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Su sueño de ser marino se vio truncado a causa de un accidente que cambió completamente su vida.
Ahora Irwin Sánchez está dedicado a dar testimonio por el mundo sobre la dura experiencia que dejó su rostro desfigurado, quemaduras en el 80% de su cuerpo y sus manos atrofiadas.
«No pude ser marino, pero me convertí en un soldado del Señor», dice Sánchez, originario de Venezuela, al hablar sobre la «prueba de fuego» que lo hizo ver la vida de otra manera.
Pero Dios tenía otros planes para Irwin. «Me dejó vivir para enseñarles a todos que hay un Dios que vive y que no debemos ahogarnos en pequeños vasos de agua», dijo.
Tres años permaneció en el hospital, adonde le hicieron 120 injertos y le practicaron 80 cirugías.
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