
Hombres como David son uno en un millón. En aquel entonces había una multitud de ejércitos, pero ninguno tenía las agallas y la fe que David tenía; por ser un hombre único, era también un hombre envidiado, y por sus conquistas, por lo que había llegado a ser delante de Dios era constantemente atacado. Todo gran hombre y gran mujer de Dios va a cumplir con su asignación en el Señor, pero lo va hacer bajo la melodía de los héroes de trincheras.
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