El ahora pastor Juan Figueroa testifica sobre la vida que llevó antes de conocer al Señor, un mundo el cual estuvo sumido en vicios y delincuencia.

Vivió una vida llena de oscuridad y tinieblas, creció en un barrio llamado La Margarito Silva, un lugar en donde sobreabunda la prostitución, la delincuencia, el homosexualismo y sobre todo la drogadicción. En este entorno donde creció tuvo que aprender a defenderse de quienes querían hacerle daño, motivo por el cual la maldad ya se estaba gestando en su vida desde que solo era un niño.
Entre pandillas, violencia drogas y alcoholismo creció Juan, y a la edad de 14 años empezó su camino hacia la perdición, se enrumbó hacia el vacío y el precipicio sin darse cuenta, creía que todo estaba bien y se volvió un joven rebelde y sin control.
Lo único que quería era ser reconocido en las calles de su barrio, ser temido y respetado por los habitantes de su comunidad. En su juventud se relacionó con muchas personas malas que influenciaron tremendamente su vida y que lo condujeron por un camino de perdición.
En su ignorancia sentía vergüenza por su familia y por las condiciones tan precarias en las que vivían, motivo por el cual soñaba con hacerse rico sin importar los medio que tuviera que usar para lograr su cometido.
En su búsqueda de la felicidad se metió en muchas pandillas, las cuales terminaron haciéndose enemigos de él y persiguiéndolo, tuvo que huir en muchas ocasiones pues de ser encontrado su vida corría peligro. Tuvo una vida muy dura aun a su corta edad.
La vida de Juan ha sido cambiada totalmente desde que llegó a los pies de Cristo, hoy es pastor y su testimonio da esperanza a muchos jóvenes que se encuentran pasando por su misma situación.