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Pilato Que es, Concepto y Definicion



Pilato - Diccionario Perspicacia

Gobernador romano de Judea durante el ministerio terrestre de Jesús. (Lucas 3:1) «En el año decimoquinto del imperio de Tiberio César, siendo gobernador de Judea Poncio Pilato, y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Felipe tetrarca de Iturea y de la provincia de Traconite, y Lisanias tetrarca de Abilinia». Cuando se depuso a Arquelao, hijo de Herodes el Grande, de ser rey de Judea, el emperador nombró gobernadores para dirigir la provincia, de los que probablemente Pilato fue el quinto. Tiberio lo nombró en el año 26 E.C., y su gobernación duró un decenio.

Se sabe poco de la historia personal de Poncio Pilato. El único período de su vida que recibe mención histórica es el de su gobernación en Judea. La única inscripción que ha aparecido con su nombre se halló en 1961 en Cesarea; esta también hace referencia al Tiberieum, edificio que Pilato dedicó a Tiberio.

Como representante del emperador, el gobernador ejercía pleno control sobre la provincia. Podía imponer la pena capital, y según los que respaldan el punto de vista de que el Sanedrín también podía dictar esta pena, ese tribunal judío tenía que obtener la ratificación del gobernador para hacer válida su sentencia. Compárese con (Mateo 26:65, 66), (Juan 18:31) «Entonces les dijo Pilato: Tomadle vosotros, y juzgadle según vuestra ley. Y los judíos le dijeron: A nosotros no nos está permitido dar muerte a nadie». Como la residencia oficial del gobernador romano estaba en Cesarea compárese con (Hechos 23:23, 24), el cuerpo principal de las tropas romanas estaba apostado allí, con una fuerza más pequeña guarnicionada en Jerusalén. Sin embargo, según la costumbre, el gobernador residía en Jerusalén durante las temporadas festivas (como en el tiempo de la Pascua), y llevaba refuerzos militares consigo. En el caso de Pilato, su esposa también estaba con él en Judea (Mateo 27:19) «Y estando él sentado en el tribunal, su mujer le mandó decir: No tengas nada que ver con ese justo; porque hoy he padecido mucho en sueños por causa de él», lo que era posible debido a un cambio anterior en la política gubernamental romana con respecto a los gobernadores que se hallaban en asignaciones peligrosas.

La gobernación de Pilato no fue pacífica. Según el historiador judío Josefo, Pilato tuvo un mal comienzo en lo que respecta a las relaciones con sus súbditos judíos: de noche envió a Jerusalén soldados romanos que llevaban insignias militares con imágenes del emperador. Este suceso provocó un gran resentimiento, y una delegación de judíos viajó a Cesarea para protestar por la presencia de las insignias y exigir que las quitasen. Después de cinco días de discusión, Pilato intentó atemorizar a los que hicieron la petición, amenazándolos con que sus soldados los ejecutarían, pero la enconada negativa de aquellos a doblegarse le hizo acceder a su demanda. (Antigüedades Judías, libro XVIII, cap. III, sec. 1).

Filón, escritor judío de Alejandría (Egipto) que vivió en el siglo I E.C., narra un acto similar de Pilato que provocó una protesta. En esta ocasión tuvo que ver con unos escudos de oro que llevaban los nombres de Pilato y Tiberio, y que Pilato había colocado en su residencia de Jerusalén. Los judíos apelaron al emperador de Roma, y Pilato recibió la orden de llevar los escudos a Cesarea. (Sobre la embajada ante Cayo, XXXVIII, 299-305).

Josefo aún menciona otro alboroto: a expensas de la tesorería del templo de Jerusalén, Pilato construyó un acueducto para llevar agua a Jerusalén desde una distancia de casi 40 Km. Grandes multitudes vociferaron contra este acto cuando Pilato visitó la ciudad. Pilato envió soldados disfrazados para que se mezclasen entre la multitud y la atacasen al recibir una señal, lo que resultó en que muchos judíos muriesen o quedasen heridos. (Antigüedades Judías, libro XVIII, cap. III, sec. 2; La Guerra de los Judíos, libro II, cap. IX, sec. 4). Al parecer se consiguió realizar el proyecto. A menudo se ha apuntado que este último conflicto fue la ocasión en que Pilato ‘mezcló la sangre de los galileos con sus sacrificios’, como se registra en (Lucas 13:1) «En este mismo tiempo estaban allí algunos que le contaban acerca de los galileos cuya sangre Pilato había mezclado con los sacrificios de ellos». Esta expresión parece dar a entender que a estos galileos se les asesinó allí mismo, en el recinto del templo. No hay manera de determinar si este incidente tiene que ver con el que narra Josefo o si ocurrió en otra ocasión. Sin embargo, como los galileos eran súbditos de Herodes Antipas, el gobernante de distrito de Galilea, esta matanza puede haber sido al menos un factor que contribuyó a la enemistad existente entre Pilato y Herodes hasta el tiempo del juicio de Jesús. (Lucas 23:6-12).

El juicio de Jesús. Al amanecer del 14 de Nisán de 33 E.C., los líderes judíos llevaron a Jesús ante Pilato. Como no iban a entrar en la residencia del gobernador gentil, Pilato salió y les preguntó de qué acusaban a Jesús. Entre las acusaciones formuladas estaban: subversión, hablar en contra del pago de impuestos y hacerse a sí mismo rey, rivalizando de este modo con César. Cuando Pilato les dijo que tomaran a Jesús y lo juzgaran ellos mismos, los acusadores respondieron que no era legal que ellos ejecutaran a nadie. A continuación Pilato introdujo a Jesús en el palacio y lo interrogó en cuanto a las acusaciones. (GRABADO, vol. 2, pág. 741). Volviendo a los acusadores, anunció que no hallaba ninguna falta en el acusado. Las acusaciones continuaron, y cuando se enteró de que Jesús era de Galilea, lo envió a Herodes Antipas. Este, contrariado por la negativa de Jesús a ejecutar alguna señal, lo maltrató y ridiculizó, y luego lo devolvió a Pilato.

Se convocó de nuevo a los líderes judíos y al pueblo, y Pilato reanudó sus esfuerzos para no sentenciar a muerte a un hombre inocente. Con ese fin preguntó a la muchedumbre si deseaba liberar a Jesús siguiendo la costumbre de dejar en libertad a un prisionero en cada fiesta de la Pascua. En vez de eso, la muchedumbre, incitada por sus líderes religiosos, clamó por la liberación de Barrabás, un ladrón, asesino y sedicioso. Los repetidos esfuerzos de Pilato por liberar al acusado solo sirvieron para incrementar los gritos de que se fijase a Jesús en un madero. Temiendo un motín e intentando apaciguar a la muchedumbre, Pilato accedió a sus deseos, después de lo cual se lavó las manos con agua, como si se limpiase de culpa de sangre. Algún tiempo antes, la esposa de Pilato le había notificado de un sueño inquietante relacionado con “ese hombre justo”. (Mateo 27:19) «Y estando él sentado en el tribunal, su mujer le mandó decir: No tengas nada que ver con ese justo; porque hoy he padecido mucho en sueños por causa de él».

Pilato hizo azotar a Jesús, y los soldados colocaron una corona de espinas sobre su cabeza y lo vistieron con ropaje real. Pilato apareció de nuevo ante la muchedumbre, volvió a decir que no hallaba ninguna culpa en Jesús y lo hizo salir con sus prendas de vestir y la corona de espinas. Ante el grito de Pilato: “¡Miren! ¡El hombre!”, los líderes y el pueblo volvieron a expresar su demanda de que lo fijasen en un madero, y entonces revelaron por primera vez su acusación de blasfemia. El que dijeran que Jesús se hacía a sí mismo hijo de Dios aumentó el recelo de Pilato, y lo llevó dentro para seguir interrogándolo. Sus últimos esfuerzos por liberarlo hicieron que los opositores judíos le advirtieran que se estaba haciendo acreedor a la acusación de oponerse al César. Cuando oyó esta amenaza, sacó afuera a Jesús y se sentó en el tribunal. Su grito de: “¡Miren! ¡Su rey!”, solo logró reavivar el clamor por que se fijase a Jesús en un madero, y provocó la declaración: “No tenemos más rey que César”. A continuación Pilato les entregó a Jesús para que lo fijasen en un madero. (Mateo 27:1-31), (Marcos 15:1-15), (Lucas 23:1-25), (Juan 18:28-40), (Juan 19:1-16).

Los escritores judíos, como Filón, representan a Pilato como un hombre inflexible y decidido. (Sobre la embajada ante Cayo, XXXVIII, 301). Sin embargo, es posible que en buena medida fuesen las acciones de los mismos judíos la causa de las fuertes medidas que el gobernador había tomado contra ellos. De todas formas, los relatos de los evangelios hacen que se llegue a entender el modo de ser de aquel hombre. La manera de encargarse de los asuntos era la típica de un gobernante romano; y su habla, concisa y categórica. Aunque reflejó una actitud de desprecio escéptico al decir “¿Qué es la verdad?”, manifestó temor, tal vez un temor supersticioso, cuando supo que estaba tratando con alguien que afirmaba ser el hijo de Dios. No tenía aires de superioridad, pero demostró la falta de rectitud común en la clase política. Estaba interesado principalmente en su puesto y en lo que sus superiores dirían si oyesen que había más disturbios en su provincia. Asimismo, temía parecer demasiado indulgente con los acusados de sedición. Si bien Pilato reconoció la inocencia de Jesús y que era envidia lo que impulsaba a sus acusadores, cedió ante la muchedumbre y les entregó una víctima inocente para que la mataran brutalmente antes que arriesgar su carrera política.

Como parte de las “autoridades superiores”, Pilato ejerció su poder por permiso divino. (Romanos 13:1) «Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas». Él cargó con la responsabilidad de su decisión, una responsabilidad de la que no podía desprenderse lavándose las manos con agua. El sueño de su esposa debió ser de origen divino, como lo fueron otros sucesos ocurridos ese día, como el terremoto, la insólita oscuridad y la rasgadura de la cortina. (Mateo 27:19, 45, 51-54), (Lucas 23:44, 45). Este sueño debería haber advertido a Pilato de que no se trataba de un juicio corriente ni de un acusado común; sin embargo, como Jesús dijo, el que lo llevó a Pilato ‘tuvo mayor pecado’. (Juan 19:10, 11). Por eso, a Judas, quien había traicionado a Jesús, se le llamó “el hijo de destrucción” (Juan 17:12) «Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese», se dijo que aquellos fariseos que fueron culpables de complicidad en el complot contra la vida de Jesús eran ‘merecedores del Gehena’ (Mateo 23:15, 33), compárese con (Juan 8:37-44), pero el sumo sacerdote, que encabezaba el Sanedrín, fue especialmente responsable ante Dios por entregar a su Hijo a este gobernante gentil para que lo sentenciara a muerte. (Mateo 26:63-66). Así que la culpa de Pilato no fue como la de ellos, aunque su acción también fue muy reprensible.

La aversión de Pilato a los que promovieron el crimen no solo se reflejó en el “título” que puso en el madero de tormento, en el que se le identificaba como el “rey de los judíos”, sino también en su brusca negativa a cambiarlo, cuando dijo: “Lo que he escrito, he escrito”. (Juan 19:19-22). Cuando José de Arimatea solicitó el cadáver, Pilato accedió a su solicitud, no sin antes asegurarse de que Jesús estaba muerto, demostrando la minuciosidad de un oficial romano. (Marcos 15:43-45). La preocupación de los principales sacerdotes y los fariseos por la posibilidad de que alguien robara el cuerpo produjo la sucinta respuesta: “Tienen guardia. Vayan y asegúrenlo lo mejor que sepan”. (Mateo 27:62-65).

Su destitución y muerte. Josefo informa que la posterior destitución de Pilato fue el resultado de las quejas que los samaritanos presentaron a Vitelio, gobernador de Siria y superior inmediato de Pilato. La queja tenía que ver con la matanza ordenada por Pilato de varios samaritanos a los que engañó un impostor, reuniéndolos en el monte Guerizim con la esperanza de descubrir los tesoros sagrados que supuestamente había escondido allí Moisés. Vitelio mandó a Pilato a Roma para comparecer ante Tiberio, y puso a Marcelo en su lugar. Tiberio murió en el año 37 E.C., mientras Pilato todavía estaba en camino a Roma. (Antigüedades Judías, libro XVIII, cap. IV, secs. 1 y 2.) La historia no proporciona datos fidedignos en cuanto a los resultados finales de su juicio. No obstante, Eusebio, historiador de finales del siglo III y principios del IV, afirma que se obligó a Pilato a suicidarse durante el reinado de Cayo (Calígula), el sucesor de Tiberio. (Historia Eclesiástica, II, VII, 1.

[Fotografía en la página 665]

Inscripción hallada en Cesarea en 1961 con el nombre de Poncio Pilato

Pilato - Diccionario Alfonso Lockward

•Poncio Pilato.

Pilato - Diccionario Bíblico Sencillo

tip, BIOG HOMB HONT ver, PROCURADOR vet, Su nombre entero era Poncio Pilato (Mateo 27:2) «Y le llevaron atado, y le entregaron a Poncio Pilato, el gobernador». Poncio, en lat. «Pontius», indicaba su relación, por descendencia o adopción, con el «gens» de Pontii. Pilato podría derivar de «Pilatus», armado de «pilum», o jabalina; también podría provenir de «Pileatus», llevando el «pileus», gorro de fieltro, emblema de la libertad, reservado al esclavo libertado. Quinto procurador de Judea, a partir de la destitución de Arquelao por Augusto, en el año 6 d.C. (véase PROCURADOR). Por medio de la influencia de Séjano, fue designado procurador de Judea por Tiberio, hacia el año 26 d.C., para suceder a Valerio Grato. Llegó a Judea el mismo año de su nominación. Su esposa lo acompañó (Mateo 27:19) «Y estando él sentado en el tribunal, su mujer le mandó decir: No tengas nada que ver con ese justo; porque hoy he padecido mucho en sueños por causa de él». Durante mucho tiempo la ley romana no autorizó a que un gobernador llevara a su esposa a una provincia no pacificada, pero Augusto sí lo permitió (Tácito, Anales). En contra de la política de los procuradores precedentes, Pilato envió a Jerusalén un destacamento militar con sus enseñas. Ordenó que se entrara en la ciudad por la noche, con las enseñas provistas de águilas de plata y de pequeñas imágenes del emperador, para provocar a los judíos. Una buena cantidad de ellos acudió a Cesarea, la residencia del procurador, para exigir la retirada de las enseñas. Pilato intentó intimidarlos, pero, al ver que estaban dispuestos a dejarse matar en masa, accedió al final a su petición (Hechos 18:3) «y como era del mismo oficio, se quedó con ellos, y trabajaban juntos, pues el oficio de ellos era hacer tiendas».

Más tarde tomó del tesoro del Templo el dinero sagrado (corbán), para emplearlo en la construcción de un acueducto para llevar a Jerusalén el agua de las regiones montañosas del sur de la capital. El uso secular de un dinero consagrado a Dios provocó una sublevación. Cuando el procurador llegó a Jerusalén, los judíos asediaron su tribunal. Pilato, enterado ya de la rebelión, mezcló entre la multitud a soldados disfrazados, escondiendo garrotes y puñales. Cuando la agitación llegó a su paroxismo, Pilato dio la señal esperada por los soldados. Numerosos judíos murieron asesinados o atropellados por la multitud al huir. No parece haberse dado otra sedición. Pilato finalizó el acueducto, pero se hizo odioso a los judíos (Hechos 18:3). Hizo colgar después unos escudos de oro, cubiertos de inscripciones idolátricas relativas a Tiberio, aunque sin la efigie del emperador. El pueblo suplicó en vano a Pilato que los quitara. Los nobles de Jerusalén enviaron entonces una petición a Tiberio, que ordenó al procurador que llevara los escudos a Cesarea (Filón, «Legat ad Gaium», 38).

Una carta de Agripa I, citada por Filón, presenta a Pilato como un hombre de carácter inflexible, tan implacable como obstinado. Agripa temía que los judíos fueran a acusar a Pilato ante el emperador de corrupción, violencia, ultrajes al pueblo, crueldad, ejecuciones continuas sin previo juicio, y atrocidades carentes de sentido. Pilato era procurador cuando Juan el Bautista y Jesús comenzaron sus ministerios (Lucas 3:1) «En el año decimoquinto del imperio de Tiberio César, siendo gobernador de Judea Poncio Pilato, y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Felipe tetrarca de Iturea y de la provincia de Traconite, y Lisanias tetrarca de Abilinia». Los procuradores de Judea acudían habitualmente a Jerusalén con ocasión de las grandes fiestas, durante las que se reunían multitudes de judíos. Es posible que fuera durante una de estas solemnidades que Pilato derramó la sangre de algunos galileos en la zona del Templo donde se ofrecían los sacrificios (Lucas 13:1) «En este mismo tiempo estaban allí algunos que le contaban acerca de los galileos cuya sangre Pilato había mezclado con los sacrificios de ellos». Los galileos eran propensos a exaltarse durante las fiestas (Hechos 17:10) «Inmediatamente, los hermanos enviaron de noche a Pablo y a Silas hasta Berea. Y ellos, habiendo llegado, entraron en la sinagoga de los judíos». Los ejecutados por Pilato habían intentado seguramente iniciar una sublevación. Es indudable que una ejecución tan sumaria de algunos de sus súbditos enfurecería a Herodes Antipas; fuera cual fuera la causa de la enemistad entre él y Pilato, el rencor de Herodes se apaciguó cuando el procurador reconoció la jurisdicción del tetrarca en las cuestiones concernientes a galileos (Lucas 23:6-12). lo que sucedió cuando hubo el proceso al Señor Jesús.

La carrera de Pilato y la forma en que trató a Jesús revelan su carácter: mundano, dispuesto a juzgar con justicia siempre y cuando ello no le implicara ningún inconveniente personal. Dispuesto a cometer un crimen que le fuera de provecho, y sin preocuparse por sus deberes, sino por sus intereses. Habiendo proclamado tres veces la inocencia de Jesús, y sabiendo que su deber era liberarlo, no lo hizo para no hacerse más impopular entre los judíos. Ordenó la flagelación de Cristo, no habiéndolo hallado culpable de nada. Dejó después que los soldados romanos, que se hubieran detenido a la menor indicación de su parte, torturaran de nuevo al preso. Cediendo al final al clamor de los judíos, Pilato accedió a la demanda de ellos, entregando a Jesús a la muerte en la cruz (Mateo 27:2) «Y le llevaron atado, y le entregaron a Poncio Pilato, el gobernador». (Lucas 23:2) «Y comenzaron a acusarle, diciendo: A éste hemos hallado que pervierte a la nación, y que prohibe dar tributo a César, diciendo que él mismo es el Cristo, un rey».

La carrera de Pilato quedó bruscamente interrumpida. Un impostor samaritano incitó a sus compatriotas a seguirle en el monte Gerizim, para buscar unos vasos de oro escondidos por Moisés y que provendrían del Tabernáculo. Se ha de señalar que Moisés jamás había estado en el monte Gerizim, por cuanto no le fue permitido cruzar el Jordán. Los samaritanos, engañados, se reunieron al pie de la montaña, listos para la ascensión. Como los desventurados iban armados, Pilato situó caballería e infantería en todos los caminos que conducían a Gerizim. Atacaron a estos buscadores de tesoros, dando muerte a muchos de ellos, y tomando a otros como prisioneros, ejecutándolos posteriormente. Los samaritanos denunciaron la crueldad de Pilato al legado de Siria, Vitelio, de quien dependía el procurador. Éste designó a otro procurador, ordenando a Pilato que se dirigiera a Roma para justificarse ante el emperador. Tiberio murió el 16 de marzo del año 37, antes de la llegada de Pilato (Hechos 18:4) «Y discutía en la sinagoga todos los días de reposo, y persuadía a judíos y a griegos». La tradición informa que Pilato fue desterrado a las Galias, a Viena sobre el Ródano, y que se suicidó.Existen numerosos «Hechos de Pilato» (Acta Pilati), pero se contradicen entre sí y son considerados como apócrifos.

Pilato - Diccionario Mundo Hispano

Quinto procurador, o representante del gobierno del Imperio Romano en Palestina (años 26 al 36 d. de J.C.), el único oficial romano que menciona el Credo de los Apóstoles. Los cuatro Evangelios, especialmente el de Juan, relatan extensamente el juicio y la crucifixión de Jesús. Pilato también es mencionado en Hechos (1 Timoteo 6:13) «Te mando delante de Dios, que da vida a todas las cosas, y de Jesucristo, que dio testimonio de la buena profesión delante de Poncio Pilato».

Los romanos tenían muchos gobernadores como él en las provincias, lo cual fue en parte el motivo de su éxito en el gobierno de las mismas. Judea tuvo una serie de estos gobernantes menores, antes y después de Pilato. Generalmente, se encargaban de los impuestos y de los temas económicos, pero gobernar Palestina era tan difícil que el procurador de esa región era directamente responsable ante el emperador y también tenía autoridad judicial suprema, como la que Pilato ejerció con relación a Jesús. El territorio que tenía a cargo incluía Judea, Samaria y la antigua Idumea.

Pilato nunca comprendió realmente a los judíos, como lo revelan sus frecuentes reacciones bruscas e insensatas. El historiador judío Josefo nos dice que él ofendió inmediatamente a los judíos trayendo a la Ciudad Santa las “escandalosas” costumbres romanas. En otra ocasión, hizo colgar en el templo escudos de oro con los nombres y las imágenes de los dioses romanos. Cierta vez se apropió de parte de los impuestos del templo para construir un acueducto. A esto debe agregarse el horrible incidente que se menciona en (Lucas 13:1) «En este mismo tiempo estaban allí algunos que le contaban acerca de los galileos cuya sangre Pilato había mezclado con los sacrificios de ellos», en relación con galileos cuya sangre Pilato había mezclado con la sangre de sus sacrificios, lo cual sin duda significa que los soldados romanos habían matado a estos hombres mientras ellos hacían sacrificios en el lugar santo. Estos terribles sucesos aparentemente no concuerdan con el papel que juega Pilato en el juicio de Jesús, en que fue como arcilla en las manos de los judíos, pero la explicación puede radicar en el hecho de que en ese momento el gobernador temía más a los judíos por las frecuentes quejas de éstos a Roma.

Según su costumbre, Pilato estaba en Jerusalén para mantener el orden durante la fiesta de la Pascua. El lugar donde por lo general vivía era Cesarea. Después que los judíos hubieron condenado a Jesús en la corte de ellos, lo llevaron temprano por la mañana ante Pilato, quien seguramente estaría residiendo en el palacio de Herodes, cerca del templo. Es sorprendente que les haya concedido una audiencia a una hora tan temprana (Juan 18:28) «Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Era de mañana, y ellos no entraron en el pretorio para no contaminarse, y así poder comer la pascua». Desde el principio de la audiencia, Pilato se sintió atormentado por tener que elegir entre ofender a los judíos o condenar a un hombre inocente y, más allá de simplemente absolverlo, intentó todos los medios posibles para dejar a Jesús en libertad.

Según Josefo, su carrera política concluyó seis años después, cuando envió soldados a Samaria para reprimir una inofensiva revuelta religiosa y en esa represión murieron muchos hombres inocentes. Los samaritanos se quejaron a Vitelio, legado de Siria, quien envió a Pilato a Roma. Su amigo, el emperador Tiberio, murió mientras él estaba en camino y, de allí en más, el nombre de Pilato desaparece de la historia de Roma. El historiador Eusebio señala que poco después, “cansado de los infortunios”, se suicidó.

Pilato - Diccionario de Jerusalén

(lat.: el pelado o calvo). El nombre entero es Poncio Pilato, procurador romano de Judea (Lucas 3:1) «En el año decimoquinto del imperio de Tiberio César, siendo gobernador de Judea Poncio Pilato, y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Felipe tetrarca de Iturea y de la provincia de Traconite, y Lisanias tetrarca de Abilinia». Desde el año 26 al 36. Los historiadores profanos (FILÓN, Leg. ad Gaium 38; FLAV. Jos., Ant. 18,2,2; 18,3,1-4,2; 18,6,5; BI 2, 9,2-4; TAC., Ann. 15,44, que se limita a consignar su nombre) hablan poco favorablemente de su persona y del desempeño de su cargo. Fl. Jos. hace mención, además, de dos hechos con los que P. hirió adrede el sentimiento religioso de los judíos. Sin tener en cuenta el horror que sentían los judíos por las imágenes, P. hizo desfilar por Jerusalén soldados romanos con los estandartes imperiales (y la imagen del emperador en ellos) y colocó a vista de todos en el antiguo palacio de Herodes escudos votivos con el nombre del emperador sobre los mismos.

Pilato - Douglas Tenney

Quinto procurador, o representante del gobierno del Imperio Romano en Palestina (años 26 al 36 d. de J.C.), el único oficial romano que menciona el Credo de los Apóstoles. Los cuatro Evangelios, especialmente el de Juan, relatan extensamente el juicio y la crucifixión de Jesús. Pilato también es mencionado en Hechos (Hechos 3:13) «El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su Hijo Jesús, a quien vosotros entregasteis y negasteis delante de Pilato, cuando éste había resuelto ponerle en libertad», (Hechos 4:27) «Porque verdaderamente se unieron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús, a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y el pueblo de Israel», (Hechos 13:28) «Y sin hallar en él causa digna de muerte, pidieron a Pilato que se le matase», y en (1 Timoteo 6:13) «Te mando delante de Dios, que da vida a todas las cosas, y de Jesucristo, que dio testimonio de la buena profesión delante de Poncio Pilato».

Los romanos tenían muchos gobernadores como él en las provincias, lo cual fue en parte el motivo de su éxito en el gobierno de las mismas. Judea tuvo una serie de estos gobernantes menores, antes y después de Pilato. Generalmente, se encargaban de los impuestos y de los temas económicos, pero gobernar Palestina era tan difícil que el procurador de esa región era directamente responsable ante el emperador y también tenía autoridad judicial suprema, como la que Pilato ejerció con relación a Jesús. El territorio que tenía a cargo incluía Judea, Samaria y la antigua Idumea.

Pilato nunca comprendió realmente a los judíos, como lo revelan sus frecuentes reacciones bruscas e insensatas. El historiador judío Josefo nos dice que él ofendió inmediatamente a los judíos trayendo a la Ciudad Santa las “escandalosas” costumbres romanas. En otra ocasión, hizo colgar en el templo escudos de oro con los nombres y las imágenes de los dioses romanos. Cierta vez se apropió de parte de los impuestos del templo para construir un acueducto. A esto debe agregarse el horrible incidente que se menciona en (Lucas 13:1) «En este mismo tiempo estaban allí algunos que le contaban acerca de los galileos cuya sangre Pilato había mezclado con los sacrificios de ellos», en relación con galileos cuya sangre Pilato había mezclado con la sangre de sus sacrificios, lo cual sin duda significa que los soldados romanos habían matado a estos hombres mientras ellos hacían sacrificios en el lugar santo. Estos terribles sucesos aparentemente no concuerdan con el papel que juega Pilato en el juicio de Jesús, en que fue como arcilla en las manos de los judíos, pero la explicación puede radicar en el hecho de que en ese momento el gobernador temía más a los judíos por las frecuentes quejas de éstos a Roma.

Según su costumbre, Pilato estaba en Jerusalén para mantener el orden durante la fiesta de la Pascua. El lugar donde por lo general vivía era Cesarea. Después que los judíos hubieron condenado a Jesús en la corte de ellos, lo llevaron temprano por la mañana ante Pilato, quien seguramente estaría residiendo en el palacio de Herodes, cerca del templo. Es sorprendente que les haya concedido una audiencia a una hora tan temprana (Juan 18:28) «Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Era de mañana, y ellos no entraron en el pretorio para no contaminarse, y así poder comer la pascua». Desde el principio de la audiencia, Pilato se sintió atormentado por tener que elegir entre ofender a los judíos o condenar a un hombre inocente y, más allá de simplemente absolverlo, intentó todos los medios posibles para dejar a Jesús en libertad.

Según Josefo, su carrera política concluyó seis años después, cuando envió soldados a Samaria para reprimir una inofensiva revuelta religiosa y en esa represión murieron muchos hombres inocentes. Los samaritanos se quejaron a Vitelio, legado de Siria, quien envió a Pilato a Roma. Su amigo, el emperador Tiberio, murió mientras él estaba en camino y, de allí en más, el nombre de Pilato desaparece de la historia de Roma. El historiador Eusebio señala que poco después, “cansado de los infortunios”, se suicidó.

Pilato - Reina Valera 1909

ARMADO CON FLECHA (DARDO). (Mateo 27:2) «Y le llevaron atado, y le entregaron a Poncio Pilato, el gobernador». PONCIO PILATO. Poncio Pilato era el procurador romano de Judea cuando Cristo fue crucificado (Mateo 27:2), (Marcos 15:1) «Muy de mañana, habiendo tenido consejo los principales sacerdotes con los ancianos, con los escribas y con todo el concilio, llevaron a Jesús atado, y le entregaron a Pilato». (Lucas 23:1) «Levantándose entonces toda la muchedumbre de ellos, llevaron a Jesús a Pilato». (Juan 18:28-29). Era personalmente responsable ante el emperador Tiberio por las cuestiones financieras, civiles, militares y penales de su provincia de Judea.

La fama de Pilato obedece principalmente a su papel en el proceso y crucifixión de Jesús. Trató de librar a Jesús, pero el pueblo, por el contrario, exigió la libertad de Barrabás el ladrón. A1 condenar al Señor, Pilato desoyó su conciencia y las advertencias de su esposa. Llamó a Cristo 'Rey de los judíos'.

Se cree que Pilato fue destituido de su puesto por Vitelo, gobernante de Siria, por haber ejecutado a muchos samaritanos. Iba rumbo a Roma para ser juzgado cuando murió el emperador, y se cree que de algún modo Pilato se salvó por entonces. La historia no vuelve a mencionarlo.

Pilato - Diccionario Bíblico Adventista

Pilato (gr. Pilátos. 'armado con un dardo [una jabalina]': lat. Pilatus). Poncio (gr. Póntios) Pilato, procurador* romano de Judea (c 26-36 d.C.). Los escritores seculares no lo presentan muy favorablemente. Filón dice que era 'de naturaleza inflexible y, debido a la obstinación, duro'. Frecuentemente chocaba con los judíos, ofendiendo sus sentimientos religiosos por actos necios. Una vez hizo que sus soldados marcharan a Jerusalén llevando estandartes con imágenes del emperador. En otra ocasión, colocó escudos dorados con el nombre del emperador grabado sobre ellos en el antiguo palacio de Herodes. En ambos casos fue forzado a quitar los objetos ofensivos por la obstinada resistencia de los judíos. En el 2º caso, una orden directa de Tiberio, en respuesta a una petición que la nobleza de Judea envió a Roma, lo obligó a obedecer. Los judíos se conmocionaron especialmente cuando utilizó dinero de la tesorería del templo para pagar un acueducto que se estaba construyendo y así traer agua a Jerusalén. La oposición ante su malversación de dinero sagrado fue enfrentada con despiadada crueldad. Más tarde, masacró a muchos samaritanos que seguían neciamente a un impostor que les había prometido unos vasos sagrados de oro, supuestamente escondidos por Moisés en la cumbre del monte Gerizim. Los samaritanos se quejaron por esta crueldad innecesaria a su superior, Vitelio, el legado de Siria, que ordenó a Pilato a ir a Roma para justificar su conducta ante el emperador. Al mismo tiempo, designó un nuevo procurador sobre Judea. Antes que llegara a Roma murió Tiberio, pero se dice que Pilato de todos modos fue exiliado a Vienne, sobre el Ródano, en el sur de Galia (ahora Francia), y que luego se suicidó. 412. Inscripción de dedicatoria a Poncio Pilato procedente de Cesarea. Los Evangelios mencionan a Pilato principalmente en relación con el juicio de Jesús; en ese tiempo se encontraba a mitad de su administración. Sabiendo que era sumamente impopular, estaba ansioso de agradar a los judíos en algo que no le costara nada, aunque se daba cuenta de que las acusaciones contra Jesús eran falsas. Otros eventos históricos mencionados en los Evangelios en relación con su nombre están en armonía con el carácter de Pilato, tal como lo describen los historiadores de su tiempo. La enemistad entre él y Herodes Antipas () se puede explicar suponiendo que éste habría firmado el petitorio mencionado arriba, que fue enviado a Tiberio; o que Antipas estaba indignado, porque Pilato 933 había matado a súbditos galileos cuando ofrecían sacrificios, presumiblemente en Jerusalén (13:1, 2). La literatura cristiana apócrifa contiene varios Hechos de Pilato, pero todos son espurios y sin valor histórico. Esto también es cierto con respecto al supuesto informe de éste a Tiberio de la condenación de Jesús, que es claramente una falsificación. Durante las excavaciones de un teatro romano en Cesarea, dirigidas por A. Frova en 1961, se descubrió una inscripción latina fragmentaria que menciona a [Pon]tius Pilatus, [pref]ectus Iuda[ea]e, 'Poncio Pilato, prefecto de Judea', como el que construyó una estructura pública llamada Tiberieum en honor del emperador Tiberio. Como esta es la primera mansión de Pilato como gobernador de Judá de fuentes no judías ni cristianas, el descubrimiento es de gran valor, porque la veracidad de los Evangelios con respecto a su información sobre Pilato había sido puesta en duda con frecuencia por los críticos (fig 412). Bib.: Filón, EG, 38; J. Vardeman, JBL 81 (1962):70, 71.