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Habacuc 3:3 - Biblia Serafín de Ausejo 1975

Dios viene de Temán, el Santo del monte Parán. Selah Su majestad cubre los cielos, de su gloria se llena la tierra.

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Biblia Reina Valera 1960

Dios vendrá de Temán, Y el Santo desde el monte de Parán. Selah Su gloria cubrió los cielos, Y la tierra se llenó de su alabanza.

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Biblia Nueva Traducción Viviente

»¡Veo a Dios cruzando el desierto de Edom; el Santo viene desde el monte Parán! Su brillante esplendor llena los cielos, y la tierra se llena de su alabanza.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

Viene Dios de Temán, el Santo, desde el monte Parán. Su majestad envuelve los cielos y su Gloria repleta la tierra.

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La Biblia Textual 3a Edicion

Dios viene desde Temán, El Santo, de los montes de Parán. SelahSu esplendor eclipsa los cielos y la tierra se llena de sus alabanzas.

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

Dios viene de Temán, y el Santo del monte de Parán (Selah). Su gloria cubrió los cielos, y la tierra se llenó de su alabanza.

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Biblia Traducción en Lenguaje Actual

Tú eres nuestro santo Dios; vienes de la región de Temán, vienes del monte Parán. Tu grandeza ilumina los cielos; la tierra entera te alaba.

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Habacuc 3:3
32 Referencias Cruzadas  

Habitó en el desierto de Parán, y su madre tomó para él una mujer de la tierra de Egipto.


Los hijos de Elifaz fueron: Temán, Omar, Sefó, Gatán y Quenaz.


Partieron de Madián y llegaron a Farán, donde tomaron consigo algunos hombres, y desde aquí se dirigieron a Egipto. Se presentaron al Faraón, rey de Egipto, quien le dio casa, le proporcionó sustento y le concedió terrenos.


Excelso es el Señor sobre todas las naciones, su majestad, sobre los cielos.


Bendigan el nombre del Señor, pues sólo su nombre es elevado: su majestad, sobre los cielos y la tierra.


Ah Señor, cuántos son mis opresores, cuántos los que se yerguen contra mí,


Pero tú, Señor, eres mi escudo, mi honor y el que levanta mi cabeza.


Sabed que el Señor distingue a sus amados, que él me escucha al invocarle.


Nosotros revivimos, Dios, tus gracias en medio de tu templo.


¿por qué miráis con ojos rudos, montañas de altos picos, al monte que el Señor eligió por su morada? ¡El Señor se estará en ella eternamente!


Tet. Los gentiles naufragan en la fosa que hicieron, en la red que ocultaron se enmañaran sus pies.


Levántate, Yahveh, no se engría el humano: a juicio las naciones ante ti.


Todo el pueblo percibía los truenos y relámpagos, el sonido del cuerno y la montaña humeante; y viendo todo esto, el pueblo estaba atemorizado y se mantenía a distancia.


¡Ay de los que bajan a Egipto por ayuda y buscan apoyo en su caballería! Confían en los carros, que son muchos; en los jinetes, que son muy numerosos, y no miran al Santo de Israel, a Yahveh no consultan.


Se gritaban el uno al otro: '¡Santo, Santo, Santo es Yahveh Sebaot; toda la tierra está llena de su gloria!'.


que nunca hasta entonces se habían oído! Ningún oído escuchó, ningún ojo vio que un Dios, fuera de ti, obre así con quien espera en él.


Acerca de Edom. Así dice Yahveh Sebaot: '¿No hay ya en Temán sabiduría? ¿Ha desaparecido de los cuerdos el consejo? ¿Está su sabiduría corrompida?


y vi la gloria del Dios de Israel que venía de oriente. Su estruendo era como el ruido de aguas caudalosas, y la tierra resplandecía de su gloria.


Enviaré fuego a Temán, que devorará los palacios de Bosrá.


Tus héroes, Temán, estarán aterrados, porque todo hombre de la montaña de Esaú será aniquilado con muerte violenta.


Pero la tierra se llenará del conocimiento de la gloria de Yahveh, como las aguas cubren el mar.


Entonces los israelitas partieron, por etapas, del desierto del Sinaí; y la nube se paró en el desierto de Parán.


Dijo así: 'Yahveh partió del Sinaí, desde Seír amaneció para ellos; resplandeció desde el monte Parán, llegó a Meribá en Cades con rayos de luz fulgurante en su diestra.


y me dijisteis: 'Yahveh, nuestro Dios, nos ha hecho ver su gloria y su grandeza, y hemos oído su voz de en medio del fuego. Hoy hemos visto que Dios puede conversar con el hombre, y éste seguir con vida.


Murió Samuel, y todo Israel se congregó para hacer duelo por él. Lo sepultaron en una heredad suya, en Ramá. David partió y bajó al desierto de Maón.