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Salmos 119:124 - Biblia Serafín de Ausejo 1975

124 Conforme a tu bondad trata a tu siervo y dame a conocer tus ordenanzas.

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

124 Haz con tu siervo según tu misericordia, Y enséñame tus estatutos.

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Biblia Nueva Traducción Viviente

124 Soy tu siervo; trátame con tu amor inagotable y enséñame tus decretos.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

124 Según tu amor actúa con tu siervo, y enséñame tus preceptos.

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La Biblia Textual 3a Edicion

124 Haz con tu siervo según tu misericordia, Y enséñame tus estatutos.

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

124 Haz con tu siervo según tu misericordia, y enséñame tus estatutos.

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Biblia Traducción en Lenguaje Actual

124 ¡Trátame con mucho amor, y enséñame tus mandamientos!

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Salmos 119:124
19 Referencias Cruzadas  

Tú les diste tu espíritu bueno para hacerles discretos, no les retiraste de su boca tu maná, y para su sed agua les diste.


No es su pago conforme a nuestras culpas ni según nuestros delitos es su retribución.


Bendito seas, Señor, enséñame tus leyes.


Vuélvete a mí y acógeme en tu gracia, según haces con quien ama tu nombre.


Yo describo mi camino y tú me atiendes: adoctríname en tus instituciones;


Vau. Venga a mí, Señor, tu gracia, tu socorro, conforme a tu promesa,


Por tu amor, hazme vivir y observaré el aviso de tu boca.


que Israel espere en el Señor, pues con él está la gracia y la total salvación.


¡Cuán inmenso es el bien que tienes reservado al que te teme, que dispensas al que a ti acude, enfrente de los hombres!


Del director. Salmo. De David.


Los que están a las puertas murmuran contra mí, y soy la cantinela de los bebedores de licor.


no me arrollen sus corrientes, no me trague el abismo y que no cierre el pozo su boca sobre mí.


No nos tengas en cuenta los pecados antiguos, venga tu misericordia de prisa a nuestro encuentro, que estamos extenuados.


Inclina tu oído, Dios mío, y escucha. Abre tus ojos y mira nuestras ruinas y la ciudad sobre la cual se invoca tu nombre; pues no te presentamos nuestras súplicas confiando en nuestras buenas obras sino en tus grandes misericordias.


En cambio, el publicano se quedó a distancia y ni siquiera se atrevía a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: '¡Oh Dios! Ten misericordia de mí, que soy pecador'.


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