Biblia Todo Logo
La Biblia Online
- Anuncios -





Números 16:33 - Biblia Torres Amat 1825

33 y cubiertos de tierra bajaron vivos al infierno, y perecieron de en medio del pueblo.

Ver Capítulo Copiar


Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

33 Y ellos, con todo lo que tenían, descendieron vivos al Seol, y los cubrió la tierra, y perecieron de en medio de la congregación.

Ver Capítulo Copiar

Biblia Nueva Traducción Viviente

33 Así que descendieron vivos a la tumba, junto con todas sus pertenencias. La tierra se cerró encima de ellos y desaparecieron de entre el pueblo de Israel;

Ver Capítulo Copiar

Biblia Católica (Latinoamericana)

33 Bajaron vivos al Lugar de los muertos, junto con todos los que estaban con ellos. La tierra los tapó y desaparecieron de la vista de la comunidad.

Ver Capítulo Copiar

La Biblia Textual 3a Edicion

33 Y ellos, con todo lo que poseían, descendieron vivos al Seol, y los cubrió la tierra, y desaparecieron de en medio de la congregación.

Ver Capítulo Copiar

Biblia Serafín de Ausejo 1975

33 Bajaron vivos al seol, ellos y todo lo que les pertenecía; los cubrió la tierra y desaparecieron de en medio de la asamblea.

Ver Capítulo Copiar

Biblia Reina Valera Gómez (2023)

33 Y ellos, con todo lo que tenían, descendieron vivos al abismo, y los cubrió la tierra, y perecieron de en medio de la congregación.

Ver Capítulo Copiar




Números 16:33
19 Referencias Cruzadas  

Al modo que en el campo se desmenuza el grueso terrón, así fueron esparcidos nuestros huesos; estuvimos a punto de morir.


Oyeme luego, ¡oh Señor!, mi espíritu ha desfallecido. No retires de mí tu rostro; haz que no haya de contarme ya entre los muertos.


Que los arrebate la muerte; y desciendan vivos al infierno; ya que todas las maldades se albergan en sus moradas, en medio de su corazón.


Pero yo he clamado a Dios, y el Señor me salvará.


Al contrario tú, ¡oh Dios!, dejarás caer a aquellos en el pozo de la perdición. Los hombres sanguinarios y alevosos no llegarán a la mitad de sus días; pero yo, ¡oh Señor!, tengo puesta en ti mi esperanza.


No me anegue esta tempestad, ni me trague el abismo del mar, ni el pozo cierre sobre mí su boca.


Manifestaré mi júbilo por haberme tú salvado; las gentes que me perseguían han quedado sumidas en la perdición que habían preparado contra mí. En el lazo mismo, que me tenían ocultamente armado, ha quedado preso su pie.


Los que te vieren se inclinarán a ti, y te contemplarán. ¿Y es éste, dirán, aquel hombre que alborotó la tierra, que hizo estremecer los reinos,


Todos, dirigiéndote la palabra, te dirán: ¡Conque tú también has sido herido como nosotros, y a nosotros has sido hecho semejante!


Los vivos, Señor, los vivos son los que te han de tributar alabanzas, como hago yo este día; el padre anunciará a sus hijos su fidelidad en las promesas.


Por esta causa ninguno de los árboles plantados junto a la corriente de las aguas se engreirá en su grandeza, ni elevará su copa entre las espesas arboledas, ni se fiarán en su grandeza todos estos árboles de regadío; porque todos han sido entregados en poder de la muerte, cayeron en la profunda fosa, como los demás hijos de los hombres que descienden al sepulcro.


Hijo de hombre, canta una lamentación sobre el pueblo de Egipto; y, vaticinando, arrójale a él y a las hijas de las naciones poderosas al hondo de la tierra, donde están los que descienden al sepulcro.


Allí están los príncipes todos del septentrión y todos los tiranos, los cuales, junto a los que perecieron al filo de la espada, han sido llevados allí despavoridos y humillados a pesar de toda su valentía; quienes durmieron incircuncisos entre aquellos que fueron pasados a cuchillo, y llevaron su propia ignominia como los que bajaron a la fosa.


y abriendo su boca se los tragó con sus tiendas y todos sus haberes;


Al punto todo Israel, que estaba al contorno, a los alaridos de los que perecían echó a huir diciendo: No sea que nos trague también a nosotros la tierra.


Que si la burra no se hubiese desviado del camino, cediéndome el lugar cuando me oponía a su paso, a ti te hubiera ya muerto, y ella viviera.


que pereciendo Coré, no perecieron sus hijos.


Mi furor se ha encendido como un fuego grande que los abrasará hasta el abismo del infierno: arrasará la tierra y todas sus plantas, y arderán hasta los cimientos de los montes.


Estos son los que contaminan y deshonran vuestros convites de caridad cuando asisten a ellos sin vergüenza, cebándose a sí mismos, nubes sin agua, llevadas de aquí para allá por los vientos; árboles otoñales, infructuosos, dos veces muertos, sin raíces;


Síguenos en:

Anuncios


Anuncios


¡Síguenos en WhatsApp! Síguenos