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Ezequiel 23:40 - Biblia Serafín de Ausejo 1975

40 'Incluso mandaron llamar a unos hombres que vinieran de lejos. Les enviaron mensajeros y ellos acudieron. Para ellos te bañaste, te pintaste los ojos, te adornaste con joyas,

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

40 Además, enviaron por hombres que viniesen de lejos, a los cuales había sido enviado mensajero, y he aquí vinieron; y por amor de ellos te lavaste, y pintaste tus ojos, y te ataviaste con adornos;

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Biblia Nueva Traducción Viviente

40 »Ustedes, hermanas, enviaron mensajeros a tierras lejanas para conseguir hombres. Cuando ellos llegaron, ustedes se bañaron, se pintaron los párpados y se pusieron sus mejores joyas para recibirlos.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

40 Mandaste venir hombres de tierras lejanas, les enviaste mensajeros y éstos vinieron. Para ellos te bañaste, te maquillaste los ojos y te pusiste tus joyas.

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La Biblia Textual 3a Edicion

40 También mandaste recado a hombres que venían de lejos, les mandabas mensajero y venían en seguida. Por amor a ellos te lavabas, pintabas tus ojos y te ataviabas con adornos.

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

40 Y aun más, pues enviaron por hombres que viniesen de lejos, a los cuales había sido enviado mensajero; y he aquí vinieron; y para ellos te lavaste y te pintaste los ojos, y te ataviaste con adornos;

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Biblia Traducción en Lenguaje Actual

40 »Luego mandaron traer a gente de tierras lejanas, y mientras tanto se bañaron, se pintaron los ojos y se adornaron con joyas. Cuando ellos llegaron, ellas los recibieron

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Ezequiel 23:40
13 Referencias Cruzadas  

Jehú entró en Yizreel. Al saberlo Jezabel, se pintó los ojos, se acicaló los cabellos y se asomó a mirar por la ventana.


De acuerdo con el estatuto de las mujeres, a cada joven le llegaba su turno para presentarse al rey Asuero al cabo de los doce meses de tratamiento de tocador, los seis primeros a base de aceite de mirra y los otros seis con perfumes y cremas femeninas.


No desees su hermosura en tu corazón, no te seduzca con sus miradas,


Entonces la mujer sale a su encuentro, como una cortesana, cubierta con un velo.


Fuiste a Mélec con ungüentos, prodigaste tus perfumes; enviaste tus legados a lo lejos, allá abajo hasta el seol.


Y tú, la devastada, ¿qué haces, que te vistes de púrpura que te adornas con adornos de oro, que te pintas ojos rasgados? En vano te acicalas: los amantes te desprecian es tu vida lo que buscan.


Vi que se contaminaba: las dos seguían el mismo camino.


Pondré fin a toda su alegría, a sus fiestas, sábados y novilunios, y todas sus solemnidades.


Vuestro adorno no sea el exterior, el peinado de los cabellos, los aderezos de joyas, los suntuosos vestidos,


Lávate, pues, y perfúmate; ponte tu manto y baja a la era. No te des a conocer a él antes de que haya terminado de comer y de beber.


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