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5.0★★★★★
(Del lat. capillus).
1. m. Cada uno de los pelos que nacen en la cabeza.
2. m. Conjunto de todos ellos.
3. m. pl. Barbas de la mazorca del maíz. ~ de ángel.
1. m. Dulce que se hace con la parte fibrosa de la cidra cayote y almíbar.
2. m. Am. Mer., C. Rica y Cuba. Fideos finos.
3. m. Col. y P. Rico. huevos hilados.
4. m. Cuba. Planta ranunculácea de hojas velludas, como sus flores, que brotan en ramilletes.
~ de capuchino.
1. m. cuscuta.
~ merino.
1. m. El crespo y muy espeso.
~s de ángel.
1. m. pl. cabello de ángel.
asirse de un ~.
1. fr. coloq. Aprovecharse o valerse de cualquier razón para conseguir sus deseos.
cortar un ~ en el aire.
1. fr. Tener gran perspicacia o viveza en comprender las cosas. en ~.
1. loc. adv. Con el cabello suelto.
2. loc. adj. ant. Dicho de una mujer: soltera ( que no está casada). en ~s.
1. loc. adj. Con la cabeza descubierta y sin adornos. Moza, manceba en cabellos. U. t. c. loc. adv.
2. loc. adj. ant. Dicho de una mujer: soltera ( que no está casada). estar alguien colgado de los ~s.
1. fr. coloq. colgar de un hilo ( estar con sobresalto). estar algo pendiente de un ~.
1. fr. coloq. Estar en riesgo inminente. hender un ~ en el aire.
1. fr. cortar un cabello en el aire. llevar a alguien de un ~.
1. fr. coloq. U. para denotar la facilidad que hay de inclinar a lo que se quiere a quien es muy dócil.
llevar a alguien de, o por, los ~s.
1. frs. Llevarle contra su voluntad o con violencia. no faltar un ~ a algo.
1. fr. coloq. Estar completo o en inminencia muy próxima de estarlo. no montar un ~ algo.
1. fr. coloq. Ser de muy poca importancia. partir un ~ en el aire.
1. fr. cortar un cabello en el aire. podérsele ahogar a alguien con un ~.
1. fr. coloq. Estar muy acongojado y falto de espíritu. ponérsele a alguien los ~s de punta, o tan altos.
1. frs. ponérsele los pelos de punta. tirar a alguien de, o por, los ~s.
1. frs. llevar de los cabellos. tocar a alguien en un ~.
1. fr. Ofenderle en una cosa muy leve. traer algo por los ~s.
1. fr. Aducir o traer a una argumentación una materia que no guarda relación con ella.
tropezar en un ~.
1. fr. coloq. Hallar dificultad o detenerse en cosas de poca monta.
A lo largo de la historia, tanto los hombres como las mujeres por lo general han considerado el cabello como un adorno que realza el atractivo de la persona y, en muchos casos, como una señal de fuerza y juventud. Por esta razón, se ha cuidado con esmero.
Egipcios. Es probable que los egipcios hayan tenido las costumbres más peculiares con respecto al cabello. Los hombres, en especial los sacerdotes y soldados, se afeitaban el cabello y la barba. Heródoto dice que los habitantes del Nilo afeitaban el pelo de los muchachos, y solo les dejaban algunos mechones a los lados y quizás en la parte delantera y trasera de la cabeza. Cuando el joven alcanzaba la madurez, se le quitaban los mechones, símbolo de su juventud. Para los hombres era una señal de duelo o dejadez dejarse crecer el cabello y la barba. Por esta razón José se afeitó antes de ser conducido ante la presencia de Faraón una vez que se le liberó de la prisión. (Génesis 41:14) «Entonces Faraón envió y llamó a José. Y lo sacaron apresuradamente de la cárcel, y se afeitó, y mudó sus vestidos, y vino a Faraón». Sin embargo, en ocasiones los egipcios utilizaban pelucas y barbas postizas. En algunas representaciones de monumentos egipcios se ve a hombres de alto rango con pelo largo y bien cuidado; no es posible distinguir si se trata del pelo propio o de una peluca.
Las egipcias, por el contrario, llevaban su propio pelo, largo y trenzado. En bastantes momias de mujeres egipcias se ha hallado cabello trenzado bien conservado.
Asirios, babilonios, romanos. Los asirios y babilonios solían llevar el pelo largo. En los relieves asirios se puede apreciar que los hombres llevaban el cabello bien peinado, con rizos que les llegaban hasta los hombros. Las barbas también eran largas y a veces estaban divididas en dos o tres hileras de rizos. Llevaban el bigote recortado y también rizado. Algunos creen que el cabello tan largo que se ve en los monumentos era en parte un postizo añadido al pelo natural.
Es de suponer que en tiempos antiguos los romanos llevaran barba, pero hacia el siglo III a. E.C. adoptaron la costumbre de afeitarse.
Hebreos. Desde tiempos primitivos los hebreos se dejaron crecer la barba, aunque la mantenían bien arreglada, y se cortaban el cabello a una medida moderada. Absalón se cortaba el cabello una vez al año, aunque le crecía tanto que cuando se lo cortaba, pesaba 200 siclos, o unos 2,3 Kg. (posiblemente debido al uso de aceite o ungüentos). (2 Samuel 14:25, 26). La ley de Dios ordenaba a los varones israelitas que no ‘cortasen los mechones de sus lados de modo que quedasen cortos en derredor’, y que no destruyesen la “extremidad” de su barba. Este mandato no significaba que no podían recortarse el pelo o la barba, sino que se dio para evitar que imitasen prácticas paganas. (Levítico 19:27) «No haréis tonsura en vuestras cabezas, ni dañaréis la punta de vuestra barba». Descuidar el cabello o la barba, probablemente dejándolos sin recortar y desatendidos, era una señal de duelo. (2 Samuel 19:24) «También Mefi-boset hijo de Saúl descendió a recibir al rey; no había lavado sus pies, ni había cortado su barba, ni tampoco había lavado sus vestidos, desde el día en que el rey salió hasta el día en que volvió en paz». En las instrucciones dadas a los sacerdotes por medio del profeta Ezequiel, Dios les ordenó que se cortasen el cabello de la cabeza, pero que no se lo afeitasen, y también les dijo que no deberían llevar el cabello suelto cuando desempeñasen sus funciones en el templo. (Ezequiel 44:15, 20).
Las hebreas cuidaban su cabello y se lo dejaban largo como señal de belleza. (Cantares 7:5) «Tu cabeza encima de ti, como el Carmelo; Y el cabello de tu cabeza, como la púrpura del rey Suspendida en los corredores». El que una mujer se cortase el cabello era señal de duelo o aflicción. (Isaías 3:24) «Y en lugar de los perfumes aromáticos vendrá hediondez; y cuerda en lugar de cinturón, y cabeza rapada en lugar de la compostura del cabello; en lugar de ropa de gala ceñimiento de cilicio, y quemadura en vez de hermosura». En el caso de que un soldado israelita capturase a una mujer virgen de una ciudad enemiga y desease casarse con ella, la mujer primero tenía que cortarse el cabello, arreglarse las uñas y observar un período de duelo de un mes de duración por sus padres, que habrían muerto en la toma de la ciudad. (Deuteronomio 21:10-13).
Un factor que el sacerdote tenía que tener en cuenta en la diagnosis de la lepra era el color y estado del pelo de la parte afectada. (Levítico 13:1-46).
Cristianos. Tanto el apóstol Pedro como el apóstol Pablo vieron la necesidad de aconsejar a las mujeres cristianas que no dieran indebida atención a los peinados y adornos, como era costumbre en aquellos días. En vez de eso, se las instó a que centrasen su atención en adornarse con la vestidura incorruptible de un espíritu quieto y apacible. (1 Pedro 3:3, 4).
Debido a las costumbres comunes de la época, el apóstol Pablo afirmó que era natural que el hombre tuviera el cabello más corto que la mujer. (Véase NATURALEZA). Era una vergüenza para una mujer que se la rapara o trasquilara. Dios le había dado el cabello largo “en lugar de prenda para la cabeza”, pero Pablo explicó que esta cubierta natural, que era una gloria para la mujer, no la excusaba de cubrirse la cabeza con una “señal de autoridad” al orar o profetizar en la congregación cristiana. Si aceptaba este hecho y se cubría la cabeza en tales circunstancias, la cristiana demostraba su reconocimiento de la jefatura teocrática y su sujeción cristiana. De este modo glorificaba tanto a su cabeza marital como a Jehová Dios, el Cabeza de todos. (1 Corintios 11:3-16).
Uso figurado. Job se cortó el cabello como muestra de su desolación por haber perdido a sus hijos y posesiones. (Job 1:20) «Entonces Job se levantó, y rasgó su manto, y rasuró su cabeza, y se postró en tierra y adoró».
A Ezequiel se le ordenó que se cortase el pelo y la barba, que dividiese los cabellos en tres partes y que utilizara cada parte de una manera que indicaría proféticamente las aflicciones que les sobrevendrían a los habitantes de Jerusalén cuando Dios ejecutara sus juicios. (Ezequiel 5:1-13). Arrancarse el pelo o cortárselo también representaba angustia y aflicción (Esdras 9:3) «Cuando oí esto, rasgué mi vestido y mi manto, y arranqué pelo de mi cabeza y de mi barba, y me senté angustiado en extremo», y arrancar el cabello de la cabeza o de la cara de otra persona era una forma de deshonrarla, despreciarla o censurarla. (Nehemías 13:25) «Y reñí con ellos, y los maldije, y herí a algunos de ellos, y les arranqué los cabellos, y les hice jurar, diciendo: No daréis vuestras hijas a sus hijos, y no tomaréis de sus hijas para vuestros hijos, ni para vosotros mismos».
La cantidad de cabellos que hay en la cabeza humana (un promedio aproximado de 100.000) se usó para representar algo numeroso o innumerable. (Salmos 40:12) «Porque me han rodeado males sin número; Me han alcanzado mis maldades, y no puedo levantar la vista. Se han aumentado más que los cabellos de mi cabeza, y mi corazón me falla». Por otra parte, la delgadez del cabello se empleó en sentido figurado para referirse a la precisión. (Jueces 20:16) «De toda aquella gente había setecientos hombres escogidos, que eran zurdos, todos los cuales tiraban una piedra con la honda a un cabello, y no erraban». La declaración: ‘No perecerá (o caerá) ni un cabello de su cabeza’, garantiza una total y completa protección y seguridad. (Lucas 21:18) «Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá». Algo similar denotaron las palabras de Jesucristo a sus discípulos al referirse al cuidado que Dios les dispensaba a ellos: “Los mismísimos cabellos de la cabeza de ustedes están todos contados”. (Mateo 10:30) «Pues aun vuestros cabellos están todos contados».
La canicie merecía respeto (Proverbios 16:31) «Corona de honra es la vejez Que se halla en el camino de justicia», y a veces se usaba como sinónimo de edad y sabiduría. (Job 15:9, 10). En una visión dada a Daniel se representa a Jehová simbólicamente con cabello blanco, como “lana limpia”, y se le llama el “Anciano de Días”. (Daniel 7:9) «Estuve mirando hasta que fueron puestos tronos, y se sentó un Anciano de días, cuyo vestido era blanco como la nieve, y el pelo de su cabeza como lana limpia; su trono llama de fuego, y las ruedas del mismo, fuego ardiente». El apóstol Juan vio a Jesucristo, también representado en una visión, con cabellos “blancos como lana blanca”. (Apocalipsis 1:1, 14, 17).
Pelo de animales. El pelo de cabra se usaba en la confección de ciertas telas. (Éxodo 26:7) «Harás asimismo cortinas de pelo de cabra para una cubierta sobre el tabernáculo; once cortinas harás». Juan el Bautista llevaba una prenda de pelo de camello (Mateo 3:4) «Y Juan estaba vestido de pelo de camello, y tenía un cinto de cuero alrededor de sus lomos; y su comida era langostas y miel silvestre», que era el tipo de vestido oficial que utilizaban los profetas. (2 Reyes 1:8) «Y ellos le respondieron: Un varón que tenía vestido de pelo, y ceñía sus lomos con un cinturón de cuero. Entonces él dijo: Es Elías tisbita». Rebeca colocó pelo de cabra en las manos y cuello de Jacob para simular el pelo de Esaú. (Génesis 27:16) «y cubrió sus manos y la parte de su cuello donde no tenía vello, con las pieles de los cabritos».
•Pelo.
El cabello era un distintivo de belleza y a veces hasta de orgullo. El cabello de Absalón le causó la muerte (Salmos 40:12) «Porque me han rodeado males sin número; Me han alcanzado mis maldades, y no puedo levantar la vista. Se han aumentado más que los cabellos de mi cabeza, y mi corazón me falla».
Si la calvicie se consideraba afrentosa, el c. largo y abundante era, por lo contrario, un adorno, no sólo para la mujer, sino también para el hombre.
El cabello era un distintivo de belleza y a veces hasta de orgullo. El cabello de Absalón le causó la muerte (2 Samuel 14:26) «Cuando se cortaba el cabello (lo cual hacía al fin de cada año, pues le causaba molestia, y por eso se lo cortaba), pesaba el cabello de su cabeza doscientos siclos de peso real». (2 Samuel 18:9) «Y se encontró Absalón con los siervos de David; e iba Absalón sobre un mulo, y el mulo entró por debajo de las ramas espesas de una gran encina, y se le enredó la cabeza en la encina, y Absalón quedó suspendido entre el cielo y la tierra; y el mulo en que iba pasó delante». El cabello largo de Sansón era un símbolo de su voto como nazareo, y cuando se lo cortaron también perdió su fuerza (Jueces 13:7) «Y me dijo: He aquí que tú concebirás, y darás a luz un hijo; por tanto, ahora no bebas vino, ni sidra, ni comas cosa inmunda, porque este niño será nazareo a Dios desde su nacimiento hasta el día de su muerte». (Jueces 16:17-20).
En tiempos del NT el cabello largo era una marca de distinción entre los sexos, y Pablo dijo que esa distinción debiera continuar, haciendo notar que aun la naturaleza enseña que el cabello largo es deshonroso para el hombre pero honroso para la mujer (1 Corintios 11:14-16). A los judíos se les prohibió cortarse (estropearse en RVA) las puntas de la barba; de aquí la costumbre moderna que los judíos ortodoxos observan de colocarse candados de oración en los oídos. El término cabello también se usa figuradamente (ver (Jueces 20:16) «De toda aquella gente había setecientos hombres escogidos, que eran zurdos, todos los cuales tiraban una piedra con la honda a un cabello, y no erraban». (1 Samuel 14:45) «Entonces el pueblo dijo a Saúl: ¿Ha de morir Jonatán, el que ha hecho esta grande salvación en Israel? No será así. Vive Jehová, que no ha de caer un cabello de su cabeza en tierra, pues que ha actuado hoy con Dios. Así el pueblo libró de morir a Jonatán». (Salmos 40:12) «Porque me han rodeado males sin número; Me han alcanzado mis maldades, y no puedo levantar la vista. Se han aumentado más que los cabellos de mi cabeza, y mi corazón me falla».
Cabello (heb. Ña'arâh, Ñê'âr, 'cabello' en general; pera', 'cabellera' completa; dallâh, 'cabello [cabellera]' que pende; majlâfâh, 'trenza'; qewutstsâh, tsîtsit, 'bucle'; gr. thríx, tríjinos, 'cabello' en general; kome, 'cabellera [cabello]'; plégma, 'cabello [peinado]' arreglado [trenzado]). Los antiguos a menudo se cortaban el cabello para manifestar dolor extremo (Job 1:20; cf ; ), y por asombro, ira o insulto, a veces se arrancaban mechones de cabello (heb. mârat, 'arrancar [quitar]'; ; ; ). Aparentemente, en tiempos del AT los hebreos lo usaban bastante largo (fig 269), como lo hacían los asirios; como contraste, los egipcios solían afeitarse la cabeza. Los hebreos que tomaban el voto nazareo* no se lo cortaban (, 5): el cabello largo de Sansón era una señal de su voto de nazareo; cuando se lo cortó, rompió su voto, el Señor lo abandonó y perdió su fuerza (; 16:17-20). Parece que Absalón tenía un cabello sumamente hermoso (, 26). De acuerdo con Josefo, quienes conducían los carros de Salomón lo usaban largo y cada día lo salpicaban con polvo de oro. Los cabellos blancos eran signos de vejez o 183 edad avanzada, y en Dios y/o Jesús sirven para representar la eternidad (; ). Cristo ilustró el atento cuidado de Dios por nosotros al decir que aún los cabellos de nuestras cabezas están contados (). Pablo afirma que es una vergüenza para el hombre tenerlo largo, pero que el de la mujer es 'honroso', porque le sirve 'en lugar de velo' (, 15). Advirtió que las mujeres no se deben adornar con peinados ostentosos y otros artificios, sino más bien con un buen carácter y buenas obras (1 , 10; cf , 4). Véanse Barba; Pelo de cabra. Bib.: FJ-AJ viii.7.3.