BibliaTodo Diccionario

- Anuncios -

pedro Que es, Concepto y Definicion


pedro - Diccionario Español

1. m. germ. Vestido afelpado que usaban los ladrones.

2. m. germ. Capote o tudesco.

3. m. germ. Cerrojo de puertas o ventanas. Pedro Jiménez.

1. m. pedrojiménez.

como Pedro por su casa.

1. loc. adv. coloq. Con entera libertad o llaneza, sin miramiento alguno. Se usa cuando alguien entra o se mete de este modo en alguna parte, sin título ni razón para ello.

OS V.

cátedra de San Pedro

don pedro

lágrimas de San Pedro

nave de San Pedro

óbolo de San Pedro

pez de San Pedro

Pedro - Diccionario Perspicacia

(Trozo de Roca).

A este apóstol de Jesucristo se le llama de cinco maneras diferentes en las Escrituras: por el nombre hebreo “Symeón”, el griego “Simón” (de una raíz hebrea que significa “oír; escuchar”), “Pedro” (nombre griego que solo se le aplicó a él en las Escrituras), su equivalente semítico “Cefas” (quizás relacionado con el hebreo ke·fím [rocas], que se emplea en (Job 30:6) «Habitaban en las barrancas de los arroyos, En las cavernas de la tierra, y en las rocas», y (Jeremías 4:29) «Al estruendo de la gente de a caballo y de los flecheros huyó toda la ciudad; entraron en las espesuras de los bosques, y subieron a los peñascos; todas las ciudades fueron abandonadas, y no quedó en ellas morador alguno», y la expresión “Simón Pedro”. (Hechos 15:14) «Simón ha contado cómo Dios visitó por primera vez a los gentiles, para tomar de ellos pueblo para su nombre», (Mateo 10:2) «Los nombres de los doce apóstoles son estos: primero Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano; Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano», (Mateo 16:16) «Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente», (Juan 1:42) «Y le trajo a Jesús. Y mirándole Jesús, dijo: Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas (que quiere decir, Pedro)».

Pedro era hijo de Juan, o Jonás. (Mateo 16:17) «Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos». (Juan 1:42). En un principio se dice que residía en Betsaida (Juan 1:44) «Y Felipe era de Betsaida, la ciudad de Andrés y Pedro», y, más adelante, en Capernaum (Lucas 4:31, 38), ambas ciudades situadas en la orilla septentrional del mar de Galilea. Pedro y su hermano Andrés se dedicaban al negocio de la pesca, junto con Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, “que eran partícipes con Simón”. (Lucas 5:7, 10), (Mateo 4:18-22). (Marcos 1:16-21). Por consiguiente, Pedro no era un pescador independiente, sino parte de una empresa de cierta envergadura. Aunque los líderes judíos consideraban a Pedro y a Juan “hombres iletrados y del vulgo”, esto no significa que fuesen analfabetos o ignorantes. El Nuevo Testamento Interlineal (de Francisco Lacueva, 1984, pág. 477) comenta en una nota a este texto que el término que se les aplicó, el plural de a·grám·ma·tos, en este contexto significa “que no habían estudiado en ninguna escuela rabínica”. Compárese con (Juan 7:14, 15). (Hechos 4:13) «Entonces viendo el denuedo de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras y del vulgo, se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús».

Como indica el registro bíblico, Pedro estaba casado, y parece que, al menos en los últimos años, su esposa le acompañó en algunos viajes misionales, si no en todos, como hicieron las esposas de otros apóstoles. (1 Corintios 9:5) «¿No tenemos derecho de traer con nosotros una hermana por mujer como también los otros apóstoles, y los hermanos del Señor, y Cefas?». Su suegra vivía en la casa que él y su hermano Andrés compartían. (Marcos 1:29-31).

Ministerio con Jesús. Su hermano Andrés —discípulo de Juan el Bautista— fue quien lo dirigió a Jesús, y Pedro fue uno de sus primeros discípulos. (Juan 1:35-42). Precisamente en esta ocasión Jesús le dio el nombre Cefas (Pedro) (Juan 1:42) «Y le trajo a Jesús. Y mirándole Jesús, dijo: Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas (que quiere decir, Pedro)», (Marcos 3:16) «a Simón, a quien puso por sobrenombre Pedro», y es probable que este nombre fuera profético. Jesús, que pudo percibir que Natanael era un hombre ‘en quien no había engaño’, también pudo discernir el carácter de Pedro. Este, en efecto, manifestó cualidades comparables a las de una roca, en especial después de la muerte y resurrección de Jesús, al convertirse en una influencia fortalecedora para sus compañeros cristianos. (Juan 1:47, 48), (Juan 2:25) «y no tenía necesidad de que nadie le diese testimonio del hombre, pues él sabía lo que había en el hombre», (Lucas 22:32) «pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos».

Más tarde, en Galilea, Pedro, su hermano Andrés y sus socios Santiago y Juan, recibieron la llamada de Jesús para ser “pescadores de hombres”. (Juan 1:35-42), (Mateo 4:18-22), (Marcos 1:16-18). Jesús había escogido la barca de Pedro para hablar desde ella a la multitud que se encontraba en la orilla, y después hizo que se produjera una pesca milagrosa que impulsó a Pedro, quien al principio se había mostrado escéptico, a caer ante Jesús con temor. Tras este suceso, él y sus tres compañeros no vacilaron en abandonar su negocio para seguir a Jesús. (Lucas 5:1-11). Cuando Jesús escogió a sus doce “apóstoles”, o ‘enviados’, entre los que se hallaba Pedro, este ya llevaba aproximadamente un año de discipulado. (Marcos 3:13-19).

Jesús eligió de entre los apóstoles a Pedro, a Santiago y a Juan para que le acompañaran en varias ocasiones especiales, como la transfiguración (Mateo 17:1, 2). (Marcos 9:2) «Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan, y los llevó aparte solos a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos», (Lucas 9:28, 29), la resurrección de la hija de Jairo (Marcos 5:22-24, 35-42), y durante su propia prueba en el jardín de Getsemaní (Mateo 26:36-46), (Marcos 14:32-42). Estos apóstoles, junto con Andrés, fueron los que de modo personal le preguntaron a Jesús en cuanto a la destrucción de Jerusalén, su futura presencia y la conclusión del sistema de cosas. (Marcos 13:1-3), (Mateo 24:3) «Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?». A pesar de que Pedro aparece junto a su hermano Andrés cuando se hace una relación de los apóstoles, en el registro de los acontecimientos anteriores y posteriores a la muerte y resurrección de Jesús, se le menciona con más frecuencia junto al apóstol Juan. (Lucas 22:8) «Y Jesús envió a Pedro y a Juan, diciendo: Id, preparadnos la pascua para que la comamos», (Juan 13:24) «A éste, pues, hizo señas Simón Pedro, para que preguntase quién era aquel de quien hablaba», (Juan 20:2) «Entonces corrió, y fue a Simón Pedro y al otro discípulo, aquel al que amaba Jesús, y les dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto», (Juan 21:7) «Entonces aquel discípulo a quien Jesús amaba dijo a Pedro: ¡Es el Señor! Simón Pedro, cuando oyó que era el Señor, se ciñó la ropa (porque se había despojado de ella), y se echó al mar», (Hechos 3:1) «Pedro y Juan subían juntos al templo a la hora novena, la de la oración», (Hechos 8:14) «Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan», compárese con (Hechos 1:13) «Y entrados, subieron al aposento alto, donde moraban Pedro y Jacobo, Juan, Andrés, Felipe, Tomás, Bartolomé, Mateo, Jacobo hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas hermano de Jacobo», (Gálatas 2:9) «y reconociendo la gracia que me había sido dada, Jacobo, Cefas y Juan, que eran considerados como columnas, nos dieron a mí y a Bernabé la diestra en señal de compañerismo, para que nosotros fuésemos a los gentiles, y ellos a la circuncisión». No se conoce la razón, si fue por afinidad natural entre ellos o porque Jesús los comisionó a trabajar juntos. Compárese con (Marcos 6:7) «Después llamó a los doce, y comenzó a enviarlos de dos en dos; y les dio autoridad sobre los espíritus inmundos».

Los evangelios recogen más declaraciones de Pedro que de cualquiera de los otros once apóstoles. Se ve con claridad que no era tímido ni indeciso, sino de carácter extravertido. Este hecho hizo que hablara antes que los demás y que expresara su parecer cuando otros permanecían en silencio. Asimismo, planteó preguntas que hicieron que Jesús aclarase y ampliase sus ilustraciones. (Mateo 15:15) «Respondiendo Pedro, le dijo: Explícanos esta parábola». (Mateo 18:21) «Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?». (Mateo 19:27-29; (Lucas 12:41) «Entonces Pedro le dijo: Señor, ¿dices esta parábola a nosotros, o también a todos?». (Juan 13:36-38), compárese con (Marcos 11:21-25). A veces fue impulsivo e impetuoso al hablar. Por ejemplo, fue él quien sintió la necesidad de decir algo al presenciar la transfiguración. (Marcos 9:1-6). (Lucas 9:33) «Y sucedió que apartándose ellos de él, Pedro dijo a Jesús: Maestro, bueno es para nosotros que estemos aquí; y hagamos tres enramadas, una para ti, una para Moisés, y una para Elías; no sabiendo lo que decía». Su comentario, un tanto irreflexivo, sobre lo provechoso de estar allí y su proposición de edificar tres tiendas, parecen indicar que no quería que terminara la visión (en la que Moisés y Elías ya se estaban separando de Jesús), sino que continuara. La noche de la última Pascua en un principio se negó enérgicamente a que Jesús le lavase los pies, pero al ser reprendido quiso también que le lavase la cabeza y las manos. (Juan 13:5-10). Sin embargo, se puede ver que en el fondo las expresiones de Pedro nacían de sus buenos deseos e intenciones, así como de sus fuertes sentimientos. El hecho de que se hayan incluido en el registro bíblico pone de manifiesto su valor, aunque a veces revelan ciertas flaquezas humanas de quien las pronunció.

Por ejemplo, cuando muchos discípulos tropezaron por la enseñanza de Jesús y lo abandonaron, Pedro, en nombre de todos los apóstoles, manifestó su determinación de permanecer con su Señor, quien tenía “dichos de vida eterna [...], el Santo de Dios”. (Juan 6:66-69). Después que los apóstoles respondieron a la pregunta de Jesús acerca de lo que opinaba la gente sobre su identidad, de nuevo fue Pedro quien expresó la firme convicción: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo”, por lo que Jesús lo pronunció bienaventurado o “feliz”. (Mateo 16:13-17).

Pedro fue quien más veces habló, pero también fue a quien con más frecuencia se corrigió, reprendió o censuró. En una ocasión, movido por la compasión, cometió el error de atreverse a llevar a Jesús aparte y reprenderlo por haber predicho sus propios sufrimientos y su muerte como Mesías. Jesús le dio la espalda y le dijo que era un opositor, o Satanás, que ponía los razonamientos humanos por delante del propósito de Dios registrado en la profecía. (Mateo 16:21-23). Sin embargo, debe notarse que Jesús ‘miró a los otros discípulos’, lo que parece dar a entender que sabía que Pedro expresaba sentimientos que los demás compartían. (Marcos 8:32, 33). Cuando Pedro se tomó la libertad de hablar en nombre de Jesús respecto al pago de cierto impuesto, Jesús, de manera muy bondadosa, le ayudó a reconocer la necesidad de ser más reflexivo antes de hablar. (Mateo 17:24-27). Pedro manifestó exceso de confianza y cierto sentimiento de superioridad sobre los otros once cuando afirmó que aunque ellos tropezaran con relación a Jesús, él nunca lo haría, y estaría dispuesto a ir a prisión e incluso morir con Jesús. Es cierto que todos los demás respaldaron esta afirmación, pero Pedro fue el primero en decirlo y reafirmarlo “con insistencia”. Fue entonces cuando Jesús predijo que Pedro negaría a su Señor tres veces. (Mateo 26:31-35), (Marcos 14:30, 31). (Lucas 22:33, 34).

Pedro no solo era un hombre de palabras, sino de acción: demostró iniciativa, valor y un fuerte apego a su Señor. Cuando Jesús se retiró a un lugar solitario antes del amanecer, para orar, Simón no tardó mucho en ‘ir en su busca’ con un grupo de acompañantes. (Marcos 1:35-37). También fue Pedro quien pidió a Jesús que le ordenase andar sobre las aguas azotadas por la tormenta para llegar hasta donde él se hallaba, y anduvo cierta distancia antes de ceder a la duda y empezar a hundirse. (Mateo 14:25-32).

Durante la última noche de la vida terrestre de Jesús, Pedro, Santiago y Juan tuvieron el privilegio de acompañarlo al jardín de Getsemaní, donde Jesús se ocupó en orar con fervor. Al igual que los demás apóstoles, Pedro se durmió debido al cansancio y la tensión producida por la tristeza. Quizás debido a que Pedro había expresado reiteradamente su determinación de seguir a Jesús, fue a él en particular a quien se dirigió cuando dijo: “¿No pudieron siquiera mantenerse alerta una hora conmigo?”. (Mateo 26:36-45), (Lucas 22:39-46). Pedro no se ‘ocupó en orar’, y sufrió las consecuencias.

Cuando los discípulos vieron que la chusma estaba a punto de prender a Jesús, preguntaron si deberían luchar, pero Pedro, sin esperar respuesta, intervino cortando con la espada la oreja de un hombre (acción con la que posiblemente pretendía causar un daño mayor), para luego ser censurado por Jesús. (Mateo 26:51, 52), (Lucas 22:49-51), (Juan 18:10, 11). Aunque Pedro abandonó a Jesús, al igual que los otros discípulos, luego siguió “de lejos” a la chusma que fue a detenerle, tal vez debatiéndose entre el temor por su propia vida y su profunda preocupación respecto a lo que le sucedería a Jesús. (Mateo 26:57, 58).

Una vez que Pedro llegó a la casa del sumo sacerdote, otro discípulo que debía haberle seguido o acompañado le ayudó para que pudiese entrar hasta el mismo patio. (Juan 18:15, 16). Una vez allí, no permaneció discretamente callado en algún rincón oscuro, sino que fue y se calentó en el fuego. El resplandor hizo posible que se le reconociese como compañero de Jesús, y su acento galileo dio pábulo a las sospechas. Al ser acusado, Pedro negó por tres veces que conociese a Jesús, y, finalmente, llevado por la vehemencia de su negación, llegó a echar maldiciones. Desde alguna parte de la ciudad se oyó a un gallo cantar por segunda vez, y Jesús “se volvió y miró a Pedro”. Este, abatido, salió fuera y lloró amargamente. (Mateo 26:69-75), (Marcos 14:66-72), (Lucas 22:54-62), (Juan 18:17, 18), véanse CANTO DEL GALLO; JURAMENTO. Sin embargo, la súplica que Jesús había hecho a favor de Pedro con anterioridad recibió respuesta, y su fe no desfalleció por completo. (Lucas 22:31, 32).

Después de la muerte y resurrección de Jesús, el ángel les dijo a las mujeres que fueron a la tumba que llevaran un mensaje a “sus discípulos y a Pedro”. (Marcos 16:1-7), (Mateo 28:1-10). Cuando María Magdalena comunicó el mensaje a Pedro y a Juan, los dos salieron corriendo hacia la tumba y Juan llegó primero. Mientras que este se detuvo frente a la tumba y tan solo miró al interior, Pedro entró hasta dentro, seguido luego por Juan. (Juan 20:1-8). El que Jesús se le apareciera antes que al grupo de discípulos y el que el ángel le hubiese nombrado específicamente a él, debió confirmar al arrepentido Pedro que su triple negación no había cortado para siempre su relación con el Señor. (Lucas 24:34) «que decían: Ha resucitado el Señor verdaderamente, y ha aparecido a Simón», (1 Corintios 15:5) «y que apareció a Cefas, y después a los doce».

Antes que Jesús se manifestara a los discípulos en el mar de Galilea (Tiberíades), Pedro, con su característico dinamismo, dijo a los demás que se iba a pescar, y ellos decidieron acompañarlo. Más tarde, cuando Juan reconoció a Jesús en la playa, Pedro se echó al agua impulsivamente y nadó a tierra, dejando que los demás llevaran la barca. No obstante, fue Pedro quien luego, al pedir Jesús unos peces, se fue y llevó la red a la orilla. (Juan 21:1-13). En esta ocasión Jesús le preguntó tres veces a Pedro (quien había negado tres veces a su Señor) si le amaba, dándole la comisión de ‘pastorear sus ovejas’. Jesús también predijo cómo moriría Pedro, quien al ver al apóstol Juan, preguntó: “Señor, ¿qué hará este?”. Una vez más, Jesús corrigió su punto de vista y le señaló la necesidad de que ‘fuera su seguidor’, sin preocuparse por lo que los demás pudieran hacer. (Juan 21:15-22).

Su ministerio posterior. Habiéndose “vuelto” de su caída en el lazo del temor —causado en gran parte por su excesiva confianza (compárese con (Proverbios 29:25) «El temor del hombre pondrá lazo; Mas el que confía en Jehová será exaltado»,— Pedro tenía que ‘fortalecer a sus hermanos’ en cumplimiento de la exhortación de Cristo (Lucas 22:32) «pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos», y hacer una labor de pastoreo entre Sus ovejas. (Juan 21:15-17). De modo que Pedro desempeñó un importante papel en la actividad de los discípulos después de la ascensión de Jesús al cielo. Antes del Pentecostés de 33 E.C., planteó la cuestión de buscar un sustituto para el infiel Judas, y apoyó con las Escrituras esta medida. La asamblea siguió su recomendación. (Hechos 1:15-26). De nuevo, bajo la guía del espíritu santo, en el Pentecostés actuó como portavoz de los apóstoles e hizo uso de la primera de las “llaves” que recibió de Jesús, lo que abrió el camino para que los judíos pasaran a formar parte del Reino. (Hechos 2:1-41), véase LLAVE.

Su prominencia en la congregación cristiana primitiva no terminó en el Pentecostés. Él y Juan son los únicos apóstoles originales a los que se menciona más tarde en el libro de Hechos, a excepción de una breve referencia a la ejecución de “Santiago hermano de Juan”, otro de los tres apóstoles que había disfrutado de un compañerismo más estrecho con Jesús. (Hechos 12:2) «Y mató a espada a Jacobo, hermano de Juan». Pedro se destacó también de un modo especial por los milagros que realizó. (Hechos 3:1-26). (Hechos 5:12-16), compárese con (Gálatas 2:8) «pues el que actuó en Pedro para el apostolado de la circuncisión, actuó también en mí para con los gentiles». Con la ayuda del espíritu santo, se dirigió con valentía a los gobernantes judíos que les habían detenido a él y a Juan (Hechos 4:1-21), y en otra ocasión actuó como portavoz de todos los apóstoles ante el Sanedrín, donde declaró con firmeza su determinación de “obedecer a Dios como gobernante” más bien que a los hombres que se oponían a la voluntad de Dios. (Hechos 5:17-31). Después de aquella noche en la que negó a Jesús, Pedro debió sentirse muy satisfecho de demostrar su cambio de actitud y también de aguantar los azotes que los gobernantes le impusieron. (Hechos 5:40-42). Con anterioridad a su segunda detención, Pedro había sido inspirado para descubrir la hipocresía de Ananías y Safira y pronunciar el juicio de Dios sobre ellos. (Hechos 5:1-11).

Poco después del martirio de Esteban y de que Felipe (el evangelizador) hubiese ayudado y bautizado a algunas personas que se hicieron creyentes en Samaria, Pedro y Juan viajaron a este lugar para que estos creyentes recibieran el espíritu santo, de modo que Pedro usó la segunda ‘llave del reino’. Luego, de regreso a Jerusalén, los dos apóstoles “iban declarando las buenas nuevas” a muchas aldeas samaritanas. (Hechos 8:5-25). Durante un nuevo viaje misional, Pedro sanó en Lida a Eneas, quien llevaba ocho años paralizado, y en Jope resucitó a Dorcas. (Hechos 9:32-43). Desde esta última ciudad, se le dirigió para que usase la tercera ‘llave del reino’ cuando viajó a Cesarea para predicar allí a Cornelio y a sus parientes y amigos. Esto resultó en que ellos fuesen los primeros creyentes gentiles incircuncisos que recibieron el espíritu santo como herederos del Reino. A su regreso a Jerusalén, tuvo que encararse a los que se opusieron a esta acción, pero asintieron cuando demostró que había actuado por dirección celestial. (Hechos 10:1) «Había en Cesarea un hombre llamado Cornelio, centurión de la compañía llamada la Italiana», (Hechos 11:18) «Entonces, oídas estas cosas, callaron, y glorificaron a Dios, diciendo: ¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida!», compárese con (Mateo 16:19) «Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos».

Pudo haber sido alrededor de este mismo año (36 E.C.) cuando Pablo hizo su primera visita a Jerusalén como cristiano converso y apóstol. Fue a “visitar a Cefas [Pedro]” y pasó quince días con él. También vio a Santiago, (el medio hermano de Jesús), pero no vio a ningún otro de los primeros apóstoles. (Gálatas 1:18, 19), véase APÓSTOL Apostolado en las congregaciones).

De acuerdo con los datos disponibles, Herodes Agripa I ejecutó al apóstol Santiago en el año 44 E. C., y al ver que esto agradaba a los líderes judíos, seguidamente detuvo a Pedro. (Hechos 12:1-4). La congregación ‘oró intensamente’ por él, y el ángel de Jehová lo libertó de la prisión (y probablemente de la muerte). Después de relatar su liberación milagrosa a los que estaban en la casa de Juan Marcos, Pedro pidió que se hiciese un informe a “Santiago y a los hermanos”, y luego “caminó a otro lugar”. (Hechos 12:5-17), compárese con (Juan 7:1) «Después de estas cosas, andaba Jesús en Galilea; pues no quería andar en Judea, porque los judíos procuraban matarle», (Juan 11:53, 54).

La siguiente vez que se le menciona en el relato de Hechos es con motivo de la reunión que tuvieron los “apóstoles y ancianos” en Jerusalén hacia el año 49 E.C., para estudiar la cuestión de la circuncisión de los conversos gentiles. Después de una extensa discusión, Pedro se levantó y dio testimonio de la relación de Dios con los creyentes gentiles. El que ‘toda la multitud callara’ demuestra la fuerza de su argumento y probablemente también el respeto que se le tenía. Pedro, como Pablo y Bernabé, quienes testificaron después de él, actuó en realidad en calidad de testigo ante aquella asamblea, no de juez. (Hechos 15:1-29). No obstante, refiriéndose a ese tiempo, Pablo llama a Pedro, Santiago y Juan “hombres sobresalientes”, “los que parecían ser columnas” en la congregación. (Gálatas 2:1, 2, 6-9).

Del registro bíblico se desprende que aunque Pedro era muy prominente y respetado, no ejerció la primacía sobre los apóstoles en virtud de un nombramiento. Por eso, cuando la obra de Felipe en Samaria fructificó, el relato dice que los apóstoles —al parecer actuando como colegio o cuerpo— “despacharon a Pedro y a Juan” a Samaria con una comisión. (Hechos 8:14) «Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan». Pedro no se quedó permanentemente en Jerusalén, como si su presencia fuese indispensable para la buena administración de la congregación cristiana. (Hechos 8:25) «Y ellos, habiendo testificado y hablado la palabra de Dios, se volvieron a Jerusalén, y en muchas poblaciones de los samaritanos anunciaron el evangelio», (Hechos 9:32) «Aconteció que Pedro, visitando a todos, vino también a los santos que habitaban en Lida», (Hechos 12:17) «Pero él, haciéndoles con la mano señal de que callasen, les contó cómo el Señor le había sacado de la cárcel. Y dijo: Haced saber esto a Jacobo y a los hermanos. Y salió, y se fue a otro lugar», véanse también ANCIANO; SUPERINTENDENTE.) Trabajó en Antioquía de Siria al mismo tiempo que Pablo estuvo allí, y en aquella ocasión Pablo vio necesario reprender a Pedro (Cefas) “cara a cara [...] delante de todos ellos”, porque se había avergonzado de comer y asociarse con los cristianos gentiles debido a la presencia de ciertos cristianos judíos que habían llegado de Jerusalén de parte de Santiago. (Gálatas 2:11-14).

En el artículo MASA ROCOSA se provee más información respecto a Pedro y su posición en la congregación cristiana. El punto de vista de que Pedro estuvo en Roma y desde allí dirigió la congregación se apoya únicamente en tradiciones dudosas y no concuerda con las indicaciones bíblicas. Sobre lo anterior y la estancia de Pedro en Babilonia, desde donde escribió sus dos cartas, véase PEDRO, CARTAS DE.

Pedro - Diccionario Alfonso Lockward

Apóstol del Señor Jesús (Juan 1:40-42). La palabra Cefas significa “piedra” en arameo. P. es su traducción al griego.

Admirado más tarde por el milagro que Cristo hizo de una pesca milagrosa, escuchó de los labios del Maestro las palabras: “No temas, desde ahora serás pescador de hombres” (Lucas 5:1-10). Junto con Juan y Jacobo, hijos de Zebedeo y pescadores como él, P. formó parte del círculo más íntimo de los discípulos, y fue testigo de los muchos milagros y prodigios hechos por el Hijo de Dios.

De los apóstoles, entre ellos P., eran casados. El Señor sanó a su suegra de una fiebre (1 Corintios 9:5) «¿No tenemos derecho de traer con nosotros una hermana por mujer como también los otros apóstoles, y los hermanos del Señor, y Cefas?».

temperamento impetuoso, P. estaba siempre listo para hablar, tomando la iniciativa entre los discípulos. Así, cuando una mujer toca al Señor en medio de una multitud y éste pregunta que quién le había tocado, P. es quien le dice: “Maestro, la multitud te aprieta y oprime, y dices: ¿Quién es el que me ha tocado?” (Mateo 16:22) «Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca».

Se dice explícitamente, pero P. actuaba como una especie de vocero de los demás discípulos. (Mateo 17:5) «Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd».

Entusiasmo de P., sin embargo, le conducía a confiar demasiado en sí mismo. Dijo a Cristo: “Aunque me sea necesario morir contigo, no te negaré” (Mateo 26:75) «Entonces Pedro se acordó de las palabras de Jesús, que le había dicho: Antes que cante el gallo, me negarás tres veces. Y saliendo fuera, lloró amargamente».

Cambiaría tras la •resurrección. P. fue con •Juan y vio la tumba vacía “y los lienzos puestos allí” (Hechos 1:1-9).

P. quien propuso que se eligiera a alguien en el lugar de Judas. Y con los creyentes perseveraba “en oración y ruego”, cuando el Espíritu Santo cayó sobre todos en el día de Pentecostés. A él le correspondió predicar el primer sermón de los apóstoles para explicar a la multitud la causa de aquel suceso (Mateo 16:19) «Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos».

Maravillas se manifestaron en la vida de P. al desarrollar su ministerio apostólico. Un cojo fue sanado en “la puerta del templo que se llama la Hermosa” (Hechos 5:29) «Respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres». Los apóstoles fueron azotados, pero insistieron en su predicación.

Es de presentar el evangelio a •Cornelio y regresar a Jerusalén, P. tuvo que explicar a los hermanos judíos convertidos en Jerusalén lo que había acontecido con aquellos gentiles. Tras escucharlo, estos hermanos dijeron: “¡De manera que también a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida!” (Hechos 12:1-18).

ás tarde, reunidos los hermanos para discutir si los gentiles debían guardar las ordenanzas de Moisés, P. recomendó que no se les impusiera “un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar” (Gálatas 2:11-14).

és de estos hechos, registrados todos en el NT, no se tienen muchos datos sobre el desenvolvimiento posterior del ministerio de P. De las dos epístolas que llevan su nombre, hay acuerdo universal en cuanto a que la primera es de su autoría. No así la segunda, que se piensa fue escrita quizás en fecha posterior a la de su muerte. De todos modos, como su primera carta está dirigida a los “expatriados de la dispersión en el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia” (1 Pedro 1:1) «Pedro, apóstol de Jesucristo, a los expatriados de la dispersión en el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia», es evidente que algún tipo de relación tuvo P. con los hermanos de esas regiones. Muchos creen que predicó personalmente por allí.

testimonios de los llamados padres de la iglesia indican que P. y Pablo estuvieron juntos en Roma. Posiblemente P. estuvo en Roma antes que Pablo, porque éste dice en (Romanos 15:20-22) que no había ido a esa ciudad porque era su costumbre ir a lugares vírgenes en cuanto al evangelio, “no donde Cristo ya hubiese sido nombrado”. Además, las evidencias de que Primera Pedro fue escrita desde Roma son prueba de la presencia de P. en aquella ciudad, donde murió como mártir. Una tradición dice que le crucificaron cabeza abajo, a solicitud propia en tiempos de Nerón, alrededor del año 64 d.C. Excavaciones arqueológicas hechas en la colina del Vaticano dieron como resultado el hallazgo de un sepulcro señalado como el de P.

Has el tema que más se discute alrededor de la vida de este apóstol es la interpretación que debe darse a las palabras de Cristo: “Y yo también te digo, que tú eres P., y sobre esa roca edificaré mi iglesia.... Y a ti daré las llaves del reino de los cielos...” (1 Pedro 2:4-8).

Pedro - Diccionario Bíblico Sencillo

tip, BIOG APOS HOMB HONT ver, PEDRO (Epístolas) vet, (lat. «Petrus», del gr. «Petros»: un trozo de roca, un canto rodado, en contraste con «petra», una masa rocosa; cfr. «petra» en (Mateo 7:24) «Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca». (Mateo 27:51) «Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron». (Marcos 15:46) «el cual compró una sábana, y quitándolo, lo envolvió en la sábana, y lo puso en un sepulcro que estaba cavado en una peña, e hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro». (Lucas 6:48) «Semejante es al hombre que al edificar una casa, cavó y ahondó y puso el fundamento sobre la roca; y cuando vino una inundación, el río dio con ímpetu contra aquella casa, pero no la pudo mover, porque estaba fundada sobre la roca». donde se menciona como fundamento seguro; véanse los artículos PIEDRA y ROCA en el «Diccionario Expositivo de palabras del Nuevo Testamento» de W. E. Vine). Cristo dio a Simón, el hijo de Jonás, el sobrenombre de Cefas (forma aramea, cfr. (Juan 1:42) «Y le trajo a Jesús. Y mirándole Jesús, dijo: Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas (que quiere decir, Pedro)». (1 Corintios 1:12) «Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo». al encontrarlo por primera vez. Simón, su hermano Andrés, y el padre de ellos, Jonás, estaban asociados con Zebedeo y sus hijos, todos ellos pescadores del lago de Genesaret (Mateo 4:18) «Andando Jesús junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores». (Marcos 1:16) «Andando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores». (Lucas 5:3) «Y entrando en una de aquellas barcas, la cual era de Simón, le rogó que la apartase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde la barca a la multitud». Simón Pedro, originario de Betsaida (Juan 1:44) «Y Felipe era de Betsaida, la ciudad de Andrés y Pedro». pasó a residir en Capernaum con su familia (Mateo 8:14) «Vino Jesús a casa de Pedro, y vio a la suegra de éste postrada en cama, con fiebre». (Lucas 4:38) «Entonces Jesús se levantó y salió de la sinagoga, y entró en casa de Simón. La suegra de Simón tenía una gran fiebre; y le rogaron por ella». Pedro, que muy probablemente era discípulo de Juan el Bautista, fue presentado a Jesús por Andrés, hermano de Pedro (Juan 1:41) «Este halló primero a su hermano Simón, y le dijo: Hemos hallado al Mesías (que traducido es, el Cristo)». Andrés era uno de los dos discípulos de Juan el Bautista que oyeron la declaración de que Jesús (que volvía de su triunfo sobre la tentación en el desierto) era el Cordero de Dios, el Mesías (Juan 1:35-41). Jesús discernió rápidamente la naturaleza de Simón, y cambió inmediatamente su nombre por el de Cefas (gr. «Petros», ver primer párrafo más arriba). Pedro, al igual que los primeros discípulos, recibió tres llamamientos de su Maestro a que viniera a ser Su discípulo (Juan 1:40) «Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan, y habían seguido a Jesús». (Juan 2:2) «Y fueron también invitados a las bodas Jesús y sus discípulos». a que lo acompañara constantemente (Mateo 4:19) «Y les dijo: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres». (Marcos 1:17) «Y les dijo Jesús: Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres». (Lucas 5:10) «y asimismo de Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: No temas; desde ahora serás pescador de hombres». a que fuera uno de los apóstoles (Mateo 10:2) «Los nombres de los doce apóstoles son estos: primero Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano; Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano». (Marcos 3:14) «Y estableció a doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar». (Lucas 6:13) «Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles». Tuvo, ya desde el principio, un papel destacado entre los discípulos a causa de su fervor, de su energía e impetuosidad. Pedro se encuentra siempre encabezando las listas (Mateo 10:2) «Los nombres de los doce apóstoles son estos: primero Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano; Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano». (Marcos 3:16) «a Simón, a quien puso por sobrenombre Pedro». (Lucas 6:14) «a Simón, a quien también llamó Pedro, a Andrés su hermano, Jacobo y Juan, Felipe y Bartolomé». (Hechos 1:13) «Y entrados, subieron al aposento alto, donde moraban Pedro y Jacobo, Juan, Andrés, Felipe, Tomás, Bartolomé, Mateo, Jacobo hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas hermano de Jacobo». Tres de los discípulos de Jesús eran amigos íntimos de Él: Pedro es nombrado en primer lugar (Mateo 17:1) «Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto». (Marcos 5:37) «Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede». (Marcos 9:2) «Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan, y los llevó aparte solos a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos». (Marcos 13:3) «Y se sentó en el monte de los Olivos, frente al templo. Y Pedro, Jacobo, Juan y Andrés le preguntaron aparte». (Marcos 14:33) «Y tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan, y comenzó a entristecerse y a angustiarse». (Lucas 8:51) «Entrando en la casa, no dejó entrar a nadie consigo, sino a Pedro, a Jacobo, a Juan, y al padre y a la madre de la niña». (Lucas 9:28) «Aconteció como ocho días después de estas palabras, que tomó a Pedro, a Juan y a Jacobo, y subió al monte a orar». Él es el portavoz de los apóstoles; el primero en confesar que Jesús es el Cristo de Dios (Mateo 16:16) «Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente». (Marcos 8:29) «Entonces él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy? Respondiendo Pedro, le dijo: Tú eres el Cristo». pero también el que intenta desviar a Su Maestro del camino del sufrimiento (Mateo 16:22) «Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca». (Marcos 8:33) «Pero él, volviéndose y mirando a los discípulos, reprendió a Pedro, diciendo: ¡Quítate de delante de mí, Satanás! porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres».

La vida de Pedro presenta tres etapas:

(a) En primer lugar el período de formación, expuesto en los Evangelios. En estos años de relación con el Maestro aprendieron a conocer a Cristo y a conocerse a sí mismos. La triple negación del presuntuoso apóstol puso fin a este período (Mateo 26:69) «Pedro estaba sentado fuera en el patio; y se le acercó una criada, diciendo: Tú también estabas con Jesús el galileo». (Marcos 14:66) «Estando Pedro abajo, en el patio, vino una de las criadas del sumo sacerdote». (Lucas 22:54) «Y prendiéndole, le llevaron, y le condujeron a casa del sumo sacerdote. Y Pedro le seguía de lejos». (Juan 18:15) «Y seguían a Jesús Simón Pedro y otro discípulo. Y este discípulo era conocido del sumo sacerdote, y entró con Jesús al patio del sumo sacerdote». Cuando Jesús se encontró con Sus discípulos en el mar de Tiberias, puso a prueba a Pedro haciéndole tres preguntas, y restableciéndolo después en el apostolado (Juan 21:15) «Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. El le dijo: Apacienta mis corderos». (b) Al comienzo de los Hechos se expone el segundo período, durante el cual Pedro condujo a la Iglesia con audacia y firmeza. Llevó a los hermanos a reemplazar a Judas por un discípulo que hubiera conocido al Señor (Hechos 1:15-26). Después del derramamiento del Espíritu Santo, en el día de Pentecostés, Pedro explicó el sentido de este milagro a la muchedumbre de judíos reunidos en Jerusalén (Hechos 2:14) «Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras». Fue el principal instrumento en la curación del paralítico y se dirigió acto seguido al sanedrín (Hechos 3:4) «Pedro, con Juan, fijando en él los ojos, le dijo: Míranos». (Hechos 4:8) «Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: Gobernantes del pueblo, y ancianos de Israel». Amonestó a Ananías y a Safira (Hechos 5:3) «Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad?». El gran discurso que pronunció en el día de Pentecostés abrió a los judíos la puerta de la salvación (Hechos 2:10) «en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de Africa más allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos». Pedro la abrió, asimismo, a los gentiles, al dirigirse a Cornelio y a los que estaban en su casa (Hechos 10:2) «piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo, y oraba a Dios siempre». haciendo así uso de las llaves de que Cristo le había hablado (Mateo 16:19) «Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos». (c) El tercer período queda marcado por un trabajo humilde y perseverante revelado en las dos epístolas de Pedro. Una vez hubo echado los cimientos de la Iglesia, abandonó el primer plano, y trabajó desde la oscuridad para la expansión del Evangelio. Desde entonces, desaparece de la historia, y es Jacobo quien aparece dirigiendo la Iglesia en Jerusalén (Hechos 12:17) «Pero él, haciéndoles con la mano señal de que callasen, les contó cómo el Señor le había sacado de la cárcel. Y dijo: Haced saber esto a Jacobo y a los hermanos. Y salió, y se fue a otro lugar». (Hechos 15:13) «Y cuando ellos callaron, Jacobo respondió diciendo: Varones hermanos, oídme». (Hechos 21:18) «Y al día siguiente Pablo entró con nosotros a ver a Jacobo, y se hallaban reunidos todos los ancianos». (Gálatas 2:9) «y reconociendo la gracia que me había sido dada, Jacobo, Cefas y Juan, que eran considerados como columnas, nos dieron a mí y a Bernabé la diestra en señal de compañerismo, para que nosotros fuésemos a los gentiles, y ellos a la circuncisión». Pablo se dirige a los gentiles (Gálatas 2:7) «Antes por el contrario, como vieron que me había sido encomendado el evangelio de la incircuncisión, como a Pedro el de la circuncisión». Pedro, apóstol de la circuncisión (Gálatas 2:8) «(pues el que actuó en Pedro para el apostolado de la circuncisión, actuó también en mí para con los gentiles)». anunció el Evangelio a los judíos de la dispersión; dejó Jerusalén a Jacobo, y el mundo grecorromano a Pablo. La última mención que se hace de él en Hechos (Hechos 15:2) «Como Pablo y Bernabé tuviesen una discusión y contienda no pequeña con ellos, se dispuso que subiesen Pablo y Bernabé a Jerusalén, y algunos otros de ellos, a los apóstoles y a los ancianos, para tratar esta cuestión». lo presenta en el concilio de Jerusalén, defendiendo que los gentiles debían ser admitidos en la Iglesia, y defendiendo asimismo la libertad evangélica, postura ésta que prevaleció.

Pedro es mencionado en (Gálatas 2:11) «Pero cuando Pedro vino a Antioquía, le resistí cara a cara, porque era de condenar». a propósito del incidente de Antioquía; es posible que estuviera en Corinto (1 Corintios 1:12) «Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo». y en la ribera del Éufrates, o en Babilonia (1 Pedro 5:13) «La iglesia que está en Babilonia, elegida juntamente con vosotros, y Marcos mi hijo, os saludan». Acompañado de su esposa, prosiguió, sin duda, sus viajes misioneros (1 Corintios 9:5) «¿No tenemos derecho de traer con nosotros una hermana por mujer como también los otros apóstoles, y los hermanos del Señor, y Cefas?». Finalmente, glorificó a Dios en su martirio (Juan 21:19) «Esto dijo, dando a entender con qué muerte había de glorificar a Dios. Y dicho esto, añadió: Sígueme». Pedro nos es conocido sólo por las anteriores menciones y por sus dos epístolas, donde traslucen su humildad y tacto. Pedro respalda la autoridad de Pablo y Judas y exhorta a sus lectores a permanecer firmes en la fe que comparten con sus hermanos. Visto a lo largo de los Evangelios, de Hechos y de las Epístolas, el carácter de Pedro no se contradice nunca, este hombre de acción tiene los fallos propios de sus cualidades (Mateo 16:22) «Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca». (Mateo 26:69-75). (Gálatas 2:11) «Pero cuando Pedro vino a Antioquía, le resistí cara a cara, porque era de condenar». que son inmensas. El entusiasmo era consustancial a su persona. Transformado por el Espíritu de Cristo, Pedro se señala por su amor a su Maestro, por su caridad, y por su clara percepción de las verdades espirituales. La vida de este discípulo está repleta de enseñanzas. Sus escritos sondean las profundidades de la experiencia cristiana y alcanzan las más altas cumbres de la esperanza. La historia no añade mucho a lo que sabemos de Pedro por el NT. Hay buenas razones para admitir la tradición que afirma que Pedro fue crucificado en la época en que Pablo fue decapitado, hacia el año 68 d.C.. Jesús había predicho el martirio de Pedro (Juan 21:19) «Esto dijo, dando a entender con qué muerte había de glorificar a Dios. Y dicho esto, añadió: Sígueme». No es imposible que hubiera sufrido el martirio en Roma. Su vida ha suscitado multitud de leyendas. Escritos apócrifos muy antiguos, debidos a los ebionitas (una secta herética que persistió entre el siglo I y VII d.C.), extendieron la leyenda de que Pedro había sido obispo de Roma durante 25 años. El examen atento de las fuentes de esta tradición y de su contenido no permite admitirla como historia. Por lo que respecta al papel atribuido a Pedro por la Iglesia de Roma, se debe examinar qué es lo que realmente dice el NT acerca de ello:

(a) La interpretación de las palabras: «Tú eres Pedro...» (Mateo 16:18) «Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella», es dada por el mismo apóstol. Hay solamente una roca fundamental: el Cristo. Los creyentes son las «piedras vivas» que vienen a ser edificadas sobre este único fundamento básico, y Pedro, el primer confesor del nombre de Jesús (Mateo 16:15-16). fue la primera de estas piedras individuales (1 Pedro 2:4-6). El apóstol desarrolla el mismo pensamiento en (Hechos 4:11-12). Pablo confirma esta enseñanza: Cristo es la piedra angular del templo espiritual del Señor; los apóstoles (en plural) y los profetas son su fundamento, sobre el que son edificados los creyentes (Efesios 2:20-22). (b) Pedro jugó un papel histórico capital al abrir la puerta del Evangelio a los judíos el día de Pentecostés y a los gentiles en casa de Cornelio (Hechos 2:10) «en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de Africa más allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos». (Hechos 14:27) «Y habiendo llegado, y reunido a la iglesia, refirieron cuán grandes cosas había hecho Dios con ellos, y cómo había abierto la puerta de la fe a los gentiles». Por otra parte, el poder de atar y desatar no le fue dado sólo a él, sino también a los discípulos (Mateo 16:19) «Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos». (Mateo 18:15-18). (Juan 20:23) «A quienes remitiereis los pecados, les son remitidos; y a quienes se los retuviereis, les son retenidos». Desde entonces, los cristianos proclaman, en todos lugares, el perdón de los pecados que Dios concede en Jesucristo (Hechos 10:43) «De éste dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre». (Hechos 8:22) «Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizás te sea perdonado el pensamiento de tu corazón». (Romanos 10:9-13). cumplen la función de embajadores de Cristo (2 Corintios 5:18-20). aportando vida, pero también muerte (2 Corintios 2:15-16). porque quien los rechaza, rechaza al mismo Señor (Lucas 10:16) «El que a vosotros oye, a mí me oye; y el que a vosotros desecha, a mí me desecha; y el que me desecha a mí, desecha al que me envió». (c) Pedro no vino a ser cabeza de la iglesia, ni «vicario de Cristo». Si bien juega un importante papel en primer plano en el inicio de Hechos, después desaparece. En el concilio de Jerusalén él dio su consejo, pero fue Jacobo quien intervino de manera decisiva; la resolución final fue tomada en nombre de los apóstoles, de los ancianos y de los hermanos, inspirados por el Espíritu Santo (Hechos 15:7) «Y después de mucha discusión, Pedro se levantó y les dijo: Varones hermanos, vosotros sabéis cómo ya hace algún tiempo que Dios escogió que los gentiles oyesen por mi boca la palabra del evangelio y creyesen». En el relato de Lucas, Pablo ocupa desde entonces el primer lugar, y Pedro es simplemente una de las tres «columnas de la iglesia» mencionadas en (Gálatás 2:9) «y reconociendo la gracia que me había sido dada, Jacobo, Cefas y Juan, que eran considerados como columnas, nos dieron a mí y a Bernabé la diestra en señal de compañerismo, para que nosotros fuésemos a los gentiles, y ellos a la circuncisión». (siendo, el mismo Pedro citado después de Jacobo). Está claro que la doctrina del NT es que sólo el Señor Jesucristo resucitado es la cabeza de la Iglesia (Colosenses 1:18) «y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia». y que jamás rendirá Su sacerdocio, que es intransmisible (Hebreos 7:24) «mas éste, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable». (d) Además, Pedro no fue «obispo de Roma durante veinticinco años», no pudiendo haber sido un primer papa. Su muerte tuvo lugar alrededor del año 68, por lo que hubiera debido hallarse en Roma desde el año 43, lo que es imposible en base al NT. Escribiendo a los romanos alrededor de los años 57-65, Pablo hace saludar a treinta personas de su comunidad, entre las que no figura Pedro (Romanos 16:2) «que la recibáis en el Señor, como es digno de los santos, y que la ayudéis en cualquier cosa en que necesite de vosotros; porque ella ha ayudado a muchos, y a mí mismo». se trata de Priscila y de Aquila, y de la iglesia que está en su casa (Romanos 16:5) «Saludad también a la iglesia de su casa. Saludad a Epeneto, amado mío, que es el primer fruto de Acaya para Cristo». Pablo no hubiera escrito de esta manera (Romanos 15:20-24). si se tratara de una iglesia fundada por Pedro. Cuando Pablo llegó a Roma en el año 60, se encontró conque los judíos de allí no sabían nada del Evangelio, y otra vez Pedro no es mencionado (Hechos 28:15) «de donde, oyendo de nosotros los hermanos, salieron a recibirnos hasta el Foro de Apio y las Tres Tabernas; y al verlos, Pablo dio gracias a Dios y cobró aliento». Su nombre no figura tampoco en las Epístolas de la cautividad, ni aun en la Segunda a Timoteo, escrita poco antes de su muerte hacia el año 68 (2 Timoteo 4:16) «En mi primera defensa ninguno estuvo a mi lado, sino que todos me desampararon; no les sea tomado en cuenta». que sería impensable de Pedro). (e) Finalmente, Pedro, con todas sus cualidades y sus experiencias, ni era infalible ni tenía una autoridad superior a la de los otros apóstoles. En Antioquía, Pablo lo resistió cara a cara «porque era de condenar»; acerca de este incidente, Pablo habla de miedo a los hombres, de simulación, e incluso de hipocresía, y de un andar no recto ni conforme a la verdad del Evangelio (Gálatas 2:11-14). Sin embargo, Pedro es una de las más grandes figuras, no sólo del NT, sino de toda la Biblia. Su vida entera fue consagrada al Señor desde el día de su llamamiento. Su ardor y celo por su Señor, su perseverancia, humildad, mansedumbre, su cuidado de la grey del Señor, su afán por predicar las buenas nuevas de la salvación de Dios, todo ello ampliamente testificado en las Escrituras, nos da una bella imagen del discípulo consagrado, y constituye una vida a estudiar y un ejemplo a seguir.

Bibliografía: véase al final de PEDRO (EPÍSTOLAS DE).

Pedro - Diccionario Mundo Hispano

(gr., Petros, roca). El más prominente de los 12 apóstoles en los Evangelios y destacado líder de los primeros años de la iglesia cristiana. Su nombre original era Simón, un nombre gr. muy común, o más propiamente, Simeón (2 Pedro 1:1) «Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo, a los que habéis alcanzado, por la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo, una fe igualmente preciosa que la nuestra». Un nombre hebreo muy popular.

Era oriundo de Betsaida (Marcos 1:29) «Al salir de la sinagoga, vinieron a casa de Simón y Andrés, con Jacobo y Juan».

Fue presentado personalmente a Jesús por su hermano Andrés (Juan 4:43) «Dos días después, salió de allí y fue a Galilea». Pedro volvió a su ocupación habitual.

Al comenzar el ministerio de Cristo en Galilea, Pedro y Andrés, junto con Jacobo y Juan, fueron llamados por Jesús para estar con él en forma permanente y aprender a ser pescadores de hombres (Hechos 1:13-14).

La formación de un círculo de discípulos más íntimo se hace evidente por primera vez cuando Jesús lleva a Pedro, Jacobo y Juan a la casa de Jairo (Marcos 14:33) «Y tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan, y comenzó a entristecerse y a angustiarse».

Pedro era el vocero natural de los 12 (Efesios 2:20) «edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo». Jesús construirá su iglesia triunfante.

El relato de Hechos interpreta históricamente el uso que Pedro hizo de las llaves al abrir las puertas de la oportunidad cristiana en Pentecostés (Hechos 2), en Samaria (Hechos 8) y a los gentiles (Hechos 10). El poder de atar y desatar no estaba limitado a Pedro (Marcos 8:33) «Pero él, volviéndose y mirando a los discípulos, reprendió a Pedro, diciendo: ¡Quítate de delante de mí, Satanás! porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres».

Pedro también se destacó en los Evangelios por su participación en la ocasión del pago de los impuestos del templo (1 Pedro 5:1) «Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será revelada».

En la mañana de la resurrección, él y Juan corrieron hacia la tumba de Jesús para comprobar lo que había dicho María Magdalena (Juan 21:1-23).

El tercer período en la vida de Pedro comenzó con la ascensión de Jesús. En la primera época de la iglesia (Hechos 1-12), Pedro aparecía como el vocero del grupo apostólico, pero no hay indicación alguna de que asumiera algún tipo de autoridad que no ejercieran también los demás apóstoles. El sugirió la elección de un nuevo apóstol para cubrir el lugar de Judas (Hechos 4:21) «Ellos entonces les amenazaron y les soltaron, no hallando ningún modo de castigarles, por causa del pueblo; porque todos glorificaban a Dios por lo que se había hecho».

Fue utilizado para exponer el pecado de Ananías y Safira (Hechos 12:1-19).

En el relato de Hechos, Pedro es mencionado por última vez en relación con la reunión en Jerusalén, donde defendió la libertad de los gentiles (Hechos 15:14) «Simón ha contado cómo Dios visitó por primera vez a los gentiles, para tomar de ellos pueblo para su nombre». Las restantes referencias a Pedro en el NT son escasas.

(Gálatas 2:9) «y reconociendo la gracia que me había sido dada, Jacobo, Cefas y Juan, que eran considerados como columnas, nos dieron a mí y a Bernabé la diestra en señal de compañerismo, para que nosotros fuésemos a los gentiles, y ellos a la circuncisión».

No se sabe nada más de Pedro hasta la escritura de las dos cartas que llevan su nombre, escritas aparentemente desde Roma. La referencia final del NT a los últimos años de Pedro se encuentra en (Juan 21:18-19). La interpretación que hace Juan de la predicción de Cristo pone en claro que ésta se refiere a la muerte violenta de Pedro. No hay más referencias a Pedro en el NT fuera de éstas.

La tradición afirma uniformemente que Pedro fue a Roma, trabajó allí y sufrió el martirio durante el gobierno de Nerón. La tradición modificada que dice que fue obispo de Roma durante 25 años es contraria a toda la evidencia dada por el NT. Aparentemente llegó a Roma poco después de que Pablo fuera liberado de su primer encarcelamiento allí.

El carácter de Pedro es uno de los más atrayentes y más vívidamente descriptos en el NT. Su profunda humanidad lo ha transformado en uno de los integrantes más amados del grupo apostólico. Era vehemente, impulsivo, enérgico, seguro de sí mismo, agresivo y osado, pero también inestable, débil, inconstante y cobarde. Se dejaba guiar más por los impulsos del momento que por el razonamiento lógico, y pasaba rápidamente de un extremo al otro. Era por sobre todo un hombre de acción. Su vida muestra los defectos de su carácter, así como su extraordinaria capacidad para el bien. Era directo y muchas veces impetuoso, dado a la inestabilidad y la inconstancia, pero su amor por Cristo y su cercanía con él lo convirtieron en un hombre estable, humilde y un valiente servidor de Dios. En el poder del Espíritu Santo, se convirtió en uno de los nobles pilares (Gálatas 2:9) «y reconociendo la gracia que me había sido dada, Jacobo, Cefas y Juan, que eran considerados como columnas, nos dieron a mí y a Bernabé la diestra en señal de compañerismo, para que nosotros fuésemos a los gentiles, y ellos a la circuncisión». de la iglesia.

Pedro - Diccionario de Jerusalén

no del lat. Petronius, sino forma masculina de la traducción griega del aram. kéfá (roca). El nombre indica la función del que lo lleva: el apóstol Simón ha de ser la roca sobre la que Jesús fundará su Iglesia (Mateo 16:18) «Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella». cf. (Juan 1:42) «Y le trajo a Jesús. Y mirándole Jesús, dijo: Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas (que quiere decir, Pedro)». El apóstol conocido con el nombre de P. se llamó originariamente Simón (Simeón), hijo de Yoná (Mateo 16:17) «Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos». O Juan (Juan 1:42). (Juan 21:15) «Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. El le dijo: Apacienta mis corderos». Hermano de Andrés (Mateo 10:2) «Los nombres de los doce apóstoles son estos: primero Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano; Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano». Y, como este, pescador de profesión (Mateo 4:18) «Andando Jesús junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores». (Marcos 1:16) «Andando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores». Nacido en Betsaida, en el momento de su encuentro con Jesús vivía en Cafarnaúm (Marcos 1:29) «Al salir de la sinagoga, vinieron a casa de Simón y Andrés, con Jacobo y Juan». (Lucas 4:38) «Entonces Jesús se levantó y salió de la sinagoga, y entró en casa de Simón. La suegra de Simón tenía una gran fiebre; y le rogaron por ella». P. ejerció su oficio de pescador (Lucas 5:1-11), par.). Desde entonces, P. ocupó el primer puesto entre los apóstoles; se le cuenta el primero en los catálogos de los apóstoles (Mateo 10:2) «Los nombres de los doce apóstoles son estos: primero Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano; Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano». (Marcos 3:16) «a Simón, a quien puso por sobrenombre Pedro». (Lucas 6:14) «a Simón, a quien también llamó Pedro, a Andrés su hermano, Jacobo y Juan, Felipe y Bartolomé». (Hechos 1:13) «Y entrados, subieron al aposento alto, donde moraban Pedro y Jacobo, Juan, Andrés, Felipe, Tomás, Bartolomé, Mateo, Jacobo hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas hermano de Jacobo». Acompaña a Jesús a todas partes y es testigo de todos sus milagros. Con Juan y Santiago el Mayor, pertenecía a los amigos íntimos de Jesús, que fueron escogidos como testigos de su gloria y de su humillación (Marcos 5:37) «Y no permitió que le siguiese nadie sino Pedro, Jacobo, y Juan hermano de Jacobo». resurrección de la hija de Jairo; (Marcos 9:2) «Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan, y los llevó aparte solos a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos». Transfiguración de Jesús; (Marcos 14:33) «Y tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan, y comenzó a entristecerse y a angustiarse». Agonía en el huerto.

Pedro - Douglas Tenney

(gr., Petros, roca). El más prominente de los 12 apóstoles en los Evangelios y destacado líder de los primeros años de la iglesia cristiana. Su nombre original era Simón, un nombre gr. muy común, o más propiamente, Simeón (Hechos 15:14) «Simón ha contado cómo Dios visitó por primera vez a los gentiles, para tomar de ellos pueblo para su nombre», [ver nota en RVA]; (2 Pedro 1:1) «Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo, a los que habéis alcanzado, por la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo, una fe igualmente preciosa que la nuestra», un nombre hebreo muy popular.

Era oriundo de Betsaida (Juan 1:44) «Y Felipe era de Betsaida, la ciudad de Andrés y Pedro», hijo de un tal Jonás (Juan 1:42) «Y le trajo a Jesús. Y mirándole Jesús, dijo: Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas (que quiere decir, Pedro)». (Juan 21:15-17). Como había nacido en Galilea de los gentiles, podía hablar en gr., a la vez que su arameo natal estaba lleno de provincialismos en cuanto a pronunciación y dicción (Mateo 26:73). El y su hermano Andrés se dedicaban a la dura ocupación de pescadores en el mar de Galilea, y eran compañeros de Juan y Jacobo, los hijos de Zebedeo (Lucas 5:7) «Entonces hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra barca, para que viniesen a ayudarles; y vinieron, y llenaron ambas barcas, de tal manera que se hundían». Era casado (Marcos 1:30) «Y la suegra de Simón estaba acostada con fiebre; y en seguida le hablaron de ella», (1 Corintios 9:5) «¿No tenemos derecho de traer con nosotros una hermana por mujer como también los otros apóstoles, y los hermanos del Señor, y Cefas?», y en la época en que Cristo ministraba en Galilea, vivía en Capernaúm (Marcos 1:21) «Y entraron en Capernaum; y los días de reposo, entrando en la sinagoga, enseñaba», (Marcos 1:29) «Al salir de la sinagoga, vinieron a casa de Simón y Andrés, con Jacobo y Juan».

Fue presentado personalmente a Jesús por su hermano Andrés (Juan 1:42) «Y le trajo a Jesús. Y mirándole Jesús, dijo: Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas (que quiere decir, Pedro)». Luego de un período en el que acompañó a Jesús en la primera parte de su ministerio en Judea (Juan 1:42) «Y le trajo a Jesús. Y mirándole Jesús, dijo: Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas (que quiere decir, Pedro)», (Juan 4:43) «Dos días después, salió de allí y fue a Galilea», Pedro volvió a su ocupación habitual.

Al comenzar el ministerio de Cristo en Galilea, Pedro y Andrés, junto con Jacobo y Juan, fueron llamados por Jesús para estar con él en forma permanente y aprender a ser pescadores de hombres (Marcos 1:16-20), (Lucas 5:1-11). Al crecer la obra, Jesús eligió a 12 de sus seguidores para ser sus discípulos más cercanos, para capacitarlos en forma especial (Marcos 3:13-19), (Lucas 6:12-16). En las listas de estos 12 discípulos designados apóstoles (Lucas 6:13) «Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles», Pedro siempre es mencionado en primer lugar (Mateo 10:2-4), (Marcos 3:16-19), (Lucas 6:14-16), (Hechos 1:13-14).

La formación de un círculo de discípulos más íntimo se hace evidente por primera vez cuando Jesús lleva a Pedro, Jacobo y Juan a la casa de Jairo (Marcos 5:37) «Y no permitió que le siguiese nadie sino Pedro, Jacobo, y Juan hermano de Jacobo», (Lucas 8:51) «Entrando en la casa, no dejó entrar a nadie consigo, sino a Pedro, a Jacobo, a Juan, y al padre y a la madre de la niña». Estos tres apóstoles tuvieron también el privilegio de ser testigos de la Transfiguración (Mateo 17:1) «Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto», (Marcos 9:2) «Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan, y los llevó aparte solos a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos», (Lucas 9:28) «Aconteció como ocho días después de estas palabras, que tomó a Pedro, a Juan y a Jacobo, y subió al monte a orar», y la agonía en el huerto (Mateo 26:37) «Y tomando a Pedro, y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera», (Marcos 14:33) «Y tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan, y comenzó a entristecerse y a angustiarse».

Pedro era el vocero natural de los 12 (Mateo 16:16) «Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente», (Mateo 16:18) «Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella», (Mateo 22:41) «Y estando juntos los fariseos, Jesús les preguntó», (Mateo 22:46) «Y nadie le podía responder palabra; ni osó alguno desde aquel día preguntarle más», (Juan 6:66-69). Por su confesión de fe (Mateo 16:16-18), Pedro se identificó con Cristo, la Roca verdadera (Isaías 28:16) «por tanto, Jehová el Señor dice así: He aquí que yo he puesto en Sion por fundamento una piedra, piedra probada, angular, preciosa, de cimiento estable; el que creyere, no se apresure», (1 Corintios 3:11) «Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo», (1 Pedro 2:4-5), cumpliendo así la predicción de Cristo con respecto a él (Juan 1:42) «Y le trajo a Jesús. Y mirándole Jesús, dijo: Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas (que quiere decir, Pedro)». De esta forma, se convirtió en una roca (petros); y sobre esta roca (petra), compuesta por Pedro y los demás apóstoles, unidos por fe en Cristo, la piedra angular (Efesios 2:20) «edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo», Jesús construirá su iglesia triunfante.

El relato de Hechos interpreta históricamente el uso que Pedro hizo de las llaves al abrir las puertas de la oportunidad cristiana en Pentecostés (Hechos 2:2) «Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados», en Samaria (cap. 8), y a los gentiles (cap. 10). El poder de atar y desatar no estaba limitado a Pedro (Mateo 18:18) «De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo», (Juan 20:3) «Y salieron Pedro y el otro discípulo, y fueron al sepulcro». Pero Pedro también fue el vocero al tratar de disuadir a Jesús de seguir en el sendero de sufrimiento que el Señor anunciaba, con lo cual se convirtió en piedra de tropiezo (Mateo 16:23) «Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres», (Marcos 8:33) «Pero él, volviéndose y mirando a los discípulos, reprendió a Pedro, diciendo: ¡Quítate de delante de mí, Satanás! porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres».

Pedro también se destacó en los Evangelios por su participación en la ocasión del pago de los impuestos del templo (Mateo 17:24-27), su consulta sobre el límite del perdón (Mateo 18:21) «Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?», y sus palabras a Jesús para recordarle que ellos habían dejado todo y le habían seguido (Mateo 19:27) «Entonces respondiendo Pedro, le dijo: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido; ¿qué, pues, tendremos?», (Marcos 10:28) «Entonces Pedro comenzó a decirle: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido». Su figura sobresale en los acontecimientos de la semana de la pasión. El llamó la atención de Jesús con respecto a la higuera que se había secado (Marcos 11:21) «Entonces Pedro, acordándose, le dijo: Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado», y junto con otros tres preguntó a Jesús acerca de su predicción referida al templo (Marcos 13:3) «Y se sentó en el monte de los Olivos, frente al templo. Y Pedro, Jacobo, Juan y Andrés le preguntaron aparte». Junto con Juan fue encargado de preparar la Pascua (Lucas 22:8) «Y Jesús envió a Pedro y a Juan, diciendo: Id, preparadnos la pascua para que la comamos». Pedro se opuso a que el Señor le lavara los pies en el aposento alto y luego, impulsivamente, pasó al otro extremo cuando Jesús le habló de lo que implicaba su negativa (Juan 13:1-11). Le pidió a Juan que averiguara la identidad de aquel que entregaría a Jesús (Juan 13:23-24), y resueltamente contradijo a Jesús al ser advertido de sus inminentes negaciones (Mateo 26:33-35), (Marcos 14:29-31),(Lucas 22:31-34), (Juan 13:37-38). En el huerto de Getsemaní, cuando fue elegido junto con Jacobo y Juan para velar con Cristo, se quedó dormido (Mateo 26:37-46), (Marcos 14:33-42). En celo carnal quiso defender a Jesús, y el Señor lo reprendió por hacerlo (Juan 18:10-11). Huyó con los otros discípulos cuando Jesús fue apresado; pero, ansioso por conocer el final, lo siguió desde lejos, fue admitido (por intermedio de Juan) en el patio del sumo sacerdote y allí, vergonzosamente, negó a su Señor tres veces (Mateo 26:58) «Mas Pedro le seguía de lejos hasta el patio del sumo sacerdote; y entrando, se sentó con los alguaciles, para ver el fin», (Mateo 26:69-75), (Marcos 14:66-72),(Lucas 22:54-62), (Juan 18:15-18), (Juan 18:25-27). La mirada de Jesús le partió el corazón; salió y lloró amargamente (Lucas 22:61-62). No se dice en los Evangelios que Pedro haya sido testigo visual de la crucifixión (pero comparar (1 Pedro 5:1) «Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será revelada».

En la mañana de la resurrección, él y Juan corrieron hacia la tumba de Jesús para comprobar lo que había dicho María Magdalena (Juan 20:1-10). En algún momento, durante ese día, el Señor resucitado se le apareció (1 Corintios 15:5) «y que apareció a Cefas, y después a los doce». Cuando Jesús se manifestó a los siete luego de la resurrección, en el mar de Galilea, Juan fue el primero en reconocer al Señor, pero, como siempre, Pedro fue el primero en actuar. Luego de desayunar todos juntos, Cristo probó el amor de Pedro y lo restauró formalmente en su comisión de apacentar a sus corderos (Juan 21:1-23).

El tercer período en la vida de Pedro comenzó con la ascensión de Jesús. En la primera época de la iglesia (Hechos 1:12) «Entonces volvieron a Jerusalén desde el monte que se llama del Olivar, el cual está cerca de Jerusalén, camino de un día de reposo», Pedro aparecía como el vocero del grupo apostólico, pero no hay indicación alguna de que asumiera algún tipo de autoridad que no ejercieran también los demás apóstoles. El sugirió la elección de un nuevo apóstol para cubrir el lugar de Judas (Hechos 1:15-26); lleno del Espíritu Santo, predicó el sermón de Pentecostés ante los judíos reunidos (Hechos 2:14-40), y junto con Juan, sanó al hombre paralítico, el primer milagro apostólico que provocó persecución (Hechos 3:1) «Pedro y Juan subían juntos al templo a la hora novena, la de la oración», (Hechos 4:21) «Ellos entonces les amenazaron y les soltaron, no hallando ningún modo de castigarles, por causa del pueblo; porque todos glorificaban a Dios por lo que se había hecho».

Fue utilizado para exponer el pecado de Ananías y Safira (Hechos 5:1-12), fue altamente estimado por el pueblo durante el ministerio de milagros en la iglesia que siguió (Hechos 5:12-16), y habló en representación de los 12 cuando fue llevado ante el Sanedrín (Hechos 5:27-41). Junto con Juan, fue enviado a Samaria donde, por la imposición de manos, el Espíritu Santo cayó sobre los creyentes samaritanos y Pedro expuso los motivos indignos de Simón (Hechos 8:14-24). Mientras estaba en gira por Judea, Pedro sanó a Eneas y levantó a Dorcas de entre los muertos (Hechos 9:32-43). A través de una visión divina que tuvo en Jope, Pedro fue preparado y comisionado para predicar el evangelio a Cornelio en Cesarea, abriendo así la puerta a los gentiles (Hechos 10:1-48), hasta aquí sólo a gentiles piadosos y temerosos de Dios. Esto le atrajo las críticas de los partidarios de la circuncisión en Jerusalén (Hechos 11:1-18). Durante la persecución de la iglesia que inició Agripa I en el año 44, Pedro escapó de la muerte al ser milagrosamente liberado de la cárcel en que estaba (Hechos 12:1-19).

En el relato de Hechos, Pedro es mencionado por última vez en relación con la reunión en Jerusalén, donde defendió la libertad de los gentiles (Hechos 15:6-11), (Hechos 5:14) «Y los que creían en el Señor aumentaban más, gran número así de hombres como de mujeres». Las restantes referencias a Pedro en el NT son escasas.

(Galatas 2:11-21), registra una visita a Antioquía de Siria donde su conducta contradictoria provocó una pública reprimenda por parte de Pablo. De (1 Corintios 9:5) «¿No tenemos derecho de traer con nosotros una hermana por mujer como también los otros apóstoles, y los hermanos del Señor, y Cefas?», puede deducirse que Pedro viajó intensamente, llevando consigo a su esposa, sin duda ocupado en la evangelización de los judíos (Gálatas 2:9) «y reconociendo la gracia que me había sido dada, Jacobo, Cefas y Juan, que eran considerados como columnas, nos dieron a mí y a Bernabé la diestra en señal de compañerismo, para que nosotros fuésemos a los gentiles, y ellos a la circuncisión».

No se sabe nada más de Pedro hasta la escritura de las dos cartas que llevan su nombre, escritas aparentemente desde Roma. La referencia final del NT a los últimos años de Pedro se encuentra en (Juan 21:18-19). La interpretación que hace Juan de la predicción de Cristo pone en claro que ésta se refiere a la muerte violenta de Pedro. No hay más referencias a Pedro en el NT fuera de éstas.

La tradición afirma uniformemente que Pedro fue a Roma, trabajó allí y sufrió el martirio durante el gobierno de Nerón. La tradición modificada que dice que fue obispo de Roma durante 25 años es contraria a toda la evidencia dada por el NT. Aparentemente llegó a Roma poco después de que Pablo fuera liberado de su primer encarcelamiento allí.

El carácter de Pedro es uno de los más atrayentes y más vívidamente descriptos en el NT. Su profunda humanidad lo ha transformado en uno de los integrantes más amados del grupo apostólico. Era vehemente, impulsivo, enérgico, seguro de sí mismo, agresivo y osado, pero también inestable, débil, inconstante y cobarde. Se dejaba guiar más por los impulsos del momento que por el razonamiento lógico, y pasaba rápidamente de un extremo al otro. Era por sobre todo un hombre de acción. Su vida muestra los defectos de su carácter, así como su extraordinaria capacidad para el bien. Era directo y muchas veces impetuoso, dado a la inestabilidad y la inconstancia, pero su amor por Cristo y su cercanía con él lo convirtieron en un hombre estable, humilde y un valiente servidor de Dios. En el poder del Espíritu Santo, se convirtió en uno de los nobles pilares (Gálatas 2:9), de la iglesia.

Pedro - Reina Valera 1909

ROCA O PIEDRA. (Mateo 4:18) «Andando Jesús junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores». PEDRO, SIMON. El nombre de Pedro significa 'piedra'. Fue hermano de Andrés e hijo de Jonás (o Johanan). Natural de Betsaida, se le presenta como tosco pescador. Se le menciona más veces que acualquier otro personaje del Nuevo Testamento, aparte de Jesús.

Estaba casado, y fue uno de los doce discípulos. Negó a Jesús en los días de la crucifixión (Mateo 26:73-75). Jesús se entrevistó con él después de resucitado. Véase (1 Corintios 15:5) «y que apareció a Cefas, y después a los doce». Cefas es otro nombre con que se conoce a Pedro. En los Hechos de los Apóstoles es el personaje sobresaliente y líder apostólico en la primera parte del libro, capítulos (1 - 12).

Habló ante los discípulos respecto a quien debía sustituir a Judás, y predicó a la multitud en Pentecostés (Hechos 2:2) «Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados». Fue el instrumento de muchas curaciones, véase (Hechos 3), y conversiones a Cristo (Hechos 4:2) «resentidos de que enseñasen al pueblo, y anunciasen en Jesús la resurrección de entre los muertos». Hasta resucitó a una mujer (Dorcas). Tuvo la valentía de predicar a los gentiles en casa de Cornelio (Hechos 10:2) «piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo, y oraba a Dios siempre». Sus hechos y buenas obras fueron demasiado numerosos para anotarlos aquí.

Influyó en el Evangelio de Marcos. En efecto, narró la historia que Marcos transcribió en su Evangelio. Es el autor de 1 Pedro y, según la tradición, de 2 Pedro también. Su gran confesión (Marcos 16:16) «El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado». Se destaca en el Nuevo Testamento. Cuando Herodes estuvo a punto de quitarle la vida, escapó mediante intervención de Dios (Hechos 12:1-17), y no se le vuelve a mencio¬nar en los Hechos sino en el capítulo 15 (Concilio de Jerusalén).

La imagen que de él, nos ha transmitido la historia es la de un hombre impetuoso pero sincero en su proceder. La tradición afirma que murió crucificado cabeza abajo en Roma.

Pedro - Diccionario Pastoral

(o 'Cefas'=roca). Nombre dado por Jesús al apóstol Simón (Mateo 16:18) «Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella». Gv 1,42, pescador, hijo de Jonás (Mateo 16:17) «Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos». o Juan (Gv 1,42; 21,15); llamado por Jesús (Mateo 4:18) «Andando Jesús junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores». (Marcos 1:16-17); Gv 1,35-42; confesó su mesianismo y fue nombrado jefe de la Iglesia (Mateo 16:13-19); Gv 6,67-68; asistió a la transfiguración (Mateo 17:1) «Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto». (Marcos 9:2) «Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan, y los llevó aparte solos a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos». (Lucas 9:28) «Aconteció como ocho días después de estas palabras, que tomó a Pedro, a Juan y a Jacobo, y subió al monte a orar». a la curación de la hemorroísa (Lucas 8:45) «Entonces Jesús dijo: ¿Quién es el que me ha tocado? Y negando todos, dijo Pedro y los que con él estaban: Maestro, la multitud te aprieta y oprime, y dices: ¿Quién es el que me ha tocado?». a la resurrección de la hija de Jairo (Marcos 5:37) «Y no permitió que le siguiese nadie sino Pedro, Jacobo, y Juan hermano de Jacobo». (Lucas 8:51) «Entrando en la casa, no dejó entrar a nadie consigo, sino a Pedro, a Jacobo, a Juan, y al padre y a la madre de la niña».

Jesús curó a su suegra (Mateo 8:14-15), (Marcos 1:29-30), (Lucas 4:38-39), fue salvado de las aguas (Mateo 14:28-29), trató de apartar a Jesús de su misión (Mateo 16:22-23), (Marcos 8:32-33), Jesús lo interrogó sobre el tributo del templo (Mateo 17:24-25), lo invitó al perdón sin límites (Mateo 18:21) «Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?». le ofreció la recompensa por seguirle (Mateo 19:27) «Entonces respondiendo Pedro, le dijo: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido; ¿qué, pues, tendremos?». (Marcos 10:28) «Entonces Pedro comenzó a decirle: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido». (Lucas 18:28) «Entonces Pedro dijo: He aquí, nosotros hemos dejado nuestras posesiones y te hemos seguido». incapaz de velar junto a Jesús en el Getsemaní, intentó impedir su prendimiento (Gv 18,10-11), renegó de él (Mateo 26:33-75), (Marcos 14:29-72), (Lucas 22:8-61), Gv 18,15-27, descubrió el sepulcro vacío (Lucas 24:5) «y como tuvieron temor, y bajaron el rostro a tierra, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?». Gv 20,2-3, se le apareció el Resucitado (Lucas 24:34) «que decían: Ha resucitado el Señor verdaderamente, y ha aparecido a Simón». (1 Corintios 15:5) «y que apareció a Cefas, y después a los doce». y lo confirmó en su cargo (Gv 21,15- 19).

Sus discursos después de Pentecostés (Hechos 2:14-36); (Hechos 3:11-26); (Hechos 4:8-19); (Hechos 5:3-29); curó a un cojo en el templo (Hechos 3:1-10), a Eneas en Lida (Hechos 9:32-33), y resucitó a Tabita.

Fue el primero que bautizó a un pagano (Hechos 10); asiste al concilio de Jerusalén (Hechos 15:7) «Y después de mucha discusión, Pedro se levantó y les dijo: Varones hermanos, vosotros sabéis cómo ya hace algún tiempo que Dios escogió que los gentiles oyesen por mi boca la palabra del evangelio y creyesen». discusiones con Pablo (Gálatas 2:7-8). Murió en Roma en torno al 67/68 d.C.. Se le atribuyen dos cartas (1-2 Pedro).

Pedro - Diccionario Bíblico Adventista

Pedro (gr. Pétros, 'piedra' [traducción del aram. Kêfâ', 'Cefas', 'roca' o 'piedra']). Un apóstol, también llamado Simón,* hijo de Jonás (). En la KJV se lee 'Bar-jona' (gr. BariÇná [una transliteración del aram. Bar Yônâh, 'hijo de Jonás'; sin embargo, de acuerdo con el libro apócrifo Evangelio a los hebreos, se debería leer Bar Yôjânân, 'hijo de Juan', como dice la BJ en los cps 1:42 y 21:15-17]). En este caso, Barjonás sería un sobrenombre de Simón Pedro (). El nombre de Pedro aparece en 1er lugar en las 4 listas de los Doce en el NT (; ; ; ). Jesús dio a Simón su nuevo nombre, Pedro, cuando Andrés, su hermano, lo llevó ante Cristo ( 42); fue el 1er converso cristiano que resultó de lo que podríamos llamar el esfuerzo de un laico. Su fervor, valor, vigor y capacidad organizadora le ganaron un lugar de liderazgo entre los discípulos desde el principio. Era un hombre eminentemente de acción, y su rasgo de carácter más notable fue su entusiasta disposición. También tenía marcados extremos, con grandes virtudes y serios defectos. Generalmente era cálido, generoso, intrépido; pero a veces también egoísta, jactancioso, impulsivo y descuidado. En un momento de crisis podía ser débil, cobarde y vacilante, y nadie estaba seguro acerca de qué faceta de su carácter y personalidad predominaría. Pedro era natural de Betsaida* Julia (), en la orilla nororiental del Mar de Galilea, y pescador por oficio (). Estaba casado (; ) y vivía con su familia en Capernaum, donde Jesús en una ocasión restauró la salud de su suegra (, 14; -31; , 38, 39). Antes de su llamamiento junto al mar (-11) había seguido a Jesús en forma intermitente, volviendo a su casa de tanto en tanto para continuar en su ocupación habitual. Junto con Jacobo y Juan fue parte del círculo íntimo de los 3 que tuvieron el privilegio de acompañar a Jesús en ocasiones especiales, y en la lista de los 3 siempre está 1º. Las 3 veces en las cuales se les concedió este favor particular fueron: la resurrección de la hija de Jairo (), la transfiguración () y la pasión de Jesús en el Getsemaní (). A menudo Pedro actuó como el vocero de todos los discípulos (; 16:16; 26:35; etc.). En Cesarea de Filipo fue el 1º en confesar abiertamente que Jesús era el Cristo, el Hijo de Dios (), pero también fue el 1º en criticarlo (vs 22, 23). En la última Cena tuvo dudas de si debía permitir que Jesús le lavara los pies, pero cuando se dio cuenta de que ese acto era esencial para el discipulado, con entusiasmo pidió que le lavara no sólo los pies sino también las manos y la cabeza (, 9). La noche de la traición fue el más enfático en profesar lealtad al Salvador (), pero también el 1º en negar a su Maestro y confirmar su triple negación con un juramento (vs 69-74). Al darse cuenta, demasiado tarde, de lo que había hecho. 'saliendo fuera, lloró amargamente' (v 75). Luego de la resurrección, Pedro fue el 1º de los Doce a quien Cristo se le apareció (; ); y una mañana temprano, cuando Jesús se encontró con sus discípulos a orillas del Mar de Galilea. Pedro fue el 1º que nadó hacia la costa para saludar al Maestro (). En esa ocasión Jesús le dio a Pedro una triple oportunidad de confesar su fe y amor, y eliminar así cualquier duda en la mente de sus condiscípulos acerca de su lealtad (vs 15-17). Después predijo su muerte como mártir (vs 18, 19), y pocos momentos más tarde reprendió su curiosidad con respecto a la suerte de Juan (vs 21-24). En Pentecostés, plenamente convertido, Pedro predicó el gran sermón registrado en -36, un discurso inspirado que condujo a unas 3.000 personas a creer que Jesús era el Mesías (v 41). Junto con Juan, sanó al paralítico en la Puerta La Hermosa (3:1-11), y más tarde, rodeado por una multitud en el templo, testificó en forma elocuente acerca de la muerte, la resurrección y del poder de Cristo (vs 12-26). Fue arrestado por sanar al paralítico, y cuando fue llevado ante el Sanedrín para ser interrogado, osadamente testificó otra vez acerca de Jesús (4:1-12); al ordenársele no predicar más en el nombre del Señor, Pedro y Juan afirmaron: 'No podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído' (vs 19, 20). Desempeñó una parte importante en la recolección y distribución de regalos que hacían los cristianos más prósperos en favor de sus hermanos menos afortunados (5:1-11). Se lo 910 llegó a conocer como una persona a través de la cual operaba el poder divino para sanar a los enfermos (vs 15,16). Cuando otra vez Pedro y ciertos apóstoles fueron encarcelados (vs 17,18), un ángel del Señor los liberó y recibieron la orden de predicar y enseñar en el templo (vs 19, 20). Al hacerlo, fueron citados una vez más delante del sumo sacerdote (vs 21-27), donde se les recordó la prohibición anterior (v 28). Pedro respondió: 'Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres' (v 29), y sin temor testificó acerca de Cristo como Salvador de Israel (vs 30-32). Se habla nuevamente de Pedro cuando junto con Juan, fue enviado a Samaria para ayudar a Felipe en su ministerio pleno de éxito (). Allí reprendió severamente a Simón el Mago por proponer la compra del poder del Espíritu Santo (vs 18-24). Parece que allí se embarcó en un largo período de evangelización entre los samaritanos (v 25). Más tarde, en Lida, sano a Eneas, un paralítico (9:32-35). Llamado a Jope, resucitó a Dorcas de los muertos y se alojó en casa de Simón, un curtidor (vs 36-43). Mientras Pedro vivía allí, el Señor lo instruyó, mediante una visión, 'que a ningún hombre llame común o inmundo' (-17, 28). La llegada simultánea de mensajeros de parte de Cornelio lo llevó a comprender el sentido de la visión y a acompañar a los mensajeros a Cesarea, donde el centurión y su familia se convirtieron por su ministerio (vs 19-23, 29-48). Citado por sus hermanos de Jerusalén para explicar su asociación con gentiles, defendió sus actos señalando que estaban en armonía con el consejo y la conducción manifiesta del Espíritu Santo (11:1-18). Por ese tiempo, fue apresado una vez más, pero otra vez fue milagrosamente liberado por un ángel (12:1-11). Primero fue a la casa de Juan Marcos, donde la iglesia estaba orando por su libertad (vs 12-17), y luego dejó Jerusalén para quedarse por un tiempo en Cesarea (v 19). En el concilio de Jerusalén, llamado para resolver el problema presentado por la Iglesia de Antioquía acerca de si los gentiles debían observar los ritos de la ley judía, Pedro, luego de repasar su experiencia con Cornelio (15:6-9), concluyó: '¿Por qué tentáis a Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar?' (v 10). Cuando visitó Antioquía, en un exceso de prudencia, 'se retraía y se apartaba, porque tenía miedo de los de la circuncisión' (Gá. 2:11, 12), pero Pablo lo reprendió abiertamente por su inconsecuencia (vs. 13,14). Pedro trabajó principalmente para sus compatriotas judíos (2:7, 8), y Pablo se refiere a él como una de las 'columnas' de la iglesia de Jerusalén (v 9). Cuando éste visitó Jerusalén por primera vez después de su conversión, estuvo en la casa de Pedro unos 15 días (1:18). Algunos creen que Pedro visitó Corinto (véase ) y que trabajó extensamente en diversas partes del Asia Menor (). Glorificó a Dios con la muerte de un mártir (cf , 19); de acuerdo con la tradición, fue crucificado cabeza abajo, en Roma, c 67 d.C. Bib.: FJ-AJ xviii. 2.1. Pedro, Epístolas de. Dos cartas pertenecientes al apóstol Pedro. En los manuscritos griegos más antiguos se las conoce como Petróu A ('De Pedro I') y Petróu B ('De Pedro II'). Son conocidas como 'generales', o 'católicas' (universales), porque no fueron dirigidas a personas especificas o a una congregación particular sino al cuerpo de creyentes. Ambas son del tipo de las epístolas circulantes, y están dirigidas a los 'expatriados de la dispersión en el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia' (; cf ; 3:1). Que la 1ª epístola fue dirigida primariamente a cristianos de origen gentil resulta claro de pasajes como los de ; 2:9, 10; 3:6 y 4:3. Fue escrita en la ciudad de Roma (5:13, donde Babilonia sin duda es usada como un nombre oculto de Roma), lugar en que habría trabajado por un tiempo poco antes de su martirio, ocurrido más o menos al mismo tiempo en que Pablo sellaba su testimonio con su sangre; también refleja la actitud hostil del Imperio Romano hacia los cristianos (2:12; 4:12-16), lo que sugeriría la época de la persecución de Nerón, que comenzó el 64 d.C. La 2ª epístola también habría sido escrita en Roma. Las fechas de ambas se situarían entre el 64 y el 67 d.C. I. Primera epístola. A. Autor. Las antiguas tradiciones cristianas certifican unánimemente que Pedro fue el autor de la 1ª epístola. Sin embargo, la crítica moderna, sobre la supuesta base de que el griego de 1 P. es muy elegante para un hombre con los limitados antecedentes educativos del apóstol, de que la teología de la epístola se parece más a la de Pablo que a la de Pedro, de que casi no se mencionan incidentes de la vida de Cristo -como se podría esperar de alguien tan estrechamente vinculado con Cristo como él-, y de que no se sabe que estuviera asociado con las iglesias del Asia Menor, ha afirmado que el apóstol no pudo haber sido el autor de esta carta o de la 2ª. Primero, es muy posible que Silvano (), 911 que aparentemente servía a Pedro como escriba, fuera el responsable de la calidad del griego de las epístolas. Segundo, que el argumento de que la teología de la epístola no se parece a la de Pedro es cuestión de opinión, como también lo es el que no hablara más de su experiencia con Cristo. El último argumento, y el de que Pedro no estuvo en el Asia Menor, no es más que una suposición basada en el silencio. El autor se identifica como Pedro () y no hay razón válida para dudar de esta aseveración. Policarpo, uno de los discípulos de Juan, cita de su epístola, confirmando su existencia poco después del comienzo del s II d.C. Hacia el fin de ese siglo, Ireneo y otros la atribuyen a Pedro. B. Contenido. 1 P. es una epístola pastoral que tiene consejos sobre diversos temas. Específicamente, el apóstol quiere preparar a sus lectores para 'el fuego de prueba' (4:12) que está por delante de ellos, lo que ya se refleja en las dificultades del momento. Procura fortalecer su fe, los exhorta a tener una conducta intachable, a ser leales testigos de Cristo y a prepararse para encontrarse con el Señor. A la introducción (1:1-12) le sigue una exhortación a ser fieles en la vida cristiana (1:13-4:19): amonesta a sus lectores a vivir como es digno de la elevada vocación en Cristo Jesús (1:13-25), a avanzar en el conocimiento de Cristo y en la madurez cristiana (2:1-8), a vivir vidas ejemplares entre los gentiles (vs 9-18) y les aconseja a ser mansos en el sufrimiento (vs 19-25). Tiene un consejo especial para los siervos (v 18), los esposos y las esposas (3:1-7), los ancianos (5:1-4) y los miembros más jóvenes de la iglesia (vs 5-9). Estimula a los creyentes a tener unidad en la fe (3:8-13). El sufrir por Cristo es un elevado privilegio con una gran recompensa (vs 14-22). Apela a que los creyentes controlen los deseos de la carne (4:1-6), a ser sobrios y generosos en su vida (vs 7-11), firmes en la persecución (vs 12-19), y aconseja a los dirigentes de la iglesia y a los miembros a ser fieles (5:1-9). La conclusión (vs 10-14) consiste en una oración de despedida, una doxología y saludos personales (véase CBA 7:563, 564). II. Segunda epístola. A. Autor. Desde los primeros tiempos del cristianismo ha habido considerables diferencias de opinión acerca del autor de 2 P. El primer escritor que lo menciona específicamente, Orígenes, expresa dudas acerca de su autenticidad; Eusebio escribió que la epístola no había sido recibida como canónica, pero que muchos la consideraban útil y la estudiaban junto con las demás Escrituras. No parece haber alguna cita directa de 2 P. en los escritos cristianos más antiguos. B. Canonicidad. Tal vez ningún otro libro del NT ha sido declarado tan enfáticamente postapostólico -y por lo tanto espurio- por los eruditos modernos como 2 P. Señalan que su lenguaje y su estilo difieren marcadamente de los de 1 P. Notan que da un estatus especial a las epístolas existentes de Pablo, refiriéndose a ellas como 'Escrituras' (,16), poniéndolas al mismo nivel de inspiración y autoridad que el AT; y observan que es increíble que esas epístolas hubiesen sido coleccionadas y alcanzaran esa importancia durante la vida de Pedro, especialmente siendo que ambos apóstoles murieron más o menos al mismo tiempo. Sin embargo, la epístola afirma haber sido escrita por Simón Pedro, discípulo y apóstol de Jesucristo (1:1), y ser su 'segunda carta' (3:1). El autor también pretende haber estado con Cristo en el monte de la transfiguración (1:17,18), ocasión en que sólo Pedro, Jacobo y Juan lo acompañaron (). La diferencia de estilo con 1 P. se puede deber a que Pedro no tuvo la ayuda del amanuense que escribió su 1ª carta (). Es muy lógico suponer que Pedro, un palestino sin educación escolar, cuya lengua materna era el arameo, usara un secretario cuando escribía en griego, una lengua con la que no estaba muy familiarizado; aun Pablo, que se sentía bien con el griego, corrientemente usaba amanuenses. El argumento de que las epístolas de Pablo no pudieron haber sido reunidas y reconocidas como 'Escrituras' antes de la muerte de Pedro, es sólo una suposición. En vista de que el ministerio activo de Pablo abarcó un período de unos 20 años, que Pedro estaba en Roma cuando escribió su 1ª carta (), y que los 2 apóstoles sufrieron el martirio más o menos al mismo tiempo, no existen razones para que las epístolas de Pablo no alcanzaran el estatus reflejado en ,16. El activo y exitoso ministerio de Pablo y su pretensión explícita de haber recibido su evangelio por inspiración (Gá. 1:11,12) claramente constituyen un sólido fundamento para la afirmación de Pedro. En 1958 se anunció el descubrimiento de un papiro del s III d.C. con las epístolas generales de 1 P., 2 P. y Jud., que ahora está en la Biblioteca Bodmer, en Suiza. Este hallazgo es muy significativo, y un testimonio de la aceptación de esas epístolas, por lo menos de parte de algunos, en el s III. Fue publicado en 1959 y se lo conoce como Bodmer VII, VIII (P72). Acerca de ciertas similitudes entre 2 P. y Jud., véase Judas, Epístola de. 912 C. Contenido. 2 P. es una epístola pastoral en la que el autor exhorta a sus lectores a seguir creciendo en gracia y en conocimiento espiritual, para que el propósito del llamamiento y la elección de Dios se pueda cumplir. Después de la introducción (1:1-11), asevera que su propósito al escribir es afirmar a los creyentes en la verdad presente y confirmar el mensaje del evangelio sobre la base de su experiencia personal con Cristo y el cumplimiento de las profecías del AT sobre Cristo (vs 12-21). El cp 2 es una serie de severas advertencias contra los falsos maestros y sus engañosas herejías. La última sección de la carta (3:1-18) enfatiza la venida de Cristo y la preparación para su aparición. El gran día del Señor es seguro (vs 3-10), y esperando ese evento todos deberían vivir vidas piadosas (vs 11-18; véase CBA 7:611-613). Bib.: EC-HE vi.25; iii.3.

Síguenos en:

Anuncios


Anuncios