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Nahúm 1:5 - Biblia Serafín de Ausejo 1975

5 He. Tiemblan los montes ante Él, se estremecen las colinas. Ante Él trepida la tierra, el orbe y cuantos lo habitan.

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

5 Los montes tiemblan delante de él, y los collados se derriten; la tierra se conmueve a su presencia, y el mundo, y todos los que en él habitan.

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Biblia Nueva Traducción Viviente

5 Ante la presencia de Dios las montañas se estremecen y las colinas se derriten; la tierra tiembla y sus habitantes son destruidos.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

5 los cerros tiemblan ante él, y las lomas se estremecen. Ante él se derrumban la tierra, el universo y todos los que en él viven.

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La Biblia Textual 3a Edicion

5 h Ante Él tiemblan las montañas, Los collados se derriten, w Ante su presencia se pone de pie la tierra, El mundo y todos los que en él habitan.

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

5 Las montañas tiemblan delante de Él, y los collados se disuelven; y la tierra se enciende a su presencia, y el mundo, y todos los que en él habitan.

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Biblia Traducción en Lenguaje Actual

5 En presencia de nuestro Dios tiemblan la tierra y sus habitantes, y los cerros y las montañas se sacuden.

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Nahúm 1:5
34 Referencias Cruzadas  

La tierra treme toda y se perturba, las bases de los montes se estremecen y palpitan, a causa de su ira.


Las columnas de los cielos se tambalean y se llenan de pavor a su amenaza.


Él arranca las montañas, sin que adviertan quién las derriba en su cólera.


el que mira a la tierra y la estremece, el que toca a los montes y echan humo.


las montañas saltaron cual carneros, como corderos las colinas.


montañas, para saltar como carneros, como corderos, vosotras las colinas?


En mi aprieto yo clamo al Señor, a mi Dios elevo el grito, y él escucha mi voz desde su templo, mi clamor alcanza a sus oídos.


La tierra treme toda y se perturba, las bases de los montes se estremecen y palpitan, a causa de su ira.


Dios habita en medio de ella, no puede vacilar: Dios la auxilia al clarear de la mañana.


Al salir tú, Señor, al frente de tu pueblo, al marchar tú por el desierto, Selah


Ruja el mar con todo lo que encierra, el universo y lo que en él habita:


Todo el monte Sinaí humeaba, porque había descendido sobre él Yahveh en forma de fuego, y el humo subía como la humareda de un horno. Toda la montaña retemblaba.


Mirad a Yahveh que despuebla la tierra, la deja yerma, cambia su faz, dispersa a sus habitantes:


Vacilará la tierra como un ebrio, oscilará como una cabaña, pesará sobre ella su pecado, caerá y nunca se levantará.


Por eso se encendió la ira de Yahveh contra su pueblo, tendió su mano contra él y lo hirió. Temblaron las montañas. Los cadáveres fueron como basura en medio de las calles. Y ni aun así se calmó su ira, y su mano está todavía extendida.


Yahveh es el Dios verdadero, el Dios vivo y el Rey eterno. Ante su ira tiembla la tierra, y las naciones no soportan su furor.


Miré a los montes, y ¡ay! estaban temblando, y todos los collados se estremecían.


Temblarán ante mí los peces del mar, las aves del cielo, las fieras del campo, todos los reptiles que reptan por la tierra y todos los hombres que hay en la superficie de la tierra. Se desplomarán las montañas, se despeñarán las rocas y caerán por tierra todas las murallas.


Ante ellos tiembla la tierra, retiemblan los cielos, el sol y la luna se oscurecen, apagan su brillo las estrellas.


Es el Señor, Yahveh Sebaot, quien toca la tierra, y ella vacila y todos sus habitantes lloran; crece toda ella como el Nilo y mengua como el Nilo de Egipto.


Los montes se funden bajo sus pies, los valles se hienden como cera ante el fuego, como aguas despeñadas por una torrentera.


tiemblan los montes al verte, pasa una tromba de agua alza su voz el abismo, el sol levanta sus manos a lo alto


¿Quién eres tú, gran montaña? ¡Seas llanura ante Zorobabel! Él sacará la piedra del remate entre las aclamaciones de: ¡muy bien, muy bien!'.


Y al momento, el velo del templo se rasgó en dos de arriba abajo; la tierra tembló y las rocas se hendieron;


De pronto se produjo un gran terremoto; porque un ángel del Señor bajó del cielo, se acercó, hizo rodar la piedra y se sentó encima de ella.


Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él. Huyeron de su presencia la tierra y el cielo, y no se les volvió a ver en ningún lugar.


Y el cielo fue retirado como rollo que se enrolla, y todo monte e isla fueron dislocados de su lugar.


Derritiéronse los montes delante de Yahveh, delante de Yahveh, Dios de Israel.


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