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Jeremías 31:18 - Biblia Serafín de Ausejo 1975

Oigo muy bien a Efraín lamentarse: 'Me has castigado y aguanté el castigo como novillo no domesticado. Conviérteme, que quiero convertirme, pues tú eres Yahveh, mi Dios.

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Biblia Reina Valera 1960

Escuchando, he oído a Efraín que se lamentaba: Me azotaste, y fui castigado como novillo indómito; conviérteme, y seré convertido, porque tú eres Jehová mi Dios.

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Biblia Nueva Traducción Viviente

Oí a Israel decir: “Me disciplinaste severamente, como a un becerro que necesita ser entrenado para el yugo. Hazme volver a ti y restáurame, porque solo tú eres el Señor mi Dios.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

Escucho, escucho quejarse a Efraím: 'Me has pegado, y he sido castigado muy duro, como un novillo no domado; haz que yo vuelva y volveré, ya que tú eres Yavé, mi Dios.

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La Biblia Textual 3a Edicion

Oí atentamente el lamento de Efraín: Me azotaste, Fui castigado como novillo indómito; Conviérteme, y seré convertido, Porque Tú eres YHVH mi Dios.

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

Ciertamente he oído a Efraín lamentarse así: Me azotaste, y castigado fui como novillo indómito. Conviérteme y seré convertido; porque tú eres Jehová mi Dios.

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Biblia Traducción en Lenguaje Actual

»Ya he escuchado a mi pueblo llorar amargamente. Los he oído reclamarme: “Dios de Israel, ¡tú eres nuestro Dios! Éramos como un toro salvaje, pero tú pudiste domarnos y ahora sabemos obedecer. ¡Acéptanos de nuevo!

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Otras versiones



Jeremías 31:18
54 Referencias Cruzadas  

¡Dichoso el hombre a quien Dios corrige! No desprecies la lección de Sadday,


El Señor me corrige con dureza, pero no me entrega a la muerte.


Primero de humillarme, andaba errado, pero ahora retengo tu palabra.


Yo sé, Señor, que tu juicio es justo y que tienes razón al afligirme.


Mas yo tengo confianza en ti, Señor, y me digo que tú eres mi Dios.


No seáis como el caballo y el mulo que carece de sentido, cuyo brío hay que domar con mordaza y con freno, y si no, no se te acerca.


Nunca más de ti nos tornaremos: permítenos vivir e invocaremos tu nombre.


Delante de Efraín, Benjamín y Manasés aviva tu pujanza y ven para librarnos.


Tú nos haces burla de vecinos, los enemigos se mofan de nosotros.


tú reprimes tu enojo, retornando del fuego de tu ira.


Dichoso aquel, Señor, que tú corriges e instruyes con tu ley.


El látigo al caballo, el ronzal al asno, y la vara para la espalda de los necios.


Quien ante los reproches se rebela será aniquilado de repente y sin remedio.


No desprecies, hijo mío, la corrección de Yahveh y no tomes a mal sus reproches,


¿Dónde golpearos aún si seguís rebelándoos? Toda la cabeza está enferma, todo el corazón extenuado.


Tus hijos yacen desmayados, en todas las bocacalles, como antílope en la red, repleto del furor de Yahveh, de la increpación de tu Dios.


Era maltratado, y él se humillaba y no abría la boca, como cordero llevado al matadero y como oveja muda ante sus esquiladores. Él no abría la boca.


Porque tú eres nuestro padre; Abrahán no sabe de nosotros, ni Israel nos reconoce. Tú, Yahveh, eres nuestro padre; tu nombre desde siempre 'Nuestro redentor'.


Y Yahveh cortó de Israel cabeza y cola, palma y junco en un solo día.


Sáname, Yahveh, y sanaré; sálvame y me salvaré, pues mi alabanza eres tú.


En vano castigué a vuestros hijos, no aprendieron la lección; vuestra espada devoró a vuestros profetas como león desgarrador.


Acostémonos sobre nuestra vergüenza, y nuestra ignominia nos cubra; pues contra Yahveh, nuestro Dios, hemos pecado, nosotros y nuestros padres, desde nuestra juventud hasta hoy, y no hemos escuchado la voz de Yahveh, nuestro Dios.


Porque llega el día en que gritan los centinelas en la montaña de Efraín: '¡Levantaos! ¡Subamos a Sión a Yahveh, nuestro Dios!''.


Vienen con llanto y los guío con alivio; los llevo a torrentes de agua, por camino recto, donde no tropiecen, porque soy para Israel un padre y Efraín es mi primogénito'.


Yahveh, ¿no buscan tus ojos la verdad? Los has golpeado y no se han dolido; los has consumido, y no quisieron aprender la lección. Tienen la cara más dura que una piedra, no quieren convertirse.


Conviértenos a ti, Yahveh, y nos convertiremos; renueva nuestros días como antaño,


Allí recordaréis vuestra conducta y todas vuestras acciones con las que os habéis contaminado, y os sentiréis asqueados de vosotros mismos por todas las maldades que cometisteis.


Como está escrito en la ley de Moisés, cayó sobre nosotros toda esta calamidad, y no aplacamos la faz de Yahveh, nuestro Dios, convirtiéndonos de nuestras iniquidades y prestando atención a tu verdad.


Era Efraín una novilla domesticada que gustaba de trillar; yo puse un yugo en su hermosa cerviz; uncí el yugo a Efraín, Judá tuvo que arar y Jacob que rastrillar.


Si como novilla indómita se ha hecho indómito Israel, ¿los pastoreará ahora Yahveh como a un cordero en libertad?


Voy a volverme a mi lugar, hasta que expíen su culpa y busquen mi rostro; en su angustia me buscarán ansiosamente.


Al ver Dios lo que hacían y cómo se habían convertido de su mala conducta, se arrepintió del mal con que los había amenazado y no lo ejecutó.


No escuchó la voz, no aceptó la corrección; no confío en Yahveh, no se acercó a su Dios.


Hablaron también entre sí los que temen a Yahveh y Yahveh escuchó con atención. Se escribió un memorial en su presencia en favor de los que temen a Yahveh y respetan su nombre.


Al poniente estará el estandarte del campamento de Efraín, por escuadras; el príncipe de los hijos de Efraín es Elisamá hijo de Amiud.


e irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías, para reconciliar a los padres con los hijos y para que los rebeldes vuelvan a la sensatez de los rectos, a fin de preparar al Señor un pueblo bien dispuesto'.


Partió, pues, y volvió a la casa de su padre. Todavía estaba lejos, cuando su padre lo vio venir y, hondamente conmovido, corrió a abrazarse a su cuello y lo besó repetidamente.


Para vosotros, en primer lugar, ha suscitado Dios a su siervo y lo ha enviado para bendeciros, a condición de que cada uno se aparte de sus maldades.'


Pues es Dios quien, según su beneplácito, activa en vosotros tanto el querer como el obrar.


y habéis olvidado la exhortación que se os dirige como a hijos: Hijo mío, no desprecies la corrección del Señor ni te desanimes porque te reprenda.


Yo, a los que amo, los reprendo y castigo. ¡Anímate, pues, y conviértete!