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Salmos 31:22 - Biblia Serafín de Ausejo 1975

22 Bendito sen el Señor que sublima en mí sus gracias en una villa fuerte.

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

22 Decía yo en mi premura: Cortado soy de delante de tus ojos; Pero tú oíste la voz de mis ruegos cuando a ti clamaba.

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Biblia Nueva Traducción Viviente

22 Lleno de pánico, clamé: «¡Me han separado del Señor!». Pero tú oíste que supliqué misericordia y respondiste a mi pedido de auxilio.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

22 Yo decía en mi desconcierto: 'Me ha arrojado de su presencia'. Pero tú oías la voz de mi plegaria cuando clamaba a ti.

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La Biblia Textual 3a Edicion

22 Alarmado, me dije: ¡Cortado fui de tu presencia! Pero Tú oíste la voz de mis súplicas cuando clamé a ti.

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

22 Y decía yo en mi premura: Cortado soy de delante de tus ojos; mas tú oíste la voz de mis súplicas, cuando a ti clamé.

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Biblia Traducción en Lenguaje Actual

22 22 (23) Estaba yo tan confundido que hasta llegué a pensar que no querías ni verme. Pero a gritos pedí tu ayuda, y tú escuchaste mis ruegos.

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Salmos 31:22
20 Referencias Cruzadas  

Cuánto más cuando dices: no hace caso, ante él está mi pleito y todavía espero;


Y yo digo, en efecto, en mi atropello: 'El hombre es todo engaño'.


Magnifica tus gracias, tú que sabes librar del sedicioso a los que se acogen a tu diestra.


Haz brillar tu presencia ante tu siervo, ponme en salvo, por tu amor.


Apartaos de mí, fautores de maldad, pues escucha el Señor las voces de mi llanto:


Bendito sea el Señor, que no rechaza mi oración ni me retira sus favores.


Yo soy pobre y apocado desde joven, de soportar tu enojo estoy entorpecido.


Sión ha dicho: 'Yahveh me abandonó, me olvidó el Señor'.


Yo dije: '¡Ay de mí! ¡Estoy perdido, pues soy hombre de labios impuros que vivo en un pueblo de labios impuros, y mis ojos han visto al rey, a Yahveh Sebaot!'.


Después me dijo: 'Hijo de hombre, estos huesos son toda la casa de Israel. Mira lo que dicen: 'Se han secado nuestros huesos, se acabó nuestra esperanza, estamos perdidos'.


Me arrojaste al abismo, al seno de los mares, y la corriente me envolvió; todas tus olas, tu oleaje, cargaron sobre mí.


Porque todo el que pide recibe; y el que busca encuentra; y al que llama le abren.


Cristo, en los días de su vida mortal, presentó, a gritos y con lágrimas, oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, y fue escuchado en atención a su piedad reverencial.


Iba Saúl por un lado de la colina, y David y sus hombres iban por el otro. David se apresuraba por escapar de Saúl, mientras éste y sus hombres procuraban cerrar el cerco en torno a David y los suyos para prenderlos.


Respondió David a Abigáil: '¡Bendito Yahveh, Dios de Israel, que te ha enviado hoy a mi encuentro!


Pero David se dijo en sus adentros: 'Algún día voy a perecer a manos de Saúl. Nada mejor para mí que escaparme a tierra de los filisteos, para que así Saúl desista de volver en mi busca por todo el territorio de Israel. Así me libraré de sus manos'.


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