Jaime Castro testifica acerca de la duras experiencias que vivió mientras se encontró perdido en las adicciones.

Fue abusado sexualmente en su niñez, un hecho que calló, pero que lo fue llenando de mucho odio y resentimiento; durante 10 años estuvo sumido en las drogas, pornografía, adulterio y fornicación.
Los maltratos y la violencia de su padre marcaron su vida, dejándole heridas profundas que solo en Cristo pudo sanar; buscaba refugio en las drogas y esperaba encontrar en ellas una salida a todo su sufrimiento. No obstante, en lugar ver la luz, sentía como su vida se hundía cada vez más en un pozo oscuro y profundo del cual pensaba que no podría salir jamás.
Cristo fue el único que pudo transformar su vida y ayudarlo a perdonar a todas aquellas personas que le habían hecho daño en su niñez.
Hoy por hoy Jaime es un fiel servidor de Jesús, y va por el mundo anunciando a los jóvenes que están sumido en las drogas que si se puede salir de los vicios con la ayuda de Dios.