Pero la gente siempre se burlaba de los mensajeros de Dios y de los profetas, y no les hacían caso. Y así siguieron hasta que Dios ya no aguantó más y, muy enojado, decidió castigarlos.
Jeremías 30:12 - Biblia Traducción en Lenguaje Actual Dios también le dijo a Jerusalén: «Tu herida es una llaga que ya no tiene remedio. Más versionesBiblia Reina Valera 1960 Porque así ha dicho Jehová: Incurable es tu quebrantamiento, y dolorosa tu llaga. Biblia Nueva Traducción Viviente Esto dice el Señor: «Tu lesión es incurable, una herida terrible. Biblia Católica (Latinoamericana) Así continúa Yavé:
Tu herida es incurable,
es una llaga dolorosa. La Biblia Textual 3a Edicion Así dice YHVH: Tu llaga es incurable, Y dolorosa es tu herida; Biblia Serafín de Ausejo 1975 Porque así dice Yahveh: Incurable era tu herida, desahuciada tu llaga. Biblia Reina Valera Gómez (2023) Porque así dice Jehová: Incurable es tu quebranto, y grave tu herida. |
Pero la gente siempre se burlaba de los mensajeros de Dios y de los profetas, y no les hacían caso. Y así siguieron hasta que Dios ya no aguantó más y, muy enojado, decidió castigarlos.
»Tú, Jeremías, diles de mi parte: “Día y noche lloraré sin cesar porque mi pueblo preferido ha sufrido una terrible desgracia; ¡ha recibido una herida muy grave!
Jeremías respondió: «Dios de Israel, nos has herido tanto que ya no podremos recuperarnos. Has rechazado por completo a Judá, y ya no quieres a Jerusalén. Esperábamos pasarla bien, y la estamos pasando mal. Esperábamos vivir en paz, pero vivimos llenos de miedo. Reconocemos nuestra maldad, y los pecados de nuestros padres; ¡hemos pecado contra ti!
¿Por qué tengo, entonces, que sufrir este dolor constante? ¿Por qué no sanan mis heridas? Realmente, me decepcionas; eres, para mí, como un arroyo seco; ¡como una fuente sin agua!»
Abunda la maldad en Jerusalén como abunda el agua en el mar. No se oye hablar en ella más que de violencia y destrucción, ni se ve ninguna otra cosa que no sean heridas y dolor.
¿Cómo es posible que no hallemos consuelo para nuestro sufrimiento? ¿Cómo es posible que nadie pueda ayudarnos? ¿Cómo es posible que mi pueblo siga estando enfermo?
Incomparable eres tú, Jerusalén; ¿qué más te puedo decir? ¿Qué puedo hacer para consolarte, bella ciudad de Jerusalén? Tus heridas son muy profundas; ¿quién podría sanarlas?
Dios me dijo entonces: —Ezequiel, estos huesos representan a los israelitas. Ellos se andan quejando, y dicen: “No hay remedio; estamos perdidos. ¡Somos unos huesos secos!”
Y cuando Israel y Judá se vean en ruinas, buscarán la ayuda del rey de Asiria; pero él no podrá ayudarlos.