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demonio Que es, Concepto y Definicion


demonio - Diccionario Español

(Del lat. daemonium, y este del gr. daiµ¹nion).

1. m. diablo ( ángel rebelado).

2. m. diablo ( príncipe de los ángeles rebelados). El demonio.

3. m. En la doctrina cristiana, uno de los tres enemigos del alma.

4. m. Espíritu que incita al mal.

5. m. Sentimiento u obsesión persistente y torturadora. El demonio de los celos. Los demonios interiores.

6. m. En la Antigüedad, genio o ser sobrenatural. El demonio de Sócrates.

~s familiares.

1. m. pl. Rasgos que se consideran como defectos u obsesiones, propios de un grupo social o de una persona.

a ~s.

1. loc. adj. coloq. Dicho de un olor o de un sabor: Muy malo o desagradable.

2. loc. adv. coloq. Muy mal. Huele, sabe a demonios. cómo ~s.

1. loc. interj. qué diablos.

como un ~.

1. loc. adv. coloq. Con exceso, más de lo habitual. Es feo como un demonio.

del ~.

1. loc. adj. coloq. Extraordinario, tremendo. Hace un frío del demonio.

de mil ~s.

1. loc. adj. coloq. del demonio. demonio, o demonios.

1. interjs. coloqs. diablo. estudiar con el ~.

1. fr. coloq. Dar muestras de gran ingenio y agudeza para lo malo, o de gran travesura.

llevarse a alguien el ~, o los ~s, o todos los ~s.

1. frs. Encolerizarse o irritarse demasiado. ponerse alguien como un ~, o hecho un ~.

1. frs. llevarse el demonio. qué ~s.

1. loc. interj. qué diablos.

revestírsele a alguien el ~, o los ~s, o todos los ~s.

1. frs. llevarse el demonio. ser el ~, o el mismísimo ~, o el mismo ~, o un ~.

1. frs. coloqs. Ser demasiado perverso, travieso o hábil. tener el ~, o los ~s, en el cuerpo.

1. frs. coloqs. Ser excesivamente inquieto o travieso.

Demonio - Diccionario Perspicacia

Espíritu invisible malvado que tiene poderes sobrehumanos. El término griego dái·mon (demonio) solo aparece una vez en las Escrituras Griegas Cristianas (Mateo 8:31) «Y los demonios le rogaron diciendo: Si nos echas fuera, permítenos ir a aquel hato de cerdos», mientras que en las demás ocasiones se emplea dai·mó·ni·on. Por otra parte, la palabra griega para “espíritu”, pnéu·ma, a veces también se usa con referencia a espíritus inicuos o demonios (Mateo 8:16) «Y cuando llegó la noche, trajeron a él muchos endemoniados; y con la palabra echó fuera a los demonios, y sanó a todos los enfermos», y en ocasiones viene adjetivada por términos como ‘inicuo’, ‘inmundo’, “mudo” y “sordo”. (Lucas 7:21) «En esa misma hora sanó a muchos de enfermedades y plagas, y de espíritus malos, y a muchos ciegos les dio la vista». (Mateo 10:1) «Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia». (Marcos 9:17-25); véase ESPÍRITU [Espíritus].

Dios no creó a los demonios como tales. El primero que se hizo demonio a sí mismo fue Satanás el Diablo (véase SATANÁS), quien llegó a ser el gobernante de otros hijos angélicos de Dios que también se hicieron demonios. (Mateo 12:24-26). En los días de Noé, ángeles desobedientes se materializaron, se casaron con mujeres y engendraron una prole híbrida llamada nefilim. (Véase NEFILIM). No obstante, se desmaterializaron cuando llegó el Diluvio. (Génesis 6:1-4). Cuando volvieron al reino de los espíritus, no recuperaron su elevada posición original, pues Judas 6 dice: “A los ángeles que no guardaron su posición original, sino que abandonaron su propio y debido lugar de habitación, los ha reservado con cadenas sempiternas bajo densa oscuridad para el juicio del gran día”. (1 Pedro 3:19-20). Por lo tanto, sus actividades están limitadas a esa condición de densa oscuridad espiritual. (2 Pedro 2:4) «Porque si Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que arrojándolos al infierno los entregó a prisiones de oscuridad, para ser reservados al juicio». Aunque no se les permite materializarse, aún pueden ejercer gran poder e influencia sobre la mente y la vida de los hombres. Incluso tienen poder para entrar en hombres y animales y poseerlos, y los hechos muestran que también se valen de cosas inanimadas, como casas, fetiches y amuletos. (Mateo 12:43-45). (Lucas 8:27-33), véase POSESIÓN DEMONIACA.

El objeto de toda esa actividad demoniaca es poner a la gente en contra de Jehová y de la adoración pura que a Él se le debe. Con buena base, la ley de Jehová prohibió tajantemente toda forma de demonismo. (Deuteronomio 18:10-12). Sin embargo, el pueblo rebelde de Israel se apartó tanto de esa ley que llegó al extremo de sacrificar a sus hijos e hijas a demonios. (Salmos 106:37) «Sacrificaron sus hijos y sus hijas a los demonios». (Deuteronomio 32:17) «Sacrificaron a los demonios, y no a Dios; A dioses que no habían conocido, A nuevos dioses venidos de cerca, Que no habían temido vuestros padres». (2 Crónicas 11:15) «Y él designó sus propios sacerdotes para los lugares altos, y para los demonios, y para los becerros que él había hecho». En el tiempo de Jesús la influencia demoniaca estaba muy extendida, y la expulsión de demonios fue uno de los principales milagros que efectuó Cristo. (Mateo 8:31-32). (Hechos 9:33-34). (Marcos 1:39) «Y predicaba en las sinagogas de ellos en toda Galilea, y echaba fuera los demonios». (Marcos 7:26-30). (Lucas 8:2) «y algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la que habían salido siete demonios». (Lucas 13:32) «Y les dijo: Id, y decid a aquella zorra: He aquí, echo fuera demonios y hago curaciones hoy y mañana, y al tercer día termino mi obra». Jesús otorgó este poder a sus doce apóstoles y a los setenta discípulos que comisionó, para que también pudiesen expulsar demonios en su nombre. (Mateo 10:8) «Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia». (Marcos 3:14-15). (Marcos 6:13) «Y echaban fuera muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos, y los sanaban». (Lucas 9:1) «Habiendo reunido a sus doce discípulos, les dio poder y autoridad sobre todos los demonios, y para sanar enfermedades». (Mateo 10:17) «Y guardaos de los hombres, porque os entregarán a los concilios, y en sus sinagogas os azotarán».

Hoy en día la influencia demoniaca no es menos manifiesta; sigue siendo cierto que “las cosas que las naciones sacrifican, a demonios las sacrifican”. (1 Corintios 10:20) «Antes digo que lo que los gentiles sacrifican, a los demonios lo sacrifican, y no a Dios; y no quiero que vosotros os hagáis partícipes con los demonios». En el último libro de la Biblia, la “revelación por Jesucristo, que Dios le dio, para mostrar a sus esclavos las cosas que tienen que suceder dentro de poco” (Apocalipsis 1:1) «La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan». Se da una advertencia profética respecto a la intensificación de la actividad demoniaca que habría sobre la Tierra, al decir: “Hacia abajo fue arrojado el gran dragón, la serpiente original, el que es llamado Diablo y Satanás, que está extraviando a toda la tierra habitada; fue arrojado abajo a la tierra, y sus ángeles [demonios] fueron arrojados abajo con él. [...] A causa de esto, [...] ¡Ay de la tierra y del mar!, porque el Diablo ha descendido a ustedes, teniendo gran cólera, sabiendo que tiene un corto período de tiempo”. (Apocalipsis 12:9-12). También dice que las expresiones inmundas semejantes a ranas, “son, de hecho, expresiones inspiradas por demonios, y ejecutan señales, y salen a los reyes de toda la tierra habitada, para reunirlos a la guerra del gran día de Dios el Todopoderoso”. (Apocalipsis 16:13-14).

Por lo tanto, los cristianos deben luchar tenazmente en contra de esas fuerzas espirituales inicuas. Al comentar que no basta con solo creer, el discípulo Santiago dijo: “Tú crees que hay un solo Dios, ¿verdad? Haces bastante bien. Y sin embargo los demonios creen y se estremecen”. (Santiago 2:19) «Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan». Pablo advirtió: “En períodos posteriores algunos se apartarán de la fe, prestando atención a expresiones inspiradas que extravían y a enseñanzas de demonios”. (1 Timoteo 4:1) «Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios». No es posible comer de la mesa de Jehová y al mismo tiempo alimentarse de la mesa de los demonios. (1 Corintios 10:21) «No podéis beber la copa del Señor, y la copa de los demonios; no podéis participar de la mesa del Señor, y de la mesa de los demonios». Por consiguiente, hay que luchar con firmeza en contra del Diablo y sus demonios, “contra las fuerzas espirituales inicuas en los lugares celestiales”. (Efesios 6:12) «Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes».

¿Qué eran los “demonios” para los griegos a quienes Pablo predicó?

El uso dado hasta aquí al término “demonio” es restringido y concreto si se compara con la noción que tenían los filósofos de la antigüedad y el uso que se dio a este vocablo en el griego clásico. El Theological Dictionary of the New Testament (edición de G. Kittel, vol. 2, pág. 8) dice a este respecto: “El significado del adj[etivo dai·mó·ni·os] destaca con toda claridad la peculiar concepción griega de los demonios, pues designa todo aquello que se halla más allá de las posibilidades humanas y que puede retrotraerse a la intervención de poderes superiores, tanto en lo que respecta al bien como en lo que se refiere al mal. Para los escritores precristianos, [to dai·mó·ni·on] tenía el sentido de lo ‘divino’” (traducción al inglés de G. Bromiley, edición de 1971). En una discusión que sostuvieron con Pablo los filósofos epicúreos y estoicos, dijeron de él: “Parece que es publicador de deidades [gr. dai·mo·ní·on] extranjeras”. (Hechos 17:18) «Y algunos filósofos de los epicúreos y de los estoicos disputaban con él; y unos decían: ¿Qué querrá decir este palabrero? Y otros: Parece que es predicador de nuevos dioses; porque les predicaba el evangelio de Jesús, y de la resurrección».

Cuando Pablo se dirigió a los atenienses, empleó una forma compuesta del griego dái·mon, al decir: “Parecen estar más entregados que otros al temor a las deidades [gr. dei·si·dai·mo·ne·sté·rous; ‘más supersticiosos’, Vulgata latina]”. (Hechos 17:22) «Entonces Pablo, puesto en pie en medio del Areópago, dijo: Varones atenienses, en todo observo que sois muy religiosos». En un comentario sobre esta palabra compuesta, F. F. Bruce dice: “El buen o mal sentido de esta expresión se determina por el contexto. De hecho, es tan ambigua como la palabra ‘religiosos’ [...] que en un contexto como este sería mejor traducir por ‘muy religiosos’. No obstante, traducirla por ‘supersticiosos’ [como hacen Scío y Val, 1909] no es del todo inexacto; para Pablo, aquella religión era fundamentalmente supersticiosa, como también lo era —aunque sobre otra base— para los epicúreos”. (The Acts of the Apostles, 1970, pág. 335).

Cuando Festo se dirigió al rey Herodes Agripa II, le dijo que los judíos habían tenido ciertas disputas con Pablo respecto a su propia “adoración de la deidad [gr. dei·si·dai·mo·ní·as; ‘superstición’, Vulgata latina]”. (Hechos 25:19) «sino que tenían contra él ciertas cuestiones acerca de su religión, y de un cierto Jesús, ya muerto, el que Pablo afirmaba estar vivo». A propósito de esta palabra, F. F. Bruce comentó que “podría traducirse sin ambages por la palabra ‘superstición’ [como hacen BR, NC, Scío, TA y Val, 1909]. El adjetivo correspondiente tiene la misma ambigüedad que en (Hechos 17:22) «Entonces Pablo, puesto en pie en medio del Areópago, dijo: Varones atenienses, en todo observo que sois muy religiosos». (Commentary on the Book of the Acts, 1971, pág. 483).

Véase DEMONIO DE FORMA DE CABRA.

Demonio - Diccionario de Jerusalén

La palabra demonio expresa originariamente potencia sobrehumana, y, consiguientemente, también incluye lo divino; pero, en la fe popular griega, d. indica los espíritus malos, e.d., primeramente los espíritus de los muertos, sobre todo las almas de los insepultos o muertos violentamente, que ejercen su maleficio como fantasmas, y luego, estos mismos fantasmas o los autores desconocidos de daños que no pueden atribuirse a causas naturales.

Demonio - Diccionario Bíblico Torres Amat

(Génesis 3:1) «Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?». (Job 2:7) «Entonces salió Satanás de la presencia de Jehová, e hirió a Job con una sarna maligna desde la planta del pie hasta la coronilla de la cabeza». (Mateo 4:1) «Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo». (Mateo 8:16) «Y cuando llegó la noche, trajeron a él muchos endemoniados; y con la palabra echó fuera a los demonios, y sanó a todos los enfermos». (Mateo 13:19) «Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino». (Lucas 10:17) «Volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre». (Juan 8:44) «Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira». (2 Corintios 11:14) «Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz». (Efesios 6:11-12); (Colosenses 2:15) «y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz». (1 Pedro 5:8-9); (Apocalipsis 12:9-10).

Demonio - Diccionario Bíblico Adventista

Demonio (gr. dáimÇn y daimónion). Término que aparece con frecuencia en la Biblia. Los griegos lo aplicaban a divinidades inferiores, aunque superiores al hombre: en el NT se aplica una vez a divinidades (), pero en los demás lugares a seres malvados superiores a los hombres y, en algunos casos, capaces de controlarlos totalmente. Se los describe como seres espirituales; las expresiones 'espíritus' o 'espíritus inmundos' son paralelas a 'demonios' (; ). Se los señala como 'ángeles que pecaron' (; cf Jud_6); por caer junto con Lucifer, son llamados 'sus ángeles' () y él es su 'príncipe' (9:34). Se indica que los demonios poseen sabiduría sobrehumana, porque al ver a Jesús inmediatamente declararon que era el Hijo de Dios (, 28); por eso, Jesús les ordenó no hablar (). En el AT tienen categoría de demonios, como nombres propios: 1. Sátiro (véase Animales mitológicos [Sátiro]). 2. Lilit (véase Animales mitológicos [Lilit]). 3. M»weth ('muerte'), nombre de un dios cananeo de los mundos inferiores -Mot-, el enemigo de Baal en la narrativa ugarítica. Según unos eruditos, este dios se mencionaría en , 18 y (cf ; Job 18:13; 28:22). 4. Deber ('pestilencia [peste]', 'mortandad'), un heraldo demoníaco (, BJ). Otro pasaje donde aparece esta personificación demoníaco es 5, 6 (y donde aparecen otros más): 'No temerás el Terror [heb. pajad] nocturno, ni Saeta* [ jê5 ] que vuele de día, ni Pestilencia [deber] que ande en oscuridad, ni Mortandad [ketew] que en medio de día destruya'. Mortandad es, en esta circunstancia, la personificación del abrasador calor del mediodía (muy conocido en la demonología griega y romana). 5. Reshef ('plaga', 'fiebre abrasadora', 'saetas ardientes'), otro dios cananeo (, BJ; ; ; 76:3; ). 6. Azazel.* 7. Shêd, 'genio protector' (); más tarde, 'espíritu maligno'. Además, algunos comentadores creen que en tal vez se mencione a los vampiros. Si bien el vocablo heb. 'alfg»h puede significar 'sanguijuela', en la literatura árabe es el nombre de un vampiro. De acuerdo con el cuadro que presenta el 312 NT, cuando poseían a los hombre producían enfermedades que hoy generalmente se las asocia con problemas mentales. Estos endemoniados manifestaban diversos síntomas: uno que fue llevado ante Jesús era mudo, pero cuando el demonio fue expulsado, el hombre habló (, 33); otro, poseído por un espíritu mudo y sordo, caía con terribles convulsiones, a menudo en el fuego o el agua, echando espuma por la boca y a veces gritando (-29); otro era impulsado por demonios a apartarse de los hombres y a correr desnudo entre las tumbas. Los intentos de atarlo habían sido inútiles porque rompía las cadenas. Este endemoniado estaba poseído por muchos demonios. Cuando se los reprendió, entraron en una manada de cerdos, los que se tiraron de cabeza al lago (-33; 2 endemoniados en Mat_ La expulsión de estos espíritus producía la recuperación. Los Evangelios mencionan una cantidad de casos específicos de curación, además de indicar que Jesús los expulsó de muchos (; ). Cuando envió a los Doce 'les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera' (). Más tarde envió a 70 con el mismo poder, porque cuando regresaron se alegraron diciendo: 'Aun los demonios se nos sujetan en tu nombre' (). véanse Beelzebú; Diablo; Lunático.

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