La creación en sí misma es una fuente continua de aprendizaje. Al contemplar el mundo y las maravillas que nos rodean, es de notar que Dios nos ha querido dar un mensaje a través de cada detalle oculto en su creación, hoy hablaremos del Bambú.

El Bambú Japonés es una planta que puede alcanzar los 40 metros de altura, está diseñada para soportar los fuertes vientos y las tempestades, pero lo más sorprendente de ella y donde centraremos nuestra atención será en el tiempo que tarda la misma en crecer.
Resulta que esta impresionante planta tarda aproximadamente 7 años para poder salir a la superficie y dejarse ver. Durante todo este tiempo sus raíces se están desarrollando en secreto y al séptimo año, aparece por fin un pequeño brote en la superficie. No obstante, a partir de este momento, su crecimiento es sorprendente, llegando a alcanzar un metro de longitud por día y en tan solo 6 semanas llega a medir 30 metros.
Muy bien. Ahora te preguntarás: ¿Qué aplicación tiene la enseñanza del bambú para mi vida? Empezaré citando un pasaje de la Biblia que dice: «porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa», Hebreos 10:36.
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En medio de las situaciones difíciles, necesitamos desarrollar las virtudes del bambú y la lección que nos deja a través de la paciencia, la perseverancia, la resistencia y sobre todo la fe. Llegaran etapas en las cuales creas estar estancado y no veas el crecimiento deseado en tu vida, pero ¡No te detengas! Aunque tu crecimiento quizá no sea visible, es real, tus «raíces» están creciendo. Tu relación con Dios y tu confianza en Él crecen de día en día.
La resistencia de una casa no la garantiza su estructura externa, sino más bien la interna. Las columnas y bases deben estar sólidas para poder resistir los embates del tiempo. «Si lo que tratas de exteriorizar todavía no es notorio, espera un poco y trabaja cada día en fomentar lo que hay adentro de ti».
Mi querido(a) amigo(a), aunque veas que no sale nada de la tierra, ten por seguro que Dios ve tu esfuerzo, tu constancia y tu trabajo entre los bastidores de tu existencia. A través de la fe y de la perseverancia, entrarás en la heredad que Él te ha prometido.
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