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Números 16:32 - Biblia Torres Amat 1825

32 y abriendo su boca se los tragó con sus tiendas y todos sus haberes;

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

32 Abrió la tierra su boca, y los tragó a ellos, a sus casas, a todos los hombres de Coré, y a todos sus bienes.

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Biblia Nueva Traducción Viviente

32 La tierra abrió la boca y se tragó a los hombres, junto con todos los de su casa y todos sus seguidores que estaban junto a ellos y todo lo que poseían.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

32 Se abrió una garganta y se los tragó con toda su familia (a todos los hombres de la banda de Coré) junto con todo lo que les pertenecía.

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La Biblia Textual 3a Edicion

32 y la tierra abrió su boca, y se los tragó a ellos y a sus familias, y a todo hombre que estaba de parte de Coré, y a todas sus pertenencias.

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

32 la tierra abrió su boca y se los tragó: a ellos y a sus familias, y a todos los hombres de Coré, con todos sus bienes.

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

32 Y la tierra abrió su boca, y los tragó a ellos, y a sus casas, y a todos los hombres de Coré, y a toda su hacienda.

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Números 16:32
21 Referencias Cruzadas  

Maldito, pues, serás tú desde ahora sobre la tierra, la cual ha abierto su boca, y recibido de tu mano la sangre de tu hermano.


Hijos de Caat: Aminadab, hijo suyo. Coré lo fue de Aminadab; Asir de Coré.


hijo de Tahat, hijo de Asir, hijo de Abiasaf, hijo de Coré,


Se abrió la tierra y se tragó a Datán, y sepultó la facción de Abirón.


Al modo que en el campo se desmenuza el grueso terrón, así fueron esparcidos nuestros huesos; estuvimos a punto de morir.


¡Oh cuán amables son tus moradas, Señor de los ejércitos!


¡Oh Señor! tú has derramado la bendición sobre tu tierra; tú has libertado del cautiverio a Jacob .


Para los hijos de Coré, hasta el fin, sobre Mahelet; para cantarse alternativamente. Instrucción de Emán ezraíta. Señor Dios de mi salud, día y noche estoy clamando tu presencia.


Estará la tierra, o el hombre, en una agitación semejante a la de un borracho; y mudará de sitio, como tienda que sólo se arma para pasar una noche; se verá agobiada con el peso de su propia iniquidad, y caerá y nunca jamás se levantará.


Y tendrá que encorvarse el plebeyo, y humillarse el grande, y serán abatidos los ojos de los altivos.


Tomad cada cual vuestros incensarios, y echad en ellos incienso, ofreciendo al Señor doscientos cincuenta incensarios; y tenga Aarón también el suyo.


pero si el Señor hiciere una cosa nunca vista, de manera que la tierra abriendo su boca se los trague a ellos y a todas sus cosas, y bajen vivos al infierno, sabréis entonces que han blasfemado contra el Señor.


No bien hubo acabado de hablar, cuando la tierra se hundió debajo de los pies de aquéllos,


y cubiertos de tierra bajaron vivos al infierno, y perecieron de en medio del pueblo.


Los muertos fueron catorce mil setecientos hombres, sin contar los que perecieron en la rebelión de Coré.


y abriendo la tierra su boca los tragó con Coré, muriendo muchísimos, al tiempo mismo que abrasó el fuego a los doscientos cincuenta hombres. Y sucedió entonces el gran prodigio,


que pereciendo Coré, no perecieron sus hijos.


Nuestro padre murió en el desierto; no tuvo parte en la rebelión suscitada contra el Señor por Coré, sino que vino a morir, como todos, por su pecado: mas no dejó hijos varones. ¿Por qué razón se ha de borrar de su familia el nombre suyo por no haber tenido un hijo? Dadnos a nosotros la herencia entre los parientes de nuestro padre.


No expongáis el linaje de Caat a que sea exterminado de entre los levitas;


y lo sucedido con Datán y Abirón, hijos de Eliab, hijo que fue de Rubén; a los cuales la tierra, abriendo su boca, se los tragó con sus familias y tiendas y todo cuanto poseían en medio de Israel.


Con esto el dragón se irritó contra la mujer, y se marchó a guerrear contra los demás de la casta o linaje de ella, que guardan los mandamientos de Dios, y mantienen la confesión de Jesucristo.


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