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Zacarías 12:4 - La Biblia Textual 3a Edicion

Aquel día, dice YHVH, heriré a todo caballo con pánico y a todo jinete con locura. Pero abriré mis ojos sobre la casa de Judá, mientras hiero con ceguera a todo caballo de los gentiles.

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

En aquel día, dice Jehová, heriré con pánico a todo caballo, y con locura al jinete; mas sobre la casa de Judá abriré mis ojos, y a todo caballo de los pueblos heriré con ceguera.

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Biblia Nueva Traducción Viviente

»En aquel día —dice el Señor— haré que todos los caballos se espanten y que todos los jinetes pierdan el valor. Vigilaré a la gente de Judá, pero cegaré los caballos de sus enemigos.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

Ese día, dice Yavé, sembraré la confusión entre los caballos y volveré locos a sus jinetes. Dejaré ciegos a todos los pueblos y cuidaré de la casa de Judá.

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

'Aquel día -oráculo de Yahveh- heriré de terror a todos los caballos, y de locura a sus jinetes. Sobre la casa de Judá tendré mis ojos abiertos. Pero heriré de ceguera los caballos de los pueblos.

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

En aquel día, dice Jehová, heriré con aturdimiento a todo caballo, y con locura al que en él sube; mas sobre la casa de Judá abriré mis ojos, y a todo caballo de los pueblos heriré con ceguera.

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Biblia Traducción en Lenguaje Actual

»Yo estaré vigilando al pueblo de Judá, así que ese día dejaré ciegos a todos los caballos de las naciones, y espantaré a sus jinetes.

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Otras versiones



Zacarías 12:4
24 Referencias Cruzadas  

a fin de que tu ojo esté abierto hacia esta Casa noche y día, hacia el lugar del cual has dicho: Allí estará mi Nombre; para escuchar la oración que tu siervo haga hacia este lugar.


Entonces envió allá caballos y carros,° y un numeroso ejército, los cuales llegaron de noche y rodearon la ciudad.


Y cuando bajaron contra él, Eliseo oró a YHVH, y dijo: ¡Hiere a esta gente con ceguera, te ruego! Y Él los hirió con una ceguera° total conforme a la palabra de Eliseo.


a fin de que tus ojos estén abiertos hacia esta Casa día y noche, hacia el lugar del cual dijiste que pondrías allí tu Nombre para escuchar la oración que tu siervo haga hacia este lugar.


Ahora pues, oh Dios mío, te ruego que tus ojos estén abiertos y tus oídos atentos a la oración que se eleva en este lugar.


Y mis ojos estarán abiertos y mis oídos atentos a la oración de este lugar,


Esté ahora atento tu oído y tus ojos abiertos, para oír la oración de tu siervo, que yo hago hoy ante ti, día y noche, por los hijos de Israel tus siervos, confesando los pecados de los hijos de Israel que hemos cometido contra ti. ¡Sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado!


Aquel día YHVH castigará° en lo alto al ejército de las alturas,° Y a los reyes de la tierra en la tierra:


Inclina tu oído ¡oh YHVH!, y escucha. Abre tus ojos ¡oh YHVH!, y mira. Escucha todas las palabras con que Senaquerib ha mandado para provocar al Dios viviente.


Pues pondré mis ojos sobre ellos para bien, y los haré volver a esta tierra, y los edificaré y no los derribaré, y los plantaré y no los arrancaré.


Te haré volver, y pondré garfios en tus quijadas, y te sacaré fuera con todo tu ejército,° caballos y jinetes, todos ellos con ropas vistosas, gran multitud con paveses y escudos, todos ellos portando espadas.


Os hartaréis en mi mesa con caballos y jinetes, con capitanes poderosos y con todos sus guerreros, dice Adonay YHVH.


¡Oh Dios mío!, inclina tu oído y escucha; abre tus ojos y mira nuestras desolaciones y la ciudad sobre la que se invoca tu Nombre, porque no elevamos nuestros ruegos ante ti confiados en nuestras justicias, sino en tus muchas misericordias.


Serán como valientes que pisan el lodo callejero en la batalla, Combatirán, porque YHVH estará con ellos. Y los jinetes serán derrotados.


Aquel día habrá gran llanto en Jerusalem, como el llanto de Hadad-rimón° en el valle de Meguido.


Aquel día Yo pondré a Jerusalem por piedra pesada° a todos los pueblos. Todos los que intenten cargarla serán despedazados, aunque se junten contra ella todas las naciones de la tierra.


Entonces los caudillos de Judá dirán en su corazón: Nuestra° fuerza son los habitantes de Jerusalem, gracias a YHVH Sebaot, su Dios.


Aquel día pondré a los caudillos de Judá como brasero encendido° entre la leña y como antorcha de fuego entre las gavillas, pues devorarán a diestra y a siniestra a todos los pueblos vecinos; y Jerusalem será otra vez habitada en su mismo asiento: en Jerusalem.


Los caballos, mulos, camellos, asnos y todas las bestias que haya en los campamentos sufrirán el mismo castigo.


Acamparé° como guarnición en torno a mi Casa, Contra el que va y contra el que viene, Y el tirano no volverá a pasar sobre ellos, Porque ahora Yo vigilo con mis ojos.


Pues bien, Dios, pasando por alto esos tiempos de ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan;°


YHVH te golpeará con demencia, con ceguera, y con turbación de corazón,