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Salmos 6:8 - Biblia Traducción en Lenguaje Actual

8-9 8-9 (9-10) ¡Gente malvada, apártense de mí, porque Dios ha escuchado mis ruegos y ha aceptado mi oración!

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

8 Apartaos de mí, todos los hacedores de iniquidad; Porque Jehová ha oído la voz de mi lloro.

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Biblia Nueva Traducción Viviente

8 Váyanse, todos ustedes que hacen el mal, porque el Señor ha oído mi llanto.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

8 Aléjense de mí, ustedes malvados, porque el Señor oyó la voz de mi llanto.

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La Biblia Textual 3a Edicion

8 ¡Apartaos de mí todos vosotros, los que hacéis iniquidad! Porque YHVH ha oído la voz de mi llanto,

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

8 mis ojos se consumen de pesar, envejecen en medio de opresores.

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

8 Apartaos de mí, todos los obradores de iniquidad; porque Jehová ha oído la voz de mi llanto.

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Salmos 6:8
16 Referencias Cruzadas  

Los ojos se me cierran de dolor; de mí solo quedan huesos.


Me libraste de la muerte, me secaste las lágrimas, y no me dejaste caer.


Dios mío, ¡cómo quisiera que a los asesinos los apartaras de mí! ¡Cómo quisiera que les quitaras la vida!


Siempre estás cerca de los que te llaman con sinceridad.


4 (5) A gritos te llamo, y desde tu templo me respondes.


10 (11) Toda mi vida he sufrido, toda mi vida he llorado; mi maldad me debilita, mis huesos no me sostienen.


8 (9) Anota en tu libro todas las veces que he huido; tú bien sabes las veces que he llorado.


»Y ustedes, israelitas que viven en la ciudad de Jerusalén, ya no tienen por qué llorar. Dios les tendrá compasión tan pronto como le pidan ayuda. En cuanto oiga sus gritos, les responderá.


y tú atendiste mis ruegos; ¡escuchaste mi oración!


»Luego les diré a los malvados: “¡Aléjense de mí! Lo único que pueden esperar de Dios es castigo. Váyanse al fuego que nunca se apaga, al fuego que Dios preparó para el diablo y sus ayudantes.


Pero yo les diré: ¡Apártense de mí, gente malvada! ¡Yo no tengo nada que ver con ustedes!


Pero yo les contestaré: “¡Ya les dije que no los conozco! ¡Gente malvada, apártense de mí!”


Cuando Cristo estuvo aquí en el mundo, oró mucho a Dios, y con lágrimas le rogó que lo librara de la muerte, pues Dios tenía poder para hacerlo. Y como Cristo siempre fue obediente, Dios contestó su oración.


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