Dios nos ha dado tantas bendiciones, que cada día tenemos mucho que agradecer. Dios es bueno y nos llena de sus bendiciones cada día, en Dios vemos y gozamos de esos privilegios como: tener un techo, tener salud, gozar de una familia, tener un empleo, son tantas cosas donde vemos la bendición de Dios, que siempre habrá un motivo de gratitud a Dios, a veces nos enfocamos más en nuestros problemas o en las cosas que no tenemos en lugar de expresar nuestro gozo y gratitud a Dios por todo lo bueno que hay en nuestras vidas. ¡Nuestro Dios es el dador de todo lo bueno! Comienza a crear el hábito de darle las gracias cada día por todas sus bondades. Así que nosotros, que estamos recibiendo un reino inconmovible, seamos agradecidos. Inspirados por esta gratitud, adoremos a Dios como a él le agrada, con temor reverente. (Hebreos 12:28) Aquí encontrarás muchos más versículos de gratitud a Dios.
Den gracias a Dios por todo, porque esto es lo que él quiere de ustedes como creyentes en Cristo Jesús.
Vengan a las puertas y a los atrios de su templo con himnos de alabanza y gratitud. ¡Denle gracias, bendigan su nombre!
Y todo lo que hagan o digan, háganlo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios el Padre por medio de él.
Den siempre gracias a Dios el Padre por todas las cosas, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.
No se aflijan por nada, sino preséntenselo todo a Dios en oración; pídanle, y denle gracias también.
1 (2) Altísimo Señor, ¡qué bueno es darte gracias y cantar himnos en tu honor! 10 (11) Tú aumentas mis fuerzas como las fuerzas de un toro, y viertes perfume sobre mi cabeza. 11 (12) He de ver cómo caen mis enemigos; ¡he de oír las quejas de esos malvados! 12 (13) Los buenos florecen como las palmas y crecen como los cedros del Líbano. 13 (14) Están plantados en el templo del Señor; florecen en los atrios de nuestro Dios. 14 (15) Aun en su vejez, darán fruto; siempre estarán fuertes y lozanos, 15 (16) y anunciarán que el Señor, mi protector, es recto y no hay en él injusticia. 2 (3) Anunciar por la mañana y por la noche tu gran amor y fidelidad,
Entremos a su presencia con gratitud, y cantemos himnos en su honor. Porque el Señor es Dios grande, el gran Rey de todos los dioses.
¡Gracias a Dios, porque nos ha hecho un regalo tan grande que no tenemos palabras para expresarlo!
y entonces dirán: «Den gracias e invoquen al Señor, cuenten a las naciones las cosas que ha hecho, recuérdenles que él está por encima de todo. Canten al Señor, porque ha hecho algo grandioso que debe conocerse en toda la tierra.
Por eso debemos alabar siempre a Dios por medio de Jesucristo. Esta alabanza es el sacrificio que debemos ofrecer. ¡Alabémoslo, pues, con nuestros labios!
El Señor es mi poderoso protector; en él confié plenamente, y él me ayudó. Mi corazón está alegre; cantaré y daré gracias al Señor.
12 (13) Por eso, Señor y Dios, no puedo quedarme en silencio: ¡te cantaré himnos de alabanza y siempre te daré gracias!
Siempre doy gracias a mi Dios por ustedes, por la gracia que Dios ha derramado sobre ustedes por medio de Cristo Jesús.
Hermanos, siempre tenemos que dar gracias a Dios por ustedes, como es justo que hagamos, porque la fe de ustedes está creciendo y el amor que cada uno tiene por los otros es cada vez mayor.
Y que la paz de Cristo reine en sus corazones, porque con este propósito los llamó Dios a formar un solo cuerpo. Y sean agradecidos.
Pues todo lo que Dios ha creado es bueno; y nada debe ser rechazado si lo aceptamos dando gracias a Dios, porque la palabra de Dios y la oración lo hacen puro.
Den gracias al Dios de dioses, porque su amor es eterno. y a Og, el rey de Basán, porque su amor es eterno. Al que repartió la tierra de esos reyes, porque su amor es eterno, y la dio como herencia a su siervo Israel, porque su amor es eterno. Al que nos recuerda cuando estamos abatidos, porque su amor es eterno. Al que nos libra de nuestros enemigos, porque su amor es eterno. Al que da de comer a hombres y animales, porque su amor es eterno. ¡Den gracias al Dios del cielo, porque su amor es eterno! Den gracias al Señor de señores, porque su amor es eterno.
En primer lugar, por medio de Jesucristo doy gracias a mi Dios por cada uno de ustedes, porque en todas partes se habla de su fe.
darán gracias al Padre, que los ha capacitado a ustedes para recibir en la luz la parte de la herencia que él dará al pueblo santo.
Uno de ellos, al verse limpio, regresó alabando a Dios a grandes voces, y se arrodilló delante de Jesús, inclinándose hasta el suelo para darle las gracias. Este hombre era de Samaria.
A ti, Dios de mis padres, te doy gracias y te alabo, porque me has hecho sabio y fuerte; y ahora me has hecho saber lo que te pedimos: nos has dado a conocer lo que preocupaba al rey.»
1 (1b) ¡Canten al Señor con alegría, habitantes de toda la tierra! Con alegría adoren al Señor; ¡con gritos de alegría vengan a su presencia! Reconozcan que el Señor es Dios; él nos hizo y somos suyos; ¡somos pueblo suyo y ovejas de su prado! Vengan a las puertas y a los atrios de su templo con himnos de alabanza y gratitud. ¡Denle gracias, bendigan su nombre! Porque el Señor es bueno; su amor es eterno y su fidelidad no tiene fin.
Siempre damos gracias a Dios por todos ustedes, y los recordamos en nuestras oraciones.
1 (1b) Te daré gracias, Señor, de todo corazón; te cantaré himnos delante de los dioses. Me arrodillaré en dirección a tu santo templo para darte gracias por tu amor y tu verdad, pues has puesto tu nombre y tu palabra por encima de todas las cosas.
1 (2) Señor, siempre diré en mi canto que tú eres bondadoso; constantemente contaré que tú eres fiel. 10 (11) aplastaste al monstruo marino como si fuera un cadáver; dispersaste a tus enemigos con la fuerza de tu brazo. 11 (12) El cielo y la tierra son tuyos; tú formaste el mundo y todo lo que hay en él. 12 (13) Tú creaste el norte y el sur; los montes Tabor y Hermón cantan alegres a tu nombre. 13 (14) Tu brazo es poderoso; tu mano derecha es fuerte y victoriosa. 14 (15) Tu trono está afirmado en la justicia y el derecho; el amor y la fidelidad salen a tu encuentro. 15 (16) Oh Señor, feliz el pueblo que sabe alabarte con alegría y camina alumbrado por tu luz, 16 (17) que en tu nombre se alegra todo el tiempo y se entusiasma por tu rectitud. 17 (18) En verdad, tú eres su fuerza y hermosura; nuestro poder aumenta por tu buena voluntad. 18 (19) ¡Nuestro escudo es el Señor! ¡Nuestro Rey es el Santo de Israel! 19 (20) En otro tiempo hablaste en una visión, y dijiste a tus siervos fieles: «He escogido a un valiente de mi pueblo, lo he puesto en alto y lo he ayudado. 2 (3) Proclamaré que tu amor es eterno; que tu fidelidad es invariable, invariable como el mismo cielo.
También dejó con ellos a Hemán, a Jedutún y al resto de los que fueron escogidos y designados por nombre para cantar: «Den gracias al Señor, porque su amor es eterno.»
Todo esto ha sucedido para bien de ustedes, para que, recibiendo muchos la gracia de Dios, muchos sean también los que le den gracias, para la gloria de Dios.
Pero gracias a Dios que ustedes, que antes eran esclavos del pecado, ya han obedecido de corazón a la forma de enseñanza que han recibido.
Al único que hace grandes maravillas, porque su amor es eterno. Al que hizo los cielos con sabiduría, porque su amor es eterno. Al que extendió la tierra sobre las aguas, porque su amor es eterno. Al que hizo el sol y la luna, porque su amor es eterno: el sol, para alumbrar de día, porque su amor es eterno; la luna y las estrellas, para alumbrar de noche, porque su amor es eterno.
Y Ana oró de esta manera: «Señor, yo me alegro en ti de corazón porque tú me das nuevas fuerzas. Puedo hablar contra mis enemigos porque tú me has ayudado. ¡Estoy alegre!
17 (18) Alabaré al Señor porque él es justo; cantaré himnos al nombre del Señor, al nombre del Altísimo.
Gracias a Dios que siempre nos lleva en el desfile victorioso de Cristo y que por medio de nosotros da a conocer su mensaje, el cual se esparce por todas partes como un aroma agradable.
19 (20) ¡Qué grande es tu bondad para aquellos que te honran! La guardas como un tesoro y, a la vista de los hombres, la repartes a quienes confían en ti.
5 (6) Señor y Dios mío, muchas son las maravillas que tú has hecho y las consideraciones que nos tienes. ¡Nada es comparable a ti! Quisiera anunciarlas, hablar de ellas, pero son más de las que puedo contar.
El que guarda cierto día, para honrar al Señor lo guarda. Y el que come de todo, para honrar al Señor lo come, y da gracias a Dios; y el que no come ciertas cosas, para honrar al Señor deja de comerlas, y también da gracias a Dios.
Al que hirió al primer hijo de toda familia egipcia, porque su amor es eterno. Al que sacó de Egipto a los israelitas, porque su amor es eterno; extendiendo su brazo con gran poder, porque su amor es eterno. Al que partió en dos el Mar Rojo, porque su amor es eterno. Al que hizo pasar a Israel por en medio del mar, porque su amor es eterno. Al que hundió en el Mar Rojo al Faraón y su ejército, porque su amor es eterno.
Den gracias al Señor por su amor, ¡por lo que hace en favor de los hombres! Pues él apaga la sed del sediento y da abundante comida al hambriento.
Tú fuiste quien formó todo mi cuerpo; tú me formaste en el vientre de mi madre. Te alabo porque estoy maravillado, porque es maravilloso lo que has hecho. ¡De ello estoy bien convencido!
¡Pero gracias a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo!
Doy gracias a aquel que me ha dado fuerzas, a Cristo Jesús nuestro Señor, porque me ha considerado fiel y me ha puesto a su servicio,
Entonces David bendijo al Señor en presencia de toda la asamblea, diciendo: «¡Bendito seas para siempre, Señor, Dios de nuestro padre Israel! ¡Tuyos son, Señor, la grandeza, el poder, la gloria, el dominio y la majestad! Porque todo lo que hay en el cielo y en la tierra es tuyo. Tuyo es también el reino, pues tú, Señor, eres superior a todos. De ti vienen las riquezas y la honra. Tú lo gobiernas todo. La fuerza y el poder están en tu mano, y en tu mano está también el dar grandeza y poder a todos. Por eso, Dios nuestro, te damos ahora gracias y alabamos tu glorioso nombre;
El reino que Dios nos da, no puede ser movido. Demos gracias por esto, y adoremos a Dios con la devoción y reverencia que le agradan.
2 (3) Oh Altísimo, por ti quiero gritar lleno de alegría; ¡quiero cantar himnos a tu nombre!
Entonces todos unidos se pusieron a tocar las trompetas y a cantar a una voz para alabar y dar gracias al Señor, haciendo sonar las trompetas, los platillos y los otros instrumentos musicales mientras se cantaba: «Alaben al Señor, porque él es bueno, porque su amor es eterno.» En aquel momento, el templo del Señor se llenó de una nube,
Canten al Señor una canción nueva; canten al Señor, habitantes de toda la tierra; Digan a las naciones: «¡El Señor es Rey!» Él afirmó el mundo, para que no se mueva; él gobierna a los pueblos con igualdad. ¡Que se alegren los cielos y la tierra! ¡Que brame el mar y todo lo que contiene! ¡Que se alegre el campo y todo lo que hay en él! ¡Que griten de alegría los árboles del bosque, delante del Señor, que viene! ¡Sí, él viene a gobernar la tierra, y gobernará a los pueblos del mundo con justicia y con verdad! canten al Señor, bendigan su nombre; anuncien día tras día su salvación. Hablen de su gloria y de sus maravillas ante todos los pueblos y naciones,
1 (2) Te damos gracias, oh Dios, te damos gracias; invocamos tu nombre y cantamos tus maravillas.
Díganle: ¡Sálvanos, oh Dios, salvador nuestro! ¡Recógenos y líbranos de entre las naciones para que alabemos tu santo nombre, para que alegres te alabemos!
Unos cantaban alabanzas, y otros respondían: «Den gracias al Señor, porque él es bueno, porque su amor por Israel es eterno.» Y todo el pueblo gritaba de alegría y alababa al Señor, porque ya se había comenzado a reconstruir el templo del Señor.
10 (11) Y cuando Daniel supo que el decreto había sido firmado, se fue a su casa, abrió las ventanas de su dormitorio, el cual estaba orientado hacia Jerusalén, y se arrodilló para orar y alabar a Dios. Esto lo hacía tres veces al día, tal como siempre lo había hecho.
Por eso, habiendo recibido a Jesucristo como su Señor, deben comportarse como quienes pertenecen a Cristo, con profundas raíces en él, firmemente basados en él por la fe, como se les enseñó, y dando siempre gracias a Dios.
¡Nadie es santo como tú, Señor! ¡Nadie protege como tú, Dios nuestro! ¡Nadie hay fuera de ti!
En todo caso, lo mismo si comen, que si beben, que si hacen cualquier otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios.
No se olviden ustedes de hacer el bien y de compartir con otros lo que tienen; porque estos son los sacrificios que agradan a Dios.
Al que llevó a su pueblo por el desierto, porque su amor es eterno. Al que hirió de muerte a grandes reyes, porque su amor es eterno. Al que a reyes poderosos quitó la vida, porque su amor es eterno: a Sihón, el rey amorreo, porque su amor es eterno; Den gracias al Dios de dioses, porque su amor es eterno. y a Og, el rey de Basán, porque su amor es eterno.
Todos los reyes del mundo te alabarán al escuchar tus promesas. Alabarán al Señor por lo que él ha dispuesto, porque grande es la gloria del Señor.
Pero nosotros siempre tenemos que dar gracias a Dios por ustedes, hermanos amados por el Señor, porque Dios los escogió para que fueran los primeros en alcanzar la salvación por medio del Espíritu que los hace santos y de la verdad en que han creído.
Te doy gracias y alabo tu grandeza, porque tú eres mi Dios. Den gracias al Señor, porque él es bueno, porque su amor es eterno.
8 (9) aun los que habitan en lejanas tierras tiemblan ante tus maravillas; por ti hay gritos de alegría del oriente al occidente.
A continuación dijo David a toda la asamblea: «Ahora alaben al Señor su Dios.» Entonces la asamblea en pleno alabó al Señor, Dios de sus antepasados, y de rodillas se inclinaron ante el Señor y ante el rey.
Mientras yo exista y tenga vida, cantaré himnos al Señor mi Dios. Quiera el Señor agradarse de mis pensamientos, pues solo en él encuentro mi alegría.
De ellos saldrán cantos de gratitud y risas de alegría. No disminuirán, pues yo haré que aumenten. No los despreciarán, porque yo los honraré.
4 (5) toda mi vida te bendeciré, y a ti levantaré mis manos en oración. 5 (6) Quedaré muy satisfecho, como el que disfruta de un banquete delicioso, y mis labios te alabarán con alegría.
Pero ustedes son una familia escogida, un sacerdocio al servicio del rey, una nación santa, un pueblo adquirido por Dios. Y esto es así para que anuncien las obras maravillosas de Dios, el cual los llamó a salir de la oscuridad para entrar en su luz maravillosa.
Al que repartió la tierra de esos reyes, porque su amor es eterno, y la dio como herencia a su siervo Israel, porque su amor es eterno. Al que nos recuerda cuando estamos abatidos, porque su amor es eterno. Al que nos libra de nuestros enemigos, porque su amor es eterno. Al que da de comer a hombres y animales, porque su amor es eterno. ¡Den gracias al Dios del cielo, porque su amor es eterno!
Quitaron la piedra, y Jesús, mirando al cielo, dijo: —Padre, te doy gracias porque me has escuchado.
Háblense unos a otros con salmos, himnos y cantos espirituales, y canten y alaben de todo corazón al Señor. Traten a todos con amor, de la misma manera que Cristo nos amó y se entregó por nosotros, como ofrenda y sacrificio de olor agradable a Dios. Den siempre gracias a Dios el Padre por todas las cosas, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.
¡Aleluya! Alaben el nombre del Señor; alábenlo ustedes, siervos suyos, Hirió de muerte a muchas naciones, quitó la vida a reyes poderosos: a Sihón, el rey amorreo, a Og, el rey de Basán, y a todos los reyes de Canaán; y las tierras de esos reyes se las dio como herencia a su pueblo Israel. Señor, tu nombre es eterno; por siempre serás recordado. El Señor hace justicia a su pueblo; tiene compasión de sus siervos. Los ídolos de los paganos son oro y plata, objetos que el hombre fabrica con sus manos. Tienen boca, pero no pueden hablar; tienen ojos, pero no pueden ver; tienen orejas, pero no pueden oír; ¡ni siquiera tienen vida! Iguales a esos ídolos son quienes los fabrican y quienes en ellos creen. Israelitas, bendigan al Señor; sacerdotes, bendigan al Señor; que están en el templo del Señor, en los atrios del templo del Dios nuestro. levitas, bendigan al Señor; ustedes que honran al Señor, bendíganlo. ¡Bendito sea en Sión el Señor, el que vive en Jerusalén! ¡Aleluya! Alaben al Señor, porque él es bueno; canten himnos a su nombre, porque él es bondadoso.
Yo, por mi parte, cantaré himnos y alabaré tu lealtad al son del arpa y del salterio, Dios mío, Santo de Israel.
si ustedes nos ayudan orando por nosotros. Si muchos oran por nosotros, muchos también darán gracias a Dios por las bendiciones que de él recibimos.
Que el mensaje de Cristo permanezca siempre en ustedes con todas sus riquezas. Instrúyanse y amonéstense unos a otros con toda sabiduría. Con corazón agradecido canten a Dios salmos, himnos y cantos espirituales.
19 (20) ¡Bendito sea el Señor, nuestro Dios y Salvador, que día tras día lleva nuestras cargas!
Señor, tú eres mi Dios; yo te alabo y bendigo tu nombre, porque has realizado tus planes admirables, fieles y seguros desde tiempos antiguos.
¡Bendito sea el Señor, que ha escuchado mis ruegos! El Señor es mi poderoso protector; en él confié plenamente, y él me ayudó. Mi corazón está alegre; cantaré y daré gracias al Señor.
Y después de consultar con el pueblo, nombró algunos cantores para que, vestidos con ropas sagradas y marchando al frente de las tropas, alabaran al Señor con el himno: «Den gracias al Señor, porque su amor es eterno.»
1 (1b) Canten a Dios con alegría, habitantes de toda la tierra; Dios nuestro, tú nos has puesto a prueba, ¡nos has purificado como a la plata! Nos has hecho caer en la red; nos cargaste con un gran peso. Dejaste que un cualquiera nos pisoteara; hemos pasado a través de agua y fuego, pero al fin nos has dado respiro. Entraré en tu templo y te ofreceré holocaustos; así cumpliré mis promesas, las promesas que te hice cuando me hallaba en peligro. Te presentaré holocaustos de animales engordados; te ofreceré toros y machos cabríos, y sacrificios de carneros. ¡Vengan todos ustedes, los que tienen temor de Dios! ¡Escuchen, que voy a contarles lo que ha hecho por mí! Con mis labios y mi lengua lo llamé y lo alabé. Si yo tuviera malos pensamientos, el Señor no me habría escuchado; ¡pero él me escuchó y atendió mis oraciones! canten himnos a su glorioso nombre; cántenle gloriosas alabanzas.
¡Naciones, bendigan a nuestro Dios!, ¡hagan resonar himnos de alabanza! Porque nos ha mantenido con vida; no nos ha dejado caer.
pues Dios, según su bondadosa determinación, es quien hace nacer en ustedes los buenos deseos y quien los ayuda a llevarlos a cabo.
En las casas de los hombres fieles hay alegres cantos victoriosos: «¡El poder del Señor alcanzó la victoria!
¡Tuyos son, Señor, la grandeza, el poder, la gloria, el dominio y la majestad! Porque todo lo que hay en el cielo y en la tierra es tuyo. Tuyo es también el reino, pues tú, Señor, eres superior a todos.
4 (5) Oh Señor, ¡tú me has hecho feliz con tus acciones! ¡Tus obras me llenan de alegría! 5 (6) Oh Señor, ¡qué grandes son tus obras!, ¡qué profundos tus pensamientos!
Así tendrán ustedes toda clase de riquezas y podrán dar generosamente. Y la colecta que ustedes envíen por medio de nosotros, será motivo de que los hermanos den gracias a Dios.
tan inmenso es su amor por los que lo honran como inmenso es el cielo sobre la tierra. Nuestros pecados ha alejado de nosotros, como ha alejado del oriente el occidente.
«Tú eres digno, Señor y Dios nuestro, de recibir la gloria, el honor y el poder, porque tú has creado todas las cosas; por tu voluntad existen y han sido creadas.»
Después Ezequías repartió a los sacerdotes y levitas por turnos, para que unos y otros, cada uno según su propio oficio, ofrecieran holocaustos y sacrificios de reconciliación, dieran gracias y alabaran al Señor, y sirvieran en las puertas del templo.
¡Aleluya! ¡Alaben al Señor desde el cielo! ¡Alaben al Señor desde lo alto! ¡Los animales domésticos y los salvajes! ¡Las aves y los reptiles! ¡Los reyes del mundo y todos los pueblos! ¡Todos los jefes y gobernantes del mundo! ¡Hombres y mujeres, jóvenes y viejos! ¡Alaben todos el nombre del Señor, pues solo su nombre es altísimo! ¡Su honor está por encima del cielo y de la tierra! ¡Él ha dado poder a su pueblo! ¡Alabanza de todos sus fieles, de los israelitas, su pueblo cercano! ¡Aleluya! ¡Alábenlo ustedes, todos sus ángeles! ¡Alábenlo ustedes, ejércitos del cielo! ¡Alábenlo, sol y luna! ¡Alábenlo ustedes, brillantes luceros! ¡Alábalo tú, altísimo cielo, y tú, agua que estás encima del cielo! Alaben el nombre del Señor, pues él dio una orden y todo fue creado;
Estoy seguro de que Dios, que comenzó a hacer su buena obra en ustedes, la irá llevando a buen fin hasta el día en que Jesucristo regrese.
Sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, a los cuales él ha llamado de acuerdo con su propósito.
En aquel momento, Jesús, lleno de alegría por el Espíritu Santo, dijo: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has mostrado a los sencillos las cosas que escondiste de los sabios y entendidos. Sí, Padre, porque así lo has querido.
En mi angustia llamé al Señor; él me escuchó y me dio libertad. El Señor está conmigo; no tengo miedo. ¿Qué me puede hacer el hombre?
Al que hizo el sol y la luna, porque su amor es eterno: el sol, para alumbrar de día, porque su amor es eterno; la luna y las estrellas, para alumbrar de noche, porque su amor es eterno.
Y ahora, gloria sea a Dios, que puede hacer muchísimo más de lo que nosotros pedimos o pensamos, gracias a su poder que actúa en nosotros. ¡Gloria a Dios en la iglesia y en Cristo Jesús, por todos los siglos y para siempre! Amén.
pero si confesamos nuestros pecados, podemos confiar en que Dios, que es justo, nos perdonará nuestros pecados y nos limpiará de toda maldad.
Alabado sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, pues en Cristo nos ha bendecido en los cielos con toda clase de bendiciones espirituales.
¿Quién podrá describir las victorias del Señor? ¿Quién podrá alabarlo como merece? ¡cambiaron al Dios glorioso por la imagen de un buey que come hierba! Olvidaron a Dios, su Salvador, que había hecho grandes cosas en Egipto, que había hecho maravillas en el país de Cam y cosas sorprendentes en el Mar Rojo. Dios habló de destruirlos; pero Moisés, su escogido, se interpuso y calmó el furor de Dios, evitando que los destruyera. Más tarde despreciaron un país hermoso, y no creyeron en las promesas de Dios; dentro de sus tiendas hablaron mal del Señor, y no obedecieron sus órdenes. Entonces él levantó la mano y les juró que los haría morir en el desierto, que haría morir a sus descendientes y los dispersaría entre las naciones paganas. Se hicieron esclavos de Baal-peor, y comieron de lo sacrificado a dioses sin vida. Con sus malas acciones provocaron a Dios, y se extendió una plaga entre ellos. Felices los que practican la justicia y hacen siempre lo que es justo.
Y no solo esto, sino que también nos gloriamos de los sufrimientos; porque sabemos que el sufrimiento nos da firmeza para soportar, y esta firmeza nos permite salir aprobados, y el salir aprobados nos llena de esperanza. Y esta esperanza no nos defrauda, porque Dios ha llenado con su amor nuestro corazón por medio del Espíritu Santo que nos ha dado.
21 (22) Bendito sea el Señor, que con su amor hizo grandes cosas por mí en momentos de angustia.
Pues nuestro Sumo sacerdote puede compadecerse de nuestra debilidad, porque él también estuvo sometido a las mismas pruebas que nosotros; solo que él jamás pecó. Acerquémonos, pues, con confianza al trono de nuestro Dios amoroso, para que él tenga misericordia de nosotros y en su bondad nos ayude en la hora de necesidad.
11 (12) Has cambiado en danzas mis lamentos; me has quitado el luto y me has vestido de fiesta. 12 (13) Por eso, Señor y Dios, no puedo quedarme en silencio: ¡te cantaré himnos de alabanza y siempre te daré gracias!
De esta manera, como dice la Escritura: «Si alguno quiere enorgullecerse, que se enorgullezca del Señor.»
Alabemos al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que por su gran misericordia nos ha hecho nacer de nuevo por la resurrección de Jesucristo. Esto nos da una esperanza viva, y hará que ustedes reciban la herencia que Dios les tiene guardada en el cielo, la cual no puede destruirse, ni mancharse, ni marchitarse.
El Señor es tierno y compasivo, es paciente y todo amor. El Señor es bueno para con todos, y con ternura cuida sus obras.
En ese tiempo dirás: «Te doy gracias, Señor, porque aunque estuviste enojado conmigo, tu ira ya pasó y me has devuelto la paz.
Solamente Dios, a quien doy gracias por medio de nuestro Señor Jesucristo. En conclusión: yo entiendo que debo someterme a la ley de Dios, pero en mi debilidad estoy sometido a la ley del pecado.
¡Bendito sea el Señor, Dios de Israel, por toda la eternidad!» Y todo el pueblo respondió: «¡Amén!», y alabó al Señor.
8 (9) Señor, Dios todopoderoso, todo el poder es tuyo y la verdad te rodea; ¡no hay nadie igual a ti!
Por eso debemos alabar siempre a Dios por medio de Jesucristo. Esta alabanza es el sacrificio que debemos ofrecer. ¡Alabémoslo, pues, con nuestros labios! No se olviden ustedes de hacer el bien y de compartir con otros lo que tienen; porque estos son los sacrificios que agradan a Dios.
Luego, en el momento en que empezaron a cantar con alegría himnos de alabanza, el Señor creó confusión entre los amonitas, los moabitas y los de la montaña de Seír, que venían a atacar a Judá, y fueron derrotados.
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