con el encarnizamiento de un inquisidor. No contento con actuar en Jerusalén, pidió cartas del sumo sacerdote para las sinagogas de Damasco, a fin de llevar presos a Jerusalén a los cristianos de origen judío ,a los que quería llevar cargados de cadenas (Hechos 9:1-2). Los judíos tenían una gran autonomía en sus asuntos internos, con la autorización de los romanos. En Damasco, que estaba bajo el control de Aretas, rey de los nabateos, el gobernador era particularmente favorable hacia los judíos (Hechos 9:23) «Pasados muchos días, los judíos resolvieron en consejo matarle». (2 Corintios 11:32) «En Damasco, el gobernador de la provincia del rey Aretas guardaba la ciudad de los damascenos para prenderme». así, es totalmente plausible la intervención de Pablo en esta ciudad. El testimonio formal de Lucas, corroborado por el propio Pablo, revela que éste, hasta el mismo momento de su conversión, aborrecía a los cristianos, y creía estar sirviendo a Dios al perseguirlos.
(Hechos 9:1-19). El perseguidor y sus compañeros siguieron, probablemente a caballo, el camino que iba de Galilea a Damasco, a través de regiones desérticas. Hacia el mediodía llegarían a las bellas campiñas irrigadas que rodeaban Damasco; el sol estaba en su cenit (Hechos 26:13) «cuando a mediodía, oh rey, yendo por el camino, vi una luz del cielo que sobrepasaba el resplandor del sol, la cual me rodeó a mí y a los que iban conmigo». Repentinamente apareció en el cielo una luz fulgurante, empalideciendo la del sol, y los viajeros cayendo al suelo (Hechos 26:14) «Y habiendo caído todos nosotros en tierra, oí una voz que me hablaba, y decía en lengua hebrea: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dura cosa te es dar coces contra el aguijón». Pablo se quedó postrado, al parecer, en tanto que sus compañeros se levantaban (Hechos 9:7) «Y los hombres que iban con Saulo se pararon atónitos, oyendo a la verdad la voz, mas sin ver a nadie». Una voz saliendo del resplandor dijo en hebreo: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dura cosa te es dar coces contra el aguijón» (Hechos 26:14) «Y habiendo caído todos nosotros en tierra, oí una voz que me hablaba, y decía en lengua hebrea: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dura cosa te es dar coces contra el aguijón». Saulo le dijo: «¿Quién eres, Señor? Y el Señor dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues» (Hechos 26:15) «Yo entonces dije: ¿Quién eres, Señor? Y el Señor dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues». «Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer» (Hechos 9:6) «El, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer». (Hechos 22:10) «Y dije: ¿Qué haré, Señor? Y el Señor me dijo: Levántate, y vé a Damasco, y allí se te dirá todo lo que está ordenado que hagas». Los compañeros de Pablo oyeron algo (Hechos 9:7) «Y los hombres que iban con Saulo se pararon atónitos, oyendo a la verdad la voz, mas sin ver a nadie». pero sólo él entendió lo que la voz decía (Hechos 22:9) «Y los que estaban conmigo vieron a la verdad la luz, y se espantaron; pero no entendieron la voz del que hablaba conmigo». La luz dejó ciego a Pablo. Así, entró en Damasco conducido por la mano, y fue llevado a la casa de un cierto Judas (Hechos 9:11) «Y el Señor le dijo: Levántate, y vé a la calle que se llama Derecha, y busca en casa de Judas a uno llamado Saulo, de Tarso; porque he aquí, él ora». donde estuvo tres días sin ver, y sin comer ni beber. Estuvo orando (Hechos 9:9-11). tratando de comprender el significado de lo que le había sucedido. Al tercer día, el Señor ordenó a Ananías, cristiano de origen judío, que se dirigiera a Pablo y que le impusiera las manos para que recobrara la vista. Ananías dudaba, porque temía al perseguidor. El Señor le dio seguridades, revelándole que Pablo había sido advertido por una visión, y Ananías obedeció. Saulo confesó su fe en el Señor Jesús, recobrando la vista y recibiendo el bautismo. Con su energía característica, y para confusión de los judíos, se puso de inmediato a proclamar en las sinagogas que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios (Hechos 9:10-22).
En Hechos se dan tres relatos de esta conversión: el relato de Lucas (Hechos 9:3-22). el de Pablo a los judíos (Hechos 22:1-16). y por último su testimonio ante Festo y Agripa (Hechos 26:1-20). Los tres registros concuerdan entre sí, aunque cada uno de ellos remarca unos detalles que no aparecen en los otros. El narrador tiene en cada caso un propósito diferente. En las epístolas, Pablo hace frecuente alusión a su conversión, que él atribuye a la gracia y al poder de Dios (1 Corintios 9:1) «¿No soy apóstol? ¿No soy libre? ¿No he visto a Jesús el Señor nuestro? ¿No sois vosotros mi obra en el Señor?». (1 Corintios 16:2) «Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas». (1 Corintios 15:8-10). (Gálatas 1:12-16). (Efesios 3:1-8). (Filipenses 3:5-7). (1 Timoteo 1:12-16). (2 Timoteo 1:9-11). Así, los testimonios más convincentes dan prueba de esta conversión. Así, es cierto que no sólo se dignó Jesús dirigir la palabra a Saulo, sino que se le apareció (Hechos 9:17) «Fue entonces Ananías y entró en la casa, y poniendo sobre él las manos, dijo: Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo». (Hechos 22:14) «Y él dijo: El Dios de nuestros padres te ha escogido para que conozcas su voluntad, y veas al Justo, y oigas la voz de su boca». (Hechos 26:16) «Pero levántate, y ponte sobre tus pies; porque para esto he aparecido a ti, para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto, y de aquellas en que me apareceré a ti». (1 Corintios 9:1) «¿No soy apóstol? ¿No soy libre? ¿No he visto a Jesús el Señor nuestro? ¿No sois vosotros mi obra en el Señor?». La forma de Su aparición no nos ha sido descrita, pero es evidente que fue gloriosa: el fariseo se dio cuenta de que el Crucificado era el Hijo de Dios. Habla de la «visión celestial» (Hechos 26:19) «Por lo cual, oh rey Agripa, no fui rebelde a la visión celestial». expresión esta que se menciona sólo en (Lucas 1:22) «Pero cuando salió, no les podía hablar; y comprendieron que había visto visión en el santuario. El les hablaba por señas, y permaneció mudo». y (Lucas 24:23) «y como no hallaron su cuerpo, vinieron diciendo que también habían visto visión de ángeles, quienes dijeron que él vive». y que describe una manifestación angélica y sobrenatural. La pretensión de que Pablo fuera el juguete de una ilusión es algo que carece de todo fundamento. Pero tampoco fue la sola aparición de Cristo lo que provocó su conversión. Ésta se produjo evidentemente gracias a la obra del Espíritu en el corazón de Saulo, hecho por ello capaz de comprender y aceptar la verdad, que le había sido revelada (cfr. en particular (Gálatas 1:15) «Pero cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia».
En fin, Dios se sirvió de Ananías para poner al nuevo convertido en relación con la naciente iglesia. Las diversas teorías racionalistas que intentan explicar la conversión de Saulo sin tener en cuenta la intervención personal y sobrenatural de Cristo, esquivan el testimonio del apóstol. Él declara que, hasta el momento mismo de su conversión, consideraba que era su deber perseguir a los cristianos para ser leal al judaísmo. Él afirma que su conversión se debió al poder y a la gracia soberana de Dios, que, sin saberlo el mismo Saulo, lo había preparado para su tarea futura. Su condición de ciudadano romano, la educación rabínica que había recibido, y sus dotes intelectuales, hacían de él un instrumento calificado. Se cree, con razón, que Saulo, a pesar de su celo, no había hallado en el judaísmo la paz que su alma necesitaba (Romanos 7:7-25). Lo repentino de su conversión debió hacerle consciente de que la salvación se debe totalmente a la gracia de Dios manifestada en Cristo. Su misma experiencia religiosa contribuyó a hacer de él el gran intérprete del Evangelio, a proclamar que sólo por la fe personal en la obra expiatoria de Cristo justifica Dios al pecador.
Desde su conversión, Saulo empezó a anunciar el Evangelio. Su carácter enérgico le llevaba a ello, así como la revelación de los propósitos de Dios, que lo llamaba al apostolado (Hechos 9:15) «El Señor le dijo: Vé, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel». (Hechos 26:16-20). (Gálatas 1:15-16). Predicó a Cristo en las sinagogas de Damasco (Hechos 9:20-22). Los judíos de la ciudad, apoyados por el gobernador, decidieron eliminar a Saulo (2 Corintios 11:32) «En Damasco, el gobernador de la provincia del rey Aretas guardaba la ciudad de los damascenos para prenderme». Los discípulos le salvaron la vida bajándolo de noche por el muro dentro de una canasta (Hechos 9:23-25). (2 Corintios 11:33) «y fui descolgado del muro en un canasto por una ventana, y escapé de sus manos». En lugar de volver a Jerusalén, se dirigió a Arabia, y volvió después a Damasco (Gálatas 1:17) «ni subí a Jerusalén a los que eran apóstoles antes que yo; sino que fui a Arabia, y volví de nuevo a Damasco». Se desconoce el lugar de Arabia en el que estuvo Pablo, o el tiempo que se quedó, o lo que hiciera allí; lo probable es que se diera a la meditación y a la oración en soledad. Tres años después de su conversión fue de Damasco a Jerusalén para conocer a Pedro (Gálatas 1:18) «Después, pasados tres años, subí a Jerusalén para ver a Pedro, y permanecí con él quince días». Estuvo solamente quince días en Jerusalén, y no vio a ningún otro apóstol, excepto a Jacobo, el hermano del Señor (Gálatas 1:19) «pero no vi a ningún otro de los apóstoles, sino a Jacobo el hermano del Señor». Lucas ofrece algunos detalles suplementarios (Hechos 9:26-29). Los cristianos de Jerusalén tenían miedo de Pablo, y no creían que se hubiera convertido en discípulo de Cristo. Pero Bernabé, con la generosidad que le caracterizaba, presentó a Pablo a los apóstoles, y les relató su conversión y los sufrimientos que había tenido que sufrir a causa de su cambio radical. El antiguo perseguidor anunciaba enérgicamente el Evangelio y quería convencer a los judíos helenistas, sus amigos de otros días (Hechos 9:26-29). que intentaron darle muerte. Por esta razón, los discípulos enviaron a Pablo a Cesarea, desde donde se dirigió a Tarso (Hechos 9:29) «y hablaba denodadamente en el nombre del Señor, y disputaba con los griegos; pero éstos procuraban matarle». (Gálatas 1:21) «Después fui a las regiones de Siria y de Cilicia». El Señor se le apareció en el Templo, en Jerusalén, y le reveló que su apostolado iba a tener lugar entre los paganos (Hechos 22:17-21). Hay exegetas que han pretendido que los pasajes de Hechos que relatan esta visita a Jerusalén no concuerdan con los de la Epístola a los Gálatas. Sin embargo, es fácil ver la armonía de ambos relatos. Es muy probable que Saulo, queriendo trabajar de acuerdo con los doce, quiso visitar a Pedro, que tenía un lugar prominente. La desconfianza de los cristianos de Jerusalén con respecto al antiguo fariseo era bien natural; y el gesto de Bernabé, judío helenista como Pablo, está muy de acuerdo con su actitud posterior. Por otra parte, dos semanas transcurridas en Jerusalén fueron suficientes para el desarrollo de los hechos relatados en Hechos. La orden de partir que le dio el Señor a Saulo confirma la brevedad de esta visita (Hechos 22:18) «Y le vi que me decía: Date prisa, y sal prontamente de Jerusalén; porque no recibirán tu testimonio acerca de mí». El pasaje de Lucas, mencionando que Bernabé «lo trajo a los apóstoles», no contradice en absoluto la afirmación de (Gálatas 1:18-19). según la cual Saulo sólo vio a Pedro y a Santiago. Estas dos personas (el segundo recibe asimismo el nombre de «columna» (Gálatas 2:9) «y reconociendo la gracia que me había sido dada, Jacobo, Cefas y Juan, que eran considerados como columnas, nos dieron a mí y a Bernabé la diestra en señal de compañerismo, para que nosotros fuésemos a los gentiles, y ellos a la circuncisión». representaban en esta ocasión a todo el cuerpo apostólico. Éste es el significado de la afirmación de Lucas en Hechos. En todo caso, Saulo y los dirigentes de la iglesia en Jerusalén comprendieron entonces con claridad que Cristo destinaba al nuevo discípulo a ser el apóstol de los gentiles. No parece que en este momento nadie se preocupara de la actitud que tomarían los convertidos provenientes del paganismo hacia la Ley de Moisés. Ni tampoco nadie podía suponer la importancia que tendría la misión de Pablo, pero reconocieron el mandato que le había sido dado. Conscientes de que su vida peligraba, los enviaron a Tarso (Hechos 9:30) «Cuando supieron esto los hermanos, le llevaron hasta Cesarea, y le enviaron a Tarso».
Son escasos los datos acerca del comienzo de este período. Es probable que la estancia de Saulo en Tarso durara de 6 a 7 años (véase el apartado cronología al final de este artículo [PABLO (III)]). Es indudable que el nuevo testigo llevó a cabo una obra misionera y que fundara las iglesias de Cilicia, mencionadas de manera incidental en (Hechos 15:41) «y pasó por Siria y Cilicia, confirmando a las iglesias». En Tarso seguramente se encontró frente a diversas corrientes intelectuales; ya se ha mencionado que la ciudad era un foco de la filosofía estoica. El encuentro del apóstol con los epicúreos y los estoicos en Atenas da evidencia de que conocía bien los sistemas de ambos (Hechos 17:18-19). Anunciando el evangelio en Tarso, es indudable que Pablo se atendría a lo que el Señor le había mostrado acerca del carácter de su ministerio. Algunos cristianos de origen judío-helenista, que habían sido ahuyentados de Jerusalén por la persecución que siguió al martirio de Esteban, llegaron a Antioquía de Siria, sobre el Orontes, al norte del Líbano. El gobernador romano de la provincia de Siria vivía entonces en esta ciudad, que había sido anteriormente la capital del reino de Siria. Antioquía contaba con más de medio millón de habitantes. Una de las principales ciudades del imperio, y centro comercial con una población muy mezclada, ejercía una poderosa influencia. Cerca de Palestina, y a las puertas del Asia Menor, y manteniendo relaciones comerciales y políticas con todo el resto del imperio, esta ciudad constituía una base desde donde la nueva fe, destinada a separarse del judaísmo, debía partir hacia todo el mundo.
Los cristianos refugiados en Antioquía anunciaron el Evangelio «a los griegos» (Hechos 11:20) «Pero había entre ellos unos varones de Chipre y de Cirene, los cuales, cuando entraron en Antioquía, hablaron también a los griegos, anunciando el evangelio del Señor Jesús». Hubo numerosas conversiones. Y así es como nació, en la metrópolis de Siria, una iglesia de cristianos salidos del paganismo. Cuando la iglesia en Jerusalén lo supo, enviaron a Bernabé a Antioquía. Con una hermosa grandeza de visión, se dio cuenta de que el Señor estaba otorgando Su bendición a la iglesia en Antioquía, aunque sus miembros no estuvieran circuncidados. Después, discerniendo indudablemente que el propósito de Dios era que Pablo fuera a Antioquía, fue a Tarso a buscar al antiguo perseguidor, y lo llevó a la capital, donde trabajó un año con él (Hechos 11:21-26). Es en Antioquía donde los discípulos recibieron por vez primera el nombre de «cristianos», lo que demuestra el carácter no judío de esta comunidad. La aparición de una comunidad compuesta de cristianos surgidos del paganismo marca una gran etapa en la historia de la Iglesia. Éste sería el punto de partida de las misiones de Pablo al mundo pagano. Un profeta de Jerusalén, Agabo, predijo a la asamblea que habría un período de hambre (Hechos 11:27-28).
Los hermanos de Antioquía decidieron ayudar a los cristianos de Judea. Este testimonio de solidaridad demuestra que estos gentiles se sentían obligados hacia los que les habían transmitido la nueva fe. Su gesto revela asimismo que el Evangelio destruyó ya en su comienzo las barreras de razas y de clases. Bernabé y Saulo llevaron a los ancianos de la iglesia en Jerusalén los dones de los cristianos de Antioquía para los de Judea (Hechos 11:29-30). Esta visita de Saulo a Jerusalén se sitúa probablemente alrededor del año 44 d.C., o algo después. La carta a los gálatas no la menciona, indudablemente porque Pablo no se encontró entonces con ninguno de los apóstoles. Hay exegetas que han tratado de identificar esta visita con la referida en (Gálatas 2:1-10). pero es evidente que este pasaje de Gálatas se refiere a otro viaje, posterior a la discusión acerca de la circuncisión de los gentiles. Y Lucas sitúa el inicio de esta controversia (Hechos 15:1-2). en una época posterior al año 44. Pablo, escribiendo a los gálatas, sumariza las ocasiones en las que presentó su evangelio ante los apóstoles que habían sido antes que él, y que lo aprobaron. Según Lucas (Hechos 11:30) «lo cual en efecto hicieron, enviándolo a los ancianos por mano de Bernabé y de Saulo». Pablo sólo se encontró en esta ocasión con los ancianos de la iglesia de Jerusalén, y se limitó a entregarles los fondos. El argumento de Pablo en (Gálatas 2:1-10). no exige la mención de una simple visita de caridad. Él y Bernabé se volvieron a Antioquía junto con Juan, de sobrenombre Marcos (Hechos 12:25) «Y Bernabé y Saulo, cumplido su servicio, volvieron de Jerusalén, llevando también consigo a Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos».
(gr., Paulos; lat., Paulis, pequeño). El gran apóstol de los gentiles.
Muchos de los sucesos de su conmovedora y agitada vida no han sido registrados (2 Corintios 11:24-28).
Su nombre hebreo era Saulo (gr., Saulus) y este nombre se utiliza siempre en Hechos hasta su encuentro con Barjesús en Pafos (Hechos 13:9) «Entonces Saulo, que también es Pablo, lleno del Espíritu Santo, fijando en él los ojos». Después de este incidente, siempre se lo llama Pablo en este libro.
Providencialmente, coincidieron en la vida del apóstol a los gentiles tres elementos de la vida del mundo de esa época: la cultura griega, la ciudadanía romana y la religión hebrea. Pablo nació a principios del siglo en la ajetreada ciudad grecorromana de Tarso. Esta ciudad era renombrada por su intercambio comercial y su manufactura de tejidos de pelo de cabra, y aquí el joven Saulo aprendió a fabricar tiendas (Hechos 26:6-7). Esta afinidad racial con los judíos le permitió a Pablo comenzar su labor misionera con grandes ventajas en las sinagogas de cada ciudad, ya que allí contaba con la audiencia mejor preparada.
Uno de los Rollos del Mar Muerto de (Gálatas 1:14) «y en el judaísmo aventajaba a muchos de mis contemporáneos en mi nación, siendo mucho más celoso de las tradiciones de mis padres».
En su primera aparición en Hechos (1 Timoteo 1:13) «habiendo yo sido antes blasfemo, perseguidor e injuriador; mas fui recibido a misericordia porque lo hice por ignorancia, en incredulidad».
Cuando se aproximaba a Damasco, armado con la autoridad del sumo sacerdote, se produjo la crisis que transformó su vida. Sólo el reconocimiento de la intervención divina permite explicar este hecho (Gálatas 1:15-16).
El nuevo convertido comenzó inmediatamente a proclamar la deidad y condición mesiánica de Jesús en las sinagogas judías de Damasco, verdades que habían atrapado su alma (Hechos 9:22-23).
Luego de regresar a Damasco, su agresiva predicación hizo que debiera escapar de la furia asesina de los judíos (Hechos 9:30) «Cuando supieron esto los hermanos, le llevaron hasta Cesarea, y le enviaron a Tarso». Donde permaneció intrascendente por algunos años.
(2 Corintios 11:24-26) deben fecharse en este período.
Luego de la apertura de la puerta del evangelio hacia los gentiles en la casa de Cornelio, pronto se estableció una iglesia gentil en Antioquía de Siria. Bernabé, que había sido enviado para supervisar el avivamiento, observó la necesidad de ayuda y, recordando el comisionamiento de Pablo a los gentiles, lo hizo venir a Antioquía. El agresivo ministerio de enseñanza de Pablo, que se desarrolló allí durante un año, produjo un profundo impacto en la ciudad con el resultado de que se comenzó a llamar cristianos a los discípulos (Hechos 11:20-26).
Unos profetas que estaban de visita en la ciudad le informaron a la iglesia de Antioquía de la hambruna que se acercaba, por lo cual los hermanos allí reunieron una ofrenda y la enviaron a los ancianos de Jerusalén por medio de Bernabé y Saulo (Gálatas 2:1-10), pero (Hechos 11-12) no ofrece señales de que en la iglesia existiera aún un conflicto tan serio sobre la circuncisión.
La obra de las misiones extranjeras entre los gentiles fue iniciada por la iglesia de Antioquía bajo la dirección del Espíritu Santo, con el envío de Bernabé y Saulo (Hechos 13:1-3).
El primer viaje misionero, iniciado aparentemente en la primavera del año 48 d. de J.C., comenzó con la obra entre los judíos en Chipre. En Pafos, los esfuerzos por ganar la atención del procónsul Sergio Pablo chocaron con la decidida oposición del mago Elimas. Saulo expuso públicamente el carácter diabólico de Elimas, y el repentino juicio que cayó sobre éste hizo que el maravillado procónsul creyera (Hechos 13:4-12).
Luego de los acontecimientos en Pafos, Pablo fue reconocido como líder del grupo misionero. Al partir el grupo hacia Perge de Panfilia, en las costas del sur de Asia Menor, se comienza la tarea de llevar el evangelio a nuevas regiones.
Aquí, el ayudante de ellos, Juan Marcos, sobrino de Bernabé (Hechos 13:42-45).
La oposición instigada por los judíos obligó a los misioneros a partir hacia Iconio, al sudeste de Antioquía, donde los resultados se duplicaron y comenzó una iglesia floreciente. Pablo y Bernabé, que debieron huir de una amenaza del apedreamiento en Iconio, fueron hacia el territorio de Licaonia, aun dentro de la provincia de Galacia, y comenzaron a trabajar en Listra, donde aparentemente no había sinagoga. La sanidad de un hombre que sufría de cojera congénita hizo que la gente quisiera ofrecer sacrificios a los misioneros, creyendo que eran dioses en forma humana. Pablo, horrorizado, protestó para evitarlo (Hechos 14:1-23).
Regresaron a Antioquía de Siria e informaron cómo Dios había abierto a los gentiles la puerta de la fe (Hechos 14:27) «Y habiendo llegado, y reunido a la iglesia, refirieron cuán grandes cosas había hecho Dios con ellos, y cómo había abierto la puerta de la fe a los gentiles».
En el segundo viaje misionero, Pablo y Bernabé se separaron debido al profundo desacuerdo que había entre ellos con respecto a Juan Marcos.
Bernabé navegó a Chipre con Marcos, en tanto Pablo eligió a Silas y volvió a visitar las iglesias de Galacia (Hechos 16:1-9).
El ministerio de predicación expositiva en la sinagoga de Tesalónica concluyó con las puertas de la misma cerradas para Pablo; aparentemente él había ministrado con éxito a los gentiles allí. Un disturbio instigado por los judíos hizo que los misioneros debieran huir a Berea, donde tuvieron un ministerio muy fructífero. Cuando la obra allí fue interrumpida por agitadores venidos de Tesalónica, Silas y Timoteo se quedaron pero Pablo fue llevado a Atenas por algunos hermanos (Hechos 17:1-15).
Profundamente afligido por la idolatría ateniense, Pablo predicó en la sinagoga y diariamente en la plaza del mercado. Esto llamó la atención de los filósofos atenienses, quienes le pidieron que hiciera una exposición formal de su enseñanza. Su aparición en el Areópago no fue un juicio formal. Su memorable discurso ante los filósofos paganos (Hechos 17:22-31) es una obra maestra de tacto, percepción y capacidad de síntesis. Algunos se convirtieron, pero Pablo quedó decepcionado con el resultado de su misión a la culta, sofisticada y filosófica Atenas.
Por contraste, la obra en Corinto —una ciudad de comercio, riqueza, hacinamiento y terrible inmoralidad— resultó un verdadero éxito, extendiéndose por 18 meses (1 Corintios 1:26) «Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles».
Cuando salió de Corinto, Pablo llevó a Aquila y Priscila con él hasta Efeso, apresurándose luego a llegar a Judea. Aparentemente visitó Jerusalén y luego pasó algún tiempo en Antioquía (Hechos 18:18-22).
La salida de Pablo de Antioquía marca tradicionalmente el comienzo del tercer viaje misionero. Es conveniente conservar la designación clásica, aunque debemos recordar que a partir del segundo viaje misionero, Antioquía dejó de ser el centro de las actividades de Pablo.
Luego de fortalecer a los discípulos en la región de Galacia y Frigia, Pablo comenzó un fructífero ministerio en Efeso que duró casi tres años (Hechos 20:1) «Después que cesó el alboroto, llamó Pablo a los discípulos, y habiéndolos exhortado y abrazado, se despidió y salió para ir a Macedonia».
En Efeso Pablo había iniciado una colecta entre las iglesias gentiles para los santos en Judea (Romanos 15:22-29).
Pablo fue hacia Jerusalén vía Macedonia (Hechos 21:1-16).
Aunque fue recibido cordialmente en Jerusalén por Santiago y los ancianos, la presencia de Pablo generó tensión en la iglesia porque se decía que él enseñaba a los judíos de la dispersión a renegar de Moisés. Para neutralizar estos comentarios, los ancianos sugirieron a Pablo un plan para probar que no era contrario a que se cumpliera voluntariamente la ley (Hechos 21:17-25).
Este acto de reconciliación aparentemente satisfizo a los creyentes de Judea, pero provocó el arresto de Pablo. El Apóstol se procuró el permiso de dirigirse a los judíos desde las gradas de la fortaleza (Hechos 22:29).
Luego de ser informado de un complot para asesinar a Pablo, el tribuno decidió enviarlo a Cesarea fuertemente custodiado (Hechos 23:17-35).
El juicio ante Félix, en Cesarea, hizo ver claramente al gobernador que los cargos contra Pablo eran falsos, pero como no deseaba ponerse a los judíos en contra, simplemente pospuso su decisión. Félix despidió al predicador, pero después de esto siguió haciéndolo comparecer ante él con frecuencia, esperando que Pablo recurriera al soborno para asegurar su libertad. Luego de dos años, Félix fue convocado a Roma y dejó a Pablo como prisionero sin condena (Hechos 24:1-27).
Con la llegada del nuevo gobernador, Festo, los líderes judíos renovaron sus esfuerzos por lograr la condena de Pablo. Cuando Pablo comprendió que no podía esperar justicia del nuevo gobernador, apeló al César (Hechos 26:32) «Y Agripa dijo a Festo: Podía este hombre ser puesto en libertad, si no hubiera apelado a César».
Pablo fue enviado a Roma, quizá en el otoño del año 60 d. de J.C., a cargo de un centurión llamado Julio. El trato que recibió en Roma fue benévolo: vivía en una casa alquilada para él, con un soldado que lo vigilaba. Se le permitía recibir a todos los que vinieran, por lo que pudo ejercer un importante ministerio en esta ciudad (Hechos 27-28). Las cartas carcelarias (Colosenses, Filemón, Efesios y Filipenses) son frutos perdurables de esta etapa.
Hay fuertes evidencias que permiten creer que el Apóstol fue liberado luego de dos años. La amistosa actitud del gobierno romano en Hechos lo apoya, las cartas escritas en prisión lo esperan, las cartas pastorales lo exigen y la tradición lo afirma. Luego de su liberación, quizá en la primavera del año 63, Pablo fue hacia el este, visitó Efeso, donde dejó a Timoteo y luego partió a Macedonia (2 Timoteo 4:6-8). Fue ejecutado en Roma a fines del año 66 o comienzos del 67.
La tradición dice que fue decapitado en la Vía Ostiana.
El trabajo de Pablo dejó iglesias firmemente establecidas en centros estratégicos. Su visión lo llevó a seleccionar y capacitar obreros jóvenes y fuertes que continuaran el trabajo después de él. Pablo fue por sobre todas las cosas el supremo intérprete del evangelio de Jesucristo, que llegó al mundo de los gentiles por medio de su obra y de sus cartas. Estas epístolas escritas a varias iglesias son vitales para la teología y la práctica cristianas.
Físicamente, la apariencia de Pablo no era dominante (2 Corintios 10:10) «Porque a la verdad, dicen, las cartas son duras y fuertes; mas la presencia corporal débil, y la palabra menospreciable».
Sufrió privaciones y padecimientos (Filipenses 4:12-13).
Lo caracterizaban el nato ardor y celo por su obra, a la cual se entregó por completo. Era cálido y de corazón afectuoso; anhelaba y afianzaba amistades profundas. Era humilde, sincero y compasivo. Era un hombre religioso por naturaleza; ya sea como judío, pero mucho más como cristiano, su fe dominaba su vida y sus actividades. El secreto de su obra singular radicaba en su ferviente naturaleza, poseída y dotada de poder por el Cristo vivo.
(I) (A) Las fuentes de la biografía de Pablo son sobre todo sus cartas y los Hechos de los Apóstoles. Los críticos conservadores admiten la autenticidad de trece cartas; pero muchos atribuyen Heb a un discípulo de P. La crítica liberal mantiene, en general, la autenticidad de Romanos, 1 Corintios, 2 Corintios, Gálatas, y (con pocas excepciones) la de 1 Tesalonicenses, Filipenses, Colosenses y Filemón; la mayoría de estos autores rechazan la autenticidad de 2 Tesalonicenses, Efesios, 1 Timoteo, 2 Timoteo y Tito.
(B) La cronología de la vida de P. puede establecerse con exactitud, salvo la diferencia de tan sólo un año. Constan: la muerte de Herodes Agripa en el año 44 (Hechos 12:20-23); Jos., Ant. 19,5,1) y el proconsulado de Galión, entre abril/julio del año 51/52 ó 52/53 (Hechos 18:12-17). Si P. fue citado en junio/julio del 52 ante Galión (Hechos 18:12) «Pero siendo Galión procónsul de Acaya, los judíos se levantaron de común acuerdo contra Pablo, y le llevaron al tribunal». Habría llegado a Corinto hacia fines del año 50 ó en los primeros meses del 51 (Hechos 18:11) «Y se detuvo allí un año y seis meses, enseñándoles la palabra de Dios».
(II) VIDA. (A) Origen y juventud. P. nació en Tarso de Cilicia, centro de cultura y saber griegos (Hechos 21:39) «Entonces dijo Pablo: Yo de cierto soy hombre judío de Tarso, ciudadano de una ciudad no insignificante de Cilicia; pero te ruego que me permitas hablar al pueblo». De una familia judía de la tribu de Benjamín (Romanos 11:1) «Digo, pues: ¿Ha desechado Dios a su pueblo? En ninguna manera. Porque también yo soy israelita, de la descendencia de Abraham, de la tribu de Benjamín». (Filipenses 3:5) «circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo». Cuando el martirio de Esteban (33/34 ó 35/36), era aún «joven» (e.d., de unos 30 años; en el 62/63 se llama ya viejo: Flm 9); hubo de nacer en los primeros años de la era cristiana.
(B) El perseguidor del cristianismo. Se puede asegurar que P. fue uno de los más violentos adversarios de Esteban (cf. (Hechos 6:9) «Entonces se levantaron unos de la sinagoga llamada de los libertos, y de los de Cirene, de Alejandría, de Cilicia y de Asia, disputando con Esteban». (Hechos 8:1) «Y Saulo consentía en su muerte. En aquel día hubo una gran persecución contra la iglesia que estaba en Jerusalén; y todos fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria, salvo los apóstoles». (Hechos 22:20) «y cuando se derramaba la sangre de Esteban tu testigo, yo mismo también estaba presente, y consentía en su muerte, y guardaba las ropas de los que le mataban». Al oírle proclamar el carácter temporal de la ley y del culto judaico (Hechos 7:2-16), (Hechos 7:43-45, 48, 50), (Hechos 6:13) «Y pusieron testigos falsos que decían: Este hombre no cesa de hablar palabras blasfemas contra este lugar santo y contra la ley». Y lanzar la audaz afirmación de que el crucificado Jesús había sido exaltado por Dios, que tenía parte en el poder real de Dios y, por lo tanto, había que adorarle como a Señor (7,56.60, ef. 2,36).
(C) La conversión de P. es contada tres veces en (Hechos 9:1-19), (Hechos 22:5-16), (Hechos 26:12-20); cf. A. WIKENHAUSER, Die Wirkung der Christophanie vor Damaskus auf Paulus und seine Begleiter nach den Berichten der Apg., Bb 33, 1952, 313-323), y es mencionada por el Apóstol mismo en sus cartas (Gálatas 1:12-24), (1 Corintios 9:1) «¿No soy apóstol? ¿No soy libre? ¿No he visto a Jesús el Señor nuestro? ¿No sois vosotros mi obra en el Señor?». (1 Corintios 15:8) «y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí». (Filipenses 3:4-12), (1 Timoteo 1:13) «habiendo yo sido antes blasfemo, perseguidor e injuriador; mas fui recibido a misericordia porque lo hice por ignorancia, en incredulidad». Aunque estos testimonios divergen en sus detalles, están, sin embargo, concordes en lo principal. P. perseguía a los cristianos (Hechos 9:1-3), (Hechos 22:4) «Perseguía yo este Camino hasta la muerte, prendiendo y entregando en cárceles a hombres y mujeres». (Hechos 26:9-11), (Gálatas 1:18) «Después, pasados tres años, subí a Jerusalén para ver a Pedro, y permanecí con él quince días».
(D) El apóstol. (1) Comienzos de la actividad apostólica (años 33-44). Según Act, P. permaneció unos días en Damasco, con los discípulos (Hechos 9:20) «En seguida predicaba a Cristo en las sinagogas, diciendo que éste era el Hijo de Dios». Según (Gálatas 1:17) «ni subí a Jerusalén a los que eran apóstoles antes que yo; sino que fui a Arabia, y volví de nuevo a Damasco». Marchó inmediatamente a la Arabia, que quiere decir seguramente el reino de los nabateos. Luego volvió a Damasco (Gálatas 1:17), donde actuó decididamente durante «muchos días» contra los judíos, demostrándoles que Jesús era el Mesías (Hechos 9:22) «Pero Saulo mucho más se esforzaba, y confundía a los judíos que moraban en Damasco, demostrando que Jesús era el Cristo».
(2) Primer viaje apostólico (años 44-49; (Hechos 13:1-14, 28). En Act se presenta este viaje como un acontecimiento importante (Hechos 13:1-3, 14,27), y como una empresa de la iglesia de Antioquía (Hechos 13:2) «Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado». Bernabé y P., juntamente con Juan Marcos, se hicieron a la vela en Seleucia rumbo a Chipre, patria de Bernabé (Hechos 4:36) «Entonces José, a quien los apóstoles pusieron por sobrenombre Bernabé (que traducido es, Hijo de consolación), levita, natural de Chipre». Donde había ya comunidades cristianas (Hechos 11:19) «Ahora bien, los que habían sido esparcidos a causa de la persecución que hubo con motivo de Esteban, pasaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, no hablando a nadie la palabra, sino sólo a los judíos».
(3) Concilio de los apóstoles (año 49; (Hechos 15), (Gálatas 2:1-10). La alegría de la iglesia de Antioquía por la conversión de numerosos gentiles fue pronto turbada por la llegada de algunos judeocristianos de Jerusalén. P. y Bernabé habían admitido en la Iglesia a los gentiles, sin obligarlos a la circuncisión ni a la guarda de la ley mosaica, y en Antioquía estaban todos de acuerdo con ello.
(4) El incidente con Pedro (año 49; (Gálatas 2:11-24). El concilio de los apóstoles había declarado ( decreto apostólico) que no debía obligarse a los gentiles convertidos a la circuncisión ni a la observancia de la ley de Moisés (Hechos 15:10, 19, 28), (Gálatas 2:8) «(pues el que actuó en Pedro para el apostolado de la circuncisión, actuó también en mí para con los gentiles)». Pero no que también los judíos convertidos quedaran exentos de su observancia.
(5) Segundo viaje apostólico (años 49 hasta fines del 52; (Hechos 15:36) «Después de algunos días, Pablo dijo a Bernabé: Volvamos a visitar a los hermanos en todas las ciudades en que hemos anunciado la palabra del Señor, para ver cómo están». (Hechos 18:22) «Habiendo arribado a Cesarea, subió para saludar a la iglesia, y luego descendió a Antioquía». Pablo permaneció sólo breve tiempo en Antioquía, pues quería visitar nuevamente las iglesias fundadas en su primer viaje misionero. Como Bernabé quería tomar consigo a Juan Marcos, P. se separó de su compañero. Bernabé se hizo a la vela con Marcos, rumbo a Chipre, y P. visitó con Silas las iglesias de Siria, Cilicia, Derbe, Listra y Antioquía de Pisidia.
(E) La cautividad (años 58-63; (Hechos 21:17-28, 31).
(1) En Jerusalén (año 58; (Hechos 21:17-23, 32), donde los cristianos le recibieron cordialmente, vio a Santiago, el cual le aconsejó pagara los gastos para un sacrificio de cuatro nazireos judeocristianos y se hiciera purificar juntamente con ellos, a fin de disipar de ese modo los prejuicios de los judeocristianos contra el. P. accedió, siguiendo su propio principio (1 Corintios 9:20) «Me he hecho a los judíos como judío, para ganar a los judíos; a los que están sujetos a la ley (aunque yo no esté sujeto a la ley) como sujeto a la ley, para ganar a los que están sujetos a la ley». Siete días más tarde, hallándose en el templo, algunos judíos de Asia Menor promovieron un alboroto del pueblo, afirmando que P. había introducido en el templo a un incircunciso.
(2) En Cesarea (fin del 58-60; (Hechos 23:33) «Cuando aquéllos llegaron a Cesarea, y dieron la carta al gobernador, presentaron también a Pablo delante de él». (Hechos 26:32) «Y Agripa dijo a Festo: Podía este hombre ser puesto en libertad, si no hubiera apelado a César». P. fue acusado ante el procurador como alborotador, sectario y profanador del templo. P. se defendió victoriosamente, pero la sentencia se aplazó, porque Félix esperaba que P. compraría su libertad con dinero. Así transcurrieron dos años (fin del 58-60). Félix fue sustituido por Festo.
(3) Viaje a Roma (fines del 60 hasta primeros del 61; (Hechos 27:1) «Cuando se decidió que habíamos de navegar para Italia, entregaron a Pablo y a algunos otros presos a un centurión llamado Julio, de la compañía Augusta». (Hechos 28:16) «Cuando llegamos a Roma, el centurión entregó los presos al prefecto militar, pero a Pablo se le permitió vivir aparte, con un soldado que le custodiase». Junto con otros prisioneros, P. fue entregado a un centurión y unos soldados de la tropa imperial. Le acompañaban Aristarco de Tesalónica y Lucas. Navegaron bordeando la costa del Asia Menor y luego la de Creta, hasta que una violenta tormenta que duró varios días los arrastró a la isla de Malta, donde embarrancaron en una lengua de tierra. Las 276 personas de la nave se salvaron, conforme lo había predicho P.
(4) En Roma (principios del 61-63; (Hechos 28:16-31), P. obtuvo permiso para alquilar una vivienda, juntamente con el soldado que lo custodiaba y sus compañeros, y recibir allí a quien quisiera. Pronto llegaron varios de sus colaboradores y delegados de la mayor parte de las iglesias: Timoteo (Colosenses 1:1) «Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo». Marcos (Colosenses 4:10) «Aristarco, mi compañero de prisiones, os saluda, y Marcos el sobrino de Bernabé, acerca del cual habéis recibido mandamientos; si fuere a vosotros, recibidle». Épafras de Colosas (Colosenses 1:7) «como lo habéis aprendido de Epafras, nuestro consiervo amado, que es un fiel ministro de Cristo para vosotros». Tíquico de la provincia de Asia (probablemente de Éfeso: (Colosenses 4:17) «Decid a Arquipo: Mira que cumplas el ministerio que recibiste en el Señor». Epafrodito de Filipos (Filipenses 2:25) «Mas tuve por necesario enviaros a Epafrodito, mi hermano y colaborador y compañero de milicia, vuestro mensajero, y ministrador de mis necesidades». Demas (Colosenses 4:14) «Os saluda Lucas el médico amado, y Demas». Jesús Justo (Colosenses 4:11) «y Jesús, llamado Justo; que son los únicos de la circuncisión que me ayudan en el reino de Dios, y han sido para mí un consuelo». Lucas (Colosenses 4:14), Marcos (Filemón 1:24) «Marcos, Aristarco, Demas y Lucas, mis colaboradores». Onesimo, esclavo fugitivo, Filemón (Colosenses 4:9) «con Onésimo, amado y fiel hermano, que es uno de vosotros. Todo lo que acá pasa, os lo harán saber».
(F) Para los últimos años de la vida de P., fuera de las noticias de Clemente Romano, nos hallamos reducidos a indicaciones incidentales de las cartas pastorales, cuya autenticidad es muy discutida. La mayoría de los críticos liberales opinan que P. fue ejecutado durante la persecución de Nerón, en el año 64.
[(G) Viaje a España. Los datos bíblicos indican que Pablo tuvo el decidido propósito de anunciar el evangelio en España; los datos extrabíblicos demuestran que realizó efectivamente su proyectado viaje.
Cuando en el año 58 escribe desde Corinto su carta a los Rom, les manifiesta que, «desde hace ya bastantes años», tiene el decidido propósito de visitarlos, pero que lo hará de pasada, porque su verdadera finalidad es la de, a través de ellos, dirigirse a España, y espera realizar este viaje apenas entregue en Jerusalén las limosnas recogidas en Macedonia y Acaya (Romanos 15:22-26, 28).
(III) LA PERSONA. (A) El hombre. El exterior del Apóstol no era impresionante ni atrayente; sus adversarios le echaban en cara que «su presencia era poca cosa y su palabra despreciable» (2 Corintios 10:10) «Porque a la verdad, dicen, las cartas son duras y fuertes; mas la presencia corporal débil, y la palabra menospreciable». Él mismo alude también a su exigua estatura corporal (vv. 12-14). Su salud era débil; P. sufría una enfermedad que él mismo califica de aguijón de su carne y bofetón de Satán (2 Corintios 12:7-9); es un sufrimiento doloroso humillante y crónico, como lo confirma (Gálatas 4:13-15). P. poseía temperamento de jefe, voluntad de hierro, constancia inquebrantable, sentido para la iniciativa, extraordinaria capacidad de trabajo y resistencia, y un carácter conquistador; su carácter era, además, apasionado, impetuoso y dominador, que se entregaba de modo total al amor o al odio.
(B) P. fue un escritor de ingenio, que disponía de un vocabulario extenso y de un conocimiento sólido de la lengua. Su lengua es el griego corriente de las gentes cultas de su tiempo, salpicado de numerosas expresiones tomadas del griego de los LXX. A muchas palabras les da un sentido nuevo.
(IV) LA TEOLOGÍA DE SAN PABLO. Como teólogo, P. ocupa el primer puesto, no sólo en la Iglesia primitiva, sino también en la Iglesia de todos los tiempos. Él creó la primera síntesis metódica de la doctrina de Jesús.
(A) Las fuentes de la teología paulina son:
(1) Su fe judía y farisea, que en muchos aspectos conservó sin variación: la fe en un solo Dios, creador y Señor del cielo y de la tierra, que habla a su pueblo en la Escritura y aparecerá al fin de los tiempos como juez y rey de todos los hombres, para premiar o castigar a cada uno según sus merecimientos; la resurrección de los muertos; la fe en ángeles y demonios, su antropología (carne, espíritu, hombre, alma).
(2) La doctrina de Jesús y la fe de la primitiva Iglesia cristiana. P. conoció, sin género de duda, los hechos y palabras de Jesús por medio de la tradición (Jesucristo). Por su doctrina acerca del Señor y del Hijo de Dios, que por la salud de los hombres se hizo hombre, murió y resucitó, P. se enlaza con la fe de la comunidad primitiva.
3) Las revelaciones personales de Cristo (Hechos 9:5) «El dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón». (Gálatas 1:1, 15), (1 Corintios 9:1) «¿No soy apóstol? ¿No soy libre? ¿No he visto a Jesús el Señor nuestro? ¿No sois vosotros mi obra en el Señor?». (1 Corintios 15:8) «y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí». O de Dios (2 Corintios 12:1-4), (Efesios 3:3-6), (1 Corintios 2:7-13).
(B) Su evangelio (Romanos 2:16) «en el día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi evangelio». (Romanos 16:25) «Y al que puede confirmaros según mi evangelio y la predicación de Jesucristo, según la revelación del misterio que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos». (1 Corintios 15:1) «Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis». etc. que es también la buena nueva predicada por los demás apóstoles (sólo hay, en efecto, un evangelio: (Gálatas 1:7) «No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo». Lo ha resumido P. mismo; él conoce y predica sólo a Cristo, y Cristo crucificado (1 Corintios 2:2) «Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado». cf. (Gálatas 6:14) «Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo». Al Hijo de Dios, que, según la carne, nació de David y, según el Espíritu Santo, se mostró por la resurrección (resurrección de Jesucristo), lleno de poder como Hijo de Dios (Romanos 1:3) «acerca de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne». cf. (Romanos 1:9) «Porque testigo me es Dios, a quien sirvo en mi espíritu en el evangelio de su Hijo, de que sin cesar hago mención de vosotros siempre en mis oraciones». (Romanos 15:19) «con potencia de señales y prodigios, en el poder del Espíritu de Dios; de manera que desde Jerusalén, y por los alrededores hasta Ilírico, todo lo he llenado del evangelio de Cristo». (1 Corintios 9:12) «Si otros participan de este derecho sobre vosotros, ¿cuánto más nosotros? Pero no hemos usado de este derecho, sino que lo soportamos todo, por no poner ningún obstáculo al evangelio de Cristo». (2 Corintios 2:12) «Cuando llegué a Troas para predicar el evangelio de Cristo, aunque se me abrió puerta en el Señor». (2 Corintios 9:13) «pues por la experiencia de esta ministración glorifican a Dios por la obediencia que profesáis al evangelio de Cristo, y por la liberalidad de vuestra contribución para ellos y para todos». (2 Corintios 10:14) «Porque no nos hemos extralimitado, como si no llegásemos hasta vosotros, pues fuimos los primeros en llegar hasta vosotros con el evangelio de Cristo». (Filipenses 1:27) «Solamente que os comportéis como es digno del evangelio de Cristo, para que o sea que vaya a veros, o que esté ausente, oiga de vosotros que estáis firmes en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del evangelio». (1 Tesalonicenses 3:2) «y enviamos a Timoteo nuestro hermano, servidor de Dios y colaborador nuestro en el evangelio de Cristo, para confirmaros y exhortaros respecto a vuestra fe». (2 Tesalonicenses 1:8) «en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo».
En conclusión, P. desempeñó un papel providencial en el desenvolvimiento de la doctrina cristiana y de la Iglesia; él fue el primero que puso de relieve la preexistencia y la divinidad de Jesús, Hijo de Dios, y la universalidad de la redención. Si no fue el primero en predicar el evangelio a los gentiles (cf. (Hechos 11:19) «Ahora bien, los que habían sido esparcidos a causa de la persecución que hubo con motivo de Esteban, pasaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, no hablando a nadie la palabra, sino sólo a los judíos». Sí fue el gran apóstol de las gentes, que en pocos años fundó comunidades cristianas en todo el mundo grecorromano.
(gr., Paulos; lat., Paulis, pequeño). El gran apóstol de los gentiles.
Muchos de los sucesos de su conmovedora y agitada vida no han sido registrados (2 Corintios 11:24-28).
Su nombre hebreo era Saulo (gr., Saulus) y este nombre se utiliza siempre en Hechos hasta su encuentro con Barjesús en Pafos (Hechos 13:9) «Entonces Saulo, que también es Pablo, lleno del Espíritu Santo, fijando en él los ojos». Después de este incidente, siempre se lo llama Pablo en este libro.
Providencialmente, coincidieron en la vida del apóstol a los gentiles tres elementos de la vida del mundo de esa época: la cultura griega, la ciudadanía romana y la religión hebrea. Pablo nació a principios del siglo en la ajetreada ciudad grecorromana de Tarso. Esta ciudad era renombrada por su intercambio comercial y su manufactura de tejidos de pelo de cabra, y aquí el joven Saulo aprendió a fabricar tiendas (Hechos 18:3) «y como era del mismo oficio, se quedó con ellos, y trabajaban juntos, pues el oficio de ellos era hacer tiendas». Tenía el privilegio adicional de ser ciudadano romano por nacimiento (Hechos 22:28) «Respondió el tribuno: Yo con una gran suma adquirí esta ciudadanía. Entonces Pablo dijo: Pero yo lo soy de nacimiento». Pablo supo cómo utilizar esa ciudadanía como escudo contra la injusticia de los magistrados locales y para elevar la categoría social de la fe cristiana. Sus conexiones con los gentiles lo ayudaron mucho a zanjar el abismo entre los gentiles y los judíos. Pero su fuerte legado judío era de capital importancia, porque resultó fundamental para lo que era y lo que llegó a ser. Pablo nunca se avergonzó de reconocerse como judío (Hechos 21:39) «Entonces dijo Pablo: Yo de cierto soy hombre judío de Tarso, ciudadano de una ciudad no insignificante de Cilicia; pero te ruego que me permitas hablar al pueblo», (Hechos 22:3) «Yo de cierto soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero criado en esta ciudad, instruido a los pies de Gamaliel, estrictamente conforme a la ley de nuestros padres, celoso de Dios, como hoy lo sois todos vosotros», estaba justamente orgulloso de su ascendencia judía (2 Corintios 11:22) «¿Son hebreos? Yo también. ¿Son israelitas? Yo también. ¿Son descendientes de Abraham? También yo» y conservaba un profundo y permanente amor por sus hermanos según la carne (Romanos 9:1-2), (Romanos 10:1) «Hermanos, ciertamente el anhelo de mi corazón, y mi oración a Dios por Israel, es para salvación». Convertirse en cristiano, para él, no significaba separarse conscientemente de las esperanzas religiosas de su pueblo presentadas por el AT (Hechos 24:14-16), (Hechos 26:6-7). Esta afinidad racial con los judíos le permitió a Pablo comenzar su labor misionera con grandes ventajas en las sinagogas de cada ciudad, ya que allí contaba con la audiencia mejor preparada.
Uno de los Rollos del Mar Muerto de (Oseas 2:8-9), (Oseas 2:10-14), siglo I a. de J.C., con comentario (4Qp Hosa), hallado en la Cueva 4.Nacido de la sangre judía más pura (Filipenses 3:5) «circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo», hijo de un fariseo (Hechos 23:6) «Entonces Pablo, notando que una parte era de saduceos y otra de fariseos, alzó la voz en el concilio: Varones hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseo; acerca de la esperanza y de la resurrección de los muertos se me juzga», Saulo mamó del judaísmo ortodoxo. A la edad apropiada, quizá a los 13 años, fue enviado a Jerusalén y completó sus estudios con el famoso Gamaliel (Hechos 22:3), (Hechos 26:4-5), siendo un alumno celoso y sobresaliente (Gálatas 1:14) «y en el judaísmo aventajaba a muchos de mis contemporáneos en mi nación, siendo mucho más celoso de las tradiciones de mis padres».
En su primera aparición en Hechos (Hechos 7:58) «Y echándole fuera de la ciudad, le apedrearon; y los testigos pusieron sus ropas a los pies de un joven que se llamaba Saulo», cuando probablemente tenía por lo menos 30 años de edad, Pablo ya era un líder reconocido en el judaísmo. Su activa oposición al cristianismo lo señalaba como líder natural de la persecución que comenzó luego de la muerte de Esteban (Hechos 7:58), (Hechos 8:3) «Y Saulo asolaba la iglesia, y entrando casa por casa, arrastraba a hombres y a mujeres, y los entregaba en la cárcel». (Hechos 9:1-2). Las persecuciones descriptas en (Hechos 26:10-11). indican su fanática devoción al judaísmo. Estaba convencido de que los creyentes eran herejes y que el honor del Señor demandaba su exterminio (Hechos 26:9) «Yo ciertamente había creído mi deber hacer muchas cosas contra el nombre de Jesús de Nazaret». Actuaba en lo que luego confesaría como incredulidad (1 Timoteo 1:13) «habiendo yo sido antes blasfemo, perseguidor e injuriador; mas fui recibido a misericordia porque lo hice por ignorancia, en incredulidad».
Cuando se aproximaba a Damasco, armado con la autoridad del sumo sacerdote, se produjo la crisis que transformó su vida. Sólo el reconocimiento de la intervención divina permite explicar este hecho (1 Corintios 9:16-17), (1 Corintios 15:10), (Gálatas 1:15-16), (Efesios 3:7-9), (1 Timoteo 1:12-16). El relato de Lucas (Hechos 9), es histórico y describe el suceso objetivamente, en tanto que las dos narraciones que hace Pablo hacen hincapié en aquellos aspectos que resultan apropiados para sus objetivos en cada ocasión. Más tarde, haciendo un repaso de su vida anterior, Pablo reconoció claramente cómo Dios había estado preparándolo para su futura tarea (Gálatas 1:15-16).
El nuevo convertido comenzó inmediatamente a proclamar la deidad y condición mesiánica de Jesús en las sinagogas judías de Damasco, verdades que habían atrapado su alma (Hechos 9:20-22). Dado que el propósito de su venida no era secreto, su acción causó consternación entre los judíos. La visita de Pablo a Arabia, mencionada en (Gálatas 1:17) «ni subí a Jerusalén a los que eran apóstoles antes que yo; sino que fui a Arabia, y volví de nuevo a Damasco», parece más apropiado ubicarla entre (Hechos 9:22-23).
Luego de regresar a Damasco, su agresiva predicación hizo que debiera escapar de la furia asesina de los judíos (Hechos 9:23-25), (Gálatas 1:17) «ni subí a Jerusalén a los que eran apóstoles antes que yo; sino que fui a Arabia, y volví de nuevo a Damasco», (2 Corintios 11:32-33). Tres años después de su conversión, Pablo volvió a Jerusalén con la intención de conocer a Pedro (Gálatas 1:18) «Después, pasados tres años, subí a Jerusalén para ver a Pedro, y permanecí con él quince días». Los creyentes de Jerusalén lo miraban con frías sospechas, pero, con la ayuda de Bernabé, finalmente fue aceptado entre ellos (Hechos 9:26-28). Su valiente testimonio a los judíos helenistas provocó amargas hostilidades y acortó su visita que duró sólo 15 días (Gálatas 1:18) «Después, pasados tres años, subí a Jerusalén para ver a Pedro, y permanecí con él quince días». El Señor le indicó en una visión que partiera (Hechos 22:17-21), y él aceptó volver a su hogar en Tarso (Hechos 9:30) «Cuando supieron esto los hermanos, le llevaron hasta Cesarea, y le enviaron a Tarso». donde permaneció intrascendente por algunos años.
(Gálatas 1:21-23) da a entender que hizo un cierto trabajo evangelístico allí, pero no tenemos mayores detalles. Algunos creen que muchos de los acontecimientos registrados en (2 Corintios 11:24-26) deben fecharse en este período.
Luego de la apertura de la puerta del evangelio hacia los gentiles en la casa de Cornelio, pronto se estableció una iglesia gentil en Antioquía de Siria. Bernabé, que había sido enviado para supervisar el avivamiento, observó la necesidad de ayuda y, recordando el comisionamiento de Pablo a los gentiles, lo hizo venir a Antioquía. El agresivo ministerio de enseñanza de Pablo, que se desarrolló allí durante un año, produjo un profundo impacto en la ciudad con el resultado de que se comenzó a llamar cristianos a los discípulos (Hechos 11:20-26).
Unos profetas que estaban de visita en la ciudad le informaron a la iglesia de Antioquía de la hambruna que se acercaba, por lo cual los hermanos allí reunieron una ofrenda y la enviaron a los ancianos de Jerusalén por medio de Bernabé y Saulo (Hechos 11:27-30), constituyendo el motivo para la segunda visita de Pablo a esa ciudad desde su conversión. Algunos estudiosos creen que esta es la misma visita de la que se habla en (Gálatas 2:1-10), pero (Hechos 11, 12), no ofrece señales de que en la iglesia existiera aún un conflicto tan serio sobre la circuncisión.
La obra de las misiones extranjeras entre los gentiles fue iniciada por la iglesia de Antioquía bajo la dirección del Espíritu Santo, con el envío de Bernabé y Saulo (Hechos 13:1-3).
El primer viaje misionero, iniciado aparentemente en la primavera del año 48 d. de J.C., comenzó con la obra entre los judíos en Chipre. En Pafos, los esfuerzos por ganar la atención del procónsul Sergio Pablo chocaron con la decidida oposición del mago Elimas. Saulo expuso públicamente el carácter diabólico de Elimas, y el repentino juicio que cayó sobre éste hizo que el maravillado procónsul creyera (Hechos 13:4-12).
Luego de los acontecimientos en Pafos, Pablo fue reconocido como líder del grupo misionero. Al partir el grupo hacia Perge de Panfilia, en las costas del sur de Asia Menor, se comienza la tarea de llevar el evangelio a nuevas regiones.
Aquí, el ayudante de ellos, Juan Marcos, sobrino de Bernabé (Colosenses 4:10), los abandonó y volvió a Jerusalén, una decisión que Pablo consideró injustificada. Al llegar a Antioquía de Pisidia, situada en la provincia de Galacia, los misioneros hallaron una apertura inmediata en la sinagoga judía. El discurso de Pablo a un grupo compuesto de judíos y de gentiles temerosos de Dios, el primero que se registra en Hechos, es transcripto en forma extensa por Lucas como representativo del ministerio del Apóstol en las sinagogas (Hechos 13:16-41). El mensaje caló hondo y la gente le pidió que predicara nuevamente el sábado siguiente. La gran multitud, compuesta principalmente por gentiles, que colmó la sinagoga en esta nueva reunión, provocó los celos y la feroz oposición de los líderes judíos. Por consiguiente, Pablo anunció que se volvía a los gentiles con su mensaje. Los gentiles eran mayoría en la iglesia que se estableció en Antioquía de Pisidia (Hechos 13:42-52).
La oposición instigada por los judíos obligó a los misioneros a partir hacia Iconio, al sudeste de Antioquía, donde los resultados se duplicaron y comenzó una iglesia floreciente. Pablo y Bernabé, que debieron huir de una amenaza del apedreamiento en Iconio, fueron hacia el territorio de Licaonia, aun dentro de la provincia de Galacia, y comenzaron a trabajar en Listra, donde aparentemente no había sinagoga.
Regresaron a Antioquía de Siria e informaron cómo Dios había abierto a los gentiles la puerta de la fe (Hechos 14:27) «Y habiendo llegado, y reunido a la iglesia, refirieron cuán grandes cosas había hecho Dios con ellos, y cómo había abierto la puerta de la fe a los gentiles».
En el segundo viaje misionero, Pablo y Bernabé se separaron debido al profundo desacuerdo que había entre ellos con respecto a Juan Marcos.
Bernabé navegó a Chipre con Marcos, en tanto Pablo eligió a Silas y volvió a visitar las iglesias de Galacia (Hechos 15:36-41). En Listra, Pablo hizo que el joven Timoteo se sumara al grupo, haciéndolo circuncidar para que pudiera trabajar con aceptación entre los judíos. El Espíritu les impidió entrar en Asia y Bitinia, pero en Troas Pablo recibió un positivo llamado para ir a trabajar a Macedonia (Hechos 16:1-9).
El ministerio de predicación expositiva en la sinagoga de Tesalónica concluyó con las puertas de la misma cerradas para Pablo; aparentemente él había ministrado con éxito a los gentiles allí. Un disturbio instigado por los judíos hizo que los misioneros debieran huir a Berea, donde tuvieron un ministerio muy fructífero. Cuando la obra allí fue interrumpida por agitadores venidos de Tesalónica, Silas y Timoteo se quedaron pero Pablo fue llevado a Atenas por algunos hermanos (Hechos 17:1-15).
Profundamente afligido por la idolatría ateniense, Pablo predicó en la sinagoga y diariamente en la plaza del mercado. Esto llamó la atención de los filósofos atenienses, quienes le pidieron que hiciera una exposición formal de su enseñanza. Su aparición en el Areópago no fue un juicio formal. Su memorable discurso ante los filósofos paganos (Hechos 17:22-31) es una obra maestra de tacto, percepción y capacidad de síntesis. Algunos se convirtieron, pero Pablo quedó decepcionado con el resultado de su misión a la culta, sofisticada y filosófica Atenas.
Por contraste, la obra en Corinto —una ciudad de comercio, riqueza, hacinamiento y terrible inmoralidad— resultó un verdadero éxito, extendiéndose por 18 meses (Hechos 18:1-17). Un exitoso trabajo realizado entre los gentiles resultó en la formación de una gran iglesia, la mayoría de cuyos miembros provenían de los estratos más bajos de la sociedad (1 Corintios 1:26) «Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles».
Sufrió privaciones y padecimientos (2 Corintios 11:23-27), y era especialmente afligido por un aguijón en la carne (2 Corintios 12:7) «Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera». Sólo pueden hacerse conjeturas sobre la naturaleza exacta de esta aflicción; la debilidad que sentía lo hacía depender constantemente del poder de Dios, (Filipenses 4:12-13).
Lo caracterizaban el nato ardor y celo por su obra, a la cual se entregó por completo. Era cálido y de corazón afectuoso; anhelaba y afianzaba amistades profundas. Era humilde, sincero y compasivo. Era un hombre religioso por naturaleza; ya sea como judío, pero mucho más como cristiano, su fe dominaba su vida y sus actividades. El secreto de su obra singular radicaba en su ferviente naturaleza, poseída y dotada de poder por el Cristo vivo.
PEQUEÑO, SAUL, SAULO. (Hechos 13:9) «Entonces Saulo, que también es Pablo, lleno del Espíritu Santo, fijando en él los ojos». PAUL. Pablo, oriundo de Cilicia, fue ciudadano romano por nacimiento. Su familia era de la tribu de Benjamín, y fue educado como fariseo. Estudió bajo Gamaliel (Hechos 22:3) «Yo de cierto soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero criado en esta ciudad, instruido a los pies de Gamaliel, estrictamente conforme a la ley de nuestros padres, celoso de Dios, como hoy lo sois todos vosotros». Y era muy culto (dominaba varios idiomas y conocía las literaturas hebrea y griega).
Saulo, su nombre en lengua hebrea, fue un gran perseguidor de la Iglesia, como lo demuestra su aprobación de la muerte de Esteban (Hechos 7:58) «Y echándole fuera de la ciudad, le apedrearon; y los testigos pusieron sus ropas a los pies de un joven que se llamaba Saulo». (Hechos 8:1) «Y Saulo consentía en su muerte. En aquel día hubo una gran persecución contra la iglesia que estaba en Jerusalén; y todos fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria, salvo los apóstoles». Pero la victoriosa muerte de Esteban lo impresionó hondamente. Se convirtió más tarde cuando iba rumbo a Damasco, luego de quedar ciego (Hechos 9:1-19); (Hechos 22:5-16); (Hechos 26:12-18).
Recobró la vista cuando fue lleno del Espíritu Santo. Poco después fue a Arabia (Gálatas 1:17) «ni subí a Jerusalén a los que eran apóstoles antes que yo; sino que fui a Arabia, y volví de nuevo a Damasco». Fue el gran misionero mundial del Nuevo Testamento; en territorio gentil empleaba su nombre romano de Pablo. Sus tres viajes misioneros constan en Hechos; realizó su obra en Asia Menor, Grecia y Roma. Padeció gran persecución (cárcel, lapidación, latigazos, etc.), pero nada detuvo su ministerio de predicación, curación, edificación de la Iglesia y escritura.
Encarcelado por largos períodos en Roma, la tradición afirma que murió como mártir decapitado en Roma entre el 64 y el 67 a.C. Es el autor de la mayoría de las epístolas del Nuevo Testamento. Se ha dicho que Pablo es la más poderosa personalidad humana del Nuevo Testamento, y ciertamente su capítulo sobre el amor (1 Corintios 13:2) «Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy». No tiene rival.
Hay una antigua descripción tradicional de Pablo que lo presenta como 'hombre de pequeña estatura, cejijunto, de nariz larga, calvo, de piernas arqueadas, fornido, lleno de bondad, pues a veces tiene aspecto de hombrey a veces su rostro parece de ángel'.
Las fuentes para la vida del apóstol Pablo se encuentran casi exclusivamente en sus cartas y en los Hechos. Entre las cartas tienen preferencia aquellas cuya autenticidad no se pone en duda: Romanos 1-2 Corintios, Gálatas, Filipenses, 1 Tesalonicenses, Filemón. Algunas veces existen diferencias entre ellas y He; en este caso se prefiere en general seguir las cartas. Lo que sabemos de Pablo fue escrito después de su conversión.
Ésta fue su experiencia decisiva, que lo cambió de perseguidor de los cristianos (Hechos 8:3) «Y Saulo asolaba la iglesia, y entrando casa por casa, arrastraba a hombres y a mujeres, y los entregaba en la cárcel». (1 Corintios 15:9) «Porque yo soy el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí a la iglesia de Dios». en apóstol; se llevó a cabo mediante la revelación de Cristo, que le dio la fede y la vocación (Hechos 9:3-6), (Gálatas 1:12-16).
Para Pablo tenía la misma importancia que las apariciones pascuales de Cristo a los demás discípulos (1 Corintios 15:5-8). Se realizó en el camino de Damasco (Hechos 22:6) «Pero aconteció que yendo yo, al llegar cerca de Damasco, como a mediodía, de repente me rodeó mucha luz del cielo». Las diversas narraciones que hablan de ella testimonian la inesperada acción de Dios. Su significado es controverso; sin embargo apenas si se sostiene la idea de que la conversión fue la experiencia de una larga lucha interior. De Pablo se nos dice también algo sobre el tiempo anterior a la conversión.
Nació en Tarso, en Cilicia (Hechos 21:39) «Entonces dijo Pablo: Yo de cierto soy hombre judío de Tarso, ciudadano de una ciudad no insignificante de Cilicia; pero te ruego que me permitas hablar al pueblo». era un judío de la diáspora, descendiente de la tribu de Benjamín (Romanos 11:1) «Digo, pues: ¿Ha desechado Dios a su pueblo? En ninguna manera. Porque también yo soy israelita, de la descendencia de Abraham, de la tribu de Benjamín». y ciertamente era algunos años más joven que Jesús.
El hecho de que poseyera la ciudadanía romana (cfr. (Hechos 16:37) «Pero Pablo les dijo: Después de azotarnos públicamente sin sentencia judicial, siendo ciudadanos romanos, nos echaron en la cárcel, ¿y ahora nos echan encubiertamente? No, por cierto, sino vengan ellos mismos a sacarnos». indica que la suya debía ser una notable familia de Tarso.
Desde su nacimiento tuvo además de su nombre judío de Saulo el romano de Pablo (cfr. (Hechos 13:9) «Entonces Saulo, que también es Pablo, lleno del Espíritu Santo, fijando en él los ojos».
Recibió una rígida educación religiosa (Filipenses 3:5-6), fue mandado de chico a la escuela del rabino Gamaliel, donde se convirtió en un celoso fariseo (Hechos 22:3) «Yo de cierto soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero criado en esta ciudad, instruido a los pies de Gamaliel, estrictamente conforme a la ley de nuestros padres, celoso de Dios, como hoy lo sois todos vosotros». (Gálatas 1:14) «y en el judaísmo aventajaba a muchos de mis contemporáneos en mi nación, siendo mucho más celoso de las tradiciones de mis padres». Se familiarizó con la Ley, con el modo de pensar rabínico y con la piedad judaica.
Su origen de Tarso (importante ciudad portuaria) le permitió aprender la lengua que se hablaba en todas partes, conocer la cultura griega, la filosofía popular y la religión, así como el ambiente del imperio romano.
Pablo pensaba y hablaba desenvueltamente en griego y así estaba en condición de entrar en contacto con el centro del mundo de entonces, Roma, donde también se hablaba el griego. Aprendió la técnica artesanal del fabricante de tiendas, que siguió practicando de apóstol (Hechos 18:3) «y como era del mismo oficio, se quedó con ellos, y trabajaban juntos, pues el oficio de ellos era hacer tiendas». (1 Tesalonicenses 2:9) «Porque os acordáis, hermanos, de nuestro trabajo y fatiga; cómo trabajando de noche y de día, para no ser gravosos a ninguno de vosotros, os predicamos el evangelio de Dios».
Desde el punto de vista médico estaba afectado por un debilitamiento o enfermedad, que no podemos identificar (Gálatas 4:13-15); (2 Corintios 12:7-9). Después de su conversión, fue a Arabia (Gálatas 1:17) «ni subí a Jerusalén a los que eran apóstoles antes que yo; sino que fui a Arabia, y volví de nuevo a Damasco». quizá a las ciudades nabateas que limitan con Damasco, para predicar allí, volvió a Damasco, hubo de huir a causa de los judíos (Hechos 9:24) «pero sus asechanzas llegaron a conocimiento de Saulo. Y ellos guardaban las puertas de día y de noche para matarle». y tres años después de la conversión acudió a Jerusalén, donde se encontró por primera vez con Pedro.
Por fin pasó varios años en Siria y Cilicia (Gálatas 1:18-21); (Hechos 9:30) «Cuando supieron esto los hermanos, le llevaron hasta Cesarea, y le enviaron a Tarso». Con el producto de una colecta partió, después de su tercer viaje misionero, para Jerusalén, donde quería asistir a la fiesta de Pentecostés (Hechos 20:16) «Porque Pablo se había propuesto pasar de largo a Efeso, para no detenerse en Asia, pues se apresuraba por estar el día de Pentecostés, si le fuese posible, en Jerusalén». (Hechos 21:14) «Y como no le pudimos persuadir, desistimos, diciendo: Hágase la voluntad del Señor». aquí fue arrestado, con la acusación de un presunto ultraje contra el templo (Hechos 21:27-34); transcurrió dos años de cautividad en Cesarea, la sede del gobernador romano Félix y después de Festo; a causa de su apelación al César fue conducido a Roma (Hechos 23:23) «Y llamando a dos centuriones, mandó que preparasen para la hora tercera de la noche doscientos soldados, setenta jinetes y doscientos lanceros, para que fuesen hasta Cesarea».
Aquí permaneció bajo vigilancia dos años más (Hechos 28:16-31), pero se podía mover con relativa libertad. Así terminan las noticias del NT sobre Pablo. Seguramente al fin fue puesto en libertad; después parece que desempeñó su actividad misionera todavía en la parte occidental del imperio (hasta España) y fue muerto en Roma en torno al 67 d.C., tras un nuevo encarcelamiento.
Pablo (gr. Páulos; del lat. Paulus, un nombre romano que significa 'pequeño'). El gran apóstol a los gentiles. En la Biblia se lo presenta como Saulo (gr. Sáulos, del heb. Shâzûl, 'pedido [a Dios]', o 'prestado [a Dios]'; ) y se lo menciona por ese nombre en la narración de Hechos hasta el cp 13:9. Ha habido bastante especulación acerca de por qué en medio de Hechos se comienza a llamar Pablo a Saulo, y de allí en adelante sólo se lo nombra como Pablo, excepto el relato que él mismo hace de su conversión (22:7, 13; 26:14). Una respuesta sencilla y plausible sería que él, como otros (; 13:1; 1; etc.), tuviera más de un nombre: un nombre hebreo, Saulo, y un nombre romano grecizado, Páulos o Pablo. Quizás usara el nombre hebreo en su hogar y en sus contactos con los judíos, pero su nombre greco-romano estaría en armonía con la influencia y el ambiente helenísticos de la ciudad donde nació, y con su envidiable estatus de ciudadano romano. Más tarde, cuando comenzó su obra entre los gentiles, era ventajoso para él que se lo conociera como Pablo. Es digno de notar que hasta Act_13 se menciona a Pablo sólo en relación con su contacto con los judíos. Pero en ese capítulo comienzan sus actividades entre los gentiles, como también el uso de su nombre gentil, Pablo. I. Pablo, el hombre. 1. Antecedentes. Pablo fue hebreo por nacimiento, educación y sentimientos; tal es así que, a pesar de sus contactos tempranos con la cultura y las filosofías griega y romana, se pudo llamar 'hebreo de hebreos' (). Era de la tribu de Benjamín (), y tal vez le pusieron el nombre por Saúl, el 1er rey de Israel, quien también era benjamita (, 2; ). Poco se sabe de su familia. Su padre era un ciudadano romano (), y quizá fariseo (23:6). No se sabe cómo el padre obtuvo su ciudadanía romana, pero había ciertos procedimientos mediante los cuales un destacado judío podía llegar a ser ciudadano romano. Presumiendo que la lograra de esa manera, entonces podemos suponer que Pablo procedía de una familia de cierta importancia. Tenía por lo menos una hermana (23:16). En y 21 se refiere a varios hombres como sus 'parientes', pero este término (del gr. sunguenes) puede significar sencillamente 'conciudadano', de modo que no es seguro si realmente hace referencia a parientes de sangre. Pablo pudo haber sido desheredado por su familia cuando se convirtió al cristianismo (cf ), pero si fue así, no lo menciona. Pablo nació en el Asia Menor, en la próspera metrópolis de Tarso (; fig 485), una ciudad notable por su filosofía, ciencia, educación y cultura; una cultura donde se mezclaban elementos griegos, romanos y judíos. La fecha de su nacimiento no se puede determinar con precisión. De acuerdo con una tradición del s II d.C., la familia de Pablo había vivido originalmente en Giscala de Galilea, pero la ciudad fue capturada por los romanos y los miembros de su familia llevados como esclavos a Tarso c 4 a.C., donde más tarde obtuvieron su libertad y la ciudadanía romana. Si es así, Pablo nació después de esos acontecimientos, porque era romano de nacimiento (). Cuando aparece por 1a vez (7:58) se lo califica como 'un joven' (gr. neanías). Sin embargo, este término, que se usaba para hombres que tuvieran entre 20 867 y 40 años de edad, poca ayuda nos ofrece para determinar la edad de Pablo. 2. Educación. Probablemente Pablo asistiera a una escuela en relación con la sinagoga de Tarso. En esta ciudad políglota aprendió no sólo el hebreo y la lengua que hablaba su pueblo, el arameo (; 22:2), sino también el griego (21:37) y tal vez el latín. También aprendió a hacer carpas o tiendas, quizá de su padre, con lo que más tarde se pudo sostener (, 3; cf 20:34; ; ; ). Siendo joven fue a Jerusalén () y se sentó a los pies del rabino y fariseo más renombrado de sus días: Gamaliel (22:3; cf 5:34). Bajo su instrucción, Pablo fue enseñado 'estrictamente conforme a la ley de nuestros padres' (22:3; cf 24:14), y como resultado vivió 'conforme a la más rigurosa secta de nuestra religión': los fariseos (26:5). Fue un estudiante tan brillante y un defensor tan ardiente de las doctrinas y tradiciones del judaísmo que aventajaba a muchos de sus pares en el aprendizaje y el celo (Gá. 1:14); y en su odio fanático por los cristianos aventajó por lo menos a su maestro (; 9:1; cf 5:34-39). Puede haber poca duda de que los líderes de la nación judía esperaban grandes realizaciones de él. 3. Apariencia personal y salud. Parecería que, aunque Pablo impresionaba intelectualmente, físicamente no se destacaba. Sus enemigos dijeron de él que su 'presencia corporal [era] débil, y la palabra menospreciable' (2 Co. 10:10). La tradición lo describe como un hombre bajo, un tanto jorobado y de piernas encorvadas ('chueco'). Parece haber sufrido de algún tipo de enfermedad crónica (-10; Gá. 4:13); muchos creen que era una enfermedad relacionada con sus ojos, basando su conclusión en que generalmente dictaba sus cartas (), menciona que escribía con letra grande (Gá. 6:11) y dice que los creyentes de Galacia estaban dispuestos a arrancarse los ojos para dárselos, si hubiese sido posible (4:15). Se han sugerido algunos otros males, pero la evidencia bíblica es insuficiente para saber con precisión cuál fue 'la espina en la carne' de Pablo. II. Pablo, el converso. 1. Primeros contactos con el cristianismo. El 1er contacto de Pablo con el cristianismo que se conoce tuvo relación con la muerte de Esteban. Algunos suponen que Pablo fue uno de los de Cilicia que, con otros, no pudo vencerlo en el debate (, 10; cf 21:39). Aparentemente no arrojó piedra alguna sobre Esteban, pero 'consentía en su muerte' (8:1) y cuidó la ropa de los testigos (7:58). La acción de masas que resultó en el apedreamiento de Esteban señaló el comienzo del 1er período de persecución que devastó a la iglesia naciente; y Pablo, según parece, se destacó en esta persecución. En un arranque de odio fanático contra los cristianos (26:11), intensificado por una conciencia acusadora (v 14), los arrancaba de las casas donde los encontraba y los arrojaba a la cárcel (8:3); los castigaba en las sinagogas (22:19; 26:11) y daba su consentimiento para su muerte (22:4; 26:10). Pablo cumplió esta tarea primero en Jerusalén (8:1, 3; 26:10), pero luego siguió a los creyentes esparcidos hasta otras ciudades y los 'perseguía sobremanera' (; 26:11; Gá. 1:13). 389. Muro de la ciudad de Damasco, cerca del sitio de escape de Pablo de la ciudad. La hilada de mampostería más baja es muy antigua. 2. Su conversión. En una de esas campañas de persecución el curso de la vida de Pablo cambió completa y espectacularmente. Al oír que había cristianos en Damasco, pidió cartas del sumo sacerdote -cartas de extradición- que lo autorizaran a arrestar y llevar a Jerusalén a cualquier cristiano que encontrase en dicha ciudad (, 2). Hay 3 informes de 868 la experiencia que tuvo en ese viaje (9:1-9; 22: 4-11; 26:9-18); el 1º está en 3ª persona, los otros 2 en 1ª persona (fueron contados por Pablo: uno a la multitud judía en Jerusalén; los otros, al rey Agripa y a su hermana Berenice). Mientras Pablo se acercaba a Damasco a mediodía con un grupo de hombres para ayudarlo en sus planes asesinos, lo rodeó una luz enceguecedora, más brillante que el Sol. Pablo y sus compañeros cayeron a tierra (26:14), y una voz, que se identificó como Jesús de Nazaret, le preguntó: 'Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?', y añadió: 'Dura cosa te es dar coces contra el aguijón'. Abrumado por esta manifestación del Cielo, preguntó qué debía hacer. La voz le ordenó ser testigo para Cristo entre los gentiles (vs 16, 17). Se le instruyó que entrara en Damasco, donde recibiría instrucción adicional. Entretanto, sus sorprendidos y atemorizados compañeros de viaje se habían levantado del suelo (9:7), pero no entendían lo que pasaba, porque aunque veían la luz y oían la voz, no podían comprender lo que ella decía (cf 9:7; 22:9). Al incorporarse, Pablo descubrió que estaba ciego. En esas condiciones, fue conducido por sus compañeros al hogar de un cierto Judas, en Damasco, donde estuvo 3 días sin comer ni beber (, 9, 11). Mientras oraba, Jesús se le apareció en visión a un cristiano llamado Ananías y le indicó que fuera a la casa de Judas, en la calle llamada 'la Derecha', donde encontraría a Pablo, quien había recibido una visión acerca de su visita. Ananías, con todo respeto, le recordó a Jesús las persecuciones de Saulo, pero se le informó que el anterior perseguidor había sido elegido por Dios (vs 11-16). Siguiendo las instrucciones, Ananías encontró a Saulo y al imponerle las manos recuperó la vista en forma inmediata, recibió el don del Espíritu Santo y fue bautizado (vs 17, 18; figs 148, 149). No se sabe cuánto tiempo permaneció en Damasco. El informe parece indicar que fue breve (v 19). Sabemos que allí se asoció con los cristianos. También, en armonía con su carácter -y para asombro de quienes lo conocían- comenzó a predicar en las sinagogas al Cristo que había vilipendiado, pero que ahora adoraba (vs 19-21). Tan poderosa y convincente era su predicación que ninguno podía derrotar su lógica o negar su poder (v 22). 3. Preparación y comienzo de su predicación. En el relato de Hechos se omite el siguiente acontecimiento de la vida de Pablo, pero él lo menciona en Gálatas: allí cuenta que después de su conversión y su 1ª breve campaña de evangelización, se fue a Arabia* (Gá. 1:17) antes del viaje a Jerusalén (; Gá. 1:18). La región exacta identificada como Arabia es desconocida (aunque muy probablemente haya sido el país de los nabateos*), y tampoco se sabe cuánto tiempo estuvo allí. Este período de retiro le dio tiempo para meditar acerca del gran cambio que había ocurrido en su vida, y la soledad le permitió reexaminar, con oración y cuidado, todo el fundamento de su nueva convicción a la luz de las Escrituras, y así afirmar para siempre su fe en Cristo y su evangelio. Después de este tiempo de aparente inactividad, regresó otra vez a Damasco (Gá. 1:17), donde se retoma la narración de Act_9 Parece que reanudó la predicación en las sinagogas con el mismo resultado de antes (v 22). En consecuencia, los judíos hicieron planes para asesinarle (vs 23, 24). En este intento fueron apoyados por el gobernador de la ciudad, quien servía bajo el rey nabateo Aretas* (, 33). Como éste gobernaba esa región, tal vez entre el 37 d.C. y c 54 d.C., el incidente debió haber ocurrido en algún momento dentro de ese período. Sin embargo, los soldados que vigilaban las puertas para impedir que escapara de la ciudad vieron frustrados sus propósitos, porque algunos creyentes bajaron a Pablo en una gran canasta desde una ventana de una casa construida sobre el muro, permitiéndole así escapar de sus enemigos (; ; fig 389). 4. La visita a los apóstoles en Jerusalén. Habiéndosele terminado la oportunidad de trabajar en Damasco, Pablo se dirigió a Jerusalén. Ya habían pasado 3 años desde su conversión, pero hasta entonces no había tenido contacto alguno con los dirigentes de la iglesia (Gá. 1:17, 18), hecho que más tarde ofreció como prueba de que su evangelio no se había originado con los discípulos de Cristo sino con Cristo mismo (Gá. 1:10-12; cf -8). Su razón básica para ir allá era ver a Pedro (Gá. 1:18). Al llegar a la ciudad quiso unirse a Pedro y a los hermanos, pero pronto descubrió que 3 años no habían sido tiempo suficiente para borrar el recuerdo de su persecución anterior, o para eliminar las dudas y las sospechas (). La situación fue resuelta por Bernabé,* natural de Chipre, quien confió en el informe de Pablo acerca de su experiencia al contarlo a los demás en presencia del apóstol (v 27). Pablo demostró que su experiencia era genuina al predicar a Jesús en la ciudad de Jerusalén. Su lógica incontrovertible despertó la ira de ciertos judíos helenistas que decidieron quitarle la vida (). En un informe 869 posterior de su experiencia (22:17-21), contó cómo Dios le había aparecido en visión en el templo y, a pesar de sus protestas, le indicó que saliera de Jerusalén, porque los judíos no recibirían su mensaje, y que sería enviado a los gentiles. Sus hermanos de inmediato lo acompañaron al puerto de Cesarea (9:30), a unos 85 km al noroeste de Jerusalén. Probablemente lo pusieron a bordo de un barco para asegurarse de que escaparía de sus enemigos. 5. En las regiones de Siria y Cilicia, y en Antioquía. De Jerusalén, donde había estado 15 días (Gá. 1:18), Pablo fue 'a las regiones de Siria y de Cilicia' (v 21). Sus actividades durante los siguientes años no aparecen en las Escrituras. Bien podemos imaginar que estuvo activo en el ministerio en Tarso y las regiones circundantes (; Gá. 1:21-23). Habría sido durante este período que tuvo las visiones referidas en -4, que, según el v 2, vio 14 años antes de escribir 2 Co. Esta epístola fue redactada c 57 d.C., lo que apuntaría al año 43 como la fecha de la visión. Pablo estuvo en Tarso o las regiones vecinas desde c 38 hasta el 44. Mientras estuvo en Cilicia, el cristianismo avanzó en otras áreas. Un interés creciente había surgido en Antioquía de Siria, y Bernabé fue enviado desde Jerusalén para desarrollarlo (-24). Como vio que necesitaba ayuda, viajó a Tarso, encontró a Pablo y lo llevó consigo a Antioquía (vs 25, 26). Pablo y Bernabé trabajaron juntos por un año entero, con éxito notable. Mientras estaban en Antioquía, vinieron de Jerusalén ciertas personas con don profético (). Uno de ellos, Agabo, fue inspirado divinamente para predecir una hambruna mundial (v 28). Como resultado, los creyentes de Antioquía decidieron enviar ayuda a los cristianos de Judea, y para ello eligieron a Pablo y Bernabé (vs 29, 30). Habiendo cumplido su misión, regresaron a Antioquía trayendo consigo a Juan Marcos, sobrino de Bernabé (; cf ). III. Pablo, el misionero al extranjero. Mientras estaba en Antioquía por 2ª vez, Pablo recibió un llamado que lo inició en sus grandes viajes misioneros hacia el Asia Menor y Europa, lo que le significó el título de 'apóstol a los gentiles'. Cuando algunos de los miembros de la iglesia estaban 'ministrando... al Señor, y ayunando', recibieron del Espíritu Santo la orden de apartar a Pablo y a Bernabé para una obra especial (). Así lo hicieron, con ayuno y oración; y luego, dirigidos por el Espíritu Santo, los apóstoles salieron para su 1er viaje misionero, acompañados por Juan Marcos (vs 3, 5). 1. Primer viaje misionero. Fueron a Seleucia, el puerto de Antioquía, a unos 25,5 km de la ciudad, y allí tomaron un barco para Chipre (). a. Chipre. Desembarcaron en Salamina (fig 442), en la costa oriental de la isla (Mapa XX, B-5; seguir la línea roja hacia el oeste), y comenzaron a predicar en las sinagogas judías () como era la costumbre de Pablo (cf 9:20; 17:1, 2; 18:4; etc.). Luego atravesaron Chipre de este a oeste y llegaron a la ciudad de Pafos (13:6), sede del procónsul o gobernador* romano de la isla, Sergio Paulo, un hombre prudente y de discernimiento (v 7), a quien frecuentaba un judío de nombre Barjesús o Elimas, que era un charlatán y mago (vs 6, 8). El gobernador oyó el informe de la predicación de Pablo y Bernabé y, deseando oír el evangelio, los llamó (v 7). Temeroso de perder la influencia que podía tener sobre el gobernador, Barjesús se opuso a los apóstoles en presencia de él (v 8), por lo cual Pablo (aquí se lo llama 'Pablo' por 1ª vez). 'lleno del Espíritu Santo' fijó sus ojos en el mago lo condenó duramente por representar mal a Dios y oponerse a él, y predijo que quedaría ciego temporariamente, lo que se cumplió al instante (-11). Este notable incidente convenció al gobernador de la verdad del evangelio y lo aceptó (v 12). b. Perge. Después de su estadía en Pafos. Pablo y su grupo se embarcaron hacia Perge (), una ciudad cerca de la costa del Asia Menor, en dirección noroeste de Pafos. Aquí Juan Marcos, sin duda desanimado por las dificultades y las penurias, los abandono y regresó a Jerusalén (v 13). c. Antioquía de Pisidia. Pablo y Bernabé continuaron hasta Antioquía de Pisidia (), una ciudad a unos 160 km al norte de Perge, en los montes Tauro. Invitado a hablar en la sinagoga el sábado, Pablo predicó acerca de la resurrección de Cristo (vs 15-41). El sermón impresionó tanto a los presentes que le pidieron que predicara a los gentiles el sábado siguiente (v 42). En esta ocasión 'se juntó casi toda la ciudad' para escuchar el evangelio (v 44). Esto despertó los celos y la oposición de los judíos (v 45); por ello Pablo declaró que, como ellos despreciaban la salvación, él predicaría a los gentiles (vs 46, 47; fig 24). No se sabe cuánto tiempo trabajaron Pablo y Bernabé en esta región. Pero fue lo suficiente como para que toda la zona que rodeaba la ciudad conociera el evangelio (). Su éxito despertó finalmente la activa oposición de los judíos, quienes lograron que 870 los magistrados los expulsaran de la ciudad (v 50). d. Iconio, Listra y Derbe. A unos 130 km al este sudeste de Antioquía estaba lconio, el siguiente lugar donde trabajaron Pablo y Bernabé. Sus esfuerzos se vieron coronados por un gran éxito (), y predicaron en esa ciudad 'mucho tiempo' apoyados por el testimonio de señales y prodigios milagrosos (v 3). Pero los judíos que habían rechazado su mensaje consiguieron que muchos gentiles se volvieran contra Pablo y Bernabé, y dividieron la ciudad en 2 bandos (vs 2, 4). Finalmente hicieron planes de usar la violencia contra los apóstoles (v 5). Al saber de ello, huyeron a 'Listra y Derbe, ciudades de Licaonia' (; cf ), a unos 37 km al sudsudoeste, y a 83 km al sudeste de Iconio, respectivamente. En Listra, Pablo sanó a un hombre que había sido inválido toda su vida (-10). Este milagro llevó a los habitantes supersticiosos a creer -quizá por algún antiguo mito que describía a los dioses Zeus (Júpiter) y Hermes (Mercurio) en sus visitas a esa parte del mundo- que Bernabé y Pablo eran Júpiter y Mercurio (, 12). Se prepararon para ofrecerles sacrificio, y sólo con gran dificultad Pablo pudo convencerlos de que no lo hicieran (vs 13-18; fig 322). En Listra las labores de los apóstoles terminaron cuando los judíos enemigos de Antioquía y de lconio soliviantaron a una multitud que apedreó a Pablo y lo arrastró fuera de la ciudad como muerto (). Conservado milagrosamente, se reanimó y entró de nuevo en la ciudad, pero salió de ella al día siguiente, acompañado por Bernabé (v 20). Después Pablo y Bernabé trabajaron en Derbe, donde quizá permanecieron un tiempo, porque allí hicieron 'muchos discípulos' (, 21; figs 159, 160). e. Regreso a Antioquía de Siria. Desde Derbe comenzaron a desandar su camino pasando por Listra, Iconio y Antioquía de Pisidia, donde visitaron las iglesias, fortalecieron a los creyentes y nombraron dirigentes en ellas (-23). También predicaron en Perge, donde Juan Marcos los había abandonado al comienzo de su viaje (v 25). Sin duda, impacientes por regresar a su base en Antioquía de Siria, los apóstoles se embarcaron en el puerto de Atalia, a pocos kilómetros de Perge (Mapa XX, B-5, la línea roja Nº 1 hacia el este). Al llegar a Antioquía contaron a la iglesia del éxito entre los gentiles (vs 25-27). Así terminó el 1er viaje misionero, que tal vez les llevó unos 2 años (c 45-47 d.C.). Pablo quedó en Antioquía por un tiempo (v 28), durante el cual, sin duda, siguió atrayendo a muchos gentiles hacia el cristianismo. 2. Los judaizantes y el Concilio de Jerusalén. Con el correr del tiempo surgió una crisis, que si no se resolvía con prontitud retardaría grandemente la expansión del cristianismo entre los gentiles. Un grupo de judíos cristianos de Judea visitó la iglesia de Antioquía y comenzó a enseñar que la circuncisión y la observancia de la ley de Moisés eran necesarias para la salvación (). Pablo y Bemabé, sin embargo, sostenían que la circuncisión no era necesaria para los conversos gentiles. Como resultado, hubo una 'discusión y contienda no pequeña' entre los 2 grupos (v 2). Finalmente, los creyentes decidieron que el asunto debía ser llevado ante los dirigentes de la iglesia de Jerusalén, y que Pablo y Bernabé y otros debían ir allá (v 2). Esta decisión habría sido sugerida por Pablo, que más tarde dijo que había recibido una revelación con respecto al tema, y que había ido con Bernabé y Tito, un converso griego, a consultar a los dirigentes (Gá. 2:2, 3). Al llegar a Jerusalén, Pablo y la comitiva fueron recibidos cordialmente por los creyentes (). Contaron cómo Dios había bendecido el trabajo entre los gentiles, pero que ciertos fariseos, miembros de la iglesia, pronto levantaron la cuestión de la necesidad de la circuncisión y de la observancia de la ley mosaica (v 5). En consecuencia, se convocó a un concilio para decidir la cuestión (v 6; probablemente el 49 d.C.). El terna se discutió extensamente, con Pedro, Bernabé y Pablo hablando contra la exigencia de imponer la ley ceremonial a los gentiles (v 7-12). Predominaron sus puntos de vista, y se decidió que los conversos gentiles no necesitaban circuncidarse o guardar la ley de Moisés. Sin embargo, se les pediría que se abstuvieran de contaminarse con los ídolos, de fornicación, de ahogado y de sangre (vs 13-21). Luego de haber completado su misión con éxito, Pablo y el resto de la delegación de Antioquía volvieron acompañados por hermanos comisionados para llevar cartas de la iglesia de Jerusalén. El resultado de la reunión fue recibido favorablemente por los creyentes de Antioquía (-31). Una vez más Pablo y Bernabé reanudaron su tarea de enseñar y predicar en Antioquía (). Es posible que el efecto del Concilio de Jerusalén, relatado en Gá. 2, ocurriera durante este tiempo. Pedro fue a visitar a los creyentes y, en armonía con el espíritu de la decisión del concilio, comió con los 871 gentiles, una práctica que era anatema para los judíos. Sin embargo, cuando ciertos cristianos judaizantes llegaron a la ciudad, Pedro, tal vez temeroso de una repetición de la anterior disputa sobre el tema de la ley ceremonial, no siguió haciéndolo (Gá. 2:11, 12); en tal actitud fue acompañado por Bernabé y otros (v 13). Cuando Pablo lo supo, los reprendió severamente en público por su conducta (vs 14-21). La mente de Pablo se volvió ahora a las iglesias del Asia Menor. Le sugirió a Bernabé que volvieran a visitarlas (). Bernabé aceptó la idea, pero insistió en llevar consigo a Juan Marcos (v 37), lo que Pablo rechazó por cuanto Marcos los había abandonado antes y no se podía confiar en él (v 38). Esta diferencia de opinión llegó a ser causa de una disputa que los hizo separarse: Pablo escogió a un nuevo compañero de viajes, Silas, mientras Bernabé tomó consigo a Marcos y se fue a Chipre (, 40). 3. Segundo viaje misionero. Pablo y Silas comenzaron lo que se denomina su 2a viaje misionero. Viajaron por tierra (Mapa XX, B-6/5, línea roja Nº 2 hacia el oeste), visitando las iglesias de Siria y de Cilicia (, 41). Sin duda estuvieron con los creyentes de la ciudad originaria de Pablo, Tarso, en Cilicia. Al llegar a Derbe y Listra, Pablo encontró otro compañero de viaje: Timoteo,* un joven de buena reputación, de madre judía y padre griego (16:1-3). Desde Derbe y Listra, Pablo y los misioneros que lo acompañaban fueron 'por las ciudades' informando a las iglesias de la decisión del Concilio de Jerusalén (). Estos decretos, que declaraban que a los gentiles no se les requería la observancia de la ley ceremonial, sin duda tuvieron mucho que ver con el posterior crecimiento de la iglesia en esa región (v 5). a. Frigia y Galacia. Luego Pablo y sus compañeros viajaron 'atravesando Frigia y la provincia de Galacia'* (). En ese tiempo, de acuerdo con el punto de vista de este Diccionario, se estableció la iglesia a la que dirigió su epístola a los Gálatas. En consecuencia, es en este viaje que Pablo fue afligido con la 'enfermedad del cuerpo' mencionada en Gá. 4:13. Después hizo planes de emprender obra de evangelización en la región al oeste de Galacia, conocida en esa época como Asia* (Mapa XX, B-4), pero el Espíritu Santo le prohibió hacerlo (). En consecuencia, con sus compañeros se dirigió a Misia en el noroeste, para ir a la región de Bitinia (Mapa XX, A-4/5) y predicar allí, pero el Espíritu también le cambio los planes (v 7). De modo que pasaron por alto Misia y Bitinia y siguieron su camino hasta que llegaron a la ciudad de Troas (Mapa XX, B-4), a orillas del Mar Egeo (v 8). b. El llamado a Macedonia. En Troas, Pablo entró en un campo nuevo y lleno de desafíos. En una visión nocturna un hombre de Macedonia lo instó a llevar el evangelio a ese país (). Inmediatamente él y sus compañeros se prepararon para responder al llamado, que reconocieron como procedente de Dios (v 10). Se embarcaron en un navío que partía para Neápolis, en Macedonia (Mapa XX, A-3), y llegaron al 2º día (v 11); de allí siguieron a Filipos (v 12). c. Filipos. Aparentemente no había sinagoga judía en Filipos (Mapa XX, A-3), pero al saber que existía cierto lugar para la oración fuera de la ciudad junto a un río, Pablo y sus acompañantes fueron allí el sábado, y él predicó a un grupo de mujeres que estaban reunidas (). Como resultado, una dama de negocios, Lidia, media prosélita* del judaísmo, se convirtió y, con toda su casa, fue bautizada. Desde entonces su hogar llegó a ser la sede de trabajo de Pablo y sus compañeros de ministerio (v 14). Pronto ocurrió un incidente que detuvo los esfuerzos de Pablo en Filipos. Una joven esclava, que supuestamente poseía capacidades sobrenaturales que eran usadas para ventaja económica de sus amos, comenzó a seguir a los misioneros gritando: 'Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación' (, 17). La molestia llegó a un punto en que el apóstol no pudo soportar más, de modo que en el nombre de Jesús expulsó al mal espíritu que la había estado controlando (v 18). Como sus supuestas capacidades 'proféticas' habían desaparecido, sus amos se vieron privados de los ingresos que ella les proporcionaba. Enojados contra Pablo y Silas, los arrastraron ante las autoridades civiles y los acusaron, como judíos, de enseñar cosas contra las leyes de Roma (vs 19-21). Esto fue suficiente para agitar al populacho y a las autoridades contra ellos. Se los azotó severamente y se los puso en el cepo en una celda interior de la cárcel (vs 22-24; fig 222). A medianoche, mientras Pablo y Silas estaban orando y cantando himnos de alabanza, un terremoto repentino sacudió la cárcel, abrió las puertas y liberó de las cadenas a los presos (, 26), quizás al desprenderse de las paredes a las que estaban fijadas. El carcelero se despertó, y al ver las puertas abiertas pensó que los prisioneros, por los que 872 debía responder con su vida, habían escapado. Estaba a punto de suicidarse cuando la voz serena de Pablo le informó que ninguno había huido (vs 27, 28). Convencido a esta altura de que los misioneros eran hombres de Dios, pidió luz y cayendo delante de ellos preguntó qué debía hacer para ser salvo. Pablo le habló de la fe en Cristo. Luego él tomó a los 2 apóstoles y los llevó a su casa, les curó las heridas, puso comida delante de ellos y reunió a su familia para escuchar su mensaje. Antes del amanecer, el carcelero y toda su familia fueron bautizados (-34). Cuando llegó la mañana, las autoridades civiles enviaron a algunos oficiales a la prisión para liberarlos (, 36). Pero Pablo rehusó abandonar la cárcel, afirmando que él y Silas, ciudadanos romanos, habían sido azotados y puestos en prisión ilegalmente. Por tanto, quienes los habían condenado y maltratado injustamente en público debían hacer la reparación públicamente. Al escuchar esto, el magistrado de la ciudad les pidió disculpas y les rogó que se fueran de la ciudad. Después de pasar por la casa de Lidia y saludar a los hermanos, los 2 misioneros abandonaron Filipos (vs 37-40). d. Tesalónica y Berea. Pablo y su grupo siguieron hacia el oeste (Mapa XX, A-3, línea roja Nº 2 hacia el oeste), pasando por Anfíposis y Apolonia, y llegaron a Tesalónica* (). La afirmación de que había una sinagoga judía en esta última ciudad implica que no existía ninguna en las anteriores; tal vez esto explique por qué no se detuvieron en ellas. En Tesalónica, Pablo siguió su costumbre de predicar a Cristo en la sinagoga. Lo hizo durante 3 sábados sucesivos, y como resultado se convirtieron algunos judíos, 'y de los griegos piadosos gran número, y mujeres nobles no pocas' (vs 2-4). Parecería que el apóstol siguió con su oficio de fabricar tiendas o carpas durante la semana (; ; ). Pero pronto comenzó a desarrollarse una situación que ya le resultaba familiar. Ciertos judíos no creyentes, celosos del éxito de Pablo, agitaron toda la ciudad contra él y sus compañeros. La turba atacó la casa de un tal Jasón, donde habían estado alojados. Como no los encontraron, arrastraron a Jasón y a algunos de los creyentes ante las autoridades de la ciudad, acusándolos de perturbar la paz y de poner a Jesús como rival del César (-7), acusaciones que perturbaron a los ciudadanos y dirigentes de Tesalónica. En consecuencia, se obligó a Jasón y a los demás a pagar una fianza, tal vez como garantía de que mantendrían la paz, y luego fueron liberados (vs 8, 9); pero la situación tensa aconsejó que Pablo y Silas abandonaran la ciudad, y viajaron de noche a Berea* (v 10). Al llegar a Berea, el apóstol una vez más fue a la sinagoga a evangelizar a los judíos. Los bereanos fueron 'más nobles que los que estaban en Tesalónica', porque recibieron la palabra de Pablo después de verificarla con las Escrituras (). En consecuencia, un grupo grande, incluyendo un número no especificado de mujeres griegas, se unió a la iglesia cristiana (v 12). Entretanto, la noticia del trabajo de Pablo en Berea llegó a Tesalónica y así, no contentos de haberlo expulsado de ella, los judíos de esa ciudad decidieron correrlo también de Berea. Fueron hasta allí y agitaron a la gente contra el apóstol. Los creyentes lo embarcaron de inmediato en un barco que salía para Atenas* (Mapa XX, B-3, la línea roja Nº 2 hacia el sur), hacia donde fue acompañado por algunos creyentes bereanos. Sin embargo, Silas y Timoteo permanecieron en Berea (vs 13-15). e. Atenas. Parecería, según Hechos, que Pablo no habría tenido la intención de predicar en Atenas, sino sólo esperar la llegada de sus colaboradores. Sin embargo, no se menciona en Hechos que Silas y Timoteo se le unieran en esa ciudad, aunque -5 sugiere que Timoteo fue a Atenas, pero que fue enviado por Pablo inmediatamente a la iglesia de Tesalónica. De cualquier modo, la presencia de muchos ídolos en la capital griega lo motivaron a la acción. De acuerdo con un antiguo informe, en los días de Pablo allí había más de 3.000 estatuas, la mayoría de las cuales tenían relación con el culto pagano. Comenzó a predicar en la sinagoga y en el mercado o ágora (fig 53). Pronto consiguió la atención de ciertos filósofos griegos que, deseando conocer más de sus enseñanzas, lo llevaron al Areópago* (-22), o colina de Marte, en el centro cívico de la ciudad (fig 37). Su discurso, una porción del cual aparece en los vs 22-31, fue magistralmente adaptado al pensamiento de sus oyentes paganos, pero sólo consiguió que se burlaran de él (v 32). No obstante, tuvo éxito en ganar algunos conversos en esa ciudad (v 34). f. Corinto. Después de esa experiencia en Atenas, Pablo viajó solo hacia el oeste, a Corinto* (; Mapa XX, B-3). Allí se puso en contacto con Aquila y Priscila, judíos que habían llegado hacía poco de Italia, después del decreto del emperador Claudio que expulsaba de Roma a todos los judíos (v 2). Como también eran fabricantes de tiendas, 873 Pablo se alojó con ellos y trabajó en su oficio (v 3). Muy probablemente el apóstol llegó a Corinto a comienzos del 51 d.C.; permaneció allí más de un año y 6 meses (, 18). Al comienzo trabajó con los judíos en la sinagoga (v 4), como era su práctica al entrar en una ciudad nueva. Sin embargo, una vez más, cuando la mayoría de los judíos se opuso y lo injurió, se apartó de ellos y comenzó a trabajar en forma directa por los gentiles (v 6). Como ya no podía predicar en la sinagoga, realizó sus reuniones en una casa contigua cuyo dueño adoraba a Dios (v 7). El evangelio produjo mucho fruto en esa ciudad, y entre los conversos estaba el dirigente de la sinagoga (v 8; fig 470). Entretanto, Silas y Timoteo llegaron con las animadoras noticias de la fidelidad de los tesalonicenses (; ). Estas buenas nuevas inspiraron a Pablo a escribir su 1ª epístola a los Tesalonicenses, probablemente en el 51 d.C. Es la la epístola que se ha conservado. Más tarde, tal vez a fines del mismo año o a comienzos del año siguiente (52 d.C.), escribió 2 Ts. Véase Tesalonicenses, Epístolas a los. Por fin, la persecución activa que había sido tan pronta en otras ciudades, comenzó también a amenazarles en Corinto. Sus enemigos judíos lo acusaron ante Galión, el procónsul de Acaya, de enseñar una religión no legalmente reconocida por Roma. Sin embargo, Galión echó a los acusadores, rehusando inmiscuirse en un caso que él consideraba una disputa sobre la ley judía y no la ley romana. Al ver esto, la turba tomó al principal de la sinagoga y lo golpeó ante Galión (-17; fig 137). Después de un período no definido de tiempo, durante el cual parece que predicó sin oposición activa, Pablo se embarcó hacia Siria* (Mapa XX, B-3, línea roja Nº 2 hacia el este), acompañado por Aquila y Priscila (). Se detuvo brevemente en Efeso y predicó en la sinagoga. Su mensaje fue recibido con alegría por los oyentes, quienes tal vez fueran tanto gentiles como judíos, y lo invitaron a quedarse más tiempo. Sin embargo, Pablo decidió seguir su viaje, prometiéndoles regresar si le era posible. Tomó un barco hacia Cesarea (Mapa XX, B-4/5, línea roja Nº 2 hacia el sur y el este) dejando a Aquila y a Priscila en Efeso, sin duda para seguir la obra que él había comenzado allí. Desembarcó en Cesarea (fig 123), visitó brevemente Jerusalén para saludar a la iglesia y luego siguió hacia Antioquía, donde había comenzado sus giras misioneras (vs 19-22). Así terminó su 2º viaje misionero, que duró aproximadamente 3 años, quizá desde algún momento del 49 d.C. hasta cerca del fin del 52 d.C. 4. Tercer viaje misionero. No se sabe la duración de la permanencia de Pablo en Antioquía después de su 2º viaje misionero. Es probable que haya sido de algunos meses, por lo menos, antes de partir para el 3º (Mapa XX, B-6; sígase la línea roja Nº 3 hacia el oeste). Recorrió 'por orden la región de Galacia y de Frigia, confirmando' a los miembros de las iglesias que había establecido antes (). 'Después de recorrer las regiones superiores vino a Efeso' (19: 1), que sería su centro de acción esta vez. a. Efeso. Allí (Mapa XX, B-4) encontró a 12 hombres que evidentemente recibieron instrucción de Apolos,* pero que no tenían el pleno conocimiento del evangelio. Pablo los instruyó y, al rebautizarlos, recibieron el Espíritu Santo (-7). Por unos 3 meses predicó y razonó con la gente en la sinagoga. Luego, por causa de la oposición, se mudó con sus conversos a 'la escuela de uno llamado Tiranno', donde tenían reuniones cada día (vs 8, 9). Esta escuela fue su centro de operaciones por 'dos años', durante los cuales 'todos los que habitaban en Asia' oyeron el evangelio (v 10). Se hicieron muchos milagros (vs 11, 12) y muchos se convirtieron, y la palabra 'crecía y prevalecía poderosamente' (vs 18-20). Hacia el final de su estancia en Efeso, Pablo escribió 1 Co., quizás en la primavera del 57 a.C. En ella revelaba sus planes de visitar la iglesia vía Macedonia, después de permanecer en Efeso hasta Pentecostés (-8; cf ). Sin embargo, pronto surgieron circunstancias que apresuraron su partida del lugar: 1ª oposición había estado creciendo y culminó poco después que despachara su carta (). Esto ocurrió cuando el platero Demetrio, tal vez un destacado miembro del gremio de fabricantes de templetes en honor de la diosa Artemisa (Diana*), se preocupó bastante por la pérdida de las ventas de estatuillas porque muchos se hacían cristianos. Por tanto, llamó a los artífices y les demostró cómo la predicación de Pablo contra la adoración de los ídolos había afectado su actividad, no sólo localmente, sino también en gran parte de la provincia de Asia. Además, les señaló que estaba minando el respeto por la diosa y su templo, 'a quien venera toda Asia y el mundo entero' (-27). Los oyentes de Demetrio se enfurecieron y comenzaron a gritar: '¡Grande es Diana de los efesios!' Consiguieron agitar a toda la ciudad hasta la indignación. Buscando a alguien sobre quien descargar su ira, arrastraron a 2 de 874 los compañeros de viaje hasta el teatro (fig 174). Pablo decidió ir también, pero sus discípulos y algunos de sus prominentes amigos efesios se lo impidieron (vs 28-31). Finalmente el escribano consiguió calmar a la turba y dispersarla pacíficamente (vs 32-41). Después de este tumulto, Pablo consideró oportuno dejar Efeso, donde había pasado 'tres años' (20:1, 31), quizá desde el 54 hasta el 57 d.C, Separándose de los creyentes, salió rumbo a Macedonia. Acerca de la posibilidad de una visita a Corinto durante su permanencia en Efeso, véase CBA 6: 831, 832, 918, 919. Véase Corintios, Epístolas a los. b. Macedonia y Corinto. Lucas, en Act_20, sólo ofrece un informe rápido de la visita a Macedonia y Acaya, pero en sus epístolas Pablo agrega algunos detalles más. Viajó desde Efeso a Troas* (Mapa XX, B-4, línea roja Nº 3), donde su predicación fue recibida favorablemente. Allí el apóstol esperaba encontrar a Tito con un informe de la reacción de la iglesia de Corinto a su 1ª epístola, enviada poco antes, pero se chasqueó al no hallarlo. Entonces se apresuró a ir a Macedonia* (Mapa XX, A-3), mientras los creyentes de Corinto pesaban mucho en su alma (, 13; cf 1:9). Vio a Tito y recibió noticias alentadoras de la iglesia (7:5-7). Muy animado por el informe, el apóstol escribió 2 Co., donde promete verlos (13:1, 2); evidentemente la envió con Tito (8:16, 17, 23). Luego Pablo fue hacia el sur (línea roja Nº 3), hasta Grecia (), y visitó a los creyentes. Quedó en Corinto unos 3 meses y allí escribió las epístolas a los Romanos* y a los Gálatas* (v 3), c 58 d.C. c. Regreso vía Macedonía. Hizo planes de tomar un barco para Siria, pero cuando estaba por embarcarse se enteró de un complot de algunos enemigos judíos para matarlo, tal vez a bordo. En consecuencia, cambió su propósito y fue por Macedonia, frustrando el complot de sus presuntos asesinos (20: 3). Viajó hacia el norte, quizá pasando por Berea y por Tesalónica* (Mapa XX, A-3; volviendo por la línea roja Nº 3 hacia el norte y el noreste), hasta Filipos. Mientras varios de sus acompañantes cruzaron hasta Troas, Pablo y Lucas quedaron en Filipos durante la Pascua, y 'pasados los días de los panes sin levadura' navegaron para unirse a los demás (20:4-6). d. Troas y viaje a Palestina. Pablo pasó una semana en Troas. La tarde anterior a su partida hubo una reunión de despedida. Más o menos a medianoche un joven llamado Eutico, que estaba sentado en una ventana abierta de la sala del 3er piso en la que Pablo hablaba, se durmió y cayó al suelo, de donde fue levantado 'muerto'. El apóstol se apresuró a bajar, lo abrazó y afirmó que estaba vivo, y el joven revivió (-10, 12). Regresando a la sala de reuniones, el grupo celebró la Cena del Señor, luego de lo cual siguieron conversando hasta el amanecer. Después se despidió y salió (v 11) para caminar unos 32 km hasta Assos, para tomar el barco en el que había estado viajando, el cual navegaba alrededor de la península (Mapa XX, B-4). Después de reunirse con sus compañeros, navegaron vía Mitilene, Jíos y Samos hasta Mileto (vs 13-17), a unos 64 km al sur de Efeso* (Mapa XX, B-4; línea roja Nº 3). A propósito había dejado de esta ciudad, porque sin duda una detención allí habría impedido que llegara a Jerusalén para Pentecostés, para lo cual faltaba poco. Pero envió un mensaje a los ancianos de la iglesia pidiéndoles que se reunieran con él en Mileto. El registro de este encuentro, durante el cual Pablo les advirtió contra las herejías y los exhortó a ser fieles, es uno de los pasajes más emotivos de Hechos (vs 18-35). Antes de salir, oró con sus visitantes, luego se despidió con lágrimas y siguió navegando (vs 36-38). Habiendo llegado finalmente, vía Cos y Rhodes (línea roja Nº 3 hacia el sur y el este), a Pátara, ciudad de la costa de Lisia, Pablo y sus compañeros tomaron otro barco con el que finalmente llegaron a Tiro (Mapa XX, C-6; fig 513), en Fenicia (21:1-3). Allí se encontró con algunos creyentes, y permaneció con ellos una semana. Durante ese tiempo fue advertido por un profeta del peligro de ir a Jerusalén. Cuando llegó el momento de embarcarse otra vez, todo el grupo de creyentes lo acompañó a la playa. El barco de Pablo se detuvo luego en Tolemaida, donde pasaron un día con los hermanos y después continuaron viaje, probablemente a pie, hasta Cesarea. Aquí se alojaron en casa de Felipe, el evangelista y diácono (-8; cf 6:5). En algún momento de su estadía en Cesarea, el profeta Agabo* predijo los malos resultados que seguirían a la visita a Jerusalén. Al escuchar esto, tanto los que acompañaban al apóstol como la iglesia de Cesarea lo instaron a no ir, pero él se mantuvo inflexible en su decisión (21: 10-14). Véase Primer día de la semana. IV. Pablo, el prisionero. 1. Arresto de Pablo en Jerusalén. Cuando Pablo y su grupo llegaron a Jerusalén fueron recibidos alegremente por los cristianos del lugar. El informe que dio a los dirigentes de la iglesia, con respecto a la difusión del evangelio entre los gentiles, produjo gran regocijo. Sin embargo, 875 al mismo tiempo los líderes le contaron que circulaban informes de que estaba instando a los cristianos judíos helenistas, como también a los conversos gentiles, a no seguir la circuncisión y las demás leyes de Moisés (-21). Este informe no era cierto y evidentemente era una invención de sus enemigos (cf 16:3; 18:18; 24:14; 25:8). No obstante sugerían que, con el fin de demostrar que las acusaciones eran falsas, Pablo se uniera a otros 4 judíos cristianos que habían hecho un voto y se sometiera a un acto de purificación ceremonial en el templo, demostrando así públicamente que él no había rechazado las leyes mosaicas. El apóstol aceptó la idea. Casi había terminado el período de su voto cuando unos judíos del Asia, quizá de visita en Jerusalén para Pentecostés, lo reconocieron y agitaron a la gente contra él acusándolo falsamente no sólo de predicar contra las costumbres e instituciones judías, sino también de contaminar el templo por llevar consigo a griego, (21:22-29). El informe de esta presunta profanación del templo se esparció rápidamente, atrayendo una multitud a los recintos sagrados (fig 500); queriendo matarlo, lo tomaron y lo sacaron del edificio. Entretanto, Claudio Lisias, el tribuno militar a cargo de la guarnición romana y estacionado evidentemente en la vecina Torre Antonia que dominaba el templo, oyó los disturbios (23:26). Rápidamente acudió con sus soldados para aplastar el movimiento. Al ver que el motivo se centraba en Pablo, lo arrestó y lo hizo encadenar. Después de esto, preguntó quién era el hombre y cuál era su crimen por haber provocado tanto tumulto. Como no pudo conseguir una respuesta de la turba, ordenó que el apóstol fuera escoltado hasta la fortaleza. Luego de haber sido conducido con dificultad en medio de la multitud airada, Pablo pudo convencer al comandante de que no era un criminal buscado por las autoridades romanas. Se le permitió hablar a la gente desde la escalinata que llevaba a la fortaleza (-40; figs 498, 499), desde donde les contó en lengua 'hebrea', es decir aramea,* la historia de su vida. Su audiencia lo escuchó en calma hasta que les dijo cómo Dios lo había comisionado para predicar a los gentiles. Ante estas palabras, los judíos comenzaron a gritar y exigieron su muerte. Por esto, el comandante que tal vez no entendía arameo y no sabía la razón por el repentino desorden, ordenó que Pablo fuera examinado con azotes. Mientras lo ataban, el apóstol reveló que era ciudadano romano, lo que lo salvó de la tortura. Al día siguiente, Lisias quiso conocer plenamente la razón de los disturbios: reunió al Sanedrín y puso a Pablo ante él, para que esclareciera el problema (cp 22). El apóstol estuvo en presencia del Sanedrín sólo unos minutos para darse cuenta de que no se realizaría un juicio imparcial (23:1-5). Con astucia dividió al concilio afirmando que se lo llamaba al tribunal por creer, como fariseo, en la resurrección de los muertos. Los saduceos, que la negaban, comenzaron a pelear contra los fariseos. Así, sin quererlo, éstos se vieron obligados a defenderlo. Tan grave fue la discusión que Lisias, temiendo que el apóstol fuera descuartizado en la refriega, envió a sus soldados para rescatarlo y llevarlo a la torre (vs 6-10). Esa noche, Pablo recibió la seguridad divina de que Dios lo estaba conduciendo y que testificaría en Roma, como él había deseado (v 11). Al día siguiente, su sobrino (v 16), informado de que un grupo de más de 40 personas se habían juramentado para asesinarle (vs 12-15), fue a la fortaleza para avisarle. El apóstol le pidió que le contara al mismo Lisias del plan. El comandante, al saber que le pedirían como pretexto que al día siguiente presentara a Pablo otra vez ante el Sanedrín con el fin de dar oportunidad a los asesinos de matar al prisionero, ordenó de inmediato que con una fuerte escolta armada esa misma noche lo llevaran a Cesarea* (vs 17-24), capital romana de Judea. 2. Audiencias en Cesarea. En Cesarea Pablo fue entregado a Félix, el gobernador de Judea, con una carta de Lisias. Félix le interrogó y luego ordenó que fuera confinado en el pretorio* hasta que llegaran los acusadores judíos desde Jerusalén (-35). Después de 5 días, Ananías, el sumo sacerdote, acompañado con algunos ancianos y Tértulo, un orador profesional, se presentó y acusó al apóstol de sedición y de profanación del templo (24:1-9). Después que el acusado habló en defensa propia, Félix postergó la decisión hasta que se presentaran más evidencias. Entretanto, Pablo gozó de una buena medida de libertad (vs 10-23). Algún tiempo más tarde fue llevado otra vez ante Félix y su esposa judía, Drusila.* Parece que esta audiencia no tuvo carácter legal, y que sólo fue un pretexto para escuchar lo que el detenido tenía para decir. En esta ocasión Pablo habló 'de la justicia, del dominio propio y del juicio venidero', con el resultado de que la conciencia de Félix fue muy perturbada, aunque sólo temporariamente (vs 24, 25). Después de este evento, quedó en prisión 2 años, hasta que el gobernador fue reemplazado por Porcio Festo (vs 26, 27). Esto ocurrió por el 60 d.C. Casi tan pronto como éste asumió el cargo, 876 los judíos le solicitaron que enviara a Pablo a Jerusalén para juzgarlo, con la intención de asesinarle en el camino. El gobernador rehusó hacerlo, pero los invitó a presentar en Cesarea sus acusaciones contra el apóstol. Así lo hicieron, pero sus cargos no tenían fundamento. Festo le preguntó a Pablo si estaba dispuesto a ser juzgado en Jerusalén. Sin duda, considerando que una orden de reiniciar el juicio en Jerusalén equivaldría a una sentencia de muerte, Pablo decidió invocar su derecho de ciudadano romano, y apeló a César (Nerón). La apelación fue aceptada, y tuvo que esperar la oportunidad de ser llevado a Roma, fuera del alcance de sus irritados conciudadanos (-12). Véase César 4. Poco después Herodes* Agripa II, rey de los territorios al norte y al este de Judea, vino con su hermana Berenice* a hacer una visita de cortesía a Festo, el nuevo gobernador de Judea. Este les relató la historia de Pablo, tras lo cual Agripa pidió escuchar al apóstol por sí mismo. Al día siguiente fue llevado ante los gobernantes (25:13-27), y se le dio permiso de hablar. Describió sus antecedentes, su conversión al cristianismo y sus experiencias al ser perseguido por los judíos. Cuando habló de Jesús y de su resurrección de los muertos, Festo declaró que el apóstol estaba loco. Sin embargo, Pablo apeló con poder a las convicciones del rey, pero sin éxito aparente. Después de su defensa, los gobernantes opinaron que el prisionero hubiera sido liberado si no hubiese apelado a César (-32). 3. Viaje a Roma. Hecha la decisión de enviar a Pablo a Roma por barco (quizás en el otoño del 60 d.C.), junto con otros prisioneros, fue puesto bajo la custodia de un centurión llamado Julio, encargado del viaje a la capital del imperio (). Durante el mismo, tuvo por lo menos 2 compañeros cristianos: Aristarco (v 2) y Lucas, el autor de Hechos, como se observa por el frecuente uso del 'nosotros' en la narración. Poco después de la partida, el barco se detuvo en Sidón* (Mapa XX, C-6, línea roja Nº 4). Allí Pablo, que fue bien tratado por el centurión, recibió permiso para conversar con los creyentes. De Sidón (fig 463) el barco navegó entre la isla de Chipre y tierra firme (Mapa XX, B-5), y finalmente llegó a Mira, en Licia (vs 3-5), donde todo el grupo tomó otro navío con rumbo a Italia (v 6), lo cual hacía un total de 276 personas a bordo (v 37). Al salir de Mira tuvieron vientos contrarios, por lo que les llevó varios días recorrer menos de 320 km hasta Gnido (Mapa XX, B-4). Al fin, el barco llegó a la isla de Creta (Mapa XX, B-3/4) y con dificultad navegaron hasta un lugar llamado Buenos Puertos (vs 7, 8). Allí debatieron un tiempo si debían seguir o no por causa de lo tardío de la estación. Pablo aconsejó no continuar, pero el piloto y el patrón de la nave querían seguir, por lo que el centurión siguió el deseo de éstos. Como Buenos Puertos no era un lugar adecuado para pasar el invierno, decidieron tratar de llegar a Fenice, más adelante en la costa de Creta (vs 9-12). En consecuencia, tan pronto como hubo viento favorable salieron de Buenos Puertos. Sin embargo, poco después se levantó una gran tempestad con un viento del este o del este noreste. Cuando encontraron un poco de reparo en la isleta Clauda (Cauda), consiguieron subir a bordo al bote, que hasta entonces había sido remolcado. Al mismo tiempo, los marineros, temiendo que el barco naufragara, rodearon el casco con sogas para reforzarlo y arriaron las velas para determinar la velocidad con que eran arrastrados, porque tenían miedo de que la nave fuera llevada a Sirte, los temidos bancos de arena cercanos a la costa norte de África (-17; Mapa XX, C-2). Al día siguiente, como la tormenta no amainaba, creyeron necesario aliviar el barco arrojando algo de la carga al mar (cf v 38). La tempestad duró varios días hasta que perdieron toda esperanza ( 20). Más o menos por ese tiempo, Pablo recibió una visión en la que se le mostró que no se perdería ninguna vida y que él tendría la oportunidad de estar ante el César. Contó este incidente a sus compañeros, exhortándoles a tener buen ánimo (vs 21-26). Por fin, una noche, 2 semanas después de iniciada la tormenta, los marineros sospecharon que estaban cerca de tierra. Los sondeos lo confirmaron, de modo que comenzaron a temer que la nave fuera arrojada sobre rocas. La anclaron y luego procuraron abandonarla secretamente en el bote que llevaban. Pablo advirtió que debían quedar en sus puestos si todos se querían salvar; de modo que los soldados cortaron las amarras del bote (vs 27 32). Mientras esperaban que se hiciera de día para decidir qué hacer, Pablo los instó a que comieran, señalando que habían 'ayunado' por 14 días (vs 33, 34). Después que todos comieron, el barco anclado fue aliviado otra vez arrojando el trigo al mar (v 39). El amanecer reveló una tierra no familiar para los marineros, con una bahía. Decidieron tratar de llevar el navío hacia ella. Levaron las anclas, pero al llegar cerca de tierra encontraron un lugar de corrientes encontradas que arrojaron la nave sobre las rocas, donde varó. La popa se abría por la violencia 877 de las olas. Los soldados, considerando que debían responder con su vida por la de sus prisioneros, querían matarlos para que no pudieran escapar. Sin embargo, el centurión, en un intento por salvar a Pablo no se lo permitió. En cambio, ordenó que todos intentaran llegar a la orilla como mejor pudieran, y todos llegaron a ella son seguridad (vs 39-44). La tierra era la isla de Malta, a unos 900 km de la isla de Clauda, la última tierra que habían visto. (Un análisis de este viaje y del naufragio se puede ver en CBA 6: 446 453.) Los habitantes de la isla de Malta (fig 331) fueron muy hospitalarios y procuraron satisfacer todas las necesidades de los náufragos. Mientras Pablo reunía combustible para hacer un fuego, fue mordido por una serpiente, por lo que los malteses supersticiosos pensaron que era un gran criminal que recibía el castigo por sus crímenes. Como no sufriera ningún daño, creyeron en cambio que debía ser algún dios ( 1-6). Pablo y su grupo fueron invitados a ser huéspedes de Publio, el 'hombre principal' de Malta, y quedaron con él 3 días (v 7). Por las oraciones de Pablo, el padre de Publio fue sanado de disenteria.* Cuando la noticia circuló, muchos otros enfermos vinieron y fueron sanados. Esto estimuló a los isleños a traer muchos regalos a Pablo y sus compañeros. Finalmente, después de pasar 3 meses en la isla (v 11), el grupo de náufragos zarpó para Roma, probablemente en la primavera del 61 d.C., en un barco alejandrino que había invernado allí (vs 8-11). Después de detenerse 3 días en Siracusa, en la isla ahora llamada Sicilia, el barco salió rumbo a Regio, en el extremo sur de Italia, y luego continuó hasta Puteoli, que estaba a unos 370 km más al noroeste (Mapa XX, A-1). En Puteoli Pablo encontró a algunos cristianos, una evidencia de la difusión del evangelio en Italia (fig 419). Después de pasar una semana con ellos, los viajeros partieron hacia Roma. Entretanto, la noticia de la llegada de Pablo al país lo había precedido, de modo que grupos de creyentes salieron a su encuentro. Se encontraron con Pablo en el Foro de Apio y en Tres Tabernas (figs 227, 434), a unos 64 y 48 km, respectivamente, de Roma sobre la Vía Apia. El apóstol quedo muy agradecido y animado por esta recepción (vs 12-15). 4. Primer encarcelamiento en Roma. Al llegar a Roma, junto con los demás prisioneros, fue entregado al 'prefecto militar' (), quizás el jefe de la guardia pretoriana (la guardia imperial con sede en Roma) a cargo de los prisioneros que apelaban al emperador. En ese tiempo, el cargo lo tenía Burrus, un hombre de buenos principios, cuya influencia refrenadora había ayudado a limitar los excesos del emperador Nerón. Pablo, tal vez por recomendación del centurión que lo había escoltado desde Cesarea, recibió permiso para vivir en una casa con un soldado como guardián personal (v 16) al que estaba encadenado (; cf ; ). Sin embargo, se debería notar que se puede citar importante evidencia textual para la omisión de la cláusula 'el centurión entregó los presos al prefecto militar' (véase CBA 6:457). Tres días después de su llegada a Roma, Pablo invitó a los ancianos judíos a visitarlo. Después de explicarles la razón de su prisión, se pusieron de acuerdo acerca de cuándo les expondría las doctrinas cristianas. El día señalado muchos vinieron a su alojamiento para escuchar mientras 'les testificaba el reino de Dios'. Esta reunión duró el día entero, durante el cual las verdades que predicaba se habrán debatido ampliamente. Al final de la reunión algunos creyeron, y otros, quizá la mayoría, no las aceptaron; no estuvieron 'de acuerdo entre sí', por lo que citó de y 10, reprendiendo a los incrédulos por rehusar aceptar la luz que les había llegado (-28). El libro de Hechos y el informe bíblico terminan abruptamente con la afirmación de que Pablo, todavía preso, pudo vivir 2 años en una casa alquilada (fig 439), evidentemente con un guardia, y que los visitantes lo escuchaban predicarles de Cristo (vs 30, 31). 390. La mazmorra de la prisión Mamertina en Roma. De acuero con la tradición, en este lugar estuvo prisionero Pablo. Para el resto de la vida del apóstol dependemos de escasos datos que se encuentran en sus epístolas redactadas durante su 1er encarcelamiento en Roma, de declaraciones contenidas en otros escritos tempranos y de la tradición. De este 1er período son las epístolas a los Efesios, a los Filipenses, a los Colosenses y a Filemón. Estas revelan que la cárcel fue una experiencia difícil para el anciano apóstol (; 6:20; ; FLam_1, 9, 10). Por 878 y sabemos que Lucas, Aristarco y Tíquico fueron sus compañeros. También tuvo con él a Marcos, Justo, Epafras y Demas, tal vez sólo durante una parte del tiempo (-12, 14; cf 2 ). Epafrodito entregó la epístola de Pablo a los Filipenses (-30). Tíquico llevó la epístola a los Efesios (, 22) y, acompañado por Onésimo, la epístola a los Colosenses (-9), y la que dirigió a Filemón, cristiano dueño de esclavos. Onésimo, el esclavo de Filemón que había huido a Roma, habría sido convertido por el apóstol en Roma (; FLam_10). De sabemos que los filipenses le enviaron regalos por medio de Epafrodito. 5. Absolución y actividades posteriores. Después de 2 años (tal vez en el 63 d.C.), Pablo fue juzgado por Nerón y absuelto. Las epístolas escritas durante este período de libertad, 1 Ti. y Tit., muestran que el apóstol realizó viajes misioneros después de su liberación. Clemente de Roma (La primera epístola de Clemente a los Corintios 5) dice que Pablo predicó tanto en el este como en el oeste. Como el apóstol había hecho planes de ir a España (, 28), es posible que visitara ese país en este período; el Fragmento Muratoriano (c 190 d.C.) afirma que visitó España. Quizá también cumplió su propósito de visitar Filipos () y Colosas (FLam_22; cf ; FLam_10). De 1 podemos concluir que fue a Macedonia y a Efeso. Aparentemente también visitó Creta (Tit. 1:5), y tal vez Corinto (2 ). También habría pasado un invierno (tal vez el del 65 d.C.) en Nicópolis (Tit. 3:12), en la costa occidental de Grecia. 6. Segundo encarcelamiento en Roma; su muerte. La narración bíblica guarda silencio con respecto a los eventos que llevaron al arresto final de Pablo. Bien pudo haber sido durante la cruel persecución de Nerón a los cristianos en esa época. El apóstol era un destacado líder entre ellos y, por tanto, un blanco natural para la sádica ferocidad del emperador. Se han sugerido Nicópolis, Efeso y Troas como posibles lugares del arresto, de los cuales Troas es el más plausible (2 ). Fue llevado a Roma, donde no recibió ninguno de los favores otorgados en su anterior encarcelamiento. De acuerdo con la tradición, se lo confinó en la cárcel Mamertina, en el foro romano, y fue encadenado (2:9) como un criminal común (fig 390). Se vio abandonado casi por todos (4:16; cf vs 11, 20). La última epístola que tenemos de Pablo, la de 2 Ti., fue escrita en esta época. Sin duda, cuando la escribió ya había sido llevado a juicio una vez y se había defendido a sí mismo (vs 16, 17). Aparentemente, esperaba pronto un 2º juicio, y preveía una sentencia capital (v 6). Sin embargo, animó a Timoteo a hacer todo el esfuerzo posible para visitarlo antes de su muerte (2 , 21). Los autores cristianos tempranos son unánimes en la afirmación de que Pablo murió bajo Nerón en Roma. Su ejecución, que la tradición afirma que fue por decapitación en algún lugar de la Vía Ostia, habría ocurrido no más tarde que el 68 d.C., porque Nerón murió ese año. Probablemente fue ejecutado entre el 66 y el 68 d.C. Las propias palabras del apóstol en 2 y 8 ofrecen un epitafio apropiado para su vida y resumen el propósito de ella: 'He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida'. Así murió un hombre de capacidades y virtudes realmente destacadas. V. Pablo, su influencia. Como teólogo está entre los mayores de todos los tiempos, y entre los que desarrollaron los fundamentos sobre los que se construyeron las doctrinas del cristianismo. Fue un orador hábil (-31) y un escritor de prosa vigorosa, que a veces llega a ser poética (1Co_13). También un gran evangelizador y organizador. Sin embargo, a pesar de sus muchos dones y su elevada vocación, fue un hombre de gran humildad (; ), deseoso de no ser carga para nadie (; ; ; ). Se destacó como un predicador con un fuerte sentido del deber y del destino (; , 17; Gá. 1:15, 16). Fue versátil (-22; 10:33), optimista (; -18; -6; ; ), valeroso (-29; 13:45, 46; 20:22-24; etc.); poseyó un propósito definido (; ), una mente serena (, 12; 1 -8), celo (; Gá. 1:14; ) y una fe inquebrantable (, 38, 39; Gá. 2:20; 2 ).