No todos los hogares son perfectos, eso es un hecho, pero cuando Dios no es el centro de una familia, es probable que ésta tenga problemas para mantener la paz y la unidad. Este testimonio nos demuestra cuán importante es esta realidad.

El hermano Paul Antonio Montiel nos comparte en el siguiente vídeo un poco de lo que Dios ha hecho en su vida y cómo sanó su corazón tras el maltrato experimentado en su infancia.
Cuenta que tuvo la oportunidad de criarse en un hogar cristiano, pues por parte de su madre, la fe fue pasando de generación en generación, además de que asistían a células, iglesias y tenían el apoyo del Ejército de Salvación.
No obstante, no todo en su familia fue como muchos se lo imaginarían, con padres amorosos y ejemplo a seguir por ser cristianos; en realidad era todo lo contrario según relata.
Si bien reconoce que era un niño bastante inquieto e hiperactivo, los maltratos por parte de su padre comenzaron desde muy temprana edad, tras un suceso incómodo en la iglesia a la que asistían.
Desde ese momento, su padre comenzaría a agredirlo físicamente de manera constante.
Montiel no solo tuvo que enfrentarse al abuso de su padre, sino también a una violación cuando tenía menos de 8 años, traumas, burlas, miedos, la esquizofrenia de su madre y años más tarde, el abandono de su padre, quien fue un predicador.
Claro está que no tuvo una infancia y adolescencia soñada o de mucho agrado, pero agradece a Dios que le permitió conocerle y sanar las heridas de su corazón, para hoy en día testificar y compartir el evangelio.
Su testimonio es un ejemplo de superación y del poder transformador de Dios, así como también un llamado de atención a todas las familias cristianas para que vivan en transparencia, haciendo la voluntad del Señor y no en apariencias.