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Salmos 3:3 - Biblia Serafín de Ausejo 1975

cuántos los que de mí dicen: No hay para él socorro en Dios. Selah

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Biblia Reina Valera 1960

Mas tú, Jehová, eres escudo alrededor de mí; Mi gloria, y el que levanta mi cabeza.

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Biblia Nueva Traducción Viviente

Pero tú, oh Señor, eres un escudo que me rodea; eres mi gloria, el que sostiene mi cabeza en alto.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

Mas tú, Señor, eres mi escudo, mi gloria, el que levanta mi cabeza.

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La Biblia Textual 3a Edicion

Pero tú, oh YHVH, eres escudo alrededor mío, Mi gloria, y el que hace levantar mi cabeza.

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

Pero tú, oh Jehová, eres escudo alrededor de mí, mi gloria, y el que levanta mi cabeza.

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Biblia Traducción en Lenguaje Actual

3 (4) Solo tú, Dios mío, me proteges como un escudo; y con tu poder me das nueva vida.

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Salmos 3:3
19 Referencias Cruzadas  

Después de estos sucesos, Yahveh dirigió la palabra a Abrán en una visión, diciéndole: 'No temas, Abrán. Yo soy tu escudo; tu recompensa será muy grande'.


Dentro de tres días levantará el Faraón su vista hacia ti y te restablecerá en tu cargo; y volverás a poner la copa en la mano del Faraón, como acostumbrabas antes, cuando eras su copero.


No os infunda Ezequías confianza en Yahveh, diciendo: 'Con toda certeza nos librará Yahveh, y no entregará esta ciudad en manos del rey de Asiria'.


hasta que yo venga y os lleve hacia un país como el vuestro, tierra de trigo y de mosto, tierra de pan y de viñas, de olivos, de aceite y de miel. Así viviréis y no moriréis. No escuchéis, pues, a Ezequías, porque os engaña cuando dice: 'Yahveh nos librará'.


En el año treinta y siete del cautiverio de Jeconías, rey de Judá, en el duodécimo mes, el día veintisiete del mes, Evil Merodac, rey de Babilonia, en el año en que comenzó a reinar, indultó a Jeconías, rey de Judá, y lo sacó de la prisión.


Bebe del torrente del camino y, en seguida, yergue la cabeza.


Tú eres mi abrigo y tú mi escudo, yo fío en tu palabra.


Dijo: Yo te amo, Señor, mi fortaleza,


Y con eso se yergue mi cabeza sobre el enemigo que me cerca. Ofreceré en su tienda sacrificios jubilosos, con cantos y salmodias al Señor.


El Señor es mi fortaleza, él mi escudo, en él espero y él me ayuda: mi corazón se regocija y con mi canto le doy gracias.


¿Hasta cuándo, hijos de hombre, mi honor es deshonor, vuestro amor va a lo vacío; vuestra búsqueda al engaño? Selah


mi roca, mi socorro es sólo él, él mi fortín: no habré de sucumbir.


En tus atrios un día vale mil: yo prefiero estar en la puerta de la casa del Señor, que habitar en las tiendas del impío.


En Yahveh se justificará y gloriará toda la estirpe de Israel.


Ya el sol no será para ti luz de día, y el brillo de la luna de noche no te iluminará; pues Yahveh será para ti luz eterna, y tu Dios será tu esplendor.


luz para iluminar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel'.


¡Dichoso tú, Israel! ¿Quién como tú, pueblo salvado por Yahveh, tu escudo protector, y cuya espada es tu exaltación? Tus enemigos simularán someterse ante ti, pero tú hollarás sus espaldas'.


Tenía la gloria de Dios. Su resplandor era semejante a una piedra preciosísima, como a piedra de jaspe que emite destellos cristalinos.


La ciudad no necesita del sol ni de la luna para que la iluminen, porque la ilumina la gloria de Dios y su lámpara es el Cordero.