De todas las ciudades de Judá llegó gente a Jerusalén para pedir la ayuda de Dios. Al ver a la multitud, Josafat se puso de pie, frente al patio nuevo que está en la entrada del templo de Dios,
Sofonías 2:1 - Biblia Traducción en Lenguaje Actual Entonces yo, Sofonías, dije: Pueblo de Judá, ¡ustedes no tienen vergüenza! Pero vengan y preséntense ante Dios Más versionesBiblia Reina Valera 1960 Congregaos y meditad, oh nación sin pudor, Biblia Nueva Traducción Viviente Reúnanse, sí, júntense, nación desvergonzada. Biblia Católica (Latinoamericana) ¡Júntense y amontónense, oh gente sin vergüenza, La Biblia Textual 3a Edicion ¡Reuníos en asamblea, Oh nación no deseada!° Biblia Serafín de Ausejo 1975 ¡Reuníos, congregaos, gente desvergonzada!, Biblia Reina Valera Gómez (2023) Congregaos, sí, congregaos, oh nación indeseable; |
De todas las ciudades de Judá llegó gente a Jerusalén para pedir la ayuda de Dios. Al ver a la multitud, Josafat se puso de pie, frente al patio nuevo que está en la entrada del templo de Dios,
El primer día del mes de Etanim todo el pueblo se reunió en la plaza, frente a la entrada llamada del Agua. Allí estaban los hombres, las mujeres y todos los niños mayores de doce años. Entonces le pidieron a Esdras, el maestro y sacerdote, que trajera el libro de la Ley, la cual Dios había dado a los israelitas por medio de Moisés. Así que Esdras fue y trajo el libro, y lo leyó desde muy temprano hasta el mediodía. Todos los que estaban allí escucharon con mucha atención.
El día veinticuatro del mes de Etanim, los israelitas se reunieron para ayunar. Para demostrar que estaban arrepentidos, se pusieron ropas ásperas y se echaron tierra sobre la cabeza.
«Reúne a todos los judíos que se encuentren en Susa, y ayunen por mí, no coman ni beban durante tres días. También mis sirvientas y yo ayunaremos. Después de eso, me presentaré ante el rey, aunque la ley no lo permita. ¡Y si tengo que morir, moriré!»
Por eso no llegan las lluvias, ni caen aguaceros en la primavera. No tienes vergüenza; eres peor que una prostituta.
Han cometido los pecados más asquerosos, pero ni vergüenza les da, pues ya ni saben lo que es tener vergüenza. Por eso, voy a castigarlos, y todos serán destruidos. Les juro que así será.
Reúnan en el templo a los israelitas y a sus jefes, para que ayunen y oren a Dios.
¡Esos malvados no tienen vergüenza! »Yo estoy en ti, Jerusalén, para hacerte bien, no para hacerte daño. Todos los días te trato con justicia.
Como los pastores no me querían, ni yo los quería a ellos, en un mes despedí a tres.
Porque allí donde dos o tres de ustedes se reúnan en mi nombre, allí estaré yo.