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5.0★★★★★
(Del lat. traditio, -onis).
1. f. Transmisión de noticias, composiciones literarias, doctrinas, ritos, costumbres, etc., hecha de generación en generación.
2. f. Noticia de un hecho antiguo transmitida de este modo.
3. f. Doctrina, costumbre, etc., conservada en un pueblo por transmisión de padres a hijos.
4. f. Elaboración literaria, en prosa o verso, de un suceso transmitido por tradición oral.
5. f. Der. Entrega a alguien de algo. Tradición de una cosa vendida
6. f. Ecd. Conjunto de los textos, conservados o no, que a lo largo del tiempo han transmitido una determinada obra. La tradición del Libro de Buen Amor está formada por pocos manuscritos
Conjunto de conocimientos, doctrinas o costumbres que pasan de padres a hijos o que se convierten en modo invariable de pensar o actuar. La palabra griega pa·rá·do·sis significa literalmente “lo dado junto a”, de donde adquiere el sentido de “lo que se transmite oralmente o por escrito”. (1 Corintios 11:2) «porque así como la mujer procede del varón, también el varón nace de la mujer; pero todo procede de Dios». Int.) En las Escrituras Griegas Cristianas, la palabra se emplea tanto para tradiciones válidas o aceptables relacionadas con la adoración verdadera, como para tradiciones erróneas o cuya observancia se tenía por perjudicial y censurable.
Los judíos adoptaron muchas tradiciones a través de los siglos. Estas tenían que ver con cosas como el modo de vestir y de tratar asuntos sociales, como bodas y entierros. (Juan 2:1, 2); (Juan 19:40) «Tomaron, pues, el cuerpo de Jesús, y lo envolvieron en lienzos con especias aromáticas, según es costumbre sepultar entre los judíos». También hubo aspectos del culto judío del siglo I E.C. que se convirtieron en costumbre o tradición, como usar vino en la comida de la Pascua y celebrar la rededicación del templo. (Lucas 22:14-18); (Juan 10:22) «Celebrábase en Jerusalén la fiesta de la dedicación. Era invierno». Jesús y sus apóstoles no se opusieron a estas costumbres aunque sabían que la Ley no las exigía. Cuando la sinagoga se convirtió en un lugar común de adoración para los judíos, surgió la tradición de adorar allí todos los sábados. Lucas dice que Jesús también asistía, “según su costumbre”. (Lucas 4:16) «Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer».
Tradiciones desaprobadas. Sin embargo, los líderes religiosos judíos añadieron a la Palabra escrita muchas tradiciones verbales que consideraban indispensables para la adoración verdadera. Pablo (Saulo), como fariseo, siguió con extraordinario celo las tradiciones del judaísmo antes de su conversión al cristianismo. Por supuesto, entre esas tradiciones estaban tanto las no censurables como las reprobables. El seguir los “mandatos de hombres como doctrinas” le llevó a ser un perseguidor de cristianos. (Mateo 15:9) «Pues en vano me honran, Enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres». Por ejemplo, los fariseos ‘no comían a menos que se lavasen las manos hasta el codo, teniendo firmemente asida la tradición de los hombres de otros tiempos’. (Marcos 7:3) «Porque los fariseos y todos los judíos, aferrándose a la tradición de los ancianos, si muchas veces no se lavan las manos, no comen». Esos hombres no adoptaron dicha práctica por motivos de higiene, sino, más bien, como un ritual ceremonial que supuestamente tenía mérito religioso. (Véase LAVARSE LAS MANOS.) Cristo mostró que no había base para criticar a sus discípulos por no seguir ese y otros “mandatos de hombres” superfluos. (Mateo 15:1-2, 7-11); (Marcos 7:4-8), (Isaías 29:13) «Dice, pues, el Señor: Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado». Además, debido a su tradición concerniente al “corbán” (un don dedicado a Dios), los líderes religiosos habían invalidado la Palabra de Dios, y así traspasaron su mandato. (Éxodo 20:12) «Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da». (Éxodo 21:17) «Igualmente el que maldijere a su padre o a su madre, morirá». (Mateo 15:3-6); (Marcos 7:9-15); véase CORBÁN.
Ni Jesús ni sus discípulos citaron jamás la tradición oral judía para apoyar sus enseñanzas, sino que, por el contrario, se remitieron a la Palabra escrita de Dios. (Mateo 4:4-10). (Romanos 15:4) «Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza». (2 Timoteo 3:15-17). Después de la fundación de la congregación cristiana, regirse por las tradiciones judías no bíblicas equivalía a una “forma de conducta infructuosa” que los judíos habían ‘recibido por tradición de sus antepasados [gr. pa·tro·pa·ra·dó·tou, “transmitida de padres”]’. (1 Pedro 1:18) «sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata». Al hacerse cristianos, aquellos judíos abandonaron sus tradiciones. Cuando algunos falsos maestros de Colosas instaron a los cristianos a adoptar esa forma de adoración, Pablo desaprobó “la filosofía y el vano engaño según la tradición de los hombres”. Debía referirse especialmente, a las tradiciones del judaísmo. (Colosenses 2:8, 13-17).
Tradiciones cristianas. Vista la tradición como información transmitida oralmente o mediante ejemplo, la información que el apóstol Pablo recibió directamente de Jesús pudo transmitirse apropiadamente a las congregaciones cristianas como tradición cristiana aceptable. Ese fue el caso, por ejemplo, de la celebración de la Cena del Señor. (1 Corintios 11:2, 23). Las enseñanzas y el ejemplo que pusieron los apóstoles constituyeron una tradición válida. Por lo tanto, Pablo, que había trabajado arduamente con sus manos a fin de no ser una carga económica para sus hermanos (Hechos 18:3) «y como era del mismo oficio, se quedó con ellos, y trabajaban juntos, pues el oficio de ellos era hacer tiendas». (Hechos 20:34) «Antes vosotros sabéis que para lo que me ha sido necesario a mí y a los que están conmigo, estas manos me han servido». (1 Corintios 9:15) «Pero yo de nada de esto me he aprovechado, ni tampoco he escrito esto para que se haga así conmigo; porque prefiero morir, antes que nadie desvanezca esta mi gloria». (1 Tesalonicenses 2:9) «Porque os acordáis, hermanos, de nuestro trabajo y fatiga; cómo trabajando de noche y de día, para no ser gravosos a ninguno de vosotros, os predicamos el evangelio de Dios». podía instar a los cristianos tesalonicenses ‘a que se apartasen de todo hermano que anduviese desordenadamente y no según la tradición [pa·rá·do·sin]’ que habían recibido. Aquel que no quisiera trabajar no estaba siguiendo el excelente ejemplo o tradición de los apóstoles. (2 Tesalonicenses 3:6-11).
Las “tradiciones” necesarias para la adoración limpia e incontaminada con el tiempo se incluyeron en las Escrituras inspiradas. Por lo tanto, las tradiciones —o preceptos— que transmitieron Jesús y sus apóstoles, y que eran esenciales para la vida, no se dejaron en forma oral para que se distorsionasen con el paso del tiempo, sino que se registraron con exactitud en la Biblia para el beneficio de los cristianos que viviesen en períodos posteriores. (Juan 20:30, 31); (Apocalipsis 22:18) «Yo testifico a todo aquel que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro».
Este término se deriva del lat. tradere, que significa «trasmitir, pasar a», siempre con la idea de costumbres, doctrinas o pensamientos. No se utiliza en el AT, pero hay un término hebreo que fue utilizado en forma equivalente. Es masoret, que tiene la idea de «unión, vínculo», tal como aparece en (Ezequiel 20:37) «Os haré pasar bajo la vara, y os haré entrar en los vínculos del pacto». Entre los judíos, se entiende por t. a la disciplina que establece la forma correcta de interpretar y practicar la ley. Como la profecía cesó después de •Esdras o •Malaquías, los ancianos de Israel fueron estableciendo en sucesivas generaciones algunos comentarios y aclaraciones al texto bíblico que llegaron a adquirir una gran autoridad.
En el NT se usa frecuentemente la palabra paradosis, equivalente a t. Cuando nuestro Señor Jesucristo enseñaba en las sinagogas de su tiempo, tuvo que enfrentarse con la «t. de los ancianos», muchas de las cuales en realidad se apartaban de la verdad divina y sustituían la palabra de Dios con las opiniones de rabinos y sabios. Una de ellas, por ejemplo, se relacionaba con la actitud de eludir el mandamiento de honrar a los padres. La t. de los ancianos decía que si alguien consagraba a Dios sus recursos económicos, ya no tenía que compartirlos con sus progenitores porque pertenecían a Dios. (Marcos 7:6-7).
enseñanzas del Señor y sus apóstoles, por otra parte, fueron trasmitidas a los primeros creyentes como una nueva t. Así, Pablo escribe a los Corintios: (2 Tesalonicenses 2:15) «Así que, hermanos, estad firmes, y retened la doctrina que habéis aprendido, sea por palabra, o por carta nuestra».
Iglesia Católica enseña que esa t. continuó estableciéndose o elaborándose al mismo tiempo que se completaba el •canon del NT. Y que luego ha llegado hasta nosotros, junto con el texto neotestamentario, como regla de fe. Los protestantes rechazan ese concepto. Aceptando sólo como regla de fe y práctica lo expuesto por el texto del NT, sin atención alguna a cualquier tradición que entre en contradicción con él, pues no se debe enseñar «como doctrinas» lo que son sólo «mandamientos de hombres».
tip, DOCT ver, JUSTIFICACIÓN, LEY, OBRAS, SALVACIÓN vet, Gr. «paradosis», un «transmitir», ya sea oralmente, ya por escrito; una enseñanza transmitida de una a otra persona. Se usa en el NT en sentido positivo y negativo. En el negativo, es usado en la disputa entre el Señor y los fariseos acerca de «la tradición de los ancianos» (Mateo 15:1-9). (Marcos 7:1-13). La tradición oral judía parece haber sido de tres clases:
(a) Pretendidas leyes dadas por Moisés oralmente a los setenta ancianos, además de la Ley escrita, y que los fariseos consideraban tan vinculantes como ella;
(b) decisiones de jueces, que vinieron a sentar precedentes directores de futuras decisiones;
(c) interpretaciones de las Escrituras dadas por grandes rabinos, y que finalmente llegaron a ser consideradas con la misma reverencia que las Escrituras del AT. De la comparación de los pasajes de Mateo y Marcos es evidente que el Señor Jesús atacó la pretensión de revelación adicional (esto es, «de los ancianos»). Al añadir a la Palabra de Dios se habían hecho culpables:
(a) Habían dejado los mandamientos de Dios (Marcos 7:8) «Porque dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres: los lavamientos de los jarros y de los vasos de beber; y hacéis otras muchas cosas semejantes».
(b) habían desechado el mandamiento de Dios (Marcos 7:9) «Les decía también: Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición».
(c) habían quebrantado, o transgredido, el mandamiento de Dios (Mateo 15:3) «Respondiendo él, les dijo: ¿Por qué también vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición?».
(d) habían invalidado el mandamiento de Dios (Mateo 15:6) «ya no ha de honrar a su padre o a su madre. Así habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición». (Marcos 7:13) «Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella». Así, por la pretensión de una tradición oral suplementaria de la escrita, el mandamiento de Dios quedaba: (a) echado a un lado o ignorado;
(b) desatendido en sus demandas;
(c) manipulado y violado; por último,
(d) quedaba invalidado, vaciado de todo contenido, al ser sustituido por una norma humana.
Otra mención de tradición en sentido negativo es en (Colosenses 2:8) «Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo». En este pasaje hay exegetas que ven las enseñanzas judaicas de los falsos maestros. Aunque puede haber algo de verdad en ello, es evidente que aquí el término se usa con mayor amplitud que en lo que respecta a la tradición judía. El término «tradiciones de los hombres» parece referirse al origen meramente humano, en contraste con el divino, de las falsas enseñanzas de Colosas, que parecen haber tenido características gnósticas, una mezcla de filosofía griega mezclada con conceptos populares del judaísmo de entonces.El sentido positivo, se usa de la instrucción dada antes de que la revelación del NT hubiera finalizado (1 Corintios 11:2) «Os alabo, hermanos, porque en todo os acordáis de mí, y retenéis las instrucciones tal como os las entregué». trad. «instrucciones»; (2 Tesalonicenses 2:15) «Así que, hermanos, estad firmes, y retened la doctrina que habéis aprendido, sea por palabra, o por carta nuestra». «doctrina»; (2 Tesalonicenses 3:6) «Pero os ordenamos, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que os apartéis de todo hermano que ande desordenadamente, y no según la enseñanza que recibisteis de nosotros». «enseñanza». Aquí se refiere a la transmisión oral, al ministerio de enseñanza, mediante el cual transmitía el cuerpo de doctrina cristiana (2 Tesalonicenses 3:6). y las instrucciones concretas dadas a las iglesias de Corinto y de Tesalónica (2 Tesalonicenses 2:15) «Así que, hermanos, estad firmes, y retened la doctrina que habéis aprendido, sea por palabra, o por carta nuestra». (1 Corintios 11:2) «Os alabo, hermanos, porque en todo os acordáis de mí, y retenéis las instrucciones tal como os las entregué».
En todo caso, esta «tradición», esta enseñanza, es la dada por los apóstoles, y quedaría cristalizada en sus escritos. En las Escrituras no se contempla la transmisión oral de la revelación divina. La enseñanza, evidentemente, debe ser oral en muchos casos, pero debe sujetarse en todo a las Escrituras (1 Corintios 4:6) «Pero esto, hermanos, lo he presentado como ejemplo en mí y en Apolos por amor de vosotros, para que en nosotros aprendáis a no pensar más de lo que está escrito, no sea que por causa de uno, os envanezcáis unos contra otros». El apóstol Pablo, en su despedida, encomienda a los fieles, no a las jerarquías de la iglesia y a sus enseñanzas y tradiciones, sino «a Dios, y a la palabra de su gracia» (Hechos 20:28-32). Los apóstoles eran los depositarios y transmisores de la enseñanza divina, y este depósito que ellos dejaron, la palabra apostólica, es lo que la Iglesia tiene que conservar, proclamar y vivir (Lucas 1:2) «tal como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron con sus ojos, y fueron ministros de la palabra». (Hebreos 2:3-4). (2 Pedro 1:12-20). (2 Pedro 3:15-16). (1 Juan 1:1-4).
En amplios sectores de la cristiandad actual se da un intenso paralelo con la situación del judaísmo oficial de la época del Señor. Apelando a una «tradición» que es transmitida por su «magisterio», por ejemplo, la Iglesia de Roma mantiene doctrinas como las del culto a María, «mediadora de todas las gracias», invalidando la clara declaración de que «hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre» (1 Timoteo 2:5) «Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre». de la misa como repetición del sacrificio de Cristo en la cruz, por la cual Cristo es ofrecido, y los méritos de este sacrificio son aplicados «a los vivos y a los muertos», invalidando las claras declaraciones de las Escrituras acerca de la singularidad, irrepetibilidad y eficacia absoluta y eterna de la obra consumada de Cristo en la cruz (Hebreos 7:24-28). (Hebreos 9:11-12). (Hebreos 10:1-18). y muchas otras que no se pueden mencionar por falta de espacio (véanse JUSTIFICACIÓN, LEY, OBRAS, SALVACIÓN, etc.).
Bibliografía: Gonzaga, J.: «Concilios» (International Publications, Grand Rapids, 1965); Grau, J.: «El fundamento apostólico» (Ediciones Evangélicas Europeas, Barcelona, 1973); Edersheim, A.: «The Live and Time of Jesus the Messiah» (Wm. Eerdmans, Grand Rapids, reimpr. 1981); Lacueva, F.: «Catolicismo Romano» (Clíe, Terrassa, 1972); Stott, J. R. W.: «Las controversias de Jesús» (Certeza, Buenos Aires, 1975)
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(gr., paradosis, entrega, oral o por escrito). Este término no aparece en el AT hebreo En el NT se mencionan tres clases de tradiciones.
Primeramente, y la del uso más común, es la clase de tradición entregada por los padres o ancianos judíos, y que constituyó la ley oral que muchos judíos consideraban de igual autoridad que la ley revelada por Moisés. En verdad, los fariseos tendían a hacer a estas tradiciones de autoridad aun mayor que las Escrituras. Los fariseos se exasperaban con Cristo porque él ignoraba sus tradiciones y permitía que sus discípulos lo hicieran también (2 Tesalonicenses 3:6) «Pero os ordenamos, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que os apartéis de todo hermano que ande desordenadamente, y no según la enseñanza que recibisteis de nosotros».
(I) Vocabulario y concepto. La palabra t. evoca una noción religiosa antiquísima, según la cual se acepta un mensaje que es digno de fe y que la exige, el cual llega por audición, transmitido de palabra; el objeto de este mensaje es independiente de la persona que lo trae, la cual no obra más que en el nombre de la doctrina que anuncia.
(II) Origen de la idea de t. en el NT. Conocido era en el AT el uso de transmitir un patrimonio religioso por una serie de intermediarios. Los sacerdotes transmitían a los fieles, como un depósito sagrado, la tóráh (la «instrucción», palabra que se refiere a la doctrina y a la práctica: (1 Samuel 1:3) «Y todos los años aquel varón subía de su ciudad para adorar y para ofrecer sacrificios a Jehová de los ejércitos en Silo, donde estaban dos hijos de Elí, Ofni y Finees, sacerdotes de Jehová». (Jueces 17:7, 13), (Deuteronomio 17:18) «Y cuando se siente sobre el trono de su reino, entonces escribirá para sí en un libro una copia de esta ley, del original que está al cuidado de los sacerdotes levitas». (Deuteronomio 19:7-13), (Deuteronomio 31:9) «Y escribió Moisés esta ley, y la dio a los sacerdotes hijos de Leví, que llevaban el arca del pacto de Jehová, y a todos los ancianos de Israel». (Hageo 2:11-12), (Malaquías 1:2, 7).
(A) Existen también expresiones correlativas, como másar (transmitir) y qibbél (recoger), 'ámar (decir) y sáma' (oir), nátan (dar) y láqah (recibir). El maestro, el rabbí, es el «padre» que da; el oyente es el «hijo» que recibe.
(B) Aunque los autores modernos (O. Cullmann) niegan la influencia helenística en la noción judía de t., es curioso notar, sin embargo, que el vocabulario griego referente a esta t. supone una ideología auténticamente helenística. La palabra tiene indiscutiblemente en el ambiente judío el sentido de enseñanza misteriosa, sagrada.
(III) La tradición en el NT. (A) Los datos de los textos neotestamentarios.
(1) Los sinópticos aluden a la técnica de la t. de los rabinos cuando hablan de la «t. de los ancianos» (Marcos 7:5, 13), par. Jesús rechaza esta t., mencionada también por FLAV.
(2) San Pablo habla claramente en sus epístolas de la t. en el sentido rabínico de la palabra efectivamente, el Apóstol conocía los métodos judíos de enseñanza (Hechos 22:1-3), (Hechos 26:3-5).
(3) También en otros libros del NT encuéntranse detalles semejantes, que nos ayudan a determinar concretamente la noción de t. neotestamentaria.
(B) Junto a sus semejanzas con la técnica judía de la t. (cf. la necesidad de la audición: (Romanos 10:14) «¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?». (Mateo 26:13) «De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que ésta ha hecho, para memoria de ella». La paternidad espiritual: (1 Corintios 4:15) «Porque aunque tengáis diez mil ayos en Cristo, no tendréis muchos padres; pues en Cristo Jesús yo os engendré por medio del evangelio». Y. también, no hay por que dudarlo, con la piedad según los misterios griegos (1 Tesalonicenses 2:13) «Por lo cual también nosotros sin cesar damos gracias a Dios, de que cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes». La noción de t. cristiana presenta, sin embargo, características propias.
(1) En primer lugar, la t. tiene su origen, en último análisis, en Dios revelador. La serie de los que van transmitiendo el mensaje comienza en Dios (Romanos 1:1) «Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios». (Romanos 15:16) «para ser ministro de Jesucristo a los gentiles, ministrando el evangelio de Dios, para que los gentiles le sean ofrenda agradable, santificada por el Espíritu Santo». (2 Corintios 11:7) «¿Pequé yo humillándome a mí mismo, para que vosotros fueseis enaltecidos, por cuanto os he predicado el evangelio de Dios de balde?». (1 Tesalonicenses 2:2, 8), (1 Pedro 4:17) «Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si primero comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios?». Pasa por Cristo (Romanos 15:19) «con potencia de señales y prodigios, en el poder del Espíritu de Dios; de manera que desde Jerusalén, y por los alrededores hasta Ilírico, todo lo he llenado del evangelio de Cristo». (1 Corintios 9:12) «Si otros participan de este derecho sobre vosotros, ¿cuánto más nosotros? Pero no hemos usado de este derecho, sino que lo soportamos todo, por no poner ningún obstáculo al evangelio de Cristo». (2 Corintios 2:13) «no tuve reposo en mi espíritu, por no haber hallado a mi hermano Tito; así, despidiéndome de ellos, partí para Macedonia». (2 Corintios 9:13) «pues por la experiencia de esta ministración glorifican a Dios por la obediencia que profesáis al evangelio de Cristo, y por la liberalidad de vuestra contribución para ellos y para todos». (2 Corintios 10:14) «Porque no nos hemos extralimitado, como si no llegásemos hasta vosotros, pues fuimos los primeros en llegar hasta vosotros con el evangelio de Cristo». (Gálatas 1:7) «No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo». (Filipenses 1:27) «Solamente que os comportéis como es digno del evangelio de Cristo, para que o sea que vaya a veros, o que esté ausente, oiga de vosotros que estáis firmes en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del evangelio». (Hebreos 3:1) «Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, considerad al apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús». Llega a los «apóstoles» (Gálatas 1:18) «Después, pasados tres años, subí a Jerusalén para ver a Pedro, y permanecí con él quince días». (Gálatas 2:2) «Pero subí según una revelación, y para no correr o haber corrido en vano, expuse en privado a los que tenían cierta reputación el evangelio que predico entre los gentiles». p.ej., Pablo (Romanos 16:25) «Y al que puede confirmaros según mi evangelio y la predicación de Jesucristo, según la revelación del misterio que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos». Y por Pablo hasta los doctores establecidos por él.
(2) El papel atribuido a Cristo en la t. es extraordinariamente importante. En ambos casos no habla del origen de la t., sino de su cualidad: esta cualidad no es otra que la fuerza, el poder del Señor, que se ha hecho espíritu (1 Corintios 7:11) «y si se separa, quédese sin casar, o reconcíliese con su marido; y que el marido no abandone a su mujer». Y todo el valor de cualquiera t. tiene su origen en el hecho de que esa t. esta penetrada del espíritu de Cristo.
(gr., paradosis, entrega, oral o por escrito). Este término no aparece en el AT hebreo En el NT se mencionan tres clases de tradiciones.
Primeramente, y la del uso más común, es la clase de tradición entregada por los padres o ancianos judíos, y que constituyó la ley oral que muchos judíos consideraban de igual autoridad que la ley revelada por Moisés.
En verdad, los fariseos tendían a hacer a estas tradiciones de autoridad aun mayor que las Escrituras. Los fariseos se exasperaban con Cristo porque él ignoraba sus tradiciones y permitía que sus discípulos lo hicieran también (Mateo 15:2-6), (Marcos 7:1-13).
Pablo hace referencia a su celo anterior por las tradiciones de sus padres (Gálatas 1:14 ) «y en el judaísmo aventajaba a muchos de mis contemporáneos en mi nación, siendo mucho más celoso de las tradiciones de mis padres». Algunos eruditos sostienen que (Colosenses 2:8) «Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo». Se refiere a herejías judaicas, pero el énfasis parece ser sobre el origen humano y no necesariamente judío de estas enseñanzas y, así, una segunda clase de tradición. La tercera clase de tradición es la de las verdades del evangelio que Pablo enseñó (1 Corintios 11:2) «Os alabo, hermanos, porque en todo os acordáis de mí, y retenéis las instrucciones tal como os las entregué». (2 Timoteo 2:15) «Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad». (2 Timoteo 3:6) «Porque de éstos son los que se meten en las casas y llevan cautivas a las mujercillas cargadas de pecados, arrastradas por diversas concupiscencias».
1. Costumbre social que se transmite de generacion en generación por medio del proceso de socialización. Las t representan las creencias, valores y modos de pensar en un grupo social. Los usos, las costumbres y los mitos son ejemplos de tradicion . La t da al cristianismo su continuidad, pero su autoridad es siempre secundaria a la Biblia.
2. En la ICR se asigna a la tradicion igual autoridad que a la Biblia. En este caso, está constituida por los escritos de los Padres, los decretos de los concilios, y los pronunciamientos papales. Se concibe a la t como la suma de las verdades reveladas que pertenecen a la fe y la moral, no consignada en las Escrituras, pero transmitida por Dios por medio de la palabra oral a la iglesia. En un sentido teológico estricto, para los católicos romanos la tradicion es una fuente de revelación. Este complejo de verdades, se afirma, ha venido de parte de Dios a través de las palabras de Cristo o de los apóstoles inspirados por el Espíritu Santo. Su contenido es toda esa verdad revelada que no ha sido registrada en la Biblia. Como cuerpo de enseñanza infalible, la ICR define, a través del Papa, los concilios generales y en su doctrina universal ordinaria cuáles son las verdades que están contenidas en la t .
Tradición (gr. parádosis, literal y bíblicamente '[instrucción] transmitida', es decir, de una persona a otra, o de una generación a la siguiente; 'tradición'). En los Evangelios es la interpretación oral acumulada del AT, particularmente de la ley de Moisés, dada por los escribas. Se la llamaba ley oral (Torah she baal peh) en los círculos fariseos y en la literatura rabínica. Cuando se trataba de la transmisión, la palabra que se empleaba era qabalâh, el equivalente de parádosis, pero este término también se aplicaba a ciertos materiales escritos, especialmente a la hagiógrafa (escritura sagrada). Los fariseos y los rabinos que sucedieron a los escribas consideraban que la ley oral era de origen divino, en pie de igualdad con la ley escrita y, por lo tanto, tenía la misma autoridad. Ya fuera escrito u oral, todo lo legal recibía el nombre de Halaká, en contraste con Haggadá, 'erudición', 'doctrina', que incluía todo lo que no era legal (como ser metafísica, teología, historia, leyendas y parábolas). Más tarde, el conjunto de la tradición oral se puso por escrito y se lo preservó en la Mishná y en el Talmud (véase CBA 5: 97-101). La consideración que le tenían los fariseos a la ley oral no era compartida por otras sectas judías: los saduceos, los esenios y más tarde los cristianos. Los fariseos se referían a estas enseñanzas como 'la tradición de los ancianos' (), y Jesús la llamó 'vuestra tradición' (vs 3, 6) o 'tradición de los hombres', en el sentido de que era de origen humano y no divino (). Aunque aconsejó que se respetara la tradición oral por ser la continuación de las enseñanzas de Moisés (, 3), una y otra vez nuestro Señor declaró que la gran masa de interpretaciones humanas era inútil, porque su efecto consistía en frustrar o a lo menos oscurecer 'el mandamiento de Dios' (cf -9). El error fundamental de 'la tradición de los ancianos' era que enceguecía a los hombres respecto a la necesidad de una religión que surgiera del corazón, y hacía de la observancia de ciertas formas externas el instrumento esencial para la salvación y la aceptación por parte de Dios. En las epístolas se usa la palabra 'tradición' (parádosis; cf Gá. 1:14) también para referirse a las enseñanzas de Pablo, aunque la RVR traduce el término por 'instrucciones', 'doctrina' y 'enseñanza' (; ; 3:6). Trampa. Véase Lazo.