Perdonar puede sonar como algo sencillo, pero aquellos que han atravesado por una situación dolorosa afirman que se hace complicado. El siguiente testimonio nos muestra la importancia de dejar que Dios sane nuestras heridas.

El hermano Ulises Ucalagan relata cómo es tener que perdonar a alguien que le quitó la vida a una de las personas a las que más amaba.
En el año 2011, mientras volvía de casa de su madre, una confrontación con armas de fuego inició cerca de su casa.
Lamentablemente, su hijo varón estaba en la zona, y recibió impactos de bala, que al ser graves, terminaron por quitarle la vida.
Ciertamente, le costó sobrellevar la situación. Su esposa, quien se aferró a Dios, logró manejar todo con más tranquilidad.
Él, a pesar de ir a la iglesia y conocer al Señor, no podía en su corazón dejar de lado completamente el dolor, y al enterarse de que el asesino de su hijo seguía vivo, aquella herida se abrió nuevamente.
No fue hasta que Dios lo ayudó que entendió la importancia de perdonar. Hoy día testifica de sobre esto