El hombre irascible levanta contiendas, Y el furioso abunda en transgresiones.
El hombre iracundo levanta contiendas, Y el furioso muchas veces peca.
La persona enojada comienza pleitos; el que pierde los estribos con facilidad comete todo tipo de pecados.
El violento multiplica las peleas, el arrebatado comete una y otra falta.
El hombre violento suscita la disputa, el hombre iracundo amontona pecados.
El hombre iracundo levanta contiendas; y el furioso muchas veces peca.
La gente que fácilmente se enoja siempre provoca peleas; la gente violenta comete muchos errores.
Maldita sea su cólera, que fue fiera, Y su furor, que fue cruel, Los dividiré entre Jacob, Y haré que se dispersen en Israel.°
El odio suscita rencillas, Pero el amor cubre toda suerte de ofensas.
El rápido en iras obra neciamente, Y el hombre malicioso será aborrecido.
El hombre iracundo provoca contiendas, Pero el que tarde se enoja, apacigua la rencilla.
El que ama la disputa, ama la transgresión, Y quien abre mucho la puerta, busca su propia ruina.
No hagas amistad con el hombre iracundo, Ni te hagas acompañar del hombre violento,
Fuelle para las brasas y leña para el fuego, Es el pendenciero para atizar la contienda.
El hierro con el hierro se afila, Así aguza el hombre el semblante de su amigo.
El consentido desde la niñez es un esclavo, Al final lo lamentará.
Porque así como batiendo leche se saca mantequilla, Y sonándose recio se saca sangre, Provocando la ira se saca contienda.
Porque donde hay celos y contienda, allí hay desorden y toda obra ruin.