Y oró a Él y le suplicó, y Él se mostró favorable y oyó su súplica, y lo hizo volver a Jerusalem, a su reino. Y Manasés reconoció que sólo YHVH es Ha-’Elohim.
Job 9:15 - La Biblia Textual 3a Edicion A quien yo, por recto que fuera, no osaría responder, Antes bien, imploraría la clemencia de mi Juez. Más versionesBiblia Reina Valera 1960 Aunque fuese yo justo, no respondería; Antes habría de rogar a mi juez. Biblia Nueva Traducción Viviente Aunque yo tuviera razón, no tendría ninguna defensa; solo podría rogar misericordia. Biblia Católica (Latinoamericana) o que le suplique a mi juez
que no me responde aun cuando tengo la razón? Biblia Serafín de Ausejo 1975 Aun teniendo yo razón no le replicaría: debería suplicarle como a juez. Biblia Reina Valera Gómez (2023) Aunque yo fuera justo, no le respondería; pero habría de rogar a mi Juez. Biblia Traducción en Lenguaje Actual A pesar de que soy inocente, ante Dios no me puedo defender; solo puedo suplicarle que me tenga compasión. |
Y oró a Él y le suplicó, y Él se mostró favorable y oyó su súplica, y lo hizo volver a Jerusalem, a su reino. Y Manasés reconoció que sólo YHVH es Ha-’Elohim.
Si soy malo, ¡ay de mí! Y si soy justo, no me atrevo a levantar mi cabeza. ¡Harto estoy de la ignominia, Y de ver mi aflicción!
Allí el justo podría razonar con Él, Y yo quedaría libre para siempre de mi Juez.
Una vez he hablado, pero no responderé más. Y aun dos veces, pero no añadiré nada.
Si me tengo por justo, mi boca me condenará, Aunque sea íntegro,° ella me declarará perverso.
Si marcharon llorando, Los haré volver entre consuelos, Y los haré andar junto a torrentes de aguas, Por una vía llana y sin tropiezo, Porque Yo soy a Israel por Padre, Y Efraín es mi primogénito.
¡Oh Dios mío!, inclina tu oído y escucha; abre tus ojos y mira nuestras desolaciones y la ciudad sobre la que se invoca tu Nombre, porque no elevamos nuestros ruegos ante ti confiados en nuestras justicias, sino en tus muchas misericordias.
Entonces volví mi rostro hacia Adonay Ha-’Elohim, buscándole en oración y ruego, en ayuno, cilicio y ceniza.
porque aunque de nada me acusa mi conciencia, no por eso soy justificado, pues el que me juzga es el Señor.
quien, cuando era maldecido, no replicaba con una maldición; padeciendo, no amenazaba, sino se encomendaba al que juzga justamente: