Aidé Mendoza estuvo muerta y mientras se encontraba en ese estado conoció a Dios quien le dio una segunda oportunidad de vida.

Aidé creció alejada del conocimiento de Dios, ella sabía que había un ser Supremo, más nunca se preocupo por acercarse a Él y conocerlo; su vida transcurría como la de una joven cualquiera que no tiene a Cristo, centrada en sí misma y en alcanzar sus metas.
La muerte de su hermano fue un hecho que endureció su corazón, y a partir de este momento, Aidé se cerró a toda posibilidad de acercarse Dios. No obstante, un acontecimiento sobrenatural cambiaría su vida y la de su familia por completo.
Un día inesperado Aidé comenzó a sentirse mal de la garganta, ese malestar fue empeorando hasta el punto de que ese mismo día falleció. Y estando muerta, tuvo un encuentro personal con Dios, quien le regresó a la vida.
Desde ese entonces la vida de Aidé tomó un rumbo diferente, ella y toda su familia creyeron en Dios desde ese mismo día.