
El segundo mandamiento de Dios dice «no tomarás el nombre de Dios en vano» y cuando Moisés se va a presentar ante los egipcios le pregunta a Dios con que nombre le presentaría y Dios le dice: YO SOY. El nombre de Dios es santo, es sagrado y merece que lo tomemos con reverencia; sin embargo Cristo en la cruz volvió a redimir el nombre de Dios para que ahora nosotros podamos decir: Yo soy perdonado, yo soy salvo, yo soy santo en fin Jesús cambió nuestra identidad.
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