pues jamás se le ocurrió ser bondadoso con nadie; persiguió a los pobres, a los humildes y necesitados, hasta quitarles la vida.
Salmos 10:2 - Biblia Traducción en Lenguaje Actual Los malvados y orgullosos persiguen a los humildes, pero acabarán por caer en sus propias trampas. Más versionesBiblia Reina Valera 1960 Con arrogancia el malo persigue al pobre; Será atrapado en los artificios que ha ideado. Biblia Nueva Traducción Viviente Con arrogancia los malvados persiguen a los pobres; ¡que sean atrapados en el mal que traman para otros! Biblia Católica (Latinoamericana) El malvado se impone y aplasta al humilde: que quede atrapado en las trampas que maquina. La Biblia Textual 3a Edicion Bajo la soberbia del impío el pobre es consumido. ¡Queden presos en las tramas que ellos mismos urdieron! Biblia Serafín de Ausejo 1975 En la euforia del impío se consume el humilde y es cogido en la insidia que aquél trama. Biblia Reina Valera Gómez (2023) Con arrogancia el malo persigue al pobre; sean atrapados en los artificios que han ideado. |
pues jamás se le ocurrió ser bondadoso con nadie; persiguió a los pobres, a los humildes y necesitados, hasta quitarles la vida.
Los orgullosos hablan mal de mí; son gente que no tiene sentimientos. Pero yo sigo tus enseñanzas porque ellas me hacen feliz.
5 (6) Son gente muy orgullosa. A mi paso pusieron trampas para hacerme caer en ellas.
11 (12) ¡No dejes que los orgullosos me pongan el pie encima! ¡No permitas que los malvados hagan conmigo lo que quieran!
12 (13) Cada vez que abren la boca pecan con sus labios; ¡pues déjalos que caigan en la trampa de su orgullo, por las maldiciones que lanzan, por las mentiras que dicen!
Dios los libró de tantos sufrimientos que les causaban los orgullosos egipcios. ¡Ahora sé que el Dios de Israel es más poderoso que todos los dioses!»
El pecado y las malas acciones son trampas para el malvado, y lo hacen su prisionero.
Te decías a ti mismo: “Voy a subir hasta el cielo, allí pondré mi trono por encima de las estrellas de Dios. Reinaré desde la montaña donde viven los dioses.
Los que te vuelven a ver se quedan mirándote y con asombro dicen: “¿Es este el hombre que hacía temblar a la tierra? ¿Es este el hombre que derrotaba a las naciones?
pero Azarías y Johanán, y otras personas muy creídas, me contestaron: «Jeremías, tú nos dices que no vayamos a vivir a Egipto, pero Dios no te mandó a decirnos eso. ¡Eres un mentiroso!