El escenario de rock ha sido testigo de muchas confesiones, pero pocas tan honestas como la que Jacoby Shaddix ha compartido recientemente. El vocalista de Papa Roach, banda icónica del rock formada en 1993, admitió en el podcast «Dumb Blonde» de Bunnie Xo (esposa del cantante Jelly Roll) que las dos cosas que nunca quiso ser en la vida eran justamente las que ahora define su existencia: sobrio y cristiano.

Shaddix describió su camino de fe como una «lucha de lucha libre» que comenzó con su proceso de recuperación de la adicción. «Empezó con mi sobriedad. Fui a reuniones y a casas de recuperación y cosas así. Y me decían: ‘Necesitas encontrar a Dios o un Dios de tu entendimiento’. Y fue un viaje para mí durante años», relató. El cantante, conocido anteriormente por sus excesos con el alcohol que le valieron el apodo «Jonny Vodka», tomó la decisión de volverse sobrio a principios de 2012.
Su conversión no fue instantánea ni sin tropiezos. «Pero fue un camino rocoso para encontrar eso, y muchos fracasos y muchos cuestionamientos. Entregar mi voluntad a Dios y seguir, y luego recuperarla toda, y luego vivir a mi manera, y luego encontrarme repetidamente en ese profundo agujero oscuro», confesó. Este vaivén entre la entrega y el control propio marcó sus primeros años de fe, hasta que finalmente pudo afirmar con seguridad: «Soy un creyente a carta cabal ahora«.
En los últimos meses, Shaddix ha hecho declaraciones públicas sobre su fe durante los conciertos de la gira «Rise of the Roach», provocando momentos emotivos tanto para él como para la audiencia. En una ocasión, el cantante pausó el espectáculo para declarar: «Jesucristo es mi Señor y Salvador», una frase que rápidamente se viralizó en redes sociales y generó debate sobre qué pertenece a un escenario de rock.
La entrevista con Bunnie Xo cobra relevancia adicional porque ella misma está en un viaje de fe junto a su esposo Jelly Roll. «Vi un clip viral tuyo hablando de tu fe y de cómo te salvaste, y realmente me hizo llorar porque yo también estoy en mi propio viaje con Dios, y mi esposo también», le dijo Bunnie a Shaddix. «Solo ver a alguien que tiene el oído de la juventud como tú… porque puedes sentarte detrás del púlpito y predicar todo el día, pero tienes una canción exitosa y vas a llegar a millones y millones de personas que necesitan escuchar eso».
Shaddix reconoce el alcance de su plataforma. «Aquí estoy ahora, como un seguidor, un tipo sobrio», afirmó, asumiendo etiquetas que antes rechazaba. Actualmente realiza estudios bíblicos con un amigo, un proceso que lo ha obligado a confrontar hábitos y «pequeños secretos» que antes justificaba pero ahora ve como dañinos.
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El testimonio de Shaddix nos recuerda que la fe a menudo crece en los lugares más improbables y a través de las luchas más intensas. Dios no espera que tengamos todo resuelto antes de acercarnos a Él; está dispuesto a caminar con nosotros en medio de nuestros fracasos, nuestros cuestionamientos y nuestra resistencia inicial. La transformación verdadera no es un evento único, sino un proceso continuo de entrega y redescubrimiento.
Que este testimonio anime a quienes luchan con adicciones o resistencias espirituales a no rendirse, sino a seguir luchando en la fe, sabiendo que Dios es paciente y Su gracia es suficiente para cada tropiezo. «Y estoy seguro de que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo» (Filipenses 1:6).

















