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Lucas 13 - Biblia Pablo Besson (Nuevo Testamento)

1 En este momento se presentaron a Jesús algunos, contándole de los galileos cuya sangre Pilato mezcló con los sacrificios de ellos.

2 Y respondiendo Jesús díjoles: ¿os parece que estos galileos eran más pecadores que todos los galileos, porque tales cosas han padecido,

3 os digo que no, mas si no os convirtiereis, todos pereceréis igualmente.

4 O aquellos diez y ocho sobre quienes cayó la torre en el Siloam y los mató, ¿os parece que eran más culpables que todos los hombres que habitan en Jerusalem?

5 Os digo que no, mas si no os convirtiereis, todos igualmente pereceréis.

6 Decía pues esta parábola: Un hombre tenía una higuera plantada en su viña y vino a buscar en ella fruto y no lo halló.

7 Dijo al viñero: He aquí tres años ha que vengo a buscar fruto en esta higuera y no lo hallo; córtala, ¿por qué inutiliza también la tierra?

8 El le respondió: Señor, déjala también este año, hasta que cave en derredor de ella y eche abono,

9 a ver si diere fruto, si no, en el porvenir la cortarás.

10 Estaba enseñando en una de las sinagogas en el sábado

11 y he aquí una mujer que tenía espíritu de enfermedad, durante diez y ocho años y estaba encorvada y sin poder enderezarse del todo.

12 Viéndola Jesús la llamó y díjole: Mujer, estás suelta de tu enfermedad.

13 Y puso las manos sobre ella, y al instante fué enderezada y glorificada a Dios.

14 Mas el jefe de la sinagoga, enojado de que en el sábado Jesús curó, decía a la gente: Seis días hay en que se debe obrar; en éstos pues venid y sed curados, y no en el día del sábado.

15 Respondióle el Señor y dijo: ¡Hipócritas! cada uno de vosotros en el sábado, ¿no desata del pesebre a su buey o a su asno y lo lleva a beber?

16 y ésta que es hija de Abraham a quien ató Satanás desde diez y ocho años, ¿no debía ser desatada de esta ligadura en el día del sábado?

17 Y como él decía estas cosas, eran avergonzados todos los que se le oponían, y toda la multitud se regocijaba de todas las cosas gloriosas hechas por él.

18 Decía pues: ¿A qué es semejante el reino de Dios y a qué lo compararé?

19 Semejante es a un grano de mostaza que tomó un hombre y sembró en su jardín y creció y se hizo árbol grande, y las aves del cielo se abrigaron en las ramas de él.

20 Y de nuevo dijo: ¿a qué compararé el reino de Dios?

21 Semejante es a la levadura que una mujer tomó y escondió en tres medidas de harina hasta que todo sea leudado.

22 Y pasaba Jesús por ciudades y aldeas enseñando, y prosiguiendo su camino hacia Jerusalem.

23 Díjole uno: Señor, ¿son pocos los salvados? El les dijo:

24 Esforzaos a entrar por la puerta estrecha, porque muchos, os digo, procurarán entrar y no podrán.

25 Después que fuese despertado el dueño de casa y cerrare la puerta, comenzaréis a estar fuera y a golpear a la puerta, diciendo: ¡Señor! ¡Señor! ábrenos, respondiendo él os dirá: No sé de dónde sois.

26 Entonces empezaréis a decir: Delante de ti comimos y bebimos y en nuestras plazas enseñaste.

27 Y él os dirá: No sé de dónde sois. Apartaos de mí, todos los obreros de la iniquidad.

28 Allí será el llorar y el rechinar de dientes, cuando viereis a Abraham y a Isaac y a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios; mas a vosotros echados fuera.

29 Y vendrán del oriente y del occidente, del norte y del sur y se pondrán a la mesa en el reino de Dios.

30 Y he aquí hay postreros que serán primeros y primeros que serán postreros.

31 En este día, se acercaron algunos fariseos, diciéndole: Sal y márchate de aquí, porque Herodes quiere matarte.

32 Y díjoles: Id y decid a este chacal: He aquí echo fuera demonios y efectúo curaciones hoy y mañana, y al tercer día soy acabado.

33 Sin embargo me es menester hoy y mañana y pasado mañana seguir mi camino, porque no conviene que un profeta sea muerto fuera de Jerusalem.

34 ¡Jerusalem! ¡Jerusalem! tú que matas a los profetas y apedreas a los que fueron enviados a ella, ¿cuántas veces quise juntar tus hijos a la manera que una gallina su pollada debajo de las alas y no quisisteis'

35 He aquí se os deja vuestra casa desierta. Os digo que no me veréis hasta que venga el tiempo que digáis: Bendecido el que viene en nombre del Señor (Sal. 118:26).

Nuevo Testamento de Pablo Besson

Copyright © Edición Conmemorativa 1981, Asociación Bautista Argentina de Publicaciones.

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