Y diste tu buen Espíritu para instruirlos, y no retuviste tu maná de su boca, y les diste agua para su sed.
Salmos 119:124 - La Biblia Textual 3a Edicion Haz con tu siervo según tu misericordia, Y enséñame tus estatutos. Más versionesBiblia Reina Valera 1960 Haz con tu siervo según tu misericordia, Y enséñame tus estatutos. Biblia Nueva Traducción Viviente Soy tu siervo; trátame con tu amor inagotable y enséñame tus decretos. Biblia Católica (Latinoamericana) Según tu amor actúa con tu siervo, y enséñame tus preceptos. Biblia Serafín de Ausejo 1975 Conforme a tu bondad trata a tu siervo y dame a conocer tus ordenanzas. Biblia Reina Valera Gómez (2023) Haz con tu siervo según tu misericordia, y enséñame tus estatutos. Biblia Traducción en Lenguaje Actual ¡Trátame con mucho amor, y enséñame tus mandamientos! |
Y diste tu buen Espíritu para instruirlos, y no retuviste tu maná de su boca, y les diste agua para su sed.
No ha hecho con nosotros conforme a nuestros pecados, Ni nos ha retribuido conforme a nuestras iniquidades.
Vuelve tu rostro hacia mí y concédeme tu gracia, Como acostumbras con los que aman tu Nombre.
w Y venga a mí, oh YHVH, tu misericordia, Tu salvación, conforme a tu dicho,
Vivifícame conforme a tu misericordia, Y guardaré los testimonios de tu boca.
Espere Israel en YHVH, Porque con YHVH está la misericordia, Y con Él, abundante redención.
En lo secreto de tu presencia los esconderás de intrigas humanas. En un refugio los guardarás de las contiendas de la lengua.
Al director del coro. Salmo de David, cuando el profeta Natán vino a él, después que se había llegado a Betsabé. ¡Ten piedad de mí, oh ’Elohim, conforme a tu misericordia, Conforme a la multitud de tus piedades, borra mis transgresiones!
Pero yo elevo mi oración a ti, oh YHVH, en el tiempo de tu buena voluntad; Oh ’Elohim, por la abundancia de tu misericordia, Respóndeme con la verdad de tu salvación.
Respóndeme, oh YHVH, porque tu misericordia es benigna, Vuélvete a mí conforme a la multitud de tus piedades.
No tengas en memoria contra nosotros las iniquidades de nuestros antepasados, ¡Apresúrate!, y vengan a nuestro encuentro tus misericordias; Porque estamos abatidos en extremo.
¡Oh Dios mío!, inclina tu oído y escucha; abre tus ojos y mira nuestras desolaciones y la ciudad sobre la que se invoca tu Nombre, porque no elevamos nuestros ruegos ante ti confiados en nuestras justicias, sino en tus muchas misericordias.
Pero el publicano, a distancia, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: ¡Oh Dios, sé propicio a mí, pecador!