Y sucedió que a la hora de la tarde, David se levantó de su lecho y se paseaba por el terrado de la casa real, y desde el terrado vio a una mujer bañándose, y la mujer era muy hermosa.
Salmos 119:37 - La Biblia Textual 3a Edicion Aparta mis ojos, que no vean la vanidad, Vivifícame en tus caminos. Más versionesBiblia Reina Valera 1960 Aparta mis ojos, que no vean la vanidad; Avívame en tu camino. Biblia Nueva Traducción Viviente Aparta mis ojos de cosas inútiles y dame vida mediante tu palabra. Biblia Católica (Latinoamericana) Guarda mis ojos de mirar cosas vanas, me darás vida en tus caminos. Biblia Serafín de Ausejo 1975 Desvía mi mirada de lo vano y haz que viva en tus caminos. Biblia Reina Valera Gómez (2023) Aparta mis ojos, que no vean la vanidad; avívame en tu camino. Biblia Traducción en Lenguaje Actual No me dejes seguir a dioses falsos, pues quiero adorarte solo a ti. ¡Cumple tu promesa y dame ánimo! |
Y sucedió que a la hora de la tarde, David se levantó de su lecho y se paseaba por el terrado de la casa real, y desde el terrado vio a una mujer bañándose, y la mujer era muy hermosa.
Tú, que me has hecho ver muchas angustias y males, Volverás a darme vida, Y de nuevo me levantarás de los abismos de la tierra,
Pues le echas una mirada, y ya no están, Han echado alas como un águila que vuela a los cielos.
Tus ojos miren de frente, Y ábranse tus párpados hacia lo que está delante.
El que anda en justicia y habla rectitudes, Que rehúsa con desprecio el lucro de opresiones,° Que sacude su mano para rechazar el soborno, Que tapa su oído a propuestas sanguinarias,° Que cierra sus ojos para no ver el mal:
Tales flecos os servirán para que, cuando los veáis, os acordéis de todos los mandamientos de YHVH y los cumpláis, y no sigáis el impulso de vuestro corazón ni de vuestros ojos, tras el cual os prostituís,
pero Yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.
Entre el botín vi un hermoso manto de Sinar, y doscientos siclos de plata y una barra de oro de cincuenta siclos de peso; los codicié y los tomé, y he aquí están escondidos bajo tierra dentro de mi tienda, y la plata debajo de ello.
Porque todo lo que hay en el mundo: la codicia de la carne,° la codicia de los ojos,° y la soberbia de la vida,° no viene del Padre, sino del mundo.