»Nuestros valientes gritan por las calles; nuestros mensajeros de paz lloran amargamente.
He aquí que sus embajadores darán voces afuera; los mensajeros de paz llorarán amargamente.
Pero ahora tus valientes guerreros lloran en público; tus embajadores de paz lloran con amarga desilusión.
Miren cómo Ariel se queja por la calle y cómo lloran amargamente los embajadores que venían en son de paz.
¡Oíd! Los heraldos claman en las calles, Los mensajeros de paz lloran amargamente.
Mirad, sus heraldos gritan por las calles; los mensajeros de la paz lloran amargamente.
He aquí que sus valientes darán voces afuera; los mensajeros de paz llorarán amargamente.
Pero el rey no salió, sino que envió a Eliaquim, encargado del palacio, y a Sebná y a Joah, sus dos secretarios.
Después Eliaquim, Sebná y Joah rompieron su ropa en señal de angustia, y fueron a contarle al rey Ezequías lo que había dicho el oficial asirio.
pero yo te pondré en problemas. »Entonces gritarás y llorarás, y la ciudad arderá en llamas, como se queman los animales que se ofrecen en el altar.
Eliaquim, encargado del palacio del rey Ezequías, y Sebná y Joah, sus dos secretarios, salieron a recibirlo.