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Salmos 119:37 - Biblia Católica (Latinoamericana)

37 Guarda mis ojos de mirar cosas vanas, me darás vida en tus caminos.

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

37 Aparta mis ojos, que no vean la vanidad; Avívame en tu camino.

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Biblia Nueva Traducción Viviente

37 Aparta mis ojos de cosas inútiles y dame vida mediante tu palabra.

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La Biblia Textual 3a Edicion

37 Aparta mis ojos, que no vean la vanidad, Vivifícame en tus caminos.

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

37 Desvía mi mirada de lo vano y haz que viva en tus caminos.

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

37 Aparta mis ojos, que no vean la vanidad; avívame en tu camino.

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Biblia Traducción en Lenguaje Actual

37-38 No me dejes seguir a dioses falsos, pues quiero adorarte solo a ti. ¡Cumple tu promesa y dame ánimo!

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Salmos 119:37
12 Referencias Cruzadas  

Una tarde en que David se había levantado de su siesta y daba un paseo por la terraza, divisó desde lo alto de la terraza a una mujer que se estaba bañando; la mujer era muy hermosa.


Yo había hecho ese pacto con mis ojos de ni siquiera mirar a una doncella.


Mi alma está adherida al polvo, vivifícame conforme a tu palabra.


Mira cómo deseo tus ordenanzas, tú que eres justo, vivifícame.


Tú que me hiciste pasar tantas penas y miserias, volverás para hacerme revivir, y me harás subir de nuevo del abismo.


apenas se la ve ya desapareció. Se pone alas e igual que un águila se pierde entre las nubes.


Que tus ojos miren de frente, que tu mirada sea franca.


El que actúa siempre con honradez, el que dice la verdad y que se niega a conseguir algo con trampa; el que retira su mano para no aceptar la coima, que no quiere oír sugerencias criminales y no quiere ver procederes malos.


Así será sus flecos y cuando los vean, se acordarán de todos los mandamientos de Yavé. De esta manera los pondrán en práctica y no seguirán las malas inclinaciones de su corazón o de sus ojos que los arrastran a la infidelidad.


Pero yo les digo: Quien mira a una mujer con malos deseos, ya cometió adulterio con ella en su corazón.


En medio de los despojos vi un hermoso manto de Chinear, doscientas piezas de plata y un lingote de oro que pesaba cincuenta siclos. Cedí a la tentación y los tomé. Están ocultos en el suelo en el centro de mi tienda y la plata está debajo'.


Pues toda la corriente del mundo -la codicia del hombre carnal, los ojos siempre ávidos, y la arrogancia de los ricos- nada viene del Padre, sino del mundo.


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