Aviones israelíes bombardearon objetivos nucleares y militares iraníes el 13 de junio de 2025, incluyendo la planta de enriquecimiento de uranio en Natanz y bases de la Guardia Revolucionaria en Teherán. El ataque, denominado «León Creciente», mató al comandante Hossein Salami, líder de la Guardia Revolucionaria, y a otros 20 altos mandos iraníes, según confirmaron fuentes oficiales.
Irán respondió con el envío de 100 drones hacia Israel, la mayoría interceptados, aunque algunos penetraron el espacio aéreo de Jordania. Las explosiones en zonas residenciales de Teherán dejaron al menos 70 muertos y 300 heridos, incluidos civiles y niños, según medios estatales iraníes. Israel justificó los bombardeos como una acción preventiva ante el avance del programa nuclear iraní, que enriquece uranio al 60%.
El primer ministro Benjamin Netanyahu declaró que las operaciones continuarían «el tiempo necesario para neutralizar la amenaza». Mientras, el presidente iraní Masud Pezeshkian prometió una «respuesta poderosa» y calificó los ataques como «violación de obligaciones internacionales».
El conflicto generó una crisis diplomática global: Israel cerró sus embajadas en todo el mundo como medida preventiva, y el Consejo de Seguridad de la ONU convocó una reunión de emergencia solicitada por Irán. Estados Unidos, bajo el mandato de Donald Trump, respaldó tácitamente a Israel, advirtiendo a Irán sobre posibles nuevos ataques si no firmaba un pacto nuclear.
Impacto económico inmediato: los precios del petróleo subieron un 6.5%, el oro aumentó su valor y las bolsas europeas y asiáticas cayeron ante el temor de interrupciones en el estrecho de Ormuz,
crucial para el 20% del suministro global de crudo.La comunidad internacional expresó preocupación por la escalada. Abbas Araqchi, ministro iraní de Exteriores, denunció los ataques como «declaración de guerra», mientras la Unión Europea llamó a la contención.
Hossein Salami, figura clave del terrorismo regional, fue eliminado en los bombardeos. Como jefe de la Guardia Revolucionaria, dirigió operaciones encubiertas, programas de misiles y apoyo a grupos como Hamás y Hezbolá. Su muerte representa un golpe estratégico para las capacidades militares iraníes.
La Biblia enseña que «Dios hace cesar las guerras hasta los fines de la tierra» (Salmo 46:9), y llama a orar por la paz de Jerusalén (Salmo 122:6). En medio de la violencia, la fe sostiene que la verdadera seguridad no proviene de las armas, sino de la justicia y la misericordia divinas. La vida humana, creada a imagen de Dios, debe protegerse ante todo, incluso en contextos de conflicto geopolítico.
El llamado es a interceder por las víctimas, líderes y naciones afectadas, recordando que Cristo es el único Príncipe de Paz.
La escalada entre Israel e Irán refleja la necesidad urgente de sabiduría sobrenatural para evitar una catástrofe mayor y buscar soluciones que honren la dignidad de todos los pueblos.