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Mateo 9 - Biblia Pablo Besson (Nuevo Testamento)

1 Y entrando en la barca, Jesús hizo la travesía, y vino a su ciudad.

2 Y he aquí, le presentaron un paralítico echado en una camilla. Y viendo la fe de ellos, Jesús dijo al paralítico: Ten ánimo, hijo, te son perdonados tus pecados.

3 Y he aquí algunos de los escribas dijeron dentro de sí: Este blasfema.

4 Y viendo Jesús los pensamientos de ellos, dijo: ¿Por qué pensáis malas cosas en vuestros corazones?

5 ¿Qué es más fácil decir: Perdonados te son los pecados, o decir: Levántate y anda?

6 Pues para que sepáis que el hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar pecados, dice entonces al paralítico: Levántate, lleva tu camilla y vete a tu casa.

7 Y levantándose se fué a su casa.

8 Viéndolo las gentes se maravillaron, y glorificaron al Dios que dio tal potestad a los hombres.

9 Y pasando de allí, Jesús vio a un hombre sentado en el banco de los impuestos, dicho Mateo ; y le dice: Sigúeme. Y levantándose le siguió.

10 Y aconteció que estando él a la mesa en la casa he aquí muchos publicanos y pecadores vinieron y se ponían a la mesa con Jesús y sus discípulos.

11 Y viéndolo, los fariseos preguntaban a sus discípulos: ¿Por qué come vuestro maestro con los publicanos y pecadores?

12 Oyéndolo Jesús les dijo: No tienen necesidad de médico los que están sanos, sino los que están mal.

13 Id, pues, aprended qué es: Misericordia quiero y no sacrificio (Os. 6:6). No vine, pues, a llamar justos, sino pecadores a conversión (Le. 5:32).

14 Entonces se llegan a. él los discípulos de Juan, diciendo: ¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos muchas veces, mas tus discípulos no ayunan?

15 Y díjoles Jesús: No pueden los mancebos de las bodas afligirse en tanto que con ellos está el novio. Vendrán días cuando les será quitado el novio, y entonces ayunarán.

16 Nadie echa remiendo de paño recio en vestido viejo, porque el pedazo de él tira del vestido y se hace peor rotura.

17 Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos, si no se rompen los odres, y el vino se derrama, y los odres se pierden, mas se echa vino nuevo en odres nuevos, y ambos se conservan.

18 Mientras él les hablaba, he aquí vino un jefe, y se postraba delante de él, diciendo: Mi hija ahora falleció, mas ven y pon tu mano sobre ella, y vivirá.

19 Levantándose, Jesús le seguía con sus discípulos.

20 Y he aquí, una mujer que padecía de flujo de sangre desde doce años llegando por detrás tocó el fleco de su manto,

21 porque decía dentro de sí: Si solamente tocase su manto, seré sanada.

22 Jesús volviéndose y viéndola, dijo: Ten animó, hija. Tu fe te ha salvado, y fué sanada la mujer desde aquella hora.

23 Y entrando Jesús en la casa del jefe, y viendo a los tañedores de flautas y al gentío alborotado,

24 les dice: Retiraos, porque no murió la muchacha, sino que duerme, y se mofaban de él.

25 Cuando fué echado fuera el gentío entró y la tomó de la mano y ella fué despertada.

26 Y salió esta voz por toda aquella tierra.

27 Y pasando Jesús de allí, le siguieron dos ciegos, gritando y diciendo: Compadécete de nosotros, hijo de David.

28 Cuando entró en la casa, se llegaron a él los ciegos. Y díceles Jesús: ¿Creéis que puedo hacer esto? Dícenle: Sí, Señor.

29 Entonces les tocó los ojos, diciendo: Según vuestra fe os sea hecho.

30 Y fueron abiertos los ojos de ellos. Y les advirtió seriamente diciendo: Mirad, que nadie lo sepa.

31 Mas salidos ellos le hicieron célebre por toda aquella tierra.

32 Cuando ellos salían he aquí le presentaron un hombre mudo endemoniado,

33 y echado fuera el demonio, habló el mudo. Y maravilláronse las gentes, diciendo: Nunca se vio esto en Israel.

34 Pero los fariseos decían: Por el príncipe de los demonios echa fuera a los demonios.

35 Y recorría Jesús todas las ciudades y las aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos y publicando el mensaje del Reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.

36 Viendo pues a las multitudes, fué movido a compasión por ellas, porque estaban esquilmadas y abatidas como ovejas que no tengan pastor (Número 27:17).

37 Entonces dice a sus discípulos: Las mies es mucha, mas los obreros pocos.

38 Rogad pues al señor de la mies para que envíe obreros a su mies.

Nuevo Testamento de Pablo Besson

Copyright © Edición Conmemorativa 1981, Asociación Bautista Argentina de Publicaciones.

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