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odio Que es, Concepto y Definicion


odio - Diccionario Español

(Del lat. odium).

1. m. Antipatía y aversión hacia algo o hacia alguien cuyo mal se desea.

Odio - Diccionario Perspicacia

En las Escrituras la palabra “odio” tiene varios significados. 1) Puede significar hostilidad intensa, una mala predisposición arraigada, a la que suele acompañar el rencor. Tal odio puede convertirse en un sentimiento corrosivo que intenta hacer daño al objeto de su odio. 2) “Odio” puede significar también fuerte aversión, pero sin ninguna intención de hacer daño al objeto del odio, sino solo de procurar evitarlo debido a un sentimiento de repugnancia. 3) La Biblia también emplea la palabra “odio” para referirse a amar a un grado menor. (Génesis 29:31, 33) (Deuteronomio 21:15, 16) Por ejemplo, Jesucristo dijo: “Si alguien viene a mí y no odia a su padre y madre y esposa e hijos y hermanos y hermanas, sí, y hasta su propia alma, no puede ser mi discípulo”. (Lucas 14:26) «Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo». Obviamente Jesús no quería decir que sus seguidores debían sentir hostilidad o tener repugnancia a sus familias y a ellos mismos, pues esto no estaría en armonía con el resto de las Escrituras. (Compárese con (Marcos 12:29-31) (Efesios 5:28, 29, 33).

La ley de Dios a Israel decía: “No debes odiar a tu hermano en tu corazón”. (Levítico 19:17) «No aborrecerás a tu hermano en tu corazón; razonarás con tu prójimo, para que no participes de su pecado». Uno de los requisitos para que el homicida involuntario pudiera presentarse en una de las ciudades de refugio para conseguir asilo era no haber abrigado odio a la persona a la que había matado. (Deuteronomio 19:4, 11-13).

¿Hay que odiar a los enemigos? El consejo de Jesús de amar a los enemigos está en completa armonía con el espíritu de las Escrituras Hebreas. (Mateo 5:44) «Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen». El fiel Job reconoció que cualquier sentimiento de alegría maliciosa por la calamidad de alguien que lo odiase intensamente hubiera sido incorrecto. (Job 31:29) «Si me alegré en el quebrantamiento del que me aborrecía, Y me regocijé cuando le halló el mal». La ley mosaica impuso a los israelitas la responsabilidad de acudir en ayuda de otros israelitas a quienes pudieran considerar enemigos suyos. (Éxodo 23:4, 5). Más bien que regocijarse por la calamidad de un enemigo, a los siervos de Dios se les manda: “Si el que te odia tiene hambre, dale pan de comer; y si tiene sed, dale agua de beber”. (Proverbios 24:17, 18) (Proverbios 25:21) «Si el que te aborrece tuviere hambre, dale de comer pan, Y si tuviere sed, dale de beber agua».

Una de las ideas que los maestros judíos de la tradición habían añadido a la ley de Dios era que se tenía que odiar a los enemigos. Como la Ley mandaba que los israelitas amasen a su prójimo (Levítico 19:18) «No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo Jehová», estos maestros enseñaban que eso implicaba odiar a sus enemigos. Se llegó a pensar que los términos “amigo” y “prójimo” aplicaban exclusivamente a los judíos, mientras que a todos los demás se les consideraba enemigos por naturaleza. A la luz de la acepción tradicional de “prójimo”, que promovía la enemistad con los gentiles, se puede ver fácilmente por qué añadieron a esta declaración de la ley de Dios las palabras no autorizadas: “y odiar a tu enemigo”. (Mateo 5:43) «Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo».

Por el contrario, el cristiano está obligado a amar a sus enemigos, es decir, aquellos que se hacen a sí mismos enemigos personales. Este amor (gr. a·gá·pe) no es sentimentalismo, basado en un mero apego personal, como normalmente se piensa, sino que es un amor de orden moral o social, fundamentado en un asentimiento deliberado de la voluntad, entendido como una cuestión de principio, deber y propiedad, que busca con sinceridad el bien ajeno según lo que es justo. El amor a·gá·pe trasciende los sentimientos personales de animadversión y nunca permite que hagan que una persona abandone los principios correctos y se desquite. El siervo de Dios incluso ora por aquellos que debido a su ignorancia se oponen a su proceder cristiano y lo persiguen, para que sus ojos puedan abrirse y ver la verdad concerniente a Dios y sus propósitos. (Mateo 5:44) «Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen».

Odio apropiado. No obstante, en ciertas condiciones y en determinadas ocasiones es apropiado odiar. “Hay [...] tiempo de amar y tiempo de odiar”. (Eclesiastés 3:1, 8). Incluso se dice que Jehová odió a Esaú. (Malaquías 1:2, 3). Esto no se puede atribuir a ninguna arbitrariedad de Dios. Esaú demostró que no era merecedor del amor de Jehová al despreciar su primogenitura y venderla, con lo que vendía también las promesas y bendiciones divinas vinculadas a dicha primogenitura. Además, se propuso matar a su hermano Jacob. (Génesis 25:32-34) (Génesis 27:41-43) (Hebreos 12:14-16). Dios también odia los ojos altaneros, la lengua falsa, las manos que derraman sangre inocente, el corazón que fabrica proyectos perjudiciales, los pies que se apresuran a correr a la maldad, el testigo falso, así como a cualquiera que envía contiendas entre hermanos, de hecho, cualquier persona o cosa que se opone por completo a Él y a sus leyes justas. (Proverbios 6:16-19) (Deuteronomio 16:22) «ni te levantarás estatua, lo cual aborrece Jehová tu Dios». (Isaías 61:8) «Porque yo Jehová soy amante del derecho, aborrecedor del latrocinio para holocausto; por tanto, afirmaré en verdad su obra, y haré con ellos pacto perpetuo». (Zacarías 8:17) «Y ninguno de vosotros piense mal en su corazón contra su prójimo, ni améis el juramento falso; porque todas estas son cosas que aborrezco, dice Jehová». (Malaquías 2:16) «Porque Jehová Dios de Israel ha dicho que él aborrece el repudio, y al que cubre de iniquidad su vestido, dijo Jehová de los ejércitos. Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales».

¿Qué clase de odio deben cultivar los siervos de Dios?

La verdadera lealtad a Jehová impulsa a sus siervos a odiar lo que Él odia y a quien Él odia. (2 Crónicas 19:2) «Y le salió al encuentro el vidente Jehú hijo de Hanani, y dijo al rey Josafat: ¿Al impío das ayuda, y amas a los que aborrecen a Jehová? Pues ha salido de la presencia de Jehová ira contra ti por esto». “¿No odio yo a los que te odian intensamente, oh Jehová, y no me dan asco los que se sublevan contra ti? De veras los odio con un odio completo. Han llegado a ser para mí verdaderos enemigos.” (Salmos 139:21, 22) Pero este odio no procura causar daño a otros y no es sinónimo de rencor o malevolencia. Más bien, expresa un total aborrecimiento de lo que es inicuo, y evita lo que es malo y a los que odian intensamente a Jehová. (Romanos 12:9, 17, 19) Los cristianos con razón odian a los enemigos declarados de Dios, como el Diablo y sus demonios, así como a los hombres que de manera consciente y deliberada toman su posición contra Jehová.

Aunque los cristianos no aman a aquellos que tornan la bondad inmerecida de Dios en una excusa para conducta relajada, no odian a las personas que han caído en pecado, pero que merecen que se les muestre misericordia. En vez de odiar al malhechor arrepentido, odian el acto inicuo, “hasta la prenda de vestir interior que ha sido manchada por la carne”. (Judas 1:4, 23).

Debe evitarse el odio impropio. Las personas que en otro tiempo se odiaban, dejan de hacerlo una vez que llegan a ser cristianos. (Tito 3:3) «Porque nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros». El que odia a su hermano todavía anda en oscuridad, por lo que cualquier alegación suya de que es amador de Dios en realidad sería una mentira. El odio al hermano equivale a asesinato. (1 Juan 2:9, 11) (1 Juan 4:20) «Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?». (1 Juan 3:15) «Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él».

El sentimentalismo puede hacer que el punto de vista personal en cuanto al amor y al odio se desequilibre, como al parecer le sucedió a David con su hijo Absalón. (2 Samuel 18:33) «Entonces el rey se turbó, y subió a la sala de la puerta, y lloró; y yendo, decía así: ¡Hijo mío Absalón, hijo mío, hijo mío Absalón! ¡Quién me diera que muriera yo en lugar de ti, Absalón, hijo mío, hijo mío!». (2 Samuel 19:1-6) Del mismo modo, “el que retiene su vara odia a su hijo, pero el que lo ama es el que de veras lo busca con disciplina”. (Proverbios 13:24) «El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; Mas el que lo ama, desde temprano lo corrige».

Si una persona respeta la intimidad ajena y muestra consideración amorosa, no se convertirá innecesariamente en objeto de odio. De ahí el consejo: “Haz cosa rara tu pie en la casa de tu semejante, para que no tenga su suficiencia de ti y ciertamente te odie”. (Proverbios 25:17) «Detén tu pie de la casa de tu vecino, No sea que hastiado de ti te aborrezca».

Odio - Diccionario Alfonso Lockward

•Aborrecimiento.

Odio - Diccionario de Jerusalén

(I) EN EL AT. El grupo verbal «odiar» se traduce por la raíz sn'; sin embargo, sólo en textos poéticos se designa al enemigo por una palabra derivada de la raíz sn'; la expresión ordinaria se deriva de la raíz srr (oponerse a) o es una palabra ('óyéb) que, por lo demás, sólo se halla en akkadio.

(A) El hombre odia. La expresión hebr. no sólo tiene el sentido de «odiar» o «aborrecer» en español (lo contrario de amar), sino que incluye también otros afectos, aunque también en hebr. «odiar» se opone siempre a «amar». Así, en caso de una muerte, se averigua si el homicida mató sin querer o por odio, e.d., intencionadamente (Deuteronomio 4:42-43). Un hombre puede amar a una de sus mujeres y aborrecer a otra (Deuteronomio 21:15-17), e.d., amarla menos; la «odiada» no significa, consiguientemente, más que la mujer pospuesta.

(B) Dios odia. Por antropomorfismo se atribuyen también a Yahvéh sentimientos de odio. Dios odia en primer lugar la idolatría (Deuteronomio 12:31) «No harás así a Jehová tu Dios; porque toda cosa abominable que Jehová aborrece, hicieron ellos a sus dioses; pues aun a sus hijos y a sus hijas quemaban en el fuego a sus dioses». Y el culto falso (p.ej., (Amós 5:21) «Aborrecí, abominé vuestras solemnidades, y no me complaceré en vuestras asambleas». En los libros sapienciales se acentúa particularmente el o. de Dios a los malvados y soberbios; cf. el lugar característico de (Proverbios 6:16-19).

(II) EN EL NT, ha conservado el significado del AT. Nadie puede servir a dos señores, porque aborrecerá al uno y amará al otro (Mateo 6:24) «Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas». cf. (Lucas 16:13) «Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas». El que confiesa valientemente a Cristo, tiene que odiarse a sí mismo y a su familia (Mateo 10:37) «El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí». par.

(A) El hombre odia. La prohibición de odiar al prójimo es encarecida más enérgicamente, pues a la antigua ley, que habría permitido el o., Jesús contrapone la nueva, que lo prohibe, o mejor, establece una contraposición entre una determinada interpretación de (Levítico 19:18) «No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo Jehová». Fundada en la practica de la vida diaria, pero ilegítima, y su propio punto de vista sobre la perfección, que en lugar del o. exige el amor al enemigo (Mateo 5:43-48), par.

(B) Sólo en (Romanos 9:13) «Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí». Se dice que Dios odia. El pasaje de (Malaquías 1:2) «Yo os he amado, dice Jehová; y dijisteis: ¿En qué nos amaste? ¿No era Esaú hermano de Jacob? dice Jehová. Y amé a Jacob». («he amado a Jacob y aborrecido a Esaú») -que originariamente trata de la posición de Esaú-, Pablo lo pone en relación con la libre elección divina por la que Dios llama a los hombres a la justificación. Amor.

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