
El hermano César Sandoval cuenta la experiencia que Dios le permitió tener en el cielo y en el infierno.
Cuenta que fue llevado por un ángel, de hermosas alas y vestiduras blancas, de una forma muy veloz al cielo, donde Dios le permitió ver las calles de oro, también las casas construidas por él; asó como también la ciudad donde habitan los ángeles.
De igual forma, fue llevado por el ángel a un mundo el cual él describe como verdoso, donde habían juegos para niños; el ser a su lado le explica que ese lugar es donde viven los niños que fueron abortados por sus madres.
Allí juegan y tienen un lugar donde son instruidos acerca de la palabra de Dios, según afirma el hermano Sandoval.
Luego de ello, fue llevado al infierno, donde le fueron mostradas dos cosas terribles.
Primero vio una mujer en una celda, en la cual también habían demonios, a la cual obligaban a «sacar» algo que había dentro de ella; en su cuerpo habían muchos gusanos, y uno de los demonios abrió su vientre.
Dentro de su vientre habían más gusanos, pero el ser maligno sacó de allí un bebé pero de un aspecto demoníaco y horrendo; la mujer conocía al hermano César ya que vivió cerca de él.
También vio a un joven, al cual en la tierra le había predicado la palabra de Dios, que era obligado a ingerir un líquido extraño que le destruía los órganos internos.
Éste le pidió que le predicara a sus familiares, de modo que ellos no vayan a ese terrible lugar.