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Hechos 9:3 - Biblia Serafín de Ausejo 1975

Sucedió que, mientras iba caminando, al acercarse a Damasco, de repente lo envolvió una luz del cielo;

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Biblia Reina Valera 1960

Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo;

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Biblia Nueva Traducción Viviente

Al acercarse a Damasco para cumplir esa misión, una luz del cielo de repente brilló alrededor de él.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

Mientras iba de camino, ya cerca de Damasco, le envolvió de repente una luz que venía del cielo.

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La Biblia Textual 3a Edicion

Pero yendo por el camino, sucedió que cuando se acercaba° a Damasco, de repente resplandeció alrededor de él una luz del cielo,

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

Y yendo él por el camino, al acercarse a Damasco, súbitamente le cercó un resplandor de luz del cielo;

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Biblia Traducción en Lenguaje Actual

Ya estaba Saulo por llegar a Damasco cuando, de pronto, desde el cielo lo rodeó un gran resplandor, como de un rayo.

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Hechos 9:3
10 Referencias Cruzadas  

Tú, Señor y mi Dios, eres muy grande, majestad y esplendor son tus vestidos.


Pero me sucedió que, mientras iba de camino y me acercaba a Damasco, a eso del mediodía, súbitamente me rodeó una gran luz del cielo.


Partió, pues, Ananías, entró en la casa, le impuso las manos y le dijo: 'Hermano Saulo, el Señor Jesús, el que se te apareció en el camino que traías, me ha enviado para que recobres la vista y quedes lleno del Espíritu Santo'.


Entonces Bernabé lo tomó consigo, lo presentó a los apóstoles y les explicó cómo vio en el camino al Señor, el cual le habló, y cómo en Damasco había actuado con valentía en el nombre de Jesús.


Al último de todos, como a un aborto, se me apareció también a mí;


¿No soy libre? ¿No soy apóstol? ¿No he visto a Jesús, nuestro Señor? Vosotros mismos, ¿no sois mi obra en el Señor?


el único poseedor de la inmortalidad, que habita en la región inaccesible de la luz, a quien ningún hombre vio ni puede ver. A él, honor e imperio eterno. Amén.


La ciudad no necesita del sol ni de la luna para que la iluminen, porque la ilumina la gloria de Dios y su lámpara es el Cordero.


Ya no habrá noche, y no necesitan luz de lámpara ni luz de sol, porque el Señor, Dios, los alumbrará y reinarán por los siglos de los siglos.