Apartarse de Dios luego de haberle conocido no siempre es una buena idea, y este hermano puede decírnoslo con toda seguridad.

Salatiel Arreguín nació y se crio en un hogar cristiano. Sus padres amaban y seguían a Jesús, y se encargaron de darle a él y a sus hermanas una crianza y enseñanzas basadas en la fe.
Aquello ciertamente le ayudó mucho, pero con el tiempo algo comprendió y es que la salvación es algo personal, no colectivo ni grupal.
¿Cómo lo entendió? Pues porque lo experimentó de manera personal. Un problema se presentó en su familia durante la etapa de su juventud, afectándolo en gran manera.
Aquello hizo que se apartara de Dios y su iglesia, viviendo su vida de la forma en la que el consideró era la mejor. No obstante, su familia seguía orando por él y lo invitaban a la congregación, con el fin de que volviera a los brazos del Señor.
Para entonces, sufrió un accidente del cual casi no sobrevive, pero está consciente de que Dios le dio una segunda oportunidad.
Esa no la desaprovechó y luego de todo lo que experimentó, de manera voluntaria decidió entregarle su vida a Cristo nuevamente.
Aprendió mucho de sus errores, y la reflexión principal de su mensaje y testimonio es «No te apartes de Dios, y si lo hiciste, vuelve a Él».