Un episodio inédito estremeció a Santiago de Cuba este 24 de septiembre de 2025, cuando cientos de cristianos fueron expulsados del Tropicana Santiago por orden de la Seguridad del Estado siguiendo directrices del Partido Comunista, lo que dio lugar a un impactante avivamiento público en plena vía.

El evento comenzó con normalidad: varias iglesias evangélicas habían rentado el famoso Tropicana para celebrar un Culto de Adoración y Avivamiento, con el permiso y toda la logística lista tras semanas de preparación. Sin embargo, cuando el servicio ya había comenzado y el lugar estaba lleno, la gerencia recibió la instrucción de detenerlo de inmediato.
Oficiales presentes ejecutaron la orden: fueron expulsados todos los fieles que ya estaban dentro, mientras que a otros se les negó la entrada, lo que provocó indignación y asombro en la comunidad cristiana y en la opinión pública.
Lo que parecía un fracaso terminó siendo una victoria espiritual: una manifestación de resistencia cristiana tomó la carretera frente al recinto. Cientos de creyentes comenzaron espontáneamente a cantar himnos, proclamar su fe y elevar oraciones, transformando la censura en un acto visible de avivamiento y testimonio a toda la ciudad.
“El propósito de Dios se cumplió: la semilla fue sembrada, declaramos ese espacio para Cristo y vamos a volver”, expresó una mujer entre lágrimas, mientras otros líderes insistieron en que llegar a Tropicana Santiago ya era en sí mismo una victoria espiritual imposible de detener.
Videos y fotografías publicadas muestran la secuencia: primero, la adoración dentro del local y, luego, el estallido de cantos y oración masiva en la calle, desbordando cualquier intento de censura.
Aunque las autoridades no dieron razones oficiales para la suspensión, las iglesias de Santiago denuncian que esto forma parte de un patrón creciente de hostigamiento religioso. El episodio vuelve a poner en duda la autenticidad de la libertad de culto en la isla y evidencia el control estatal sobre la fe.
Para la comunidad cristiana, este hecho confirma una convicción: “nadie puede detener la obra de Dios”. La represión, dicen, solo da más fuerza y visibilidad a la fe de los creyentes cubanos, que no renuncian a adorar ni a proclamar su mensaje de esperanza en ningún lugar.
El avivamiento callejero de Tropicana Santiago se vivió como un símbolo de coraje y perseverancia, demostrando que la fe cristiana sigue viva y es capaz de transformar aparentes derrotas en victorias públicas.
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Este acontecimiento, difundido ampliamente por medios y redes sociales, refuerza el llamado internacional a defender sin reservas la libertad religiosa en Cuba y a respaldar a quienes, pese a la represión, insisten en hacer visible su fe.
Al cierre, las palabras de los creyentes resonaron como declaración de principios: “la censura no apaga la luz; el avivamiento florece aún en la adversidad”.



























