
Solo cuando le entregó su vida a Cristo, fue que la vida de Ivet Fortun cambió por completo.
Su padre trabajaba con la brujería y el satanismo, por lo cual ella creció rodeada de ese mundo lo cual mientras crecía veía como algo normal.
Con el tiempo empezó a asistir a una iglesia católica, pero no fue muy constante.
Luego de emigrar fuera de su país y de independizarse, se casó por primera vez cuando tenía tan solo 18 años; salio embarazada y tuvo dos hijas.
Durante esa temporada de su vida dejó de creer en algo y se volvió agnóstica, igual que su esposo.
Tiempo después se divorció y se casó nuevamente; la vida junto a su segundo esposo fue mucho mejor debido a que tenían una buena estabilidad económica.
Llegó el momento en que se divorciaría por segunda vez, y se debía a la forma en que vivía.
Con el tiempo enfermó, y aunque fue a ver a médicos y brujos, nada pudieron hacer por ella. Hasta que un día leyó en Facebook una oración de fe, lo que la quebrantó.
Desde ese momento su vida comenzó a cambiar y empezó a acercarse a Dios; fue bautizada por el Espíritu Santo y la sanó de aquello que la estaba atormentando.
En la actualidad, es una hija de Dios donde glorifica su nombre al contar su testimonio demostrando que solo Él cambia y transforma verdaderamente la vida de las personas.