
El pastor Héctor Allende creció junto a sus padres y sus 9 hermanos; el único problema en su familia era que a su padre le gustaban mucho las apuestas.
Gastaba todo el dinero que ganaba en las apuestas y en alcohol. Su esposa, la madre del pastor, le reprochaba la razón por las cuales hacía aquello sabiendo que sus hijos necesitaban comer.
Él simplemente la mandaba a callar.
Un día se metió en una discusión donde su padre estaba maltratando a su madre, ese día esperó ser mayor de edad .
Cuando cumplió la mayoría de edad, tras hablar con su padre, se fue de la casa. Empezó a trabajar y logró llevarle dinero a su madre y a sus hermanos.
Al tiempo comenzó a vivir una mala vida, robando, hasta que un día cae preso. Esto afectó a su madre, pero a su padre no le importó mucho, porque incluso no le gustaba que ella lo visitara en la cárcel.
Cuando sale de la cárcel, lamentablemente al tiempo vuelve allí. Empieza a vender drogas, es infeliz y hasta se corta. A su madre no le gustaba verlo así, pero el le decía que ella no lo comprendía.
Hasta que un día tuvo una experiencia sobrenatural mientras se encontraba en aquel lugar.