
Biblia y Estudio - BibliaTodo
Biblias, Comentarios, Diccionario, planes de lectura gratis y mas...
5.0★★★★★
(Del lat. divortium).
1. m. Acción y efecto de divorciar o divorciarse.
2. m. Col. Cárcel de mujeres.
La disolución legal de la unión marital, es decir la ruptura del vínculo matrimonial entre esposo y esposa. Varios de los términos que se emplearon en los idiomas originales para el verbo “divorciarse” tienen el sentido literal de ‘despedir’ (Deuteronomio 22:19) «y le multarán en cien piezas de plata, las cuales darán al padre de la joven, por cuanto esparció mala fama sobre una virgen de Israel; y la tendrá por mujer, y no podrá despedirla en todos sus días», ‘dejar ir’, ‘soltar’ (Mateo 1:19) «José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente», ‘expulsar’, ‘echar fuera’ (Levítico 22:13) «Pero si la hija del sacerdote fuere viuda o repudiada, y no tuviere prole y se hubiere vuelto a la casa de su padre, como en su juventud, podrá comer del alimento de su padre; pero ningún extraño coma de él». y ‘cortar’. (Deuteronomio 24:1-3), donde la expresión “certificado de divorcio” significa literalmente “libro de cortamiento”.)
Cuando Jehová unió a Adán y Eva en matrimonio, no dispuso medio alguno para un eventual divorcio, cosa que Jesús dejó muy clara en su respuesta a la pregunta que le hicieron los fariseos: “¿Es lícito para un hombre divorciarse de su esposa por toda suerte de motivo?”. Jesucristo les explicó que el propósito de Dios era que el hombre dejara a sus padres y se uniera a su esposa, para así llegar a ser una sola carne, y añadió: “De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Por lo tanto, lo que Dios ha unido bajo un yugo, no lo separe ningún hombre”. (Mateo 19:3-6). A renglón seguido, los fariseos preguntaron: “Entonces, ¿por qué prescribió Moisés dar un certificado de despedida y divorciarse de ella?”. La respuesta de Jesús fue: “Moisés, en vista de la dureza del corazón de ustedes, les hizo la concesión de que se divorciaran de sus esposas, pero tal no ha sido el caso desde el principio”. (Mateo 19:7, 8).
Aunque a los israelitas les estaba permitido divorciarse por varias razones como una concesión, Jehová Dios reglamentó el divorcio en su Ley dada a Israel por medio de Moisés. (Deuteronomio 24:1) «Cuando alguno tomare mujer y se casare con ella, si no le agradare por haber hallado en ella alguna cosa indecente, le escribirá carta de divorcio, y se la entregará en su mano, y la despedirá de su casa». dice: “En caso de que un hombre tome a una mujer y de veras la haga su posesión como esposa, entonces tiene que suceder que si ella no hallara favor a sus ojos por haber hallado él algo indecente de parte de ella, entonces él tendrá que escribirle un certificado de divorcio y ponérselo en la mano y despedirla de su casa”. No se especifica la naturaleza de la ‘indecencia’ (literalmente, “la desnudez de una cosa”), pero no podía ser adulterio porque, según la ley de Dios dada a Israel, la muerte, no el divorcio, era la sanción prescrita para aquellos que fuesen culpables de adulterio. (Deuteronomio 22:22-24). Parece que en un principio la ‘indecencia’ que le daba al esposo hebreo base para el divorcio tenía que ver con acciones graves, como el que la esposa le demostrara gran falta de respeto o le acarrease vergüenza a la familia. Y ya que la Ley decía: “Tienes que amar a tu prójimo como a ti mismo”, no es razonable suponer que pudieran usarse impunemente faltas insignificantes como excusas para divorciarse de la esposa. (Levítico 19:18) «No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo Jehová».
En los días de Malaquías muchos esposos judíos fueron desleales a sus esposas: se divorciaban de ellas por toda suerte de motivos, y así se libraban de las esposas de su juventud con el fin, tal vez, de casarse con mujeres paganas más jóvenes. En lugar de apoyar la ley de Dios, los sacerdotes permitieron este proceder y, en consecuencia, incurrieron en el desagrado de Jehová. (Malaquías 2:10-16). Asimismo, parece que en el tiempo de Jesús los judíos se amparaban en muy diversas razones para divorciarse, como se ve por la pregunta que los fariseos le hicieron a Jesús: “¿Es lícito para un hombre divorciarse de su esposa por toda suerte de motivo?”. (Mateo 19:3) «Entonces vinieron a él los fariseos, tentándole y diciéndole: ¿Es lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa?».
Según la costumbre israelita, el hombre pagaba una dote por la mujer que llegaba a ser su esposa y se la consideraba su posesión. Ella disfrutaba de muchas bendiciones y privilegios, pero tenía un papel subordinado en la unión marital. Su posición se muestra además en (Deuteronomio 24:1-4), donde se menciona que el marido podía divorciarse de su esposa, pero no que la esposa pudiera divorciarse de su esposo; por ser considerada propiedad del esposo, no podía divorciarse de él. La primera mención extrabíblica de una israelita que intentó divorciarse de su esposo fue la de Salomé, la hermana del rey Herodes, quien envió a su esposo, el gobernador de Idumea, un certificado de divorcio disolviendo su matrimonio. (Antigüedades Judías, libro XV, cap. VII, sec. 10.) Las palabras de Jesús: “Si alguna vez una mujer, después de divorciarse de su esposo, se casa con otro, ella comete adulterio”, parecen indicar que, o bien el divorcio por iniciativa de la mujer ya había empezado a surgir en su día, o que preveía que esa situación se produciría. (Marcos 10:12) «y si la mujer repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio».
Certificado de divorcio. Los abusos que se produjeron más tarde no deberían movernos a concluir que la concesión recogida en la ley mosaica facilitaba al esposo israelita la consecución del divorcio. Para hacerlo se seguía un procedimiento legal. El esposo tenía que redactar un documento —“escribirle [a su esposa] un certificado de divorcio”— y, hecho esto, “ponérselo en la mano y despedirla de su casa”. (Deuteronomio 24:1) «Cuando alguno tomare mujer y se casare con ella, si no le agradare por haber hallado en ella alguna cosa indecente, le escribirá carta de divorcio, y se la entregará en su mano, y la despedirá de su casa». Aunque las Escrituras no entran en más detalles, parece que este procedimiento incluía el consultar a hombres debidamente autorizados, que primero intentarían reconciliar a la pareja. El tiempo que tomaba la preparación del certificado y la tramitación legal del divorcio daba lugar a que el esposo reconsiderara su decisión. Como el divorcio tenía que estar bien justificado, la observancia rigurosa de la ley evitaba que se hiciera precipitadamente. Además, así también se protegían los derechos e intereses de la esposa. Las Escrituras no dicen nada respecto al contenido del “certificado de divorcio”.
Segundas nupcias de cónyuges divorciados. En (Deuteronomio 24:1-4). también se estipulaba que la mujer divorciada tendría “que salir de la casa de él e ir y llegar a ser de otro hombre”, lo que significaba que estaba libre para casarse de nuevo. De igual manera, se decía: “Si este último hombre le ha cobrado odio y le ha escrito un certificado de divorcio y se lo ha puesto en la mano y la ha despedido de su casa, o en caso de que muriera el último hombre que la haya tomado por esposa, no se permitirá al primer dueño de ella que la despidió tomarla de nuevo para que llegue a ser su esposa después que ella ha sido contaminada; porque eso es cosa detestable ante Jehová, y no debes conducir al pecado la tierra que Jehová tu Dios te da como herencia”. Al primer marido le estaba prohibido tomar de nuevo a la esposa de la que se había divorciado, quizás para evitar la posibilidad de que ambos tramaran el divorcio de ella de su segundo marido o, incluso, la muerte de este, con el fin de volver a casarse. Tomarla de nuevo era una inmundicia a los ojos de Dios, y ya que el primer marido la había despedido por ser una mujer en la que había hallado “algo indecente”, hacía el ridículo si volvía a tomarla después de haber estado unida legalmente a otro hombre.
Seguramente, el que el primer esposo no pudiese volver a casarse con la esposa de la que se había divorciado, después que ella se había casado de nuevo —aunque su segundo marido se divorciase de ella o muriese—, hacía que el esposo que tuviese la intención de poner fin a su matrimonio reflexionase seriamente antes de hacerlo. (Jeremías 3:1) «Dicen: Si alguno dejare a su mujer, y yéndose ésta de él se juntare a otro hombre, ¿volverá a ella más? ¿No será tal tierra del todo amancillada? Tú, pues, has fornicado con muchos amigos; mas ¡vuélvete a mí! dice Jehová». Sin embargo, no se especifica prohibición alguna en el supuesto de que ella no se hubiese casado de nuevo después de haberse consumado el divorcio.
Despido de esposas paganas. Antes de que los israelitas entraran en la Tierra Prometida, se les dijo que no formaran alianzas matrimoniales con sus habitantes paganos. (Deuteronomio 7:3, 4). No obstante, en los días de Esdras los judíos habían tomado esposas extranjeras, y, en oración a Dios, Esdras reconoció su culpabilidad en este asunto. En respuesta a su exhortación y en reconocimiento de su error, los hombres de Israel que habían tomado esposas extranjeras las despidieron “junto con hijos”. (Esdras 9:10) «Pero ahora, ¿qué diremos, oh Dios nuestro, después de esto? Porque nosotros hemos dejado tus mandamientos».
Sin embargo, como se desprende del consejo inspirado de Pablo, los cristianos que provenían de diversas naciones (Mateo 28:19) «Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo». No tenían que divorciarse de sus cónyuges por no ser estos adoradores de Jehová, ni siquiera separarse de ellos. (1 Corintios 7:10-28). Pero cuando se trataba de contraer un nuevo matrimonio, a los cristianos se les aconsejaba casarse “solo en el Señor”. (1 Corintios 7:39) «La mujer casada está ligada por la ley mientras su marido vive; pero si su marido muriere, libre es para casarse con quien quiera, con tal que sea en el Señor».
José piensa en divorciarse. Estando María prometida en matrimonio a José, se halló que estaba encinta por espíritu santo: “Sin embargo, José su esposo, porque era justo y no quería hacer de ella un espectáculo público, tenía la intención de divorciarse de ella secretamente”. (Mateo 1:18, 19). Como para los judíos de aquel tiempo los esponsales vinculaban ineludiblemente a la pareja, es procedente el uso de la palabra “divorciarse” en este contexto.
Si una joven comprometida tenía relaciones sexuales con otro hombre, era lapidada, al igual que se hacía con la mujer adúltera. (Deuteronomio 22:22-29). Para poder sentenciar a muerte por apedreamiento a una persona, se requería que su culpabilidad se demostrase por el testimonio de dos testigos. (Deuteronomio 17:6, 7). Es evidente que José no tenía testigos que acusasen a María, y aunque estaba embarazada, José no tuvo una explicación satisfactoria de los hechos hasta que el ángel de Jehová le informó. (Mateo 1:20, 21). No se dice si el ‘divorcio en secreto’ que José se proponía hacer incluiría la entrega de un certificado, pero seguramente él se apegaría a los principios expresados en (Deuteronomio 24:1-4). y le otorgaría el divorcio a María en presencia de solo dos testigos, con lo que la situación quedaría zanjada legalmente y evitaría exponerla sin necesidad a la vergüenza. Si bien Mateo no da todos los detalles relacionados con el procedimiento que José pensaba seguir, sí indica que deseaba tratar con misericordia a María. Al optar por este proceder, no se dice que obrase de modo injusto, al contrario, si “[tuvo] la intención de divorciarse de ella secretamente”, fue “porque era justo y no quería hacer de ella un espectáculo público”. (Mateo 1:19) «José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente».
Condiciones que impedían el divorcio en Israel. Según la ley de Dios dada a Israel, bajo ciertas condiciones era imposible divorciarse. Podía darse el caso de que un hombre tomara una esposa, tuviese relaciones con ella y luego llegara a odiarla. Podía declarar con falsedad que no era virgen cuando se casó con ella, lo que suponía acusarla injustamente de actos escandalosos y acarrearle un mal nombre. Si los padres de la muchacha demostraban que su hija había sido virgen al tiempo de casarse, los hombres de la ciudad tenían que disciplinar al esposo que la había acusado con falsedad, imponiéndole una multa de cien siclos de plata (220 dólares [E.U.A.]), que daban al padre de la muchacha, y ella tenía que continuar siendo la esposa de aquel hombre, pues estaba escrito: “No se le permitirá divorciarse de ella en todos sus días”. (Deuteronomio 22:13-19). Asimismo, si se descubría que un hombre tenía relaciones con una virgen que no estaba comprometida, la Ley prescribía: “El hombre que se acostó con ella entonces tiene que dar al padre de la muchacha cincuenta siclos de plata (110 dólares [E.U.A.]), y ella llegará a ser su esposa debido a que la humilló. No se le permitirá divorciarse de ella en todos sus días”. (Deuteronomio 22:28, 29).
¿Sobre qué única base bíblica podría divorciarse el cristiano?
Jesús dijo en su Sermón del Monte: “Además se dijo: ‘Cualquiera que se divorcie de su esposa, déle un certificado de divorcio’. Sin embargo, yo les digo que todo el que se divorcie de su esposa, a no ser por motivo de fornicación, la expone al adulterio, y cualquiera que se case con una divorciada comete adulterio”. (Mateo 5:31, 32). Posteriormente, después de decirles a los fariseos que la concesión de divorcio registrada en la ley mosaica no había sido una disposición vigente “desde el principio”, comentó: “Yo les digo que cualquiera que se divorcie de su esposa, a no ser por motivo de fornicación, y se case con otra, comete adulterio”. (Mateo 19:8, 9). En nuestro día, suele distinguirse entre “fornicación” y “adulterio”: el primer término aplica a la persona que tiene relaciones sexuales con otra del sexo opuesto sin estar casada, y el segundo, a la persona casada que consiente en tener ayuntamiento sexual con alguien del sexo opuesto que no es su cónyuge legal. Sin embargo, como se explica en el artículo FORNICACIÓN, este término traduce la palabra griega por·néi·a, que engloba toda forma de acto sexual ilícito fuera del matrimonio bíblico. En consecuencia, las palabras de Jesús en (Mateo 5:32) «Pero yo os digo que el que repudia a su mujer, a no ser por causa de fornicación, hace que ella adultere; y el que se casa con la repudiada, comete adulterio». Indican que la única base válida para el divorcio es que uno de los dos cónyuges cometa por·néi·a. Dada esta circunstancia, un cristiano podría valerse de este recurso y divorciarse de su cónyuge, con lo que quedaría libre para casarse de nuevo, si lo desease, con una persona de su misma fe. (1 Corintios 7:39) «La mujer casada está ligada por la ley mientras su marido vive; pero si su marido muriere, libre es para casarse con quien quiera, con tal que sea en el Señor».
Si una persona casada tuviese relaciones sexuales con alguien de su mismo sexo, incurriría en un acto sucio y repulsivo (homosexualidad) y, de no arrepentirse, no podría ser contado entre los herederos del Reino. Las Escrituras también condenan el ayuntamiento con animales: la bestialidad. (Levítico 18:22, 23). Todos estos actos —sucios en sumo grado— quedan englobados en el amplio concepto de por·néi·a. Además, ha de decirse que bajo la ley mosaica la homosexualidad y la bestialidad comportaban la pena de muerte y dejaban al cónyuge inocente en libertad para casarse de nuevo. (Levítico 20:13, 15, 16).
Por otra parte, Jesucristo dijo que “todo el que sigue mirando a una mujer a fin de tener una pasión por ella ya ha cometido adulterio con ella en su corazón”. (Mateo 5:28) «Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón». Sin embargo, no quiso decir con esto que ese sentimiento interior, no materializado, daba base para el divorcio. Con sus palabras, Jesús puso de manifiesto que el corazón debe mantenerse limpio y que no es procedente albergar pensamientos y deseos impropios. (Santiago 1:14, 15).
La ley rabínica judía realzaba el deber que tenía la pareja de hacer uso del débito conyugal, y si la esposa era estéril, permitía que el esposo se divorciara de ella. Sin embargo, en las Escrituras no hay base alguna que le otorgue al cristiano esa prerrogativa. La prolongada esterilidad de Sara no le dio base a Abrahán para divorciarse de ella, como tampoco —por la misma razón— pensó Isaac en divorciarse de Rebeca, Jacob de Raquel o el sacerdote Zacarías de Elisabet. (Génesis 25:19-26).
No hay nada en las Escrituras que justifique a un cristiano divorciarse de su cónyuge por ser este incapaz de pagar el débito conyugal, haber perdido su sano juicio o contraído una enfermedad incurable o repulsiva. El espíritu de amor, que es propio de los cristianos, induce, no al divorcio, sino a tratar con conmiseración a ese cónyuge. (Efesios 5:28-31). Tampoco otorga la Biblia al cristiano el derecho de divorciarse de su cónyuge por ser de diferente religión; muestra, más bien, que si permanecen juntos, el cónyuge cristiano puede atraer al incrédulo a la fe verdadera. (1 Corintios 7:12-16).
Cuando Jesús dijo en el Sermón del Monte que ‘todo el que se divorciara de su esposa por cualquier otro motivo que no fuese el de la fornicación, la exponía al adulterio, y que cualquiera que se casara con una divorciada cometería adulterio’ (Mateo 5:32) «Pero yo os digo que el que repudia a su mujer, a no ser por causa de fornicación, hace que ella adultere; y el que se casa con la repudiada, comete adulterio», mostró que si el divorcio se producía por motivos ajenos a la por·néi·a de la esposa, el esposo la dejaría ante el riesgo de incurrir en adulterio en el futuro. Siendo que la base del divorcio no era el adulterio, no tenía verdadero valor desvinculante y, por lo tanto, no la dejaba en libertad para casarse con otro hombre y hacer vida conyugal con él. Además, cuando Cristo dijo que cualquiera que “se case con una divorciada comete adulterio”, se refería a una mujer divorciada por razones ajenas al “motivo de fornicación” (por·néi·a). Su divorcio, aunque legalmente válido, no tenía el refrendo de las Escrituras.
Marcos, al igual que Mateo (Mateo 19:3-9), registró lo que dijo Jesús a los fariseos con relación al divorcio y citó a Cristo cuando dijo: “Cualquiera que se divorcie de su esposa y se case con otra comete adulterio contra ella, y si alguna vez una mujer, después de divorciarse de su esposo, se casa con otro, ella comete adulterio”. (Marcos 10:11, 12). Una declaración similar se hace en (Lucas 16:18) «Todo el que repudia a su mujer, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada del marido, adultera». “Todo el que se divorcia de su esposa y se casa con otra comete adulterio, y el que se casa con una mujer divorciada de un esposo comete adulterio”. Leídos por separado, estos versículos parecen prohibir el divorcio a los seguidores de Cristo sea cual sea la circunstancia, o, cuando menos, indicar que un divorciado no podría casarse de nuevo, a no ser que muriese el cónyuge del que se divorció. Sin embargo, estas palabras de Jesús, según aparecen en Marcos y Lucas, deben entenderse a la luz de la declaración más completa registrada por Mateo. En esta se incluye la frase “a no ser por motivo de fornicación” (Mateo 19:9) «Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada, adultera», mostrando que lo que Marcos y Lucas escribieron sobre el divorcio al citar a Jesús aplicaría siempre que la razón para el divorcio no hubiese sido la fornicación (por·néi·a) de uno de los cónyuges.
Sin embargo, una persona no está obligada bíblicamente a divorciarse de un cónyuge adúltero arrepentido. El esposo o esposa cristiano puede responder con misericordia, al igual que Oseas, que al parecer tomó de nuevo a su esposa adúltera Gómer, y Jehová, que mostró misericordia al Israel arrepentido que había sido culpable de adulterio espiritual. (Oseas 3).
Se restablece la norma original de Dios. Con sus palabras, Jesús dejó claro que se restablecía la elevada norma sobre el matrimonio que Dios fijó en un principio, y que aquellos que llegaran a ser sus discípulos tendrían que adherirse a esa norma. Aunque las concesiones recogidas en la ley mosaica continuaban vigentes, sus verdaderos discípulos, que se interesarían en hacer la voluntad del Padre y en ‘hacer’ o poner por obra los dichos enseñados por Jesús (Mateo 7:21-29), no se ampararían en dichas concesiones a fin de ‘endurecer su corazón’ hacia sus cónyuges. (Mateo 19:8) «El les dijo: Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; mas al principio no fue así». No violarían el principio original que gobierna el matrimonio por el afán de divorciarse de sus cónyuges a toda costa y sobre bases distintas a la que Jesús indicó: la fornicación (por·néi·a).
La persona soltera que cometiese fornicación con una prostituta llegaría a ser “un solo cuerpo” con ella. De igual manera, el adúltero se constituiría “un solo cuerpo”, no con su esposa, con quien ya lo era, sino con aquella con la que tuviese relaciones inmorales. En consecuencia, no solo pecaría contra sí mismo, su propio cuerpo, sino contra el “solo cuerpo” que hasta ese momento formaba con su esposa. (1 Corintios 6:16-18). Esa es la razón por la que el adulterio proporciona una base válida para desatar el vínculo conyugal con el respaldo de los principios bíblicos, y cuando esas condiciones se dan, el divorcio da fin al matrimonio legal y deja en libertad al cónyuge inocente para casarse de nuevo con toda dignidad. (Hebreos 13:4) «Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios».
El divorcio en sentido figurado. Las relaciones conyugales se emplean en la Biblia en sentido figurado. (Isaías 54:1, 5, 6). Del mismo modo, se hace referencia al divorcio o a la acción de despedir a una esposa en términos simbólicos. (Jeremías 3:8) «Ella vio que por haber fornicado la rebelde Israel, yo la había despedido y dado carta de repudio; pero no tuvo temor la rebelde Judá su hermana, sino que también fue ella y fornicó».
En 607 a. E.C., el reino de Judá fue echado abajo, Jerusalén sufrió destrucción y a los habitantes de la tierra se los llevaron al cautiverio babilonio. Años antes de que esto ocurriese, Jehová había profetizado a judíos que llegarían a estar en cautiverio: “¿Dónde, pues, está el certificado de divorcio de la madre de ustedes, a la cual yo despedí?”. (Isaías 50:1) «Así dijo Jehová: ¿Qué es de la carta de repudio de vuestra madre, con la cual yo la repudié? ¿O quiénes son mis acreedores, a quienes yo os he vendido? He aquí que por vuestras maldades sois vendidos, y por vuestras rebeliones fue repudiada vuestra madre». La “madre” u organización nacional había sido despedida por una razón justa, no porque Jehová rompiese unilateralmente su pacto e iniciase una tramitación de divorcio, sino debido a sus pecados contra la ley del pacto. Sin embargo, hubo un resto de israelitas arrepentidos que le oró a Jehová a fin de que los aceptase de nuevo en aquella relación de esposa y los restaurase a su tierra. Por causa de su propio nombre, en 537 a. E.C., cuando los setenta años de desolación terminaron, Jehová restauró de nuevo a su pueblo y lo condujo a su tierra. (Salmos 137:1-9); véase MATRIMONIO.
Era una práctica común entre los pueblos paganos. También entre los israelitas, como puede verse por las abundantes menciones que se hacen en la ley mosaica sobre su existencia. Un sacerdote no podía casarse “con mujer repudiada de su marido” (Deuteronomio 22:28-29).
Dentro de ese marco, en el caso de que una mujer repudiada volviera a casarse y fuere repudiada de nuevo, la legislación mosaica prohibía que la misma regresara a su primer marido. El texto sobre el particular, que ha sido motivo de muchas discusiones, dice así: “Cuando alguno tomare mujer y se casare con ella, si no le agradare por haber hallado en ella alguna cosa indecente, le escribirá carta de d., y se la entregará en su mano, y la despedirá de su casa. Y salida de su casa, podrá ir y casarse con otro hombre. Pero si la aborreciere este último, y le escribiere carta de d., y se la entregare en su mano, y la despidiere de su casa; o si hubiere muerto el postrer hombre que la tomó por mujer, no podrá su primer marido, que la despidió, volverla a tomar para que sea su mujer...” (Deuteronomio 24:1-4).
tiempos de Esdras y Nehemías, muchos judíos que habían regresado del exilio repudiaron a sus esposas para casarse con mujeres descendientes de los pueblos cananeos. Es probable que a este caso se refiriera el libro de Malaquías cuando dice: “No seáis desleales para con la mujer de vuestra juventud. Porque Jehová Dios de Israel ha dicho que él aborrece el repudio, y al que cubre de iniquidad su vestido” (Malaquías 2:15-16). La NBE lo traduce: “Pues el que aborrece y repudia -dice el Señor, Dios de Israel- cubre su vestido de violencia”. Es evidente el sentido negativo con el cual se contemplaba esas acciones de d. y el énfasis en las situaciones de injusticia y tensión que aquellas creaban. En el caso de los tiempos de Esdras, los judíos que se habían casado con extranjeras fueron obligados a divorciarse de ellas.
d. en Israel debe ser visto, no como algo ideal y prescriptivo, sino como algo que se toleraba. La ley mosaica se limitó a procurar evitar los abusos. La tolerancia se aprecia en que no había ninguna pena civil ni religiosa para las personas divorciadas, salvo el impedimento mencionado para los sacerdotes. De todos modos, el tema del d. era candente entre los judíos en los días del ministerio terrenal del Señor Jesús. Rabinos de su época, especialmente Shamai y Hillel, habían sido consultados al efecto y dieron sus opiniones sobre el pasaje de (Deuteronomio 24:1-4). Shamai dijo: “Un hombre no puede repudiar a su mujer, a menos que ella le sea infiel”. Hillel enseñó: “Puede repudiarla simplemente por un manjar mal hecho o por un plato solicitado y no servido”.
creen que el Señor Jesús se puso de parte de la escuela de Shammai, porque cuando le preguntaron “si era lícito al marido repudiar a su mujer”, el Señor contestó diciendo que Moisés había permitido el d. “por la dureza de vuestro corazón”, pero “al principio de la creación”, no fue así. Por lo tanto, “lo que Dios juntó, no lo separe el hombre” (Marcos 10:2-9). Como el tema siguió inquietando a los discípulos, que volvieron a preguntarle, el Señor Jesús les reiteró sus palabras en contra del d., incluso ampliándolas. Es de notar que los discípulos exclamaron: “Si es así la condición del hombre con su mujer, no conviene casarse”. Es decir, que la posición de Cristo al respecto fue extremadamente dura en comparación con la práctica del AT.
expresión “salvo por causa de fornicación”, constituye lo que regularmente se llama “la cláusula de excepción”. ésta ha motivado gran discusión en la cristiandad, y se han escrito una infinidad de libros sobre el particular. En ellos se asumen básicamente dos posiciones: una que entiende que el d. es permitido en caso de un acto sexual inmoral o infidelidad, y otra que niega toda posibilidad de d. Cualquiera que sea la posición que se adopte, debe recordarse que en la ley de Moisés la pena para el adulterio era la muerte, pero en el momento en que el Señor hablaba los judíos no podían aplicar la pena capital, decisión que estaba reservada a las autoridades romanas (Juan 18:31) «Entonces les dijo Pilato: Tomadle vosotros, y juzgadle según vuestra ley. Y los judíos le dijeron: A nosotros no nos está permitido dar muerte a nadie». El caso de •Esteban fue un tumulto, una acción de turbas. Una persona que fuera infiel a su cónyuge no podía ser ejecutada como lo requería la ley judía. El Señor enseñó que, de todos modos, si se producía la infidelidad, el vínculo matrimonial podía considerarse roto y producirse el d. Pero no podía hacerlo “por cualquier causa”, sino sólo “por causa de fornicación”.
vigencia de las leyes romanas fue tomada en cuenta por el Señor al tratar este tema, como puede verse en (Jeremías 3:20) «Pero como la esposa infiel abandona a su compañero, así prevaricasteis contra mí, oh casa de Israel, dice Jehová». Pero la ley romana sí permitía a las mujeres divorciarse de sus maridos. De igual manera, en los contratos matrimoniales de los judíos de •Elefantina (siglo V a.C.) que se han encontrado, ambos cónyuges podían pedir el d. Se estima que fue una costumbre tomada de los egipcios, entre los cuales vivían.
aspecto del d. que ha causado mucha discusión es el llamado “privilegio paulino”, según el cual Pablo permitió el d. en el caso de que un incrédulo abandonara a un cónyuge creyente (1 Corintios 7:1-15). En esta porción se fortalece el concepto de indisolubilidad matrimonial cuando se dice: “la mujer no se separe del marido ... el marido no abandone a su mujer”. Incluso cuando se añade que si llegara el caso de que la mujer se separara, ésta debía quedarse sin casar. Pero a través de la historia de la Iglesia estos mismos pasajes han sido utilizados por unos y otros para apoyar sus puntos de vista contradictorios. También en este caso el NT es mucho más estricto que el AT, puesto que la expresión: “quédese sin casar” para un cónyuge que se separa representa un concepto totalmente desconocido en el AT, donde el d. siempre se entiende como una disolución total del vínculo matrimonial, por lo que ambos cónyuges quedan en libertad para contraer nuevas nupcias.
la historia de la Iglesia se presentaron problemas desde muy temprano en cuanto a permitir que una persona divorciada volviera a casarse. El nuevo casamiento llegó incluso a prohibirse a las viudas. Esos casos eran más abundantes que el de los divorciados. Esto ha cambiado mucho en tiempos modernos, pues ya no se discute el derecho de los que pierden su cónyuge por causa de muerte para casarse de nuevo, pero en muchos círculos cristianos se piensa todavía que no es correcto hacer lo mismo con los divorciados. •Mujer.
(gr., apostasion). Un medio por el cual se disuelve públicamente un matrimonio legal y se libra a los participantes de obligaciones adicionales de la relación matrimonial. Es un mecanismo antiguo que ha variado en procedimiento a lo largo de los siglos, pero en general se ha basado en la iniciativa del marido.
Aunque el AT parece permitir el divorcio por motivos algo generales (Esdras 10:16-17).
El Nt prohíbe el divorcio. Jesús declara que bajo la ley mosaica Dios había permitido el divorcio como una concesión a la dureza del corazón humano (1 Corintios 7:10-15).
(I) El esposo tenía en Israel (Eclo 7,26 25,36) derecho a la separación cuando descubría en su mujer alguna tara (Deuteronomio 24:1) «Cuando alguno tomare mujer y se casare con ella, si no le agradare por haber hallado en ella alguna cosa indecente, le escribirá carta de divorcio, y se la entregará en su mano, y la despedirá de su casa». Perdía este derecho si había acusado falsamente a su mujer de comercio carnal prematrimonial (Deuteronomio 22:13-19), o la había forzado antes del desposorio (Deuteronomio 22:28) «Cuando algún hombre hallare a una joven virgen que no fuere desposada, y la tomare y se acostare con ella, y fueren descubiertos». Cuando el marido quería separarse de su mujer no tenía más que extenderle el libelo de repudio (Deuteronomio 24:1), (Isaías 50:1) «Así dijo Jehová: ¿Qué es de la carta de repudio de vuestra madre, con la cual yo la repudié? ¿O quiénes son mis acreedores, a quienes yo os he vendido? He aquí que por vuestras maldades sois vendidos, y por vuestras rebeliones fue repudiada vuestra madre». (Jeremías 3:8) «Ella vio que por haber fornicado la rebelde Israel, yo la había despedido y dado carta de repudio; pero no tuvo temor la rebelde Judá su hermana, sino que también fue ella y fornicó». (Oseas 2:4) «Ni tendré misericordia de sus hijos, porque son hijos de prostitución». (Mateo 5:31) «También fue dicho: Cualquiera que repudie a su mujer, dele carta de divorcio». (Mateo 19:7) «Le dijeron: ¿Por qué, pues, mandó Moisés dar carta de divorcio, y repudiarla?». Y, quizá, pronunciar una determinada fórmula de separación (Oseas 2:4). La mujer repudiada no podía casarse con un (sumo) sacerdote (Levítico 21:14) «No tomará viuda, ni repudiada, ni infame ni ramera, sino tomará de su pueblo una virgen por mujer». Ni volver a su primer marido, si, en el intervalo, habia pertenecido a otro (Deuteronomio 24:1-4), (Jeremías 3:1) «Dicen: Si alguno dejare a su mujer, y yéndose ésta de él se juntare a otro hombre, ¿volverá a ella más? ¿No será tal tierra del todo amancillada? Tú, pues, has fornicado con muchos amigos; mas ¡vuélvete a mí! dice Jehová».
(gr., apostasion). Un medio por el cual se disuelve públicamente un matrimonio legal y se libra a los participantes de obligaciones adicionales de la relación matrimonial. Es un mecanismo antiguo que ha variado en procedimiento a lo largo de los siglos, pero en general se ha basado en la iniciativa del marido.
Aunque el AT parece permitir el divorcio por motivos algo generales (Deuteronomio 24:1) «Cuando alguno tomare mujer y se casare con ella, si no le agradare por haber hallado en ella alguna cosa indecente, le escribirá carta de divorcio, y se la entregará en su mano, y la despedirá de su casa». Generalmente era por adulterio o esterilidad. Debido a la fuerza de la unidad familiar, en realidad el divorcio no era muy común entre los hebreos. Sin embargo, durante el período postexílico, para que se mantuviera la pureza de la fe hebrea, Esdras exigió divorcio al por mayor de aquellos judíos que se habían casado con mujeres extranjeras en Babilonia (Esdras 9:2) «Porque han tomado de las hijas de ellos para sí y para sus hijos, y el linaje santo ha sido mezclado con los pueblos de las tierras; y la mano de los príncipes y de los gobernadores ha sido la primera en cometer este pecado». (Esdras 10:3) «Ahora, pues, hagamos pacto con nuestro Dios, que despediremos a todas las mujeres y los nacidos de ellas, según el consejo de mi señor y de los que temen el mandamiento de nuestro Dios; y hágase conforme a la ley». (Esdras 10:16-17).
El Nt prohíbe el divorcio. Jesús declara que bajo la ley mosaica Dios había permitido el divorcio como una concesión a la dureza del corazón humano (Mateo 19:8) «El les dijo: Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; mas al principio no fue así». Durante el período apostólico algunos hasta veían mal que las viudas se volvieran a casar, aunque (1 Timoteo 5:14) «Quiero, pues, que las viudas jóvenes se casen, críen hijos, gobiernen su casa; que no den al adversario ninguna ocasión de maledicencia». Parece ser menos severo con respecto a este tema. Aunque en la iglesia primitiva el marido técnicamente no podía divorciarse de una esposa adúltera, podía separarse de ella o dejarla de lado. Bajo tales circunstancias, ninguno de los dos podía casarse sin cometer adulterio. Aunque una esposa podía rechazar emocionalmente a un marido abiertamente infiel, sin embargo se esperaba que le mostrara un ejemplo de amor cristiano y se quedara con él si él deseaba continuar con el matrimonio. Hubo raras excepciones en las cuales se permitía un matrimonio nuevo, pero generalmente era sólo para el compañero pagano en matrimonios mixtos entre creyentes y paganos. De cualquier modo, no se permitía que el compañero cristiano se volviera a casar (1 Corintios 7:10-15).
Permitido en el AT (Deuteronomio 24:1) «Cuando alguno tomare mujer y se casare con ella, si no le agradare por haber hallado en ella alguna cosa indecente, le escribirá carta de divorcio, y se la entregará en su mano, y la despedirá de su casa». ver (Mateo 19:8) «El les dijo: Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; mas al principio no fue así». no forma parte, sin embargo, del ideal religioso querido por Dios para el matrimonio (Mateo 19:4-9). A pesar de ello, todavía Pablo señala una excepción (1 Corintios 7:12-16).
El rompimiento oficial y legal del pacto del matrimonio. Puede ser de dos tipos: d absoluto (a vinculo matrimonii), que resulta en la disolucion completa y final de la unión entre esposo y esposa con la libertad para volverse a casar; y el d parcial o separación legal (a mensa et thoro, separación de cama y mesa), que provee para el establecimiento de lugares de residencia separados sin la libertad para volver a contraer matrimonio.
Las causas legales para el d son variadas y dependen de las legislaciones particulares de cada país. En gen. se contempla: abandono, crueldad, alcoholismo, adulterio, negligencia, falta de sostén. La tasa de d ha aumentado notablemente en los últimos años en AL , asociada básicamente al proceso de industrialización, urbanización y las situaciones de crisis económica, social y política. 2.
Muchos cristianos, esp. los católicos romanos, creen que el matrimonio es indisoluble y que ningún d civil puede afectar la continuación de un matrimonio a los ojos de Dios. Otros cristianos creen que, si bien la intención de Dios es un matrimonio que dure toda la vida, el d es admisible en ciertas circunstancias. Los evangélicos en AL están divididos en cuanto a su postura frente al d .
Divorcio (heb. kertîthûth, 'despido' [literalmente 'un corte de separación'; del verbo Kârath, 'cortar']; gr. apostásion). Antes de la promulgación de la ley con respecto al divorcio, registrada en -4, los israelitas, como el mundo antiguo en general, aparentemente se divorciaban de sus mujeres sin ninguna formalidad; por el simple acto de ordenarles que salieran de sus casas. Esto es lo que hizo Abrahán con Agar, con quien se había casado (; 21:9-14). De acuerdo con la costumbre oriental, cada mujer estaba unida a un hombre, ya sea su padre o su esposo, y no estar unida a ninguno representaba una desgracia y significaba sufrir necesidad. Por ello, cuando un hombre despedía a su esposa la dejaba sin amparo, y debía arreglarse sola en una sociedad que no tenía lugar para ella, que no le tenía simpatía, y aun le era hostil. Con el fin de mejorar la suerte de la mujer divorciada, Dios misericordiosamente ordenó que se le diera un certificado que la identificara como una mujer divorciada. Con esto, podía legal y apropiadamente llegar a ser la esposa de otro hombre sin que sobre ella pesara ningún estigma. Jesús declaró que la provisión para el divorcio en el código mosaico fue introducido por la dureza del corazón de la gente, pero que originalmente 'no fue así' (-9; cf. , 11). Por ello, la ley de -3 no tenía la intención de sancionar el divorcio libre; sencillamente ponía restricciones a una costumbre profundamente arraigada, para proteger a la mujer de un esposo caprichoso. Jesús reinterpretó el mandato acerca del divorcio afirmando que el hombre que daba el divorcio a su mujer por cualquier razón fuera de la infidelidad matrimonial cometía adulterio al casarse de nuevo (, 32:19:3-9).