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Juan 17:2 - Biblia Torres Amat 1825

2 pues le has dado poder sobre todo el linaje humano, para que dé la vida eterna a todos los que le has señalado.

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

2 como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste.

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Biblia Nueva Traducción Viviente

2 Pues le has dado a tu Hijo autoridad sobre todo ser humano. Él da vida eterna a cada uno de los que tú le has dado.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

2 Tú le diste poder sobre todos los mortales y quieres que comunique la vida eterna a todos aquellos que le encomendaste.

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La Biblia Textual 3a Edicion

2 así como le diste potestad sobre toda carne, para que a todos los que le diste, a ésos les dé vida eterna.

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

2 ya que le diste autoridad sobre todos los hombres, para que él diera vida eterna a todos los que tú le has dado.

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

2 Como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste.

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Juan 17:2
31 Referencias Cruzadas  

El Señor dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, mientras que yo pongo a tus enemigos por tarima de tus pies.


Y le dio éste la potestad, el honor y el reino; y todos los pueblos, tribus y lenguas le servían a él; la potestad suya es potestad eterna que no le será quitada, y su reino es indestructible.


Todas las cosas las ha puesto mi Padre en mis manos. Pero nadie conoce al Hijo sino el Padre; ni conoce ninguno al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo haya querido revelarlo.


Y en consecuencia, irán éstos al eterno suplicio, y los justos a la vida eterna.


Entonces Jesús , acercándose, les habló en estos términos: A mí se me ha dado toda potestad en el cielo y en la tierra.


¡Oh Padre!, yo deseo ardientemente que aquellos que tú me has dado, estén conmigo allí mismo donde yo estoy para que contemplen mi gloria, cual tú me la has dado; porque tú me amaste desde antes de la creación del mundo.


Yo he manifestado tu nombre a los hombres que me has dado salvándolos del mundo. Tuyos eran, y me los diste, y ellos han puesto por obra tu palabra.


Por ellos ruego yo ahora. No ruego por el mundo, sino por éstos que me diste, porque tuyos son:


El Padre ama al Hijo, y ha puesto todas las cosas en su mano.


Antes el agua que yo le daré, vendrá a ser dentro de él un manantial de agua que manará sin cesar hasta la vida eterna.


Trabajad para tener no tanto el manjar que se consume, sino el que dura hasta la vida eterna, el cual os lo dará el Hijo del hombre, pues en éste imprimió su sello o imagen el Padre, que es Dios.


Todos los que me da el Padre vendrán a mí; y al que viniere a mí por la fe, no le desecharé.


Y la voluntad de mi Padre, que me ha enviado, es que yo no pierda ninguno de los que me ha dado, sino que los resucite a todos el último día.


Porque el estipendio y paga del pecado es la muerte; pero la vida eterna es una gracia de Dios por Jesucristo nuestro Señor.


Entretanto debe reinar, hasta ponerle a todos los enemigos debajo de sus pies.


que él ha desplegado y hecho patente en la persona de Cristo , resucitándole de entre los muertos, y colocándole a su diestra en los cielos,


a fin de que al nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en el infierno,


Por tanto, al rey de los siglos inmortal, invisible, al solo y único Dios, sea dada la honra y la gloria por siempre jamás. Amén.


El cual siendo como es el resplandor de su gloria y vivo retrato de su sustancia, y sustentándolo y rigiéndolo todo con sola su poderosa palabra, después de habernos purificado de nuestros pecados, está sentado a la diestra de la majestad en lo más alto de los cielos,


Habiendo, pues, Cristo padecido por nosotros la muerte en su carne, armaos también vosotros de esta consideración, y es que quien mortificó o murió a la carne por el bautismo , ha acabado de pecar.


esto que vimos y oímos, es lo que os anunciamos, para que tengáis también vosotros unión con nosotros, y nuestra común unión sea con el Padre y con su Hijo Jesucristo.


Esto os he escrito en orden a los impostores que os seducen.


Hijitos míos, guardaos de los ídolos. Amén.


Y aquellos que están endurecidos y ya sentenciados, corregidlos y reprendedlos con vigor;


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