Bien es sabido que, muchas personas recurren a la venta de sustancias ilícitas con el fin de «obtener una vida más próspera», pero no miran las consecuencias que este mundo puede llegara a traerles. Este hombre nos lo cuenta, ya que de allí fue sacado.

Juan Acosta fue criado en una buena familia, con padres humildes y trabajadores. No obstante, eso no fue un impedimento para que en su juventud se alejara de todo lo que se le había enseñado.
A la edad de 14 años, mientras aún era un estudiante, probó por primera vez la marihuana, por influencia de un «amigo».
Lo que Acosta no pensaba era qua aquello se volvería un vicio para Él y lo ataría durante casi 30 años.
Comenzó drogándose con pequeñas cantidades, pero con el tiempo aumentó el consumo y sin darse cuenta, ya estaba traficando para ciertas personas, haciéndole creer a su familia que iba a estudiar, pero en realidad transportaba psicotrópicos.
Los años pasaron, y se adentró más y más en este ámbito. Juan revela como trabajan estas personas y también habla de la corrupción dentro del sistema policial.
No fue hasta que conoció verdaderamente a Dios que todas las cosas cambiaron para él. Dejó aquel estilo de vida vicioso y violento y se entregó a Cristo, obteniendo la felicidad que tanto anhelaba y convirtiéndose en un predicador del evangelio.